Rosa Luxemburgo y la revolución alemana

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Por: Karen Campos

Con la derrota de la Comuna de París en mayo de 1871, culminó la primer etapa del movimiento obrero europeo, trasladando el centro del movimiento a Alemania, cuya clase obrera se convirtió en la vanguardia, abriendo paso a un nuevo periodo de lucha cotidiana y sistemática, utilizando el parlamentarismo burgués, la organización de las masas, enlazando la lucha por demandas económicas con la lucha política y del ideal socialista. En esta nueva etapa, surgió por primera vez una base teórica, científica e internacional, que podía entrelazar la lucha de la clase obrera por su emancipación en todo el mundo, La Teoría Marxista, siendo la Socialdemocracia alemana un arduo defensor y muy importante portavoz del marxismo revolucionario. Con gran esfuerzo, sacrificios y trabajo cotidiano, se creó la organización más poderosa, con la prensa obrera más numerosa, grandes masas de electores y que logró conquistar un gran número de representaciones parlamentarias. La Socialdemocracia alemana era considerada la más pura encarnación del marxismo.

El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD en adelante), fue fundado en 1875, declarado ilegal en 1878 y volvió a la legalidad en 1890 gracias a la abolición de las leyes antisocialistas. Después de 20 años de desarrollo capitalista, ciertas ideas revisionistas, encabezadas por Brenstein, rondaban al puesto que se ponían en duda las perspectivas de Marx con respecto al fin del capitalismo, por lo que se proponía revisar y adaptar las bases teóricas y filosóficas del marxismo, a las nuevas condiciones de bonanza y desarrollo capitalista. Ante las ideas revisionistas, Rosa Luxemburgo fue una implacable defensora de la verdadera teoría del marxismo revolucionario, refutando en su libro “Reforma o Revolución”, las ideas incorrectas del reformismo para la instauración del socialismo, por otro medio diferente a la lucha obrera por el poder político. La experiencia de Rosa Luxemburgo con la crisis de Dreyfus en Francia, la huelga general de 1902 en Bélgica por el sufragio universal, confirmó su pensamiento político, la táctica reformista fracasaría en el momento decisivo, si las masas no son educadas con antelación, para avanzar más allá de las fronteras parlamentarias, buscar la toma del poder y establecer las bases de una nueva sociedad bajo el socialismo. La falta de comprensión de esta primicia y el abandono de la vía del marxismo revolucionario por parte del SPD, provocarían la posterior derrota de una de las revoluciones más importantes de la clase obrera, que pudo cambiar por completo el rumbo del mundo que conocemos.

El 4 de agosto de 1914, se mostró el rostro degenerado de la socialdemocracia alemana, anteponiendo la defensa del nacionalismo burgués sobre el internacionalismo proletario, bajo pretexto de proteger a la patria y a la cultura del peligroso despotismo ruso, culminado esta traición a los principios básicos del marxismo al votar en bloque de más de cien diputados por aprobar los fondos para la guerra.

Para noviembre de 1918, las condiciones en Alemania eran deplorables, el hambre y la primera guerra mundial, habían desgastado al pueblo alemán, la tasa de deserción en el frente era muy alta y los motines frecuentes, el contagio del triunfo de la revolución rusa de 1917, se extendía rápidamente por la consciencia de los obreros y soldados alemanes. No hubo año más difícil para Rosa Luxemburgo que 1918, pues las condiciones para el estallido de la revolución proletaria se acomodaban poco a poco, mientras ella permanecía en arresto preventivo, su frustración y anhelo por no poder estar a la vanguardia de los acontecimientos se refleja en las siguientes líneas:

“De todas formas hay una cosa que es segura: mi estado de ánimo es tal que ya no puedo soportar que me vigilen durante las visitas de mis amigos. Lo llevé con mucha paciencia durante estos años y en otras circunstancias hubiera conservado mi paciencia otros tantos más. Pero después de que tuvo lugar la transformación general mi psicología cambió también súbitamente. Las conversaciones vigiladas, la imposibilidad de hablar de lo que en verdad me interesa me resultan tan fastidiosas que prefiero renunciar a toda visita hasta que podamos vernos como personas libres”. Rosa Luxemburgo, Carta a Sonia Liebknecht, 18 octubre 1918.

Y no sería nadie más que la propia revolución quien la liberara de su encierro. Después del motín iniciado por los marineros de Kiel el 3 de noviembre, el fermento revolucionario se extendió muy rápidamente, formando consejos de obreros y soldados a lo largo del territorio alemán, asaltaban las cárceles y liberaban a los presos, exigiendo la paz, la destrucción del militarismo, el fin de la injusticia social y el derrocamiento de la clase dominante. Fue así que la misma revolución abrió las puertas de la celda de Rosa Luxemburgo el 8 de noviembre y desde la cárcel se dirigió a una manifestación de masas. El 10 de noviembre arribó a Berlín, donde fue recibida con gran alegría por la Liga Espartaquista, a partir de ese momento, no tuvo instantes de calma, pues dedicaría el resto de su vida a la lucha por el triunfo de la revolución socialista. Sin embargo, tanto la Liga Espartaquista como Rosa, no estaban exentos de errores.

Toda revolución “Debe avanzar rápida y resueltamente hacia adelante, derribando con mano férrea todos los obstáculos y poniendo sus miras en metas cada vez más elevadas si no quiere ser inmediatamente devuelta a su frágil punto de partida y aplastada por la contrarevolución” (Luxemburgo, Rosa, La Revolución rusa). Y es precisamente esta premisa, la que puede dar una explicación a la derrota de la revolución alemana, al igual que la revolución rusa del 17, también terminó por completo con todo resto de feudalismo, de ahí surgieron las ilusiones por establecer la democracia y bajo la tendencia socialdemócrata, establecer el socialismo por la vía parlamentaria; a diferencia de Rusia, los alemanes no contaban con un partido verdaderamente revolucionario como el partido bolchevique y la burguesía alemana era por mucho más poderosa y con mayor conciencia de clase, la cuál utilizó, apoyada por el SPD, para dar concesiones políticas y económicas a los trabajadores y de este modo proteger su posición privilegiada, que les permitiría “en tiempos mejores” recuperar su posición y aniquilar la revolución.

En momentos revolucionarios, la excitación política recorre cada rincón de la sociedad, a pesar de que la influencia del SPD había mermado en años anteriores entre los trabajadores, la efervescencia revolucionaria los había puesto en el centro de la revolución, el partido socialdemócrata independiente (USPD), se encontraba muy dividido, incapaz de hacer un contrapeso político al SPD, dejándole el camino libre para posicionarse como el mando político de la revolución. Solo la Liga espartaquista permanecía firme en los objetivos y con mucha resolución revolucionaria, sin embargo, el apoyo de las masas se encontraba con el SPD.

La Liga Espartaquista, como órgano revolucionario, se encontraba en una fase embrionaria, formada por muchos pequeños grupos con jóvenes radicalizados, Karl Liebknecht se dedicaba a trabajar con las masas, explicando los fines y las tareas de la Liga Espartaquista, mientras Rosa Luxemburgo dirigía las publicaciones del periódico “Die Rote Fahne” Bandera Roja, el cuál se publicó por primera vez el 18 de noviembre, a partir de la prensa, fue posible difundir el programa revolucionario de la Liga, posicionarse críticamente ante las vacilaciones del USPD y exponer la cara contrarevolucionaria del SPD.

El choque entre revolución y contrarevolución era inminente, los trabajadores aún se encontraban armados, algunos organizados como guardias de seguridad para mantener el orden en las calles, algunos seguidores de la Liga Espartaquista formaron la Liga de soldados rojos, el régimen tenía fuertes nexos con la milicia reaccionaria y a los Freikorps (grupos paramilitares), quienes finalmente atacaron por primera vez el 6 de diciembre, dejando un saldo de 18 muertos y 30 heridos, aunque hubo protestas en contra de este ataque, no se tomaron medidas para combatirlo, a partir de esto, el gobierno inicio una campaña de desprestigio y persecución hacia los miembros y dirigentes de la Liga espartaquista, cada delito o atrocidad que sucedía era achacado a la Liga, bajo esta campaña de asedio era muy difícil desarrollar las tareas de la Liga, los dirigentes se encontraban en constante estado de alarma, Rosa Luxemburgo tenía que hospedarse en hoteles diferentes con nombres falsos para no ser detectada por las tropas contrarevolucionarias.

El 16 de diciembre se realizó el Congreso Nacional de Consejos de Soldados y Obreros, donde bajo la influencia del SPD, se respaldaba la entrega de los poderes de los Consejos al nuevo gobierno encabezado por Ebert, dirigente del SPD, hasta la elección de una Asamblea Nacional en enero de 1919, con esta decisión, se marco el suicidio político de loas Consejos de Soldados y Obreros. Ante esta situación, Rosa Luxemburgo llamó a esta Asamblea Nacional como un desvió cobarde y un cascarón vacío, y lo era, pero las masas no lo veían así, ante esta situación la Liga Espartaquista, dio pasos hacia el ultraizquierdismo. A pesar de la negativa de Rosa Luxemburgo, los espartaquistas decidieron escindirse del USPD para formar junto con otras fracciones de izquierda al Partido Comunista Alemán (KPD), esta decisión fue precipitada pues el KPD se fundo sin un apoyo significativo de las masas obreras.

Para enero de 1919, el KPD organizó un boicot a las elecciones de la Asamblea Nacional, a pesar de esto, el 83% de la población participó, lo cual mostraba la desconexión entre los anhelos del KPD y la concepción de las masas. Lenin advirtió en repetidas ocasiones que iban muy por delante de las masas y que el partido revolucionario, debía mantener sus vínculos con las masas, lo cual requería tácticas flexibles, es decir si las masas apoyaban la Asamblea Nacional, era necesario marchar con ellos, participar en las elecciones y al mismo tiempo ofrecer un programa revolucionario mediante la explicación paciente.

La revolución no había sido aún derrotada, los obreros aún tenían la convicción revolucionaria que se expresaba en las huelgas y manifestaciones, el 4 de enero Emil Eichhorn del USPD, fue destituido de su cargo como jefe de la policía por negarse a reprimir este tipo de manifestaciones revolucionarias, lo cual desencadenó una movilización masiva, miles de obreros y soldados que se dirigieron al centro de Berlín, ante esta nueva situación insurreccional, el gobierno del socialdemócrata Ebert, ordenó la movilización de los Freikorps para disolver el levantamiento, conocido como Levantamiento Espartaquista.

Posterior al levantamiento espartaquista, el 15 de enero, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron apresados y asesinados, de este modo se pondría fin a la vida de dos grandes revolucionarios y a la dirección más consecuente del KPD.

Las fuerzas represivas habían recuperado su fuerza con el gobierno de Ebert, cada levantamiento o cada huelga era brutalmente reprimida con el pretexto de que se trataban de luchas mezquinas e individualistas que intentaban anteponer la cuestión personal sobre la revolución parlamentaria, uno a uno los consejos de soldados y obreros fueron aniquilados, terminando el 2 de mayo con el último bastión de la resistencia revolucionaria, la Republica Soviética de Baviera, de este modo y bajo un enorme charco de sangre, Alemania se proclamó el 11 de agosto de 1919, como una República Democrática, la cual dejaría insatisfechas las demandas iniciales del movimiento obrero, la revolución de noviembre había sido derrotada.

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