El viacrucis laboral de los docentes del IPN

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Ser profesor del IPN representa un gran orgullo; desgraciadamente la mayoría de nosotros no cuenta con un salario digno del orgullo politécnico.

Los profesores en el Poli sufrimos un congelamiento laboral sistemático derivado de la falta de presupuesto; esto impide la creación de plazas nuevas para profesores, quienes pueden pasar años laborando exclusivamente con el pago de horas frente a grupo sin ninguna posibilidad de crecimiento, independientemente de su preparación académica, la calidad de sus clases y otro tipo de actividades complementarias a su labor docente, como puede ser el preparación de materiales, diseño de planes de estudio, actividades administrativas e incluso investigación.

Los profesores inician dando clases con un contrato como interinos el cual dura un semestre. En esta modalidad, al profesor se le paga por sus horas frente a grupo sin considerar ninguna actividad extra. Este primer contrato no genera ningún compromiso laboral de parte del IPN para asignar contratos posteriores, por lo que al final del semestre el profesor puede volver a ser contratado según las necesidades de la unidad académica donde esté laborando. Los pagos para los profesores interinos además de ser bajos (menos de 100 pesos por hora) se retrasan por cuestiones administrativas como son la aprobación del interinato en sí mismo, la firma de una serie de documentos y los trámites para generar el pago, por lo que un profesor interino puede empezar a trabajar y recibir su primer pago hasta uno o dos meses después de haber laborado, con una reducción importante del salario por el aumento de impuestos cobrados ya que el pago retroactivo se hace en una sola exhibición. Este tipo de contratos se pueden extender varios semestres bajo las mismas condiciones de incertidumbre laboral hasta que las horas trabajadas se puedan basificar.

Un problema importante es que la basificación de las horas laboradas no depende de la experiencia o capacidades del profesor sino de una serie de factores externos. La basificación de horas es un proceso que sucede cuando existe una convocatoria para basificación y la aparición de convocatorias no es periódica; de hecho, puede pasar muchos años sin su publicación. Dichas convocatorias tampoco son homogéneas en sus lineamientos; un requisito importante es haber laborado en el IPN por lo menos tres semestres consecutivos, pero se han publicado convocatorias donde se piden seis semestres. Las convocatorias no consideran aquellos interinatos donde se cubra a un profesor por incapacidad o alguna licencia (horas de incidencia), solo considera los interinatos para los que no había un profesor previo. La continuidad también se pierde si se toma el interinato para el cual está aplicando un profesor no ha sido aprobado. Las convocatorias también cambian con respecto a las horas que puedes recibir en propiedad; en algunas ocasiones las horas basificables son el promedio de las horas laboradas en los últimos semestres, pero hay convocatorias en donde se considera el número de horas laboradas el último semestre trabajado sin considerar su trabajo previo. Es importante aclarar que el número máximo de horas que un profesor puede obtener es de 19, lo que aún no es una plaza académica, sino que solo son horas de asignatura.

Una vez que el profesor adquiere horas en propiedad, puede aumentar el número de horas en propiedad. Este aumento también tiene la limitante de llegar solo a 19 horas. Este tipo de convocatorias tampoco son periódicas y también cambian en lineamientos cada emisión por lo que los profesores nunca tienen la certeza de que trayectoria seguir con el fin de obtener un aumento de horas. A pesar de tratarse de profesores que ya tienen un historial amplio en el instituto, estas convocatorias tampoco consideran la experiencia del profesor y tienen muchas de las limitantes que tienen las convocatorias de basificación, dando como resultado que muchos profesores no puedan participar o solo aumenten un número reducido de horas.

Tener una plaza de medio tiempo (20 horas) tampoco depende del trabajo duro y dedicación por parte del docente. La asignación de la hora 20 también se lleva a cabo por convocatoria y estas suelen ser más raras que las anteriores. Lo peor es que llegar a la hora 20 tampoco significa tener una plaza de medio tiempo. En el mejor de los casos el profesor tiene una base de 19 horas más una base de una hora; si el profesor tuvo su primer basificación con 13 horas en una primera convocatoria, luego aumento su base a 19 horas en una segunda convocatoria y finalmente fue beneficiado en una convocatoria por la hora 20, este profesor tiene una base de 13 horas, otra de 6 y la última de 1 hora. Así dependiendo del número de convocatorias en las que haya obtenido sus horas. La generación de una plaza de 20 horas (compactación de horas) también está relacionada con una convocatoria que tampoco es periódica y con lineamientos diferentes cada vez. Otro problema es que la asignación de plazas es limitada por lo que aun cuando un profesor cumple los requisitos de la convocatoria es posible que no obtenga la compactación de sus horas.

El viacrucis no termina con la obtención de una plaza de 20 horas. Para tener una plaza de tres cuartos de tiempo (30 horas) o de tiempo completo (40 horas) básicamente se tiene que repetir el mismo procedimiento de solicitar interinatos, esperar las convocatorias pertinentes, participar, muchas veces sin éxito y seguir trabajando arduamente por años sin que ese trabajo se considere para tu crecimiento profesional.
Además de la falta de generación de plazas tampoco hay un programa para la recuperación de plazas perdidas por la renuncia, jubilación o fallecimiento de algún profesor. En años recientes, la dirección general del Instituto propuso un programa de recuperación de plazas denominado plan integral. Las convocatorias del plan integral tampoco son anuales y sus lineamientos son excluyentes para la mayoría de los profesores, por lo que muchas ocasiones las plazas perdidas en alguna academia (profesores de una cierta materia) o unidad académica no se recuperan donde se perdieron porque no hay profesores que cubran los requisitos de la convocatoria. Esto resulta increíble considerando que hay miles de profesores esperando por una plaza. Los resultados de este proceso no han sido benéficos para las academias que necesitan profesores y se tornan opacos ya que hay plazas reasignadas a otras unidades académicas sin que haya claridad sobre quien las ganó.

También hay convocatorias para profesores de excelencia. En este caso los lineamientos se enfocan a profesores investigadores que tienen que cubrir un cierto perfil básico, como tener grado de doctor, ser parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), publicaciones científicas, entre otros. Para entrar en estas, el candidato tiene que ser propuesto por un programa de posgrado del Instituto, lo que muchas veces carece de lineamientos claros y puede generar situaciones de asignación de contratos sin ninguna transparencia. Estos contratos en realidad tampoco ofrecen plazas de tiempo completo, sino interinatos de 40 horas que pueden generar una plaza de tiempo completo después de un periodo de prueba y dependiente de la disponibilidad de plazas, por lo que nuevamente no hay generación de plazas nuevas, aun cuando seas un profesor investigador de excelencia.

Esto además se convierte en una competencia desleal para aquellos docentes que solo tienen licenciatura. No es raro encontrar convocatorias para profesores interinos (por lo menos en algunas unidades académicas como la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas) donde los requisitos ya contemplan nivel doctorado, pertenencia al SNI y todos los lineamientos que tienen que ver con un profesor de excelencia ¡todo para 4 horas semanales con un flamante sueldo de 1600 pesos mensuales!

Aun cuando en el IPN hay un sistema de categorías para la plantilla docente, el obtener un nivel más alto dentro de esa categoría también es parte del viacrucis. Sin importar el grado académico ni el trabajo desarrollado por el profesor dentro del instituto en la primera evaluación el resultado siempre es la categoría más baja. La promoción docente también se lleva a cabo mediante la publicación de convocatorias que, al igual que todas las anteriores, nunca se sabe a ciencia cierta cuando se van a publicar. Para subir de categoría se evalúa el trabajo realizado por el profesor como elaboración de material didáctico, cursos, actividades de investigación entre otras; cada trabajo tiene un cierto puntaje y es necesario juntar 100 puntos para avanzar a la siguiente categoría. El truco aquí es que no todas las actividades realizadas serán tomadas en cuenta.

Por ejemplo, los artículos publicados en una revista científica deben además ser avalados por el IPN; lo mismo sucede cursos que se hayan tomado en dependencias diferentes al Instituto, lo que implica una serie de trámites que tienen que ser cubiertos para que dichas actividades sean tomadas en cuenta. Incluso hay rubros en los que debes de tener un porcentaje mínimo, ya que, si no lo tienes, aun cuando en otros rubros hayas sido muy productivo, no eres promovido. De esta forma muchos profesores ven invalidado su trabajo por cuestiones meramente burocráticas.

Como resultado de estos procesos más de la mitad de los profesores del IPN son profesores de asignatura, es decir con 19 horas o menos y con un sueldo indigno. La mayoría carece de certeza laboral y se padece de un congelamiento laboral sistemático que poco a poco se convierte en la forma de vida del profesor, al grado que muchos celebran la apertura de las convocatorias casi con el mismo entusiasmo que lo hacen los líderes sindicales y ven como un gran logro los raquíticos avances en su vida laboral, llenándose más bien solo con la satisfacción de poner sus conocimientos al servicio de la patria.

La preocupación por la situación de los profesores del IPN no es solo laboral, también se centra en el aspecto educativo. Las malas condiciones laborales de este sector de los profesores tienen como consecuencia que la labor docente ya no sea vista como una profesión digna, sino como un trabajo complementario a otros o mientras consigue un trabajo mejor. Lo anterior va en detrimento del crecimiento académico individual; Los profesores de tiempo parcial tienen mayores dificultades para desarrollar su trabajo de docencia, investigación o de tipo administrativo, por lo que de continuar la tendencia de eliminar los tiempos completos el IPN obviamente se corre el riesgo de dejar muchas de las actividades de una institución de excelencia.

Por todo lo anterior es importante exigir un mayor presupuesto para el IPN y la educación en general. Es necesario el presupuesto adecuado para la creación de plazas, de por lo menos medio tiempo para los profesores que cuentan con horas de asignatura de base, la recuperación inmediata de las plazas de los profesores que por jubilación o muerte han dejado de laborar en el IPN en los últimos años, la creación de plazas de tiempo completo para profesores de excelencia y la creación de un sistema de escalafón que permita que los profesores puedan avanzar en horas base y categoría de acuerdo a su trabajo y preparación académica, eliminando candados burocráticos como las horas de incidencia (por trabajadores en licencia o baja) o la interrupción de interinatos, por ser ajenos al desempeño laboral de los profesores. Esta exigencia no será escuchada si los profesores lo hacen de forma individual. Definitivamente el llamado debe ser a la organización para luchar por una dirección sindical que nos represente y que realmente presione a las autoridades para satisfacer, no solo las necesidades laborales de los profesores del IPN, sino también la necesidad de la clase trabajadora de contar con educación gratuita y de calidad.

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