Reivindiquemos las mejores tradiciones del movimiento estudiantil

Mayren Padilla, CDMX

Los estudiantes históricamente han jugado un papel muy importante en la lucha de clases, punta de lanza en momentos históricos como el mayo francés y el movimiento estudiantil-popular en 1968. Si los estudiantes se han organizado en las escuelas es porque las contradicciones sistemáticas en determinados periodos se han presentado de una manera brutal, en la Universidad Nacional Autónoma de México ha sido marcada por una serie de acontecimientos como el feminicidio de Lesvy Osorio, denuncias por acoso y violencia sexual que pusieron en jaque a las autoridades de la UNAM, mientras se formaron colectivas estudiantiles que optaron por métodos punitivos como el escrache o la denuncia anónima que dejan al escarnio público la resolución de un problema con profundas raíces sistemáticas e institucionales que juicios individuales serán incapaces de resolver. 

Los comités y organizaciones de izquierda históricos en la UNAM fueron abatidas por el ambiente en torno a denuncias de aprovechamiento de la autoridad para golpear políticamente a las organizaciones, las colectivas expulsaban de asambleas a los comités tradicionales, bajo la política del separatismo.

Estos procesos, aunque coyunturales, tienen consecuencias que gestan métodos y prácticas políticas que pueden repercutir en movimientos estudiantiles futuros.

Después de pandemia y la reapertura de las escuelas, los estudiantes que se las vieron difíciles para mantener sus clase virtuales regresaron a un salón de clases sin infraestructura suficiente para garantizar las necesidades de la comunidad estudiantil: salones de clase con mobiliario viejo, laboratorios sin materiales para el trabajo, cafeterías caras y comida horrible, además de una vigilancia excesiva al punto de acosar al estudiantado. 

Sin acceso a becas y dificultades de inscripción propiciaron batallas importantes en el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana y la UNAM. Esto llevó a tomas estudiantiles que pretendían organizar las fuerzas en las distintas universidades exigiendo el aumento al presupuesto educativo y la mejora de la infraestructura. Localmente los procesos organizativos del estudiantado enfrentaron la dispersión y falta de perspectivas claras, revelando la necesidad de los comités, las organizaciones y colectivos políticos, que juegan el papel de aglutinar al sector organizado del estudiantado.

La extracción de experiencia y tradiciones de lucha estudiantil se desarrollan y se mantienen vivas en estos espacios de organización política. En ell movimiento estudiantil-popular del 68 en México, fue una tarea de lo más fundamental después del levantamiento de las tomas escolares, formar comités de lucha que pudieran dar seguimiento a las tareas del movimiento estudiantil. Estos comités los formaron los elementos más avanzados del movimiento, regularmente elementos radicalizados en ideas políticas como el marxismo y las experiencias de la lucha de los trabajadores a nivel internacional. Algunos estudiantes incluso eran militantes revolucionarios de organizaciones políticas.

Los comités de lucha fueron ese semillero de cuadros que generación tras generación se mantuvieron por una independencia política ante las autoridades, por una línea política revolucionaria que vinculó la defensa de los derechos estudiantiles con la lucha de clases. Había un entendimiento en que los problemas de los estudiantes y sobre la educación eran consecuencia de una desigualdad social y una crisis del sistema capitalista, por lo que la lucha estudiantil no podría resolverse dentro de las cuatro paredes del salón de clase sino en las calles.

 En el último periodo se ha demostrado que el hartazgo de la juventud ha llevado a la erupción en los distintos planteles de luchas espontáneas por demandas legítimas. Para triunfar, es necesario que el fervor revolucionario recupere tradiciones del movimiento estudiantil como son  los espacios estudiantiles independientes, volverlos comités de lucha combativos y revolucionarios con un llamado claro a la lucha de clases.

El movimiento estudiantil responde ante presiones sociales importantes, pues no están desconectadas de la realidad material opresiva del capitalismo. Lo que sucedió en Morelos a inicios de este año, los estudiantes organizados por la desaparición de una estudiante paralizó las calles y se tomó la universidad. Sin embargo su herramienta más cercana organizativa y representativa fueron las consejerías y prácticas legales para, en apariencia, garantizar la legitimidad del movimiento; esto jugó en su contra un desgaste de lo que en un inicio fue un movimiento masivo a solo un núcleo de activistas sosteniendo la toma de la escuela.

Por otro lado, en el IPN  se destapó un caso de corrupción y desvío de fondos que puso en alerta a los estudiantes cuestionando la decadencia de sus instalaciones y la falta de becas, mientras los funcionarios del IPN se llenaban los bolsillos con los desvíos de fondos, por lo que se planteó la lucha por la democratización del Instituto y la transparencia en los ingresos y egresos del mismo. Esto orilló a los estudiantes a tomar instalaciones como medio para presionar al director general para atender las demandas: vimos la toma de Canal Once en el Casco de Santo Tomás, que duró poco más de dos meses y fue levantada con violencia el 3 de agosto, a la vieja práctica priista del uso de porros para golpear estudiantes. 

La toma era sostenida por muy pocos estudiantes y consideramos que si se hubieran organizado brigadas a los alrededores para informar de lo que sucedía, el apoyo popular hubiera sido un gran sostén, así como saloneos en todas las escuelas del IPN para organizar asambleas y nutrir el movimiento con perspectiva de una mayor presión y un sometimiento de las autoridades. Es más implacable cientos de estudiantes organizados y movilizados en las calles que un edificio escolar tomado y que se aísla, mientras todos continúan clases y trabajan cotidianamente. 

Definitivamente el movimiento estudiantil no va a parar porque en esta sociedad capitalista derechos tan básicos como la educación pública y gratuita no están garantizados para todos los que quieran acceder a ello, por lo que debemos reivindicar lo mejor de las tradiciones de lucha estudiantil.

La reivindicación de una política revolucionaria para los estudiantes es fundamental. Las ideas son poderosas y necesitamos una formación combativa y de clase, las ideas del marxismo serán ese faro de luz en el proceso de lucha. Las tradiciones organizativas podemos extraerlas del movimiento estudiantil popular en México 68, es y seguirá siendo un gran referente para aplicar tácticas, como lo fueron las brigadas populares y volanteos que sacaron el movimiento fuera del salón de clase.

Las asambleas son nuestra herramienta de organización, discusión y resolutivos, donde de manera democrática los estudiantes pueden participar. En ella se podrán expresar distintas políticas, la tarea es convencer al pleno de la mejor propuesta. Los saloneos para repartir propuestas y conocernos entre todos los estudiantes, la propaganda política debe ser nuestro medio de comunicación independiente. 

Un estudiante consciente buscará una alternativa de organización política permanente, por ello la necesidad de construir un Partido revolucionario que sea capaz de aglutinar a los jóvenes estudiantes trabajadores más radicalizados dispuestos a luchar contra la barbarie capitalista, no es fácil, pero es la única manera de darle un giro a los movimientos sostenidos por la espontaneidad y llevarlos a un triunfo real.

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