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Apuntes para una teoría marxista de los partidos socialdemócratas

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Escrito por: Héctor Malavé

El siguiente análisis fue enviado por un compañero militante reconocido en la izquierda del estado de Campeche. Envía tus colaboraciones a contacto@marxismo.mx 

1.- El lugar de la burguesía media  en el sistema de partidos políticos

Las clases sociales están representadas por grupos políticos de su misma clase. Estos grupos representan una fuerza política y entran en contradicción entre sí por tener la hegemonía, aglutinar y finalmente representar a las clases económicas de la alta burguesía, la baja burguesía o el proletariado. El grupo vencedor accede al control del partido y su fin último es usar el estado como un instrumento al servicio de la clase económica que lo llevó al poder.  Demandará más conquistas materiales y espirituales para su clase si accede el poder político absoluto o bonapartismo, pero la universalización del poder sólo es por cortos periodos de tiempo.

En la política burguesa los grupos políticos se aglutinan en partidos políticos y luchan entre sí por los espacios de poder. En estas contradicciones abiertas o encubiertas, se elaboran “estrategias políticas de clase” con base en la “anticipación táctica de los tiempos políticos”, su marco jurídico no es más que una reglamentación que legítima al poder político en turno.

Cada país y estado tiene una estructura política definida llamada  “sistema de partidos políticos” que constituye una superestructura ideológica. La autonomía de la estructura ideológica no es independencia de los sectores económicos burgueses del régimen. El bloque político no es un epifenómeno de las relaciones sociales de producción pero se incluyen en una dinámica superior de relaciones de poder, llamadas por Lenin “correlación de fuerzas políticas”.  Significa que el sector de lo político tiene su propia lógica de relaciones objetivas de poder.

En las democracias liberales la geometría política oficial los llama ordinariamente de derecha, centro o izquierda, según la postura reformista o “salvaje”  que tengan ante el dogma del modelo capitalista de producción.  En este sentido, un partido político que en su programa y en su práctica organizativa rompa con el esquema capitalista es excluido de facto del juego político, porque de ser aceptado significaría modificar las reglas del tablero de ajedrez, o de patearlo.

Los partidos comunistas occidentales antes de la caída del bloque comunista del este, nunca llevaron a cabo la misión leninista de ser la vanguardia de la clase obrera, a lo mucho, como en México, se subsumieron al partido oficial o fueron reducidos a sectas de intelectuales. Por lo que la recomendación estratégica de la IV internacional fue correcta para que el marxismo político sobreviviera, desarrollaron el concepto de “entrismo” que no era otra cosa que entrar como las corrientes de izquierda de los partidos socialdemócratas con un programa político definido que ganará a las bases obreras y le disputarán la hegemonía política a las burocracias reformistas ganándoles la dirección del partido.

Los socialistas para impulsar su programa mínimo y ganarse a las masas formando cuadros políticos pacientemente, deben buscar alianzas con la base social en las coyunturas favorables, ocupar las posiciones estratégicas, construir una vanguardia intelectual cerrada y decidida para no sólo ganar espacios en el aparato de estado, el congreso, sino que ir más profundo, emancipar desde su posición estratégica toda la fuerza potencial (creación política) de las grandes masas de trabajadores por medio de una gran alianza orgánica y programática que le permitan ganar elecciones democráticas, asumir el control del estado y construir un foco de resistencia.

Pero sólo será posible en ciertos ciclos económicos desfavorables para la clase obrera y campesina. Si no existe un “partido político de clase”, una vanguardia encubierta dentro de los partidos laboristas, obreros o socialdemocrátas que exijan cumplir el programa mínimo de reformas sociales y el máximo de la revolución socialista, no habrá tal transformación social por causa de las leyes históricas. Por lo que la “ciencia política marxista” es la única vía ideológica posible para conducir con éxito un proceso de liberación social. Sigue vigente en el siglo XXI la noción leninista de la introducción desde fuera del pensamiento político marxista en las capas más avanzadas de obreros, campesinos y estudiantes como el  vehículo idóneo para la formación de intelectuales orgánicos como el factor subjetivo y reproducirlas en las capas siguientes.

Los partidos socialdemócratas en México, como la mayoría de los partidos, se encuentran formados por grupos de poder políticos tradicionales e históricos que han acumulado una gran experiencia en favorecer alianzas estratégicas con el poder del Estado para mantener sus privilegios. Se encuentran representados por intereses económicos de sectores burgueses desplazados por las burguesías hegemónicas, lo que explica la actitud crítica y su relación con los sectores populares. Y revela su crítica pero nunca el rompimiento y mucho menos la superación del estado capitalista.

El sistema político mexicano es la suma de partidos políticos que representan los intereses materiales de los diferentes grupos económicos burgueses que se disputan la hegemonía del estado. Pero la burguesía no es homogénea es diferente de acuerdo al papel que juega en la producción, puede ser una burguesía terrateniente conservadora, una burguesía comercial o pequeña burguesía o una burguesía industrial, financiera, global y monopólica.

Aunque se cubran con el manto de la modernidad y el progreso tecnológico en las pequeñas regiones subdesarrolladas de América Latina la confrontación es entre la burguesía terrateniente, dueña de la tierra por eso es conservadora y la burguesía comercial más dinámica, ambas disputan ser la representación del campesinado o el proletariado privado o el proletariado público, ser dueñas de capital. Las burguesías regionales son dependientes de la burguesía internacional por lo que no serán capaces de desarrollar una industrialización por cuenta propia. Siempre dependerán de países neocolonalistas que intentarán disputarse la propiedad de la tierra y la fuerza del trabajador.

En las provincias de México económicamente dependientes del sureste no existe una clase obrera industrial como en los estados norte del país, ni menos una burguesía comercial progresista democrática, más bien lo que hay es una burguesía dueña de la propiedad de la tierra y del comercio que es representada por un estado político conservador y estático. Y pequeños focos comerciales que no alcanzan a desarrollarse a causa de la imposición de medidas impositivas.

Por lo que, lógicamente el principal aliado del proletariado y el campesinado es la burguesía comercial o pequeña burguesía desplazada. Mientras que una busca ascender la otra teme descender a su antigua condición de obrero y artesano.  La máxima popular recita “quiero poner mi propio negocio para no depender de nadie y ser mi propio patrón”.

En consecuencia existe una coalición estratégica de los partidos socialdemócratas  nacionalistas en América Latina, también conocidos como populismo de izquierdas, que es una alianza entre los sectores populares y la burguesía comercial media. La clase media se encuentra educada en las ciencias burguesas del “derecho”, “contabilidad”, “administración” y la “ciencia política” son las representantes de los grupos políticos pequeño burgueses. Estos intelectuales orgánicos se convertirán en los líderes de la burguesía comercial en los partidos reformistas, al tiempo que necesitarán de una base social que legitime una alianza dirigida por la pequeña burguesía.

La primera contradicción de los partidos socialdemócratas es entre la burguesía comercial la pequeña burguesía y los sectores populares la confrontación por la dirección del partido. En tiempos no revolucionarios se encuentra la burguesía comercial en la dirección de los partidos de izquierda, pero en tiempos revolucionarios o en las llamadas “crisis de consenso”  corren el riesgo que  pierdan la dirección por la avalancha de los sectores populares que exigirán democratizar las estructuras. Esto lleva sin duda a la pequeña burguesía comercial preocupada por la pérdida de espacio y concesiones a las bases populares a coaligarse con el antiguo régimen, y seleccionar aliados clave que frenen el impulso popular.

El concepto de “armando político” explica muy bien la distribución del juego de posiciones dentro de la estructura de un partido socialdemócrata, que muchas veces no coinciden con las carteras oficiales establecidas por la burocracia oficial de los partidos políticos.  El “armado político” es un concepto que nos permite aclarar la ubicación de piezas políticas en la estructura de un partido y explica el cómo funciona la estrategia política que impide que los sectores populares asuman la dirección de los partidos socialdemócratas y estas sigan estando en manos del oportunismo pequeño burgués.

No obstante,  las “posiciones de representación” siempre estarán en manos de intelectuales orgánicos subordinados de la pequeña burguesía. Cuando son infuncionales son suplantados.  Por lo que saberse prescindibles como cualquier obrero de una fábrica los hace subordinarse pero a diferencia del obrero que produce plusvalor el político produce dominio.  Esto termina con el mito de la democracia en los partidos políticos de izquierda, porque no buscan la “democracia republicana” sino que funcionan como estructuras de dominación que se ajusta a la lógica de las clases sociales que detentan el capital.

Hay una oposición moral y resistencias a la subordinación de los partidos socialdemócratas a la estructura económica y a sus mecanismos de poder internos, lo cual es explicado por la misma necesidad de los partidos reformistas de incluir a obreros, campesinos y estudiantes para poder ganar elecciones, de lo contrario serian súbditos de las viejas burguesía terrateniente, de la cual se quieren independizar históricamente, y no tendrían una base social que los respalde, cuando sucede eso: la dirigencia socialdemócrata se queda flotando como artefacto de funcionarios pequeños burgueses que pronto degeneran y desaparecen como una opción.-

Las “estrategias políticas de clase” se desarrollarán en “espacios de poder” y en “tiempos políticos”, la acción práctica de poder inmediatas se llaman “tácticas políticas de clase”: esta mide los tiempos, espacios, logística, motivación y preparan el orden de batalla en posiciones favorables.  Las contradicciones se expresan en la ocupación de los espacios físicos, políticos y ganar tiempo e información.

Para impedir el resquebrajamiento de la alianza estratégica de la burguesa y el proletariado, la primera desarrolla un procedimiento que garantiza la subordinación de estos últimos.  Las relaciones de poder dentro de los partidos políticos se definen como cálculos empíricos de “presión”, “subordinación forzada” o “aceptación” al poder real, según sea el caso de “beneficio” o “castigo” a los líderes de los grupos.  La aceptación del “control” y la “vigilancia” se conoce como lealtad.  Este mecanismo de  instrumentalización de un poder disciplinario instituido por los grupos hegemónicos es fundamental para “calar” y “medir” el nivel de subordinación de los nuevos actores políticos que personifican al grupo de una clase social determinada.

Sin embargo, también existen otros métodos más suaves como la “promesa política”, “la mentira política como herramienta de control”, el “miedo político” a perder privilegios, “el compadrazgo” y “el apadrinamiento”.

Para lo cual, un partido marxista dentro de un partido socialdemócrata para superar su condición de infiltrados o secta y abrir su programa político que gane espacios posiciones clave y establezca vínculos estrechos con los sectores populares más combativos de la clase obrera, requiere de un procedimiento metódico de organización democrática crítica y autocrítica que generé estabilidad y claridad en medio de los vaivenes de la coyuntura y juegos de presión interna por reducirlos, por lo que el oportunismo no es una mera cuestión moral,  sino también la ausencia de una organización revolucionaria.

El sostenimiento de su avance de posiciones y vinculación práctica con los sectores sociales clave, requiere conocer el desarrollo dialéctico del partido político y por deducción lógica la “estructura” de las relaciones sociales que establecen al margen de su voluntad dentro de los partido políticos, el “reconocimiento del fenómeno político” por medio de la interpretación de su “significado”,  el análisis de los “hechos políticos”, y la “praxis transformadora” de la realidad por medio de una base creadora.

Si no se quiere ser presa fácil del “golpeteo político” (lucha de clases) que buscará sacar de balance en todo momento a una organización revolucionaria,  una organización política marxista se formará no de manera piramidal sino en espiral, forma círculos concéntricos, tomando decisiones flexibles y luego abriéndose a  esferas de mayor amplitud.

1.- El bloque político cerrado constituye una vanguardia comprometida ideológicamente con la estrategia de clase, su fuerza radica en su experiencia política y en su formación ideológica.

2.- Los intelectuales orgánicos son especialistas encargados de ordenar el discurso político y el diagnóstico que cumplan los planes y programas estratégicos de la ideología, la elaboración de la propaganda usando los medios masivos de comunicación. Generando el consenso y diplomacia al interior de su grupo.

3.- La fuerza principal es la gran cantidad de militantes, abierta y flexible, que siempre estará constituida por el proletariado y el sector campesino, o la clase media, es la que finalmente gana la guerra por medio de la violencia política.

4.- Los aliados estratégicos de coyuntura, brindan recursos extra, información valiosa y oportuna.

En el caso de los partidos socialdemócratas regionales y tradicionales generalmente son dos grupos o tendencias que se disputan el control de los partidos políticos. Puede haber tres o más tendencias pero contribuyen más a su debilitamiento estructural estriba en que no se soportan en una amplia base popular. Le es difícil disputarle al estado su alianza con los sectores populares. Su debilidad política lo obliga a relacionarse con el estado para subsistir, presionar al estado  para garantizar la subsistencia política de la pequeña burguesía democrática arrancándole concesiones.  Esta dinámica produce “vicios” en los partidos socialdemócratas y explica la raíz de su oportunismo político y su ideología pequeña burguesa, y corrupción y bancarrota en las elecciones democrática burguesas, pues las amplias masas no ven en esos partidos la representación de sus intereses materiales. Por lo que tienden a aparecer y a desaparecer de los escenarios electorales.

La corriente revolucionaria que se sostenga en un programa marxista no puede andar de saltimbanqui jaloneados por una u otra tendencia. Sin duda deben ubicarse en el ala menos conservadora de los partidos socialdemócratas generando una tendencia ideológica y una corriente política propia que no le permita sectarizarse pero tampoco subordinarse. En tanto que la corriente marxista no sea lo suficientemente fuerte para disputar la hegemonía de la izquierda, le queda cuatro caminos mantener su posición, avanzar tácticamente ganándose las bases más progresistas, conquistar espacios y dar el salto cualitativo en las coyunturas favorables, que sin duda llegarán.  Mantener la posición significa estudiar y avanzar construyendo comités populares y generando alianzas estratégicas.

Los grupos configuran su armando político posicionando piezas en la estructura por lo que cada movimiento modifica el escenario. En las regiones donde un partido socialdemócrata es toda la oposición al gobierno, se conforman dos o más bandos que se disputan la hegemonía y lucha por obtener sus recursos. En realidad son muchas tendencias que van confluyendo en dos polos confrontados por la hegemonía, se amparan en una variable independiente.  Tiene dos características: su temporalidad y su ubicación en la geometría política. Estas tendencias varían históricamente pero pueden definirse de acuerdo a su comportamiento en distintos momentos de la coyuntura política.

  • Un bando viejo más a la izquierda
  • Un bando viejo más a la derecha
  • Un bando joven más a la izquierda
  • Un bando joven más a la derecha

El grupo mejor posicionado tiene las posiciones oficiales, obliga al otro grupo a “fortalecer” su posición contratando mercenarios que le permitan “romper el esquema” de futuras estrategias que lo pongan en riesgo.  Ambos bandos se encuentran respaldados por un poder material e intereses materiales de grupo.

Las contradicciones internas irresolubles sólo tienen una salida: la confrontación y el triunfo del grupo mejor que este ubicado en posiciones oficiales. No obstante, cuando la socialdemocracia accede al gobierno por voto popular las fronteras se diluyen y tienen que incorporar a “intelectuales orgánicos” del viejo régimen para “impulsar el programa de nuevo régimen” lo cual es absurdo.

En caso de transición a un gobierno de izquierda entonces la lucha se expande fuera de las fronteras definidas del partido, y las instituciones estatales se amplían como un nuevo campo de lucha política. El voto popular que favorece a un gobierno de izquierda en países latinoamericanos no lleva al poder de las estructuras políticas al pueblo, más bien este se ve representado por dirigentes tradicionales de la izquierda que acceden al poder de forma inmediata como pasó con el PSOE durante la segunda guerra del Golfo.

Las masas hartas del viejo régimen capitalista buscarán reformar sus condiciones de vida materiales y apuesta por el voto de castigo o por medio de una figura carismática de izquierda que los ayude en su lucha por la liberación. Romperán con la “cohesión ideológica” que aglutina los intereses materiales de la vieja burguesía representada por el sistema de partidos políticos, arbitro final de los cargos públicos, y la izquierda al acceder fractura el poder democratizándolo. Lo que muchos llaman “inexperiencia” es en realidad una proto democracia que ponen el peligro los intereses materiales del viejo régimen,

La transición entre un gobierno conservador y una progresista genera un vació de poder, que puede ser un “agujero negro” que devore a la misma izquierda. Si un partido político socialdemócrata no tiene ejercito de funcionarios estará en graves aprietos, porque se verá en la necesidad de contratar a intelectuales orgánicos del viejo régimen que nada les garantizará su lealtad política. La izquierda incapaz de asumir el poder a falta de un programa marxista lo entrega de nuevo a viejo régimen, lo que genera desconfianza, rechazo en las masas y la restauración del sistema neoliberal.

El control político de la pequeña burguesía

El control de los partidos políticos actuales depende en buena medida de las fuentes de financiamiento que reciban de los árbitros electorales, según el porcentaje de votos en las contiendas electorales. A mejores resultados más recursos para poder hacer trabajo político. Los representantes de la burguesía comerciales que se disputan la dirección de los partidos reformistas buscan el control y la administración de los recursos, y su distribución en los liderazgos sociales.

La siguiente etapa es el orden de las piezas clave en la estructura interna de un partido, la jerarquía institucional, por lo que ocupar los espacios de mayor importancia es motivo de lucha interna.

Si es ordenada o alguien tiene la mayoría entonces se lleva a la práctica el ejercicio del poder, El manejo político consiste en garantizar el equilibrio interno y tener satisfechos a los diferentes liderazgos premiando o castigando, según su disciplina y resultado para el grupo político en cuestión y a su vez al representante de la burguesía local.

El control ideológico de la pequeña burguesía

En ese enfoque piramidal que requiere experiencia surge la centralización de un poder jerárquico a cuatro niveles: burguesía local (oculta), el grupo político, los liderazgos locales y militantes. Lo cual permite al grupo político local tener una labor de intermediario con el estado y la clase social disidente.  En ocasiones electorales o cambios estructurales en la economía los liderazgos socialdemócratas dan giros a la izquierda o a la derecha, sin importar la ideología, los lineamientos jurídicos internos o los acuerdos de palabra.

El ocultamiento de la burguesía comercial dificulta la comunicación como los dioses necesitas a sus sacerdotes, los grupos predominantes son la “palabra” develada. Rompiendo el mito de la democracia en los partidos políticos de izquierda. Por lo que el diálogo político es vertical.

El discurso político oficial  que oculta el dogma ideológico de la clase media reformista es sin duda la teoría de los equilibrios justos de Aristóteles, el evolucionismo darwinista,  la economía mixta de Keynes y el pacifismo de Gandhi. Lo cierto es que la justa medida no es tan justa para la clase proletaria militante porque la reforma que es un dogma incuestionable siempre regresa al capitalismo salvaje. Se conforma una estructura simbólica detrás del lenguaje político establecido que se materializa en figuras mentales cohesionadas que miran la “realidad política” por medio de figuras morales, pero en lo hechos que oculta una “moralidad ciudadana” se desdobla una suerte inmoralidad que escoden lo intereses de clase, esa es la raíz del oportunismo político de la socialdemocracia del que no se puede librar fácilmente sin una doctrina marxista.

El discurso político o la praxis ideológica se estructuran en tres niveles:

  1. a) El diálogo político interno en el que sólo participan las clases medias comerciales y sus representantes políticos que fungen como administradores, interlocutores y mensajeros de las relaciones del poder internas y externas, con el estado, con el grueso del partido y con las disidencias internas. Se acuerdan alianza, pactos, medidas disciplinarias o rupturas.
  2. b) El diálogo político intermedio en el que participan los líderes de los grupos más experimentados también se toman decisiones, se traza estrategias, se miden tiempos.
  3. c) El diálogo político ampliado participan todos los militantes socialdemócratas fijando posturas a favor o en contras de ciertas estrategias, que previamente han sido acordadas por los líderes de las corrientes, por lo que la disidencia es mínima. No obstante existen brechas para la acción democráticas pero al mismo tiempo permiten hacer evidentes los focos de posibles disidencias y encapsularlas antes que se dañe el tejido interno.
  4. d) Finamente, la postura oficial que se conocerá en los medios masivos y recibidos en la opinión pública. La cual variará según la agenda de medios de la prensa a fin al gobierno.

La construcción del discurso oficial, que encubre, el maestro jugador de ajedrez escondido en el mono ajedrecista, no es recibida sin resistencia que percibe el doble discurso, la razón por un lado y el interés de la razón de la clase media por otro.

La “estructura discursiva oficial” que todos conocen como guía moral socialdemocracia, la reforma pacifica, es la veladura que conforma el espacio de diálogo entre la base y las dirigencias de los partidos.

Superada, “la erotización discursiva” que no es otra cosa que un diálogo afectivo que tiene la función de ganar simpatías y seducir a los elementos menos experimentados de la base social, es el discurso de cooptación y/o rechazo del nuevo empleo. Forma una “figura mental” tan sólida como los intereses de la base proletaria aspiracionistas a mejorar su condición de vida aún a costa de su libertad como sujeto histórico.

La “manipulación del discurso político” mientras que el todo discursivo o los aspectos sustanciales de la ideología pequeño burguesa se oculta, Sólo una parte de la verdad se presenta, la verdad es fragmentaria porque impiden ver las confrontaciones internas de los juegos del poder en la historia de los partidos políticos de izquierda, en donde sólo se conoce la historia de bronce del partido pero nunca la historia de los derrotados que también es la historia del partido socialdemocrátas, o son presentados como villanos.

La “falsificación del discurso político” eso que Jonathan Swift llamó le mentira como herramienta de la política es una estrategia de distracción que permite ganar tiempo a los grupos políticos dirigentes para reacomodar sus piezas en momentos de amenaza revolucionaria. Divide a los posibles disidentes soltando rumores propagandísticos con el objetivo de dividir a los disidentes. En donde el juego se expresa entre las verdades de los oprimidos y la mentira de los dirigentes, en ese cruce de verdades políticas se van debilitando las figuras retóricas que esconden los intereses materiales de clase, se caen las máscaras y aparecen el gesto de los rostros desnudos. La hipérbole que exagera los errores del adversario mientras que diviniza sus propios aciertos, y la atenuación que reduce los propios errores mientras que ridiculiza los aciertos del contrario.

“El ocultamiento de la información” es un recurso estratégico de los grupos políticos para tomar decisiones que anticipen los movimiento del otro. La clase dirigente para asumir más influencia política y los dirigidos para preparar un golpe de mano.

“La confrontación discursiva” es cuando la disputa política entre dirigentes y dirigidos llega al clímax en público o privado antecede a la violencia política y finalmente la ruptura de pactos.

“El silenciamiento” cese de todo tipo de diálogo entre dirigentes y dirigidos cuando no logran alcanzar un acuerdo interno para su propia subsistencia política antecede la lucha propagandística y el juego de fuerzas políticas, En ocasiones, la búsqueda de aliados externos o mercenarios para ocupar la centralidad del poder, lo cual pone en peligro la misma existencia de un partido socialdemócrata y de los mismos intereses de un determinado grupo de la clase media burguesa.

La política es un juego, sí, pero un juego de clases, a la usanza del juego de pelota de los pueblos mesoamericanos, en donde el que gana sigue viviendo a costa de uno y el que pierde seguirá muriendo a costa del otro.

 

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