Pink Floyd, «Animals» y la lucha de clases
León E. Alcántar
Con más de 250 millones de discos vendidos por todo el mundo, Pink Floyd es una de las bandas musicales más influyentes de la historia. A día de hoy, es para muchos la banda de rock progresivo por excelencia. Pero su importancia artística no debería simplificarse a sus riffs de guitarra etéreos; sería un serio error de perspectiva hablar de Pink Floyd sin tomar en consideración el profundo mensaje y crítica social que muchas de sus obras representan y que marcaron a toda una generación de la clase obrera tanto en Inglaterra como en el mundo.
En el marco del 50 aniversario del lanzamiento del disco «Animals» (es. «Animales»), considerado una de las obras maestras de la banda, nos parece importante recordar que la experiencia inmersiva del álbum temático contiene un mensaje completamente político, sumergido en la álgida lucha de clases de la Inglaterra de la segunda mitad de la década de 1970.
Breve historia de Pink Floyd hasta la «era Waters»
Pink Floyd ha tenido, a lo largo de su historia, varios momentos muy distintos entre sí. No puede considerarse que haya un solo Pink Floyd monolítico a través de sus seis décadas; más bien, cada uno de sus álbumes nos ofrece una fotografía de la dirección creativa de la banda, usualmente marcada por la posición en la que se encontraba un hombre en particular: Roger Waters.
El Pink Floyd original (el nombre fue compuesto de los nombres de pila de dos cantantes de blues afroamericanos, Pink Anderson y Floyd Council) de 1965 se componía del guitarrista y vocalista Syd Barrett, Waters como bajista, Richard Wright como tecladista y Nick Mason como baterista. Esta primera era de Pink Floyd fue completamente experimental. Pink Floyd era una banda certificada en hacer música «rara» —o al menos así sonaba para el oyente promedio. Existe un acuerdo entre la crítica y el público de que la banda, por lo general, aún no había encontrado su sonido, ni su lugar en el mercado internacional.
Hubo un cambio de la dirección creativa en 1967 luego de que ocurriesen dos cosas: una, que David Gilmour se uniese a la banda como guitarrista y dos, que Barrett fuese expulsado por llegar a un estado mental degenerado por su abuso de narcóticos. Esto colocó a Gilmour, Waters y Wright en la dirección creativa de la banda, aunque el enfoque de la banda continuaba siendo bastante experimental.
Esto cambió para 1971 con el álbum «Meddle» (es. «Entrometimiento»), incluyendo la obra de culto «Echoes» (es. «Ecos»), que definió el sonido de la banda en el rock progresivo. Pero fue sin duda «The Dark Side of the Moon» (es. «El lado oscuro de la luna») el álbum que disparó a la banda a la fama internacional y al éxito comercial. A día de hoy, «The Dark Side of the Moon» es uno de los discos más famosos de la historia. El siguiente, «Wish You Were Here» (es. «Desearía que estuvieras aquí»), tuvo un éxito comercial igual de masivo. En 1975, Pink Floyd estaba en la cima del mundo.
Luego de este estrellato es que inicia la que se conoce como «era Waters» en referencia al mayor protagonismo creativo de Roger sobre la dirección artística de los álbumes. «The Dark Side of the Moon» fue el primer álbum evidentemente conceptual de la banda —es decir que los tracks que lo componen no pueden ser entendidos de forma separada, sino que en conjunto tienen un tema central— y Waters procuró continuar en esta línea durante el resto de su estancia en la banda. Los siguientes tres proyectos, «Animals», «The Wall» (es. «El muro») y «The Final Cut» (es. «Corte final») representaron, prácticamente, una dictadura de Waters sobre la dirección temática (aunque el toque de Gilmour en la composición de ciertas piezas de guitarra es innegable), por ello, no es sorpresa que estos sean los álbumes con un mayor comentario social producidos bajo la marca Pink Floyd. Pero, ¿quién es Roger Waters?
Activismo de Roger Waters
Waters nació en el seno de una familia obrera en Inglaterra en 1943, es decir, durante la Segunda Guerra Mundial. Sus primeros años estuvieron marcados por la escasez y los bombardeos alemanes. Esto se ve reflejado en gran medida en el proyecto «The Wall», especialmente en la película del álbum, donde el protagonista vive perseguido por los recuerdos del terrorismo nazi.
El padre de Waters, Eric, era un militante comunista del Partido Laborista, hijo de un minero. Murió en batalla contra los alemanes en 1944, dato biográfico que también se refleja en el protagonista de «The Wall». Aunque el joven Waters no conoció a su padre, su legado influyó poderosamente en él. Desde muy joven se interesó poderosamente en las causas sociales, en la lucha por el socialismo, contra el fascismo y contra el imperialismo. Durante sus años de bachiller, fue dirigente de una célula local de la Campaña para el Desarme Nuclear en Cambridge.
El arte de Waters siempre ha tendido a ser profundamente político. En «The Dark Side of the Moon» ya figuraba un duro comentario social, particularmente en el track «Money» (es. «Dinero»), que satiriza el individualismo y consumismo de la sociedad y la avaricia por el bien más preciado en el capitalismo: el dinero. La canción celebra irónicamente el lujo, el prestigio social y el despilfarro. Representa, como mostró Marx, al dinero como la forma universal del poder social y el organizador de toda la vida bajo el capitalismo.
«El dinero,
dicen,
es origen de todo mal hoy,
pero si pides un aumento,
no es sorpresa que no te den nada»
(Money, escrita por Waters).
El track «Us and Them» (es. «Ellos y nosotros») del mismo álbum contiene un claro mensaje anti-guerra, un tema recurrente en Waters. La pieza señala la división de la clase obrera por medio del nacionalismo para luchar entre sí por los intereses de la burguesía.
«Ellos y nosotros.
Y después de todo,
sólo somos hombres ordinarios.
Tú y yo.
Sólo Dios sabe que
esto no es lo que elegiríamos hacer.
“¡Adelante!”, gritó desde atrás
y la primera fila murió.
El general se sentó y las líneas del mapa
se movieron de un lado a otro»
(Us and Them, escrita por Waters).
Muy posiblemente, al final de la canción, Waters hace una referencia explícita a la verdadera lucha que en realidad importa para transformar la historia: la lucha de clases.
«Con y sin.
¿Y quién negará
que de esto se trata la lucha?»
(Us and Them, escrita por Waters).
Mediante su habitual lenguaje sencillo, explica el antagonismo de las clases del capitalismo: son los poseedores y los desposeídos. Burgueses y proletarios en unidad y lucha de opuestos. Es hasta «Animals» donde, seis años después, continuará exponiendo estos antagonismos de manera conceptual.
En la canción «Brain Damage» (es. «Daño cerebral») del mismo álbum, refiere a la alienación del ser: «Hay alguien dentro de mi cabeza pero no soy yo». Un tema similar aparece en las canciones «Welcome to the Machine» (es. «Bienvenido a la máquina») y «Have a Cigar» (es. «Ten un cigarro») de «Wish You Were Here», que exploran el tema de la deshumanización en la industria musical y la codicia de los ejecutivos de las disqueras. El anterior tema se explora con mayor atención en «The Wall», un álbum que es realmente un ensayo sobre los problemas mentales en el capitalismo.
Ahora bien, es «Animals» el primer álbum de Waters donde toda la obra gira en torno a la temática abiertamente anticapitalista, como también lo hizo en «The Wall» y «The Final Cut», estos últimos lanzados durante el thatcherismo y que merecerían un análisis completo. No mucho después de «The Final Cut», Waters salió de Pink Floyd debido a diferencias creativas.
Para el disgusto de Waters, quien deseaba que la banda se disolviera (argumentando que los Beatles no continuaron sin Lennon), Gilmour asumió la dirección creativa de la banda luego de 1985 y lanzaron dos álbumes, «A Momentary Lapse of Reason» (es. «Un lapso momentáneo de lucidez») y «The Division Bell» (es. «Campana de división»), el primero siendo recordado como un muy mal álbum y el segundo recibiendo cierto reconocimiento por un buen sonido clásico y pinkfloydiano, aunque careciendo de la esencia del Pink Floyd de antaño. Los temas y las letras simplemente no eran igual de interesantes.
La conclusión cae por sí misma: el Pink Floyd recordado por todos es el de los álbumes temáticos, letras profundas y un marcado comentario social, no sólo por solos de guitarra espectaculares. No se puede decir, sin embargo, que Waters alguna vez volviera a la misma gloria que consiguió al lado de Gilmour y compañía. En su carrera como solista, aunque continuó lanzando álbumes con una pesada crítica al sistema, no alcanzó nunca el mismo éxito comercial ni el reconocimiento de Pink Floyd.
Actualmente, Waters es uno de los activistas más importantes de la causa pro-Palestina, usando su plataforma para condenar enérgicamente los crímenes de guerra y políticas genocidas y apartheid de Israel. También ha adoptado fuertes posturas pro-derechos indígenas, anti-OTAN y anti-Trump y en apoyo a gobiernos de izquierda en América Latina, África y Asia, por ejemplo, apoyando al expresidente colombiano Gustavo Petro. Apenas el año antepasado, Waters apoyó la campaña del Partido Comunista Revolucionario británico por la candidatura de nuestra camarada Fiona Lali a la representación de Londres oriental.
Con esto en mente, es fácil voltear a «Animals» y entender sus metáforas, tan claras como el agua.
«Animals»
La Inglaterra de 1976
Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, bajo la presión de la clase obrera y el avance del estalinismo que, pese a sus distorsiones burocráticas, planteaba un sistema diferente al capitalista, Gran Bretaña estaba bajo un régimen calificable como Estado de bienestar. El Estado burgués, cuyo poder se dividía entre el consenso de los partidos laborista y conservador, dominaba el mercado mediante robustas empresas públicas en sectores estratégicos. El carbón, acero, ferrocarriles y electricidad estaban en gran medida estatizados y estos sectores de la economía estaban parcialmente planificados. Este modelo produjo décadas de crecimiento y sobre todo de garantizar un buen nivel de vida para las familias trabajadoras.
Este modelo económico se basaba en la teoría económica keynesiana: si lo que existía en Gran Bretaña era la insuficiencia por el bajo gasto de las empresas (demanda agregada), entonces debe ser el Estado el que inyecte gasto público a la economía. Sin embargo, por más que esto funcionó en la inmediatez de la posguerra, a finales de los 1960 era evidente que había un grave problema con este modelo que eventualmente iba a generar una crisis: cuando la economía está muy cerca de su máxima capacidad de producción, aumentar el gasto no va a generar más producto, sólo genera un aumento de precios. Cuando los precios suben, los obreros, naturalmente, exigirán aumentos salariales; por rentabilidad, esto obliga a las empresas a seguir subiendo precios, esto lleva a un cuento de nunca acabar conocido como espiral.
La gota que derramó el vaso fue el repentino aumento del precio del petróleo en 1973, que encareció prácticamente toda la producción por más que el Estado del bienestar, de manera desesperada, intentara estimular por medio del gasto público. El aumento, lógicamente, hizo que producir se volviera más costoso, desacelerando la economía y aumentando el desempleo.
Este terrible fenómeno propio de las profundas contradicciones capitalistas, la estanflación, estaba por consumir a Gran Bretaña. La única salida viable hubiera sido la completa nacionalización de la economía, la expropiación del capitalismo y la planificación centralizada y democrática de la producción. Aunque esto hubiera sido del interés común de la sociedad en general, iba directamente en contra de los intereses de clase de los capitalistas (y los burócratas que los representaban), por ello, no era una opción real para el Estado. Sólo una revolución impulsada por los trabajadores británicos lo hubiera conseguido, pero el Partido Laborista, al que se afiliaba la inmensa mayoría de sindicalistas (¡que eran hasta el 50% de todos los obreros del país!), se decantaba por una salida reformista; intentaban salvar al Estado del bienestar aunque se había demostrado históricamente que era insuficiente y se negaron a conducir al movimiento obrero hasta su última consecuencia: el socialismo.
El primer ministro laborista James Callaghan enfrentó una grave crisis financiera en 1976: la libra esterlina cayó y el Estado se vio obligado a solicitar un préstamo al Fondo Monetario Internacional. El FMI condicionó de manera humillante al Estado para que recortase el gasto público. El Estado del bienestar estaba en sus últimos días, aunque sería la burguesía nacional quien tres años después pondría a Margaret Thatcher en el poder con una sola misión: enterrarlo.
Crisis del 76 y el punk rock
La cultura y el arte emanan de la vida material de la sociedad. Así, en la Inglaterra de 1976, el descontento y la rabia social del proletariado se manifestaron en el arte. Es así como se popularizó el punk rock en Inglaterra. Sex Pistols, con Johnny Rotten al frente, fue una de las bandas más exitosas y encontró su mercado en una juventud desilusionada de la promesa del Estado del bienestar y del Partido Laborista.
La escena punk, nacida de la ideología anarquista, predicaba el pesimismo contrarrevolucionario pequeño burgués: «¡No hay futuro!», gritaban.
En 1976, al mero estilo irreverente punk rock, Johnny Rotten apareció en escena con una camiseta que leía «Odio Pink Floyd». Es muy posible que a raíz de esta polémica, Waters decidiera el mensaje que quería transmitir a la juventud por medio de «Animals»: contradecir el punk rock y abrazar el optimismo revolucionario.
Rebelión en la granja
Sólo hace falta ver los títulos de las canciones de «Animals» para saber cuál es su inspiración: la fábula política Rebelión en la granja de George Orwell, publicada en 1945.
Rebelión en la granja es una alegoría a la Revolución rusa y la contrarrevolución burocrática que acabó con ella. En la fábula, los animales de la Granja Manor (que representa la Rusia zarista) viven en la peor miseria y explotación. El viejo y sabio cerdo Mayor (quien parece representar a Marx y a Lenin) convoca a todos los animales a una asamblea a manifestarles su último deseo: que todos los cuadrúpedos y plumíferos se unan y derroten al señor Jones, el granjero, y les advierte que, al concluir la rebelión, ningún animal debe adoptar el modo de vida humano. Mayor muere poco después.
Cuando las condiciones de vida de los animales se vuelven insoportables, hacen caso al consejo de Mayor y expulsan a Jones de la granja, renombrándola Granja de Animales. Ahora los animales, dirigidos por los cerdos, los animales más astutos y los primeros que aprenden a leer, controlan la granja y la hacen prosperar. El cerdo Snowball (una alegoría de León Trotski) se gana su lugar como líder de los animales por su compromiso con la revolución y su inteligencia y busca industrializar la granja para que los animales no tengan que trabajar tanto. Por otro lado, el cerdo Napoleón (una alegoría a Stalin), perplejo por el estilo de vida de los humanos, busca hacerse del poder político para conseguir privilegios. Al final, logra esto al usar a los perros (la fuerza militar) y expulsar a Snowball de la granja.
Consolidando su poder, Napoleón y los demás cerdos se alzan sobre el resto de los animales, viviendo en una casa, durmiendo en una cama, vistiendo ropa, andando en dos patas y haciendo negocio con el fruto del trabajo animal, tal como Jones hacía. Al final de la historia, los cerdos se vuelven indistinguibles de los humanos, con quienes confraternizan luego de haber borrado los siete principios revolucionarios que Mayor había declarado y reemplazado con un solo lema: «Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros».
La fábula, aunque en varias ocasiones simplifica demasiado la historia y muchas veces carece de matices, es una crítica válida a la Unión Soviética y cómo una capa de trabajadores se alzó sobre la sociedad por medio del poder burocrático-militar. Atina en que en el Estado obrero burocráticamente deformado, las libertades democráticas se habían perdido y habían bajado a un grado igual o peor que en los estados capitalistas, y cómo continuaba existiendo la explotación del hombre por el hombre debido a la pérdida de la democracia obrera.
Pero la novela corta, desafortunadamente, contiene un enorme problema: un agobiante pesimismo. Mientras que el revolucionario marxista León Trotski creía que la Revolución rusa podía reavivar su fuego mediante la democracia obrera —por lo cual agitó con la consigna de la revolución política y la internacionalización de la revolución—, Orwell pinta una Granja de Animales insalvable de la corrupción de los cerdos. Por ello —e ignorando la propia ideología socialista de Orwell— el libro tiende a ser usado por anticomunistas como una fábula de la imposibilidad de la eliminación de la opresión del hombre por el hombre: «si eliminas a un opresor, otro igual surgirá».
Waters tomó los elementos del clásico británico pero les dio la vuelta: en «Animals», la crítica no es a la burocracia soviética sino al capitalismo, y en vez de pintar una escena pesimista a lo Orwell o a lo Sex Pistols, habla de una victoria de la clase trabajadora: revolución.
Los temas en «Animals»
«Animals» tiene tan solo cuatro composiciones. Una es «Pigs On The Wing» (es. «Cerdos en el ala»), la cual está dividida en dos partes y sirve como prólogo y epílogo. La canción está desconectada de la historia del álbum, se trata de una sencilla canción de amor. Aunque, como dato curioso, la guitarra es tocada por la leyenda del rock Snowy White, invitado especial.
Las tres piezas que nos competen son «Dogs» (es. «Perros»), «Pigs» (es. «Cerdos»), y «Sheep» (es. «Ovejas»). Cada una caracteriza a un estrato de la sociedad al compararlo con algunos tipos de animales en la Granja de Animales orwelliana.
«Dogs»
Empecemos con «Dogs». La única pieza compuesta en conjunto con Gilmour, apareció por primera vez en la gira de «Wish You Were Here» bajo el nombre «You’ve Got To Be Crazy» (es. «Tienes que estar loco»).
Aunque en Orwell los perros representan al poder militar de la Unión Soviética al servicio de los cerdos (los burócratas), en «Animals», según la interpretación más aceptada, representan a los capitalistas. Los perros son representados como sociópatas y traidores, que, al vivir de explotar, traicionar y desconfiar, son carentes de vidas significativas.
Su trabajo es arruinar a otros en el afán de enriquecerse y así poder mantener en marcha la monstruosa máquina capitalista:
«Tienes que estar loco, tienes que tener una necesidad de verdad.
Tienes que dormir con un ojo abierto y, cuando estés en la calle,
tienes que ser capaz de distinguir a la presa fácil con los ojos cerrados.
Luego acercarte en silencio, a sotavento y fuera de la vista.
Tienes que golpear cuando llegue el momento justo, sin pensarlo.
Y, con el tiempo, podrás pulir los detalles del estilo:
la corbata del club, el firme apretón de manos,
esa mirada precisa y una sonrisa natural.
Tienes que inspirar confianza a la gente a la que le mientes,
para que, cuando te den la espalda,
tengas la oportunidad de clavarles el cuchillo»
(«Dogs», escrita por Waters).
Al llevar esta vida de traición y desconfianza, considerando a todos dispensables y posibles traidores, los perros viejos terminan viviendo miserablemente. Hacia el final de la canción, un perro se lamenta por no ser más que un instrumento, mientras su culpa se vuelve pesada como una piedra que lo hunde y termina muriendo solo.
La visión de Waters de los capitalistas, aunque es algo existencialista (considera que explotar a otros impide realizar al ser), comparte una característica con la que hace Marx en El capital: los capitalistas no son ‘malos’, tampoco eligen por su cuenta explotar a otros y causar miseria a la sociedad, son una parte esencial de un sistema donde los intereses del capital rigen todo, incluyendo a los propios capitalistas.
«Pigs»
Revisemos ahora «Pigs», la única pieza que tiene aclaración en el título: «Three Different Ones» (es. «Tres distintos»), lo cual, además de recordar al cuento de los tres cerditos, tiene un significado literal: Waters va a hablarnos de tres cerdos en esta canción, es decir, tres políticos burgueses.
El primero, sin embargo, parece ambiguo por diseño, y hay muchos políticos de la época que podrían caber en el arquetipo. El primer «cerdo» es un gordo de zapatos bien lustrados.
«Y cuando te llevas la mano al corazón,
casi das risa, casi pareces un bufón,
con la cabeza hundida en el chiquero, diciendo:
“¡Sigan cavando!”»
(«Pigs (Three Different Ones)», escrita por Waters).
El significado es evidente. Los políticos juran lealtad al pueblo con la mano en el corazón y se comprometen a actuar según los intereses de la nación, pero no lo hacen, son una farsa («ha, ha charade you are!»), obedecen únicamente a los intereses comunes de la clase burguesa. En tiempos previos al desmantelamiento del Estado del bienestar, la mina era propiedad estatal, por ello, aquí el cerdo obliga al trabajador a seguir cavando.
La segunda «cerda» de la canción es Margaret Thatcher, la dirigente del Partido Conservador desde 1975, quien sería electa primera ministra en 1979 y llevaría a la miseria a la clase obrera británica con políticas de austeridad, recortes, privatización de empresas estatales y servicios indispensables, e iniciando el período neoliberal en Gran Bretaña. Desde luego, Waters no conocía el desenlace de los eventos, pero ya la detestaba desde entonces por su política autoritaria y agresiva (aquí referidas como su ‘amor por el acero’).
«Rata de parada de autobús, ja, ja, qué farsa eres.
Vieja bruja arruinada, ja, ja, qué farsa eres.
…
Te encanta sentir el acero;
te crees muy valiente con un alfiler de sombrero,
y muy divertida con una pistola»
(«Pigs (Three Different Ones)», escrita por Waters).
La tercera «cerda» es Mary Whitehouse —y es la única que es referida por su nombre en la canción—, el rostro del conservadurismo social más hipócrita y reaccionario.
«Intentas mantener nuestros sentimientos fuera de las calles.
…
¿Y te sientes ofendida?»
(«Pigs (Three Different Ones)», escrita por Waters).
Whitehouse, militante del Partido Conservador, lideró una abierta cruzada contra el liberalismo social, el feminismo y la «indecencia sexual» en televisión y otros medios. La presión que el activismo que convocó fue tal que obligó al gobierno británico a imponer censuras mediáticas contra la representación de homosexuales, contra la «propaganda feminista» y contra la «revolución sexual». La censura afectó expresiones culturales como la propia escena musical punk y rock. Por ello Waters la acusa de querer mantener los sentimientos de la gente fuera de las calles. En lugar de concentrarse en resolver los problemas estructurales y económicos del país, el Partido Conservador buscaba censurar las expresiones de indignación de manera autoritaria.
No sólo ello, en plena crisis productiva de Gran Bretaña, de la manera más demagógica, los conservadores dirigían la rabia de la clase obrera a la sexodiversidad, a la mujer y a la «indecencia», convenciéndolos de que aquellos eran los problemas más grandes de la sociedad, haciéndole perder de vista a las masas la responsabilidad de los capitalistas y su Estado fallido en la crisis presentada. Por ello es que para Waters, Whitehouse era uno de los «cerdos» más peligrosos.
«Sheep»
La canción que concluye esta fábula es «Sheep». Esta composición también aparecía en la gira «Wish You Were Here» con el título «Raving and Drooling» (es. «Delirando y babeando»). Las ovejas, tanto en Orwell como en Pink Floyd, representan a los trabajadores, la gente del común. La canción comienza mostrando un rebaño manso y apacible. Aparentemente, siguen las órdenes de los cerdos.
«Inofensivamente dejas pasar los días en la pradera,
apenas consciente de cierta inquietud en el aire.
Será mejor que tengas cuidado;
puede que haya perros rondando»
(«Sheep», escrita por Waters).
Las ovejas rezan una versión retorcida del Salmo 23:
«El Señor es mi pastor; nada me faltará.
Él me hace recostarme en verdes praderas;
me conduce junto a las aguas tranquilas.
Con afilados cuchillos libera mi alma.
Me hace colgar de garfios en las alturas.
Me transforma en chuletas de cordero»
(«Sheep», escrita por Waters).
«Sheep» caracteriza a la clase obrera en un primer momento como desesperanzada y aceptando su propia explotación. Uno de los temas recurrentes en Pink Floyd es la alienación. Aquí, las ovejas alienan su vida porque aceptan su destino a manos del pastor; representa la entrega de la vida y la fuerza de trabajo de la clase obrera, rendida, de manera obligada, al sistema capitalista. Sin embargo, existe entre las ovejas un sueño, un rencor que crece en el seno del rebaño:
«Cuando llegue el día en que nosotros, los humildes,
mediante la serena reflexión y una gran dedicación,
dominemos el arte del karate,
entonces nos alzaremos,
y haremos que al maldito se le salten las lágrimas»
(«Sheep», escrita por Waters).
Las ovejas son conscientes de su condición de opresión. La clase obrera aprende, mediante experiencias como el sindicalismo y la huelga, que tiene un poder real sobre la sociedad y tiene una forma de luchar contra la burguesía. En esos procesos aprende que puede eliminarla en su conjunto; aprende que otro mundo es posible bajo la dirección de los trabajadores unidos. La canción concluye con un salto de conciencia entre las ovejas. Las ovejas, los animales más apacibles de la granja, se tornan en su opuesto al abandonar la pasiva aceptación de la explotación y rebelarse contra los perros. Se convierten en ‘enloquecidos vengadores’ listos a devorar a sus opresores.
«Balando y balbuceando, nos lanzamos sobre su cuello con un grito.
Oleada tras oleada de vengadores enloquecidos
marchan alegremente desde la oscuridad hacia el sueño.
¿Has oído la noticia? ¡Los perros han muerto!»
(«Sheep», escrita por Waters).
Es en este momento donde se ve en su máximo esplendor el optimismo revolucionario de Pink Floyd y el mensaje que buscaba transmitir a la clase obrera británica: cuando haya contrarreformas reaccionarias y crisis del capitalismo, no significa que el futuro no esté perdido. El ascenso de la derecha en la política burguesa no significa la derrota de la clase obrera.
Este mensaje sigue vigente hoy día: a 50 años, «cerdos» de derecha y ultraderecha se hacen del poder en muchos países mediante la demagogia, creando entre la clase obrera enemigos imaginarios: ¿la sexodiversidad?, ¿la ropa que visten las mujeres?, ¿el ‘libertinaje’ cultural? —todo esto sólo les sirve para implementan políticas sumamente nocivas contras las «ovejas». Incluso los «cerdos» de la ‘izquierda’ reformista, en países como el nuestro, impulsan medidas que sólo benefician a los «perros».
Para acabar con la opresión, las «ovejas» deben unirse para acabar con el odioso reinado de los «perros» y los «cerdos». Somos tan numerosas que nadie nos puede detener. Waters comprendió que la condición de la sociedad británica no podía mejorar de ninguna otra forma más que con la toma del poder obrero y la eliminación de los capitalistas. Por ello, no tiene ningún miramiento en exponer su deseo de una insurrección violenta por parte de las ovejas.
Los comunistas compartimos esta visión optimista sobre la clase trabajadora. Pensamos que en la unidad de los oprimidos reside nuestra fuerza y nuestra capacidad para transformar la realidad. En un sistema que nos explota y aplasta nuestra moral, que nos obliga a rendir nuestra vida y fuerza, uno donde los «cerdos» que nos gobiernan nos hacen voltear la vista a falsos problemas sociales con el afán de desconcentrarnos de la ineficiencia del régimen económico y político en el que vivimos, organicémonos para conquistar nuestra libertad. ‘Venguémonos’ como clase y al tomar el poder, ‘marchemos alegremente desde la oscuridad hacia el sueño’ de una nueva sociedad.
Ovejas del mundo, ¡uníos!
