¿Cómo luchar contra Abelardo de la Espriella?
Gabriel Galeano
De acuerdo a todos los pronósticos, Abelardo de la Espriella ha ganado la presidencia en el preconteo de la segunda vuelta. En contra de todos los pronósticos, el Pacto Histórico logró obtener suficientes votos para cerrar la brecha a menos de 250000 votos. Abelardo no logró obtener ni el cincuenta por ciento o una ventaja de más de un uno por ciento.
En el momento de escribir estas líneas, los resultados están sujetos a escrutinio. Los reformistas plantean la posibilidad de que se recuperen suficientes votos para sobrellevar el resultado. Ciertamente es posible, pero es poco probable, cuando se tiene en cuenta que el escrutinio de la primera vuelta nada más devolvió una diferencia del 0.06% con respecto al preconteo.
Este resultado refleja el ánimo anti-establishment amplio que se ha esparcido a nível mundial. Los dos candidatos representan alternativas a los partidos clásicos de la oligarquía colombiana y plantean programas de polos opuestos dentro de los márgenes del sistema capitalista. Para la clase obrera en particular, los 12 millones de votos obtenidos por el Pacto Histórico significan que su partido tiene la posibilidad de resistir y responder al programa de Abelardo de la Espriella, a pesar de las falencias de la dirección del Pacto Histórico.
Los reformistas en el timón
Cuando llegó el resultado de las legislativas del ocho de marzo, el panorama del Pacto Histórico parecía prometedor. Habían obtenido la mayor votación para un partido en las legislativas desde la reforma política del 2002. Las consultas presidenciales consolidaron a Iván Cepeda cómo el candidato de toda la izquierda, a pesar de que varios dentro del establishment (cómo Roy Barreras) intentaron usar la oportunidad para presentarse cómo la alternativa de centro izquierda.
El problema de fondo es el hecho de que el Pacto Histórico logró mejorar las condiciones de la clase obrera a través del incremento salarial y la aprobación de una reforma laboral. Pero no tuvo la capacidad de consolidar el resto de su programa y la campaña de Iván Cepeda en primera vuelta nunca tuvo respuestas para este problema.
La dirección del Pacto incluso pregonó la posibilidad de ganar en primera vuelta gracias a ser punteros en las encuestas. Ciertamente, esto era posible, pero no con una campaña que no pudiera explicar cómo lograr las reformas. En cambio, el Pacto confió plenamente en que la recuperación económica después de la pandemia y las reformas parciales que ocurrieron bajo el gobierno de Petro serían suficientes.
Indicios de la insuficiencia de esta estrategia estaban en varias encuestas, sin embargo. La encuesta de Edelman de 2026 indicaba que solo el 34% de la población colombiana confía en que el gobierno pueda hacer lo correcto.
Cuando los resultados de la primera vuelta demostraron que Cepeda tenía que remontar, la dirección del Pacto prefirió presentarlo cómo el candidato “institucional” cuando Abelardo era claramente popular debido a su imagen cómo outsider dispuesto a romper las reglas para salvar al país. Esta es una respuesta particularmente deficiente cuando se tiene en cuenta que Petro fue elegido en 2022 precisamente por representar una ruptura con el establishment político.
Esta estrategia de apelar al centro y bajarse definitivamente de la constituyente fue lo que preparó la derrota de Cepeda. En esencia, los reformistas pasaron de ser el partido del cambio a ser el partido de las instituciones colombianas.
Después de la situación en Enero dónde Petro desafió abiertamente a Trump a una confrontación militar, Petro fue a la Casa Blanca y calmó las aguas con la esperanza de que la Casa Blanca no interviniera en las elecciones. Washington decidió esperar hasta que el resultado de la primera vuelta pronunciara un ganador. Trump anunció su apoyo a De La Espriella desde el inicio de la segunda vuelta.
La respuesta de los reformistas fue hablar al respecto de la ciudadanía estadounidense de Abelardo, sugiriendo que le impediría su presidencia mientras que Petro personalmente se lamentó por la deshonestidad de Trump. En realidad, era necesario atacar a Abelardo de la Espriella cómo un lacayo del imperialismo estadounidense cuyas políticas estaban diseñadas para explotar a la clase obrera para llenar las arcas de sus cómplices en Miami.
Ciertamente, los reformistas lograron obtener el apoyo de doce millones de personas. Hay peores derrotas, pero es importante enfatizar que Abelardo de la Espriella estaba recibiendo 33% en las encuestas en Marzo y que el Pacto Histórico no es un partido del establishment. Es decir, tenían amplias posibilidades de ganar si tomaban esta furia contra las instituciones y proponían soluciones militantes al bloqueo institucional. En esta área dejaron ir una serie de oportunidades, incluyendo el apoyo de Trump.
Un tigre empantanado
En Abelardo de la Espriella, la oligarquía cree que ha encontrado al hombre que ejecutará los recortes que necesitan desesperadamente para confrontar la deuda nacional entre el 60 al 65% del PIB y un déficit fiscal del 5.8%.
Sin embargo, la autoridad política de Abelardo está altamente socavada por los resultados de la segunda vuelta. Su victoria representa la voluntad del 37% del electorado colombiano.
Todo apunta a que el gobierno de Abelardo será altamente débil y se encontrará en una situación dónde cada decisión será peligrosa. Implementar la motosierra y los recortes solo causará movilizaciones. Mantener las reformas y los programas sociales solo causará el descontento de la oligarquía. La oligarquía lo necesita solo en la medida en que logre romper el nudo gordiano en el que se encuentra.
El problema para la oligarquía es que Abelardo solo es popular en la medida en que rompe con el establishment político. Una gran parte de su aprobación viene del hecho de que rechazó el apoyo de los partidos clásicos de la oligarquía, incluyendo a Álvaro Uribe Vélez, a pesar de su admiración personal por el antiguo dirigente de la derecha.
Sin embargo, la realidad detrás de la imagen del “Tigre” es que es claramente un candidato formado en el seno de la oligarquía colombiana. Fue abogado defensor de Alvaro Uribe Velez, recibió dinero de los paramilitares a través de su fundación iniciativas para la paz y fue apoyado por la familia Char, quienes manejan la región atlántica a través de la gobernación y el poder detrás del partido Cambio Radical.
En esta situación, Abelardo tratará de ser todo para todos. Promoverá austeridad por un lado pero no podrá atacar las medidas del gobierno Petro por el otro. Tratará de presentarse cómo el candidato outsider mientras que gobierna con el programa del establishment, impulsado por la oligarquía que ha pedido recortes a través de los últimos dos años.
La moderación de su retórica en la segunda vuelta es un reflejo de esta realidad. Pasó de su famoso llamado a “destripar” a la izquierda a decir que nada más quería destripar “la ideología” de la izquierda. En su discurso de victoria, le ofreció a Iván Cepeda todas las garantías para ser oposición a pesar de haber declarado que llevaría a la prisión a Petro y a Cepeda.
En el trasfondo de todo esto, está la crisis del capitalismo mundial y la ola inflacionaria que prepara la recientemente acabada guerra en Irán. Los analistas de JP Morgan hablande la posibilidad del barril de petróleo llegando a $150 dólares. Colombia es “autosuficiente” respecto del petróleo, pero el incremento del costo a bienes y servicios todavía afectará la economía interna del país.
De La Espriella no podrá responder a esto ni a la recesión que se prepara en Estados Unidos, su verdadero amo. En ese contexto, se prepara una presidencia similar a la de Trump en Estados Unidos o Milei en Argentina, con alta turbulencia y constantes movilizaciones contra los peores abusos del estado colombiano.
Organizar la rabia
La derrota de los reformistas en las elecciones significa un revés en la lucha por las reformas. Pero el Pacto Histórico llegó al poder precisamente debido a la necesidad histórica de las reformas que han puesto sobre la mesa. Su programa político goza de un enorme apoyo popular.
Los resultados electorales y legislativos demuestran que el Pacto Histórico tiene los números y Petro se va con una aprobación del 45%. Durante los días álgidos de la Consulta Popular (el posible referendo consultivo al respecto de las reformas), la Consulta gozaba del apoyo del 57% de la población.
Dentro de estos 12 millones hay una capa de avanzada que querrá resistir contra los recortes de la presidencia de Abelardo y que quiere luchar activamente por ponerle fin a su presidencia lo más pronto posible. Es necesario organizar y educar a los mejores elementos de esta capa que no va a aceptar los embates de Abelardo.
Absolutamente nada de este resultado indica una derechización completa de la sociedad colombiana. Es más bien un proceso de polarización en dónde la inhabilidad de los partidos del establishment de representar los intereses políticos de las masas significa que amplias capas de la población están moviéndose hacia dos polos opuestos.
En este ambiente, es enteramente probable que millones de colombianos buscarán una alternativa a la dirección del Pacto Histórico que esté dispuesta a llevar la lucha por las reformas y contra Abelardo de la Espriella hasta la última instancia.
La tarea principal de los comunistas será conectar la lucha contra los recortes con el programa de transición del socialismo y explicar de manera paciente a la clase obrera, el campesinado y la juventud que solo métodos militantes de marchas multitudinarias, huelgas y ocupaciones de fábricas podrán ser la respuesta.
Por los últimos cuatro años, los reformistas gobernaron dentro de las instituciones del capitalismo colombiano y depositaron toda su fe en que el congreso lograría instaurar las reformas por las que luchamos desde 2021. La realidad, sin embargo, es que el estado está diseñado para ser operado por la clase dominante, que dedicó todos sus esfuerzos a bloquear las reformas.
Si hay una lección contundente es que la lucha por las reformas y para transformar este país no se va a concluir por la vía electoral. Los siguientes cuatro años verán manifestaciones en contra de De La Espriella que movilizarán a una clase obrera que querrá luchar aún más por las reivindicaciones que se le han negado desde 2021 y que han demostrado que representan los intereses de la mitad del país.
Es necesario construir un partido que sirva cómo un polo de referencia en la lucha contra Abelardo de la Espriella y su programa de recortes para unir las luchas de la clase obrera bajo una sola bandera. Ese partido se construirá en las calles y no en las urnas.
