Ecocidio o Revolución: la lucha por la Huasteca y contra el fracking
Jesús Blanco
Proteger la naturaleza es defender el futuro de la clase trabajadora.
El pasado 5 de agosto de 2025 se presentó de manera oficial el Plan Estratégico de Petróleos Mexicanos (Pemex) 2025-2035, el cual, traza el plan decenal de esta empresa y cuyo eje principal gira en torno a la viabilidad financiera y la “soberanía energética” del país.
A pesar de lo bien que pueda sonar, dicho plan encendió las alarmas en los pobladores de la región Huasteca del país, principalmente a partir de abril del presente año, debido a que en sus conferencias matutinas, la presidenta Claudia Sheinbaum mencionó de manera detallada que se trata la extracción de hidrocarburos en yacimientos no tradicionales o, como lo denominó la mandataria, “fracking sustentable”.
El principal foco de destrucción es la Huasteca (Cuenca Tampico-Misantla), donde la perforación acecha a municipios en San Luis Potosí como Tamuín, Ébano, Tanlajás y Ciudad Valles; al ser un suelo poroso y kárstico, cualquier químico se filtrará de inmediato a los acuíferos. Esta devastación se extiende al norte de Veracruz en Tempoal, El Higo y Platón Sánchez, poniendo en riesgo los ríos Pánuco y Moctezuma; impacta también a zonas de Hidalgo como Huejutla, atentando contra los pueblos náhuatl y tének. El peligro avanza hacia el centro y norte veracruzano mediante el Paleocanal de Chicontepec y las cuencas del Papaloapan y Jamapa. Y por si fuera poco, la codicia petrolera trepa a la Sierra Norte de Puebla, despojando de manantiales a los pueblos maseual y totonaco en municipios como Pantepec, Venustiano Carranza, Jalpan y Francisco Z. Mena.
¿Qué es el fracking?
El fracking es la técnica de extracción de hidrocarburos y gas natural de reservorios del subsuelo, históricamente inaccesibles por métodos tradicionales. Consiste en realizar una perforación vertical en el subsuelo hasta llegar a la capa terrestre que contiene el gas o petróleo para, posteriormente, bombear a alta presión agua combinada con arena y aditivos químicos, Así, la resistencia de la roca se vence y posteriormente se genera una fractura por la cual asciende el gas o los hidrocarburos hacia la superficie del pozo.
Riesgos del fracking
Sin embargo, esta técnica presenta severos riesgos ambientales y a la salud como:
Uso excesivo de agua: Cada pozo utiliza, en promedio, entre 9 y 29 millones de litros de agua para fracturarse. Esta agua podría abastecer a comunidades enteras. En una región históricamente ligada al agua en sus actividades económicas: desde la agricultura y ganadería, hasta turismo, esto supondría estragos económicos. Aunado a esto, se sufre constante estrés hídrico durante periodos prolongados.
Casi el 100% del agua dulce utilizada queda inutilizable, por la imposibilidad de ser tratada o reutilizada. Además, existe un riesgo latente de que esta se infiltre al subsuelo hacia los mantos acuíferos debido al sistema de ríos subterráneos. Esto impacta directamente a las comunidades de la región que dependen de forma exclusiva del agua de los manantiales, provocando graves riesgos de intoxicación y afectaciones a la salud. Por último, la contaminación visual resultaría fatal para una zona cuya economía depende fuertemente del turismo.
Riesgos de explosiones: La fuga de gas natural puede ser potencialmente peligrosa, ya que de no ser tratada de manera adecuada o detectada a tiempo, pone en riesgo severo los ecosistemas aledaños, así como a los trabajadores de las plantas de extracción. Sin olvidar, además, que estas fugas contaminan el aire y pueden generar potentes explosiones.
Daños al medio ambiente: La contaminación del agua, aire y suelos, así como la construcción de carreteras e infraestructura para llevar a cabo esta técnica, dañaría de forma irremediable la biodiversidad de la región. Esta es una de las más biodiversas del país, con un hábitat de por lo menos 5500 especies y varias decenas de ellas endémicas, es decir, que no habitan en ningún otro lugar del planeta.
Dañar el hábitat de estas especies sería condenar a gran parte de ellas a la extinción, aunque, como es evidente, en el sistema capitalista cualquier cantidad de dinero vale más que la vida de millones de organismos.
¿Existe fracking sustentable?
A pesar de lo que la presidenta pueda decir, miles de científicos y organizaciones a lo largo de todo el mundo se han mostrado escépticos ante la posibilidad de un “fracking sustentable”. De manera estricta, solo existe la posibilidad de mitigar daños. Sin embargo, la Huasteca y sus ecosistemas no exigen devastación menos dañina, exigen agua limpia, respeto a su biodiversidad, justicia económica y servicios públicos de calidad.
El gobierno pretende legitimar este despojo mediante discursos sobre el uso de agua salada y aditivos biodegradables, respaldados por comités científicos subordinados que dictaminan la viabilidad de la técnica. Este escenario es un ejemplo histórico de que la ciencia no es neutral bajo el capitalismo; por el contrario, opera activamente al servicio de los intereses y la acumulación del gran capital.
Mientras tanto, varios expertos afirman que estas técnicas serán más que costosas e inviables económicamente hablando, y mucho menos eliminarán el riesgo de fugas o sismos.
El reformismo entre la presión del capital extranjero y la soberanía energética
Históricamente, la posición del actual partido en el poder era la de rechazo al fracking en todo el territorio nacional, sin embargo, debido a las crecientes amenazas militares y económicas por parte de Estados Unidos, la postura de la presidenta dio un giro drástico en torno a las políticas de AMLO (como las iniciativas de prohibición) y, con ello, rompió una de sus promesas de campaña bajo el argumento de la soberanía energética.
Este retroceso expone las contradicciones insalvables del capitalismo y la incapacidad estructural del reformismo burgués. La apertura al fracking no es soberanía, es la entrega directa de los recursos estratégicos al capital extranjero. Morena tiene la ilusión de conciliar los intereses del proletariado con los de la burguesía transnacional. Ante la presión imperialista, la salida reformista siempre será ceder, entregando el territorio a cambio de migajas y devastación ecológica.
La ruptura de este bloque oficialista es evidente en San Luis Potosí, donde el escenario político ha estallado en una abierta ruptura electoral rumbo a 2027. El PVEM ha pintado su raya con Morena para competir en solitario por la gubernatura. A estos partidos burgueses no los une ningún proyecto ecológico ni social, los une el oportunismo, y cuando chocan sus intereses y ambiciones de sucesión familiar, la alianza se desmorona.
La Huasteca y la defensa del territorio
Ante toda esta serie de ataques, las comunidades de la Huasteca no se quedan de brazos cruzados. Desde Veracruz hasta San Luis Potosí, diversas organizaciones y comités se han organizado en pro de la defensa del territorio. En San Luis Potosí, comunidades de la Huasteca y la Contraloría Autónoma del Agua firman actas por usos y costumbres declarando municipios “Libres de Fracking”, protestan en la carretera México-Laredo en Tamazunchale y exigen la prohibición constitucional en el Congreso. También se dan encuentros masivos, como el reciente Foro Regional No al fracking: en defensa del territorio, el agua y la vida, en localidades como el Nacimiento de Huehuetlán llevado a cabo el pasado 5 de junio.
En el Totonacapan veracruzano, ejidatarios de Papantla y Coatzintla, interponen amparos federales contra Pemex por violar el derecho al agua y la consulta previa. Finalmente, en Puebla, los comités de base y la Alianza Mexicana contra el Fracking realizan brigadas que ubican fugas de metano en pozos abandonados y promueven ordenamientos territoriales para blindar los manantiales serranos.
Esta agudización genera una grave contradicción política para Morena, ya que, en una región que históricamente sirvió como punta de lanza para el proyecto oficialista, hoy respira un aire de ruptura.
Las bases populares se sienten traicionadas por el gobierno federal, el cual, profesa un discurso progresista, pero continúa con la agenda extractivista y neoliberal de los gobiernos anteriores. La conciliación de clases del régimen actual demuestra su incapacidad para defender al pueblo frente a los intereses de las corporaciones.
Ecocidio o Revolución
Desde el Partido Comunista Revolucionario manifestamos nuestro respaldo incondicional a la legítima lucha de las comunidades de la Huasteca en defensa de sus territorios. Sin embargo, hemos de advertir que la destrucción de la naturaleza no es un hecho aislado, sino una consecuencia sistémica. Buscar reformas institucionales dentro del marco del capitalismo es insuficiente, necesitamos arrancar el problema de raíz.
Por su propia lógica, el capitalismo somete a la naturaleza a una lógica de explotación y destrucción permanente en nombre del capital. Como comunistas sostenemos que los avances tecnológicos y el desarrollo mismo de las fuerzas productivas no deben estar en oposición a los trabajadores o la naturaleza. Deben ser propiedad de todos para ponerlas a nuestro servicio, cuidando el ambiente y al trabajador, jamás buscando el rápido beneficio individual.
Frente a esta realidad de barbarie y muerte, la elección es tajante: ecocidio o revolución. El socialismo no es una utopía lejana, sino una necesidad urgente, así como la única garantía real de salvación y supervivencia del planeta. Solo la toma del poder por parte del proletariado y los pueblos oprimidos permitirá abolir la propiedad privada sobre los medios de producción, destruyendo la lógica de la ganancia para instaurar una economía planificada democráticamente. Una sociedad socialista donde la producción material se organice en función de las necesidades colectivas de la humanidad y en perfecta armonía con los ciclos regenerativos de la naturaleza.
Romper las cadenas del capitalismo es el único camino para asegurar el agua limpia, la salud pública y el futuro de las próximas generaciones.
¡Ante la amenaza ecocida, Revolución comunista!
¡No al fracking: ni aquí, ni allá, ni hoy, ni nunca!
