UNAM: organicémonos y rescatemos las tradiciones del movimiento estudiantil

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A finales del año 2019 y principios de 2020, el acoso sexual, la violencia de género, el hostigamiento y la criminalización, se recrudecieron dentro de las universidades y preparatorias; como se vio en la toma de los planteles de CCHS, Preparatoria 9, Facultada de Filosofía y Letras. Esto solo como producto de la descomposición del tejido social, de un sistema que no brinda, ni brindará alternativas a las mujeres y ni a la juventud.

Durante la segunda semana de marzo de este año, posterior a un paro en solidaridad con las preparatorias, dentro del CCH Vallejo se comenzaron a hacer tendederos con denuncias anónimas, donde se repetían nombres de profesores y alumnos –que, si bien adolecen de contenido político, exponen el hartazgo de la comunidad hacia el ambiente de acoso que se vive a diario–.

A sabiendas de la ineficiencia e ineptitud por parte de las autoridades para resolver la problemática de acoso, la comunidad del CCH Vallejo optó por organizar un juicio colectivo para discutir el problema del acoso sexual en la escuela, ya que en múltiples ocasiones al profesor Teófilo Peña se le ha señalado de manera formal e informal de tener prácticas violentas y machistas hacías las alumnas. A través de este juicio colectivo muchas compañeras tuvieron el valor de encarar al profesor y exponer sus denuncias públicamente; la asamblea propuso la expulsión del profesor y se votó en su mayoría que si. Fue así como se logró la expulsión definitiva de este profesor. Entendemos que este problema como el acoso sexual son producto de una sociedad en decadencia, derivada de las relaciones de opresión bajo el capitalismo, por lo tanto, necesitamos recurrir a métodos que sean lo más ampliamente democráticos y colectivos, para comenzar a erradicar este problema. Estás prácticas son totalmente diferentes al linchamiento o punitivismo, que solo buscan castigar a los individuos, pero no atacan el problema de raíz. Esta batalla que se dio, y que se ganó, es un claro ejemplo y una muestra de lo que la organización estudiantil puede lograr.

La violencia que viven las mujeres pertenecientes a la clase trabajadora en México se ha agudizado fuertemente durante el confinamiento por la pandemia del Covid-19, y es que la cuarentena no frena el acoso sexual, la violencia de género o el racismo, al contrario, estás prácticas se mantienen, pero de una manera más aterradora. Se han registrado 209 asesinatos contra mujeres, al menos 163 feminicidios de los cuales, 16 casos, las víctimas son niñas menores de 14 años de edad. Las cifras son contabilizadas a partir del pasado 16 de marzo al martes 14 de abril del año en curso. No solo eso, también ha habido casos de violencia sexual y un aumento de 120% a las llamadas al 911 por violencia doméstica. Y sobre la mesa no solo se encuentra la violencia de genero, sino que en el último periodo hemos visto la presencia de la violencia policíaca; George Floyd asesinado de forma brutal a manos de la policía de Minneapolis, Giovanni López en Jalisco, que fue detenido por la policía de Alfaro y al día siguiente fue entregado muerto a su familia. No olvidemos a Melannie una chica de 16 años presente en las manifestaciones de CDMX, que fue brutalmente golpeada por el cuerpo policial. La brutalidad policiaca es inherente a la misma y no sirven para cuidar a la población. La policía, el Ejército, la Guardia Nacional, son el brazo armado del estado, son cuerpos represores que utilizan la fuerza bruta para resguardar los intereses de la clase dominante.

Aunado a esto, la juventud se ve atrapada en una neblina como lo son las clases en línea, lo que demuestra que a las instituciones no les interesa si existen las condiciones para que estás se puedan tomar, ya que sólo dejan caer todo el peso de la responsabilidad sobre los hombros de las y los estudiantes, así como de algunos profesores realmente comprometidos; otra parte de la juventud (en ocasiones también estudiantes) tiene que lidiar con el trabajo precario, como hemos visto, ha habido un aumento de jóvenes trabajando para las plataformas de servicio a domicilio de comida rápida como “Uber Eats”, “Didi”, etc., que sabemos solamente velan por sus intereses y nunca por nuestras vidas.

Esta es la atmósfera a la que nos enfrentamos la juventud, las mujeres y la clase trabajadora a nivel internacional. La crisis que atravesamos no es producto del Covid-19, más bien el virus solo aceleró y expuso las contradicciones de un sistema que se encuentra en decadencia. A pesar del confinamiento, los feminicidios, la brutalidad policiaca, la criminalización hacia la juventud, el racismo y la opresión no cesan y pareciera no tener fin. La rabia expresada en las calles con los jóvenes en primera línea es totalmente justificable, estamos hartos y hartas de que un sistema tan voraz como lo es el capitalismo nos niegue la vida, nos niegue un futuro digno, nos prive del arte, de la cultura y nos chupe la sangre hasta morir.

A reorganizar el movimiento estudiantil

El cuestionamiento que cabe y que hacemos a diario es ¿Qué tenemos que discutir los estudiantes conscientes y organizados ante está ola gigante de violencia que atravesamos? El encierro no sólo ha sacado a la luz las moscas que rondan a esta fruta podrida llamada capitalismo también ha desatado discusión entre la juventud y nos ha hecho sacar grandes conclusiones.

Es sumamente necesario e importante que este proceso de confinamiento se utilice para reorganizar el movimiento estudiantil, que nos reeduquemos bajo las ideas revolucionarias y que podamos elevar nuestro nivel político y así dar la batalla contra la violencia de género, el acoso, la criminalización, el racismo y todos estos problemas que surgen del capitalismo. Decía Trotsky: «Si el capitalismo se muestra incapaz de satisfacer las exigencias que surgen de las calamidades que él mismo ha generado, entonces debe desaparecer”.

En este sentido es indispensable defender los espacios estudiantiles como espacios de organización política, dónde podamos reunirnos, generar materiales políticos, de interés colectivo, que sea un espacio totalmente abierto a la comunidad estudiantil para quien quiera organizarse pueda hacerlo y al mismo tiempo se combatan todas las prácticas que degeneren los métodos de la organización estudiantil. Por eso rechazamos el hecho de que los cubículos sean utilizados como bodegas, espacios de ocio o meramente tiendas. Estos espacios son independientes a la autoridad, a todo tipo de autoridad. Y es necesario que las y los compañeros reivindiquemos estos principios de organización estudiantil. Que cualquier estudiante que este decidido a transformar sus condiciones se acerque y encuentre alternativas revolucionarias dentro de estos espacios.

Una muestra clara, es la recuperación del cubículo “Q” en el CCH Vallejo durante un paro, que solamente se usaba como bodega y venta de dulces, no como espacio de organización. Y se retoma a partir de la necesidad de poder organizarnos, de tener un espacio donde se genere un ambiente de discusión y de retroalimentación, lograr elevar el nivel político de los compañeros. Solo así daríamos el paso correcto para ir, de poco en poco, sepultando lo viejo y dando paso a lo nuevo. Durante este proceso de recuperación del cubículo hemos conocido al colectivo “Pétalos de sangre” que consideramos son compañeras que de manera honesta luchan contra el acoso. Por nuestra parte, desde las Juventudes Marxistas, llevamos casi dos años haciendo trabajo político dentro del CCH Vallejo, formándonos bajo las ideas del socialismo y luchando por una transformación completa de la sociedad.

Como todos y todas cuando vamos iniciando en estos procesos de lucha, es obvio que existen y habrá errores en un inicio, no nacimos siendo teóricos y prácticos. Nacimos y nos desarrollamos bajo el seno del capitalismo, dónde se reproducen estos comportamientos y prácticas y es por eso que tenemos que abogar por una educación socialista. Tenemos que aprender de esos errores, sacar lecciones y conclusiones que ayuden a orientar el movimiento estudiantil de forma adecuada.

De tal forma proponemos lo siguiente:
1.- Agitar: Saloneando e invitando a unirse a las Juventudes Marxistas, volanteando en los pasillos del CCH, repartiendo la prensa, colgar y pegar carteles.

2.- Educar: se necesita una educación política, generando tradiciones de lucha, reuniéndonos semanalmente para discutir textos políticos, teóricos, económicos filosóficos y así formarnos bajo las ideas del marxismo.

3.- Organizar: en las asambleas, en los espacios de organización estudiantil donde participemos de forma colectiva, y podamos sentar las bases para lograr una organización permanente.

Abogamos por la transformación radical de la sociedad, y para eso es necesario la organización estudiantil, entendemos que no basta con expulsar a los acosadores de las universidades, sino erradicar por completo el acoso, ya que esto es producto de la violencia sistemática e institucional que se dan en los márgenes del capitalismo. No podemos permitir que estás prácticas se sigan reproduciendo ni en las escuelas, ni en nuestras familias, ni en las calles. Sino tenemos que enfrentarlas con los métodos tradicionales de la clase trabajadora. Si estás interesad@ en lo que planteamos desde las Juventudes Marxistas, te invitamos a unirte, y a qué podamos organizarnos para derrocar por completo el sistema capitalista.

WhatsApp: 5618583183
Facebook: Juventudes Marxistas
IG: juventudesmarxistas_vallejo

La juventud codo a codo con las y los obreros bailaremos sobre las cenizas del capitalismo.

*Suscrito por estudiantes del CCH Vallejo, CCH Suro, CCH Azcapotzalco y Preparatoria 3

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