La crisis en Morena y la necesidad de un partido revolucionario

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Mientras que la derecha da pataleos para no ahogarse, salpicando con su odio y violencia al gobierno emanado de la voluntad popular; dentro del partido del presidente López Obrador, los grupos no terminan de ponerse de acuerdo para ver quién ostentará el poder en el partido.

Este proceso de renovación, mismo que está pendiente desde 2018, ya que, en ese año debieron renovarse Comités Ejecutivos, Congresos y Consejos: municipales, estatales y nacionales, sin embargo, se privilegió la conformación del cien por ciento de la estructura electoral, que seguir adelante con la renovación, lo cual no fue la mejor decisión, pues una vez iniciado el periodo electoral, no se renovó la estructura, sino que, se determinó ampliar el plazo de los consejeros y consejeras electas hasta por un año más, plazo que venció el pasado 20 de noviembre de 2019.

Esto no es de extrañarse, porque la dirección del partido prioriza la estructura electoral, aun cuando se decidió por mayoría que Morena fuera un partido-movimiento, la dirección del partido también favorece la creación de estructuras paralelas, que no fueron electas democráticamente, todo esto en detrimento de crear y/o fortalecer la estructura interna que de cabal cumplimiento a las tareas del partido. Es por eso que, desde 2014 y hasta la fecha, no se han elegido nuevos Comités Ejecutivos Municipales en ningún municipio; mucho menos se han tenido asambleas municipales, por otra parte, la estructura de consejeros y coordinadores distritales, electos en asamblea, fue suplantada en sus funciones en 2016 por la estructura paralela de enlaces, quienes respondían verticalmente a AMLO.

Con todo y eso, se llegó al gobierno, atribuyendo el triunfo, no al partido o al movimiento, es decir, a los miles de militantes de partido que se entregaron en cuerpo y alma al proceso electoral, sino que el triunfo fue atribuido a las excelentes estrategias de la dirigencia en cuanto a las alianzas políticas (entre ellas la alianza con el PES).

Una vez que López Obrador asumió la presidencia de la República y dejó la Presidencia del CEN, los dirigentes del partido no han dejado de tener una serie de encontronazos, que los ha llevado una y otra vez ante el Tribunal Electoral para la solución de los problemas. Esta lucha interna la han encabezado principalmente Bertha Luján y Yeidckol Polevnsky, siendo la última de ellas quien terminó siendo sustituida de su encargo, esto por disposición del Consejo Nacional y ratificado por el Tribunal Electoral, donde se impuso a Alfonso Ramírez Cuellar como presidente interino del CEN de Morena. Quién tenía la terea de emitir la convocatoria para la renovación de las estructuras del partido y actualizar el padrón de Morena.

Lo anterior responde a una pugna interna por el control del partido con miras a decidir quién ocupará los futuros cargos. En realidad, nadie de quienes hoy aspiran a ocupar la dirigencia nacional, pretende implementar un programa en el sentido de partido-movimiento, ni fortalecer la estructura de base. Mucho menos la formación política de cuadros. Y como desconfían de ese trabajo, la dirigencia opta por un camino más sencillo, recurren al reciclaje político, así como a la negociación con otros partidos, buscando fuera del partido lo que deberían generar a lo interno.

Actualmente existe una convocatoria para la renovación de los órganos de dirección, pero por la situación actual ante la pandemia no se podrá cumplir dicha convocatoria, ya que, implica reuniones masivas, mismas que no se permiten llevar a cabo hasta estar en semáforo verde. Por lo que el partido tiene hasta finales de este mes para llevar a cabo las asambleas, de lo contrario tendremos que esperar hasta que concluya el proceso electoral, puesto que las leyes electorales prohíben realizar la renovación interna durante el desarrollo de una contienda electoral, debido a esto, cabe la posibilidad de aplazar el proceso interno hasta después de julio de 2021.

Pero lejos de los pleitos en los tribunales, los militantes de Morena, debemos exigir la renovación inmediata de nuestros órganos de dirección, ya que, la no renovación implica perpetuar en el poder a los dirigentes que durante este periodo han generado la falta de vida orgánica al interno de nuestro partido y la falta de preparación de cuadros y de una formación política de izquierda. Los protagonistas del cambio verdadero se ven impedidos para cumplir sus funciones, esto por la falta de una estructura organizada. Al no tener una estructura partidaria, nuestras posturas se encuentran diluidas y nuestras acciones en defensa de la 4T están dispersas. Por lo tanto, la actual dirección de Morena debe de buscar la forma de que se realicen las asambleas en las que quede garantizada la mayor participación, así como la mayor transparencia y democracia.

La incertidumbre sobre el padrón ha llevado a la dirigencia del partido a cerrar las afiliaciones, truncando las aspiraciones de varios ciudadanos dignos de entrar a Morena a luchar, bajo el argumento que al ser Morena la primera fuerza política varios oportunistas se vendrán a Morena para aprovechar los espacios, pero se le olvida a la dirigencia que, a los peores y más nefastos oportunistas los metieron ellos mismos, fueron ellos quienes avalaron las candidaturas de quienes, al día de hoy han traicionado los intereses del pueblo, como Lily Téllez.

Este proceso de renovación nos debe servir para reflexionar sobre el tipo de partido que necesitamos, para seguir en la lucha por la auténtica transformación. Necesitamos un partido revolucionario que abandere las demandas más sentidas de la población. Hoy más que nunca en un ambiente de crisis económica, social y sanitaria, necesitamos una herramienta de lucha para derrocar esos poderes que no han terminado de irse y que solo buscan el beneficio para la clase privilegiada a costa del sufrimiento de la clase oprimida.

Necesitamos un partido que tenga una célula de discusión y acción política en cada colonia, pueblo o barrio, en la que se discuta a fondo tanto la orientación del partido como el perfil que deben de cumplir los representantes, para que quede claro a quienes se impulsará y de ser necesario impulsarlos en contraposición a los dirigentes serviles a los intereses del capital y de quienes quieren convertir a Morena en una agencia de colocación. Porque un partido que practica la auténtica democracia a lo interno, estaría resolviendo sus asuntos desde las bases y no en los tribunales, como ocurre actualmente.

¡Rescatemos a Morena de los intereses mezquinos!

¡Construyamos el partido revolucionario que necesitamos!

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