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El fantasma del populismo

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Escrito por: Rubén Rivera

Hoy en día cuando se pretende descalificar a algún político, sea o no sea precisamente de izquierda pero cuyas propuestas no concuerdan perfectamente con lo que dictan los dogmas neoliberales: privatizaciones, eliminación de derechos sociales, apertura comercial indiscriminada,  privatizar las ganancias, socializar las perdidas, etc., se acude a la burda simplificación de llamarle populistas, que en suma actualmente se toma como un insulto tanto  el calificador como el calificado lo entienden así., ¿Pero qué es lo que significa históricamente el termino populista? ¿Quiénes pueden ser calificados como tal?

Los orígenes

Originalmente se le llamaba populista a una corriente de intelectuales rusos a finales del siglo XIX, los populistas promovían un cierto tipo de socialismo campesino, aunque la mayoría de ellos eran incluso de origen aristocrático.

Los populistas rusos fueron famosos por crear organizaciones terroristas, que en el marco de la feroz represión zarista llegaron a jugar un cierto papel, no obstante, nunca tuvieron muy claro cuál era el camino para avanzar en sus objetivos en favor de los campesinos de la lucha contra la monarquía, terminaron formando un partido el “social revolucionario” que al triunfo de la revolución de octubre de 1917 se fue descomponiendo en facciones de todo tipo. La palabra pues perdió significado en esta vertiente.

En América Latina

Cuando inicia el siglo XX gobernaban en la gran mayoría de países de América Latina gobiernos que se decían liberales pero que se basaban en el poder económico de pequeños grupos totalmente identificados con los intereses del imperialismo, en algunos casos estos “liberales” habían creado auténticas dictaduras, como fue el caso de México con Porfirio Díaz. En Colombia liberales y conservadores se intercambiaban posiciones, pero incluso las mismas familias de la oligarquía participaban en ambos partidos. Algo similar sucedía en otros países, en realidad se trataba de distintos nombres de los partidos de la oligarquía.

Económicamente, con la excepción de la zona del Rio de la Plata se trataba de economías basadas en la combinación de latifundismo y economías de exportación de materias primas.

La brutal explotación de campesinos y las necesidades de desarrollo de las comunicaciones y de la minería fue creando una clase obrera muy joven al lado de una mayoría de campesinos sin tierra. Los conflictos empezaron pues como luchas campesinas que se fueron extendiendo a la nueva clase obrera, uno de los movimientos claves fue el caso de México.

México

Los campesinos encabezaron uno de los levantamientos más espectaculares de la región: durante años la burguesía se agazapó temiendo perderlo todo. Por la vía de los hechos los campesinos expropiaron la gran propiedad territorial y la organización obrera se fue extendiendo y fortaleciendo impulsada por la gran ola revolucionaria proveniente de la revolución de octubre.

El campesinado termino siendo derrotado primero política y luego militarmente por la burguesía nacional, la cual se vio forzada a adoptar el discurso y las poses de las clases oprimidas a condición de mantener al sistema, durante todo este proceso la burguesía gobernó en una posición de extrema debilidad.

La crisis de 1929 golpeo duramente a México, la primera reacción del gobierno de Calles fue la represión, no obstante, la respuesta de los trabajadores y los campesinos fue la organización, nuevamente se sentaban las bases de otro estallido revolucionario. En este proceso a diferencia de la revolución de 1910-1917 estaba encabezado en términos políticos por la clase obrera, tendiendo al pequeño partido comunista como uno de sus pilares.

En este contexto se combinaron varios factores:

1.-  La iniciativa de una de las facciones de la burguesía encabezada por Cárdenas en darle continuidad a la tendencia del gobierno de la postrevolución, asumiendo un discurso de defensa de los campesinos y los obreros, ceder algo para no perderlo todo.

2.- La organización corporativa de obreros y campesinos desde el gobierno mismo, absorbiendo las organizaciones existentes en el partido, con el pretexto de asumir sus demandas cuando en realidad de lo que se trataba era arrebatarles el control político, la hegemonía de una posible orientación socialista se sustituyó por una perspectiva de capitalismo dependiente con el Estado como nodriza.

3.-La decisión consiente del partido comunista de ceder esa dirección política a la burguesía nacional abandonando todas sus responsabilidades en el movimiento obrero y campesino.

Por supuesto esto no se podía hacer sin concesiones reales, sobrevino una etapa de profundas reformas sociales, el Estado construyó una enrome infraestructura que a la vez permitió por primera vez la creación de un auténtico mercado interno en el sentido moderno de la palabra, la burguesía fue amamantada por el Estado y poco a poco recomenzó a asumir protagonismo.

A esta época se le llamó la del desarrollo estabilizador y es a la que se suele acudir cuando se habla de Populismo. En México, si se le ve con detenimiento fue la época de mayor dinamismo económico, especialmente porque coincidió con el periodo de la posguerra, época en la cual la enorme reconstrucción que requería Europa y otras regiones devastadas por la guerra permitía altos precios de materias primas, recursos minerales, productos agrícolas entre otras cosas.

Brasil

En Brasil la crisis social se había desatado también durante los años veinte, periodo durante el cual se desatan insurrecciones por parte de jóvenes oficiales, los tenentes (tenientes). La más conocida, debido a que se transformó en un movimiento que recorrió gran parte del territorio brasileño y no logró ser aplastada por el ejército, fue la dirigida por el capitán Luis Carlos Prestes. Al final estalla la revolución de 1930 que pese a la forma que esta asume, sí logra trastocar para siempre la dirección política que la oligarquía brasileña ejercía desde la época colonial, es cierto que el proceso de 1930 surge como un conflicto entre diversas facciones de la oligarquía y que al final surge Getúlio Vargas como la figura que la burguesía nacional empleó para capear el temporal, no obstante el proceso no se detiene en 1930, la crisis política se profundiza y ello incluyó la mal orquestada insurrección comunista dirigida por Prestes en junio de 1935.

Nuevamente vemos el fenómeno de un ascenso revolucionario que se corta, en este caso por profundas equivocaciones de la dirección comunista. De manera paralela una burguesía que se ve forzada a ponerse al frente para frenar el proceso.

En el caso brasileño se crea un engendro en 1937, conocido como “Estado Novo”, marcó el final de un proceso y una derrota muy costosa que pudo ser evitada. Nuevamente el Partido Comunista Brasileño tuvo gran responsabilidad al actuar en el momento equivocado por las razones equivocadas, facilitando al gobierno de Vargas el combate a los comunistas y al conjunto del movimiento obrero. Vargas aun a pesar de las circunstancias jugo un papel similar al de Cárdenas, aunque a diferencia del mexicano este no encabezo las luchas para controlarlas, sino que simplemente las aplasto, aunque el contexto internacional de la posguerra le permitió, como a México una rápida expansión económica.

Otra variedad el Peronismo.

Un caso particular en los acontecimientos de los Estados latinoamericanos fue El Río de la Plata. La ausencia de una fuerte economía de carácter colonial facilitó una inserción relativamente más simple de relaciones capitalistas de producción. La propiedad terrateniente de un carácter francamente capitalista desde finales del siglo XIX y las necesidades prácticas de la exportación de productos agropecuarios los llevó a una industrialización muy temprana, al grado de que, para mediados del siglo, aún luego de quince años de problemas derivados de la crisis de 1929 el porcentaje de trabajadores asalariados en Argentina y Uruguay representaba cerca del 70% de la población económicamente activa.

De forma paralela, este proceso produce una sindicalización de una forma muchísimo más basta que en otras regiones latinoamericanas, no obstante, esto, las bases del desarrollo capitalista se encuentran en la explotación de la agroindustria. La crisis de 1929 azota de forma significativa estas economías, por lo que en este periodo lo que encontramos no es una crisis del sistema oligárquico semicolonial como se dio en otras regiones latinoamericanas, sino una crisis de la oligarquía capitalista nacional fincada en las exportaciones de materias primas, especialmente alimentos. “En Argentina el ingreso por habitante disminuyó cerca de 20% entre 1929 y 1934, y sólo en 1946 recuperó el nivel alcanzado antes de la crisis; en Uruguay, todavía en 1943 tal ingreso era inferior al de quince años antes; en Chile, en 1937 el producto interno bruto aún no había recuperado, en términos absolutos, el nivel de 1929”. (Agustín Cueva, op. cit., Pág. 173).

Como sea, el proceso terminó no siendo muy diferente del caso de los demás países latinoamericanos, el surgimiento de Perón, en los treintas a lado del gobierno militar y su posterior instauración como un “pequeño Bonaparte” en los cuarentas contienen los mismos elementos que nutrieron los gobiernos llamados populistas o del llamado “capitalismo de Estado” que ya se observaban en otras regiones.

En todos los casos tenemos gobiernos nacionalistas burgueses con un componente de fuerte apoyo popular y de algún modo enfrentados al imperialismo en la forma, pero no en el fondo, un ejemplo de ello fue que el proceso de industrialización se realizó bajo la tutela tecnológica y financiera del imperialismo.

A la larga todos esos gobiernos supuestamente amigos del pueblo devinieron en dictaduras militares, con excepciones como las de México, donde el PRI no necesitó de un régimen castrense para llenarse las manos de sangre de jóvenes y trabajadores durante los sesentas y setentas.

Las condiciones para una situación similar en América Latina en el futuro están descartadas, la nueva oleada de gobiernos nacionalistas y populares de principios del 2000 responde a otra dinámica internacional y es tan distinto al proceso de los treintas y cuarentas que cuesta llamarlo así.

Los burgueses en realidad no temen a una repetición de gobiernos que en realidad sirvieron para enriquecerlos, en realidad, tiembla porque en la medida de que el capitalismo no es capaz de ofrecer una alternativa el surgimiento de gobiernos “populares” podría llevar a las masas a concluir que dentro del capitalismo no hay solución y nuevamente pongan sus ojos en salidas auténticamente revolucionarias.

Venezuela, Bolivia y un poco menos Argentina y Ecuador serán motivo de un futuro artículo.

Mientras tanto los trabajadores no debemos confundirnos, el problema no es el populismo, sino el capitalismo, en realidad a lo que le temen los burgueses es a la revolución y no estaría mal que convirtiéramos sus pesadillas en realidades.

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