Llegamos a un punto de inflexión con respecto al COVID-19

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La noche de ayer, 28 de marzo, en la conferencia nocturna que el gobierno federal ha transmitido diariamente para dar a conocer el avance y medidas del gobierno para combatir la pandemia del Covid 19, se enfatizó de forma contundente que era la última llamada para quedarse en casa.

A diferencia de otros días, el subsecretario de Salud, López Gatell, estaba un tanto nervioso y cansado. Es lógico, después de casi 20 días diseñando estrategias y asumiendo la responsabilidad de dar la cara frente a millones de personas, que se sienta presionado al ver que nos acercamos a un punto de no retorno o de quiebre con respecto a la infección.

A pesar de que se ha decretado el periodo de «sana distancia» y con esta, intentar frenar la cifra de contagios, o por lo menos que estos no crezcan exponencialmente día a día, los informes parecen no estar teniendo los resultados deseados.
Aquí hemos escrito el por qué:
Primero, porque la burguesía nacional y el imperialismo americano han diseñado un modelo de «desarrollo económico nacional» donde la extracción de la riqueza que crean los trabajadores y campesinos se quedan en un puñado de manos, y la mayoría de esta, sale del país. No les ha interesado la creación de empleos bien remunerados -porque el mercado interno no les importa-. Toda la política económica fue diseñada para atraer capital de empresas exportadoras. Se ofrece como atractivo principal los salarios miserables, la condonación de impuestos, así como la utilización de recursos naturales baratos.
Hay estudios que demuestran que la cantidad de riqueza creada en estos últimos años -cuando hablamos de creación de riqueza también lo hacemos del grado de explotación y privaciones que sufren las y los obreros y sus familias al vivir con esos miserables salarios- ha sido brutal. No hay otro país en el mundo donde la explotación a la clase obrera haya sido tan intensa y la acumulación de riqueza por el trabajo no pagado, es tan grande como en México.

La clase obrera, los explotados, los pobres del país han tenido que sobrevivir reinventándose una y otra vez. Salen de las fábricas porque el salario es ridículo y no alcanza para nada. Una parte se enfiló a las huestes del crimen organizado, siendo carne de cañón, los desechables, los mismos que han caído por decenas de miles en los últimos 12 años. Otros más, la inmensa mayoría de la población en edad de trabajar han ido a la economía informal. Vender lo que sea, buscarse la vida con tal de llevar algo de comer a la casa. Se habla que el 56% de la gente que labora en el país está en la economía informal. La gran mayoría del sector vive al día, si no trabaja no come.

Además, según la Condusef las pequeñas y medianas empresas son las que crean el 72% del empleo en el país (son datos del 2016, pero la tendencia no ha cambiado mucho). Estas son las empresas que por su bajo nivel de capital no pueden soportar una medida de cuarentena sin que se ponga en riesgo su existencia misma.

Las grandes empresas no tienen que ser rescatadas por el Estado, como bien a dicho AMLO, y además tienen que parar su producción, si no producen accesorios esenciales para enfrentar la crisis, pagando a sus trabajadores salario completo

 

Como una conclusión paralela podemos decir que el gran capital que entra al país no juega un rol determinante en la creación de empleos y mucho menos en aportar al mercado interno. Su política está diseñada para el saqueo de recursos naturales, la súper explotación del trabajo y la especulación en la bolsa, además de cobrar altos intereses y cobros indebidos en los bancos. Estas empresas -mineras, petroleras, de electricidad, del acero, de construcción, etc.- y el sector bancario debería de ser expropiado y regresar a manos del Estado. De esta forma se podrían utilizar las grandes riquezas que crea el pueblo para crear industria, dar buenos empleos y disponer de recursos para enfrentar al Covid 19 y la crisis internacional que se avecina.

Con estos datos en mano, podemos nosotros entender el por qué la «sana distancia» no está funcionando, o no como se esperaba. A la clase obrera se le coloca en un dilema: o mueren por el virus o de hambre. Ninguna de las dos es aceptable, pero dentro del capitalismo tienes que escoger por una.

Ayer, López Gatell dijo que el gobierno podría tomar medidas más duras para evitar que la gente salga a la calle. Él mencionaba la utilización de los cuerpos represivos para lograrlo. Nosotros, como marxistas revolucionarios decimos, el gobierno tiene que garantizar que a toda la población que se le pide no salir de casa tenga alimento en su mesa, que se le excluya del pago de agua, luz, teléfono, renta y gas.

El gobierno bien podría decretar que se cancele el cobro de estos bienes necesarios para la vida, durante el periodo que dure la cuarentena. El gobierno podría tomar las grandes tiendas vendedoras de productos de primera necesidad -las grandes cadenas comerciales como Walmart, Soriana, etc. – y hacer un reparto justo de los productos a las familias que lo necesiten. También se tendría que eliminar, en lo que dura la cuarentena, todos los intermediarios especuladores que intervienen en la compra y acaparamiento de productos que llegan del campo y ofrecerlos a las casas con menos recursos.

Esta forma de planificar la economía implica la suma de comités que fácilmente se podrían organizar en cada colonia, sin poner en riesgo de contagio a la población. Se necesita que la clase obrera y demás sectores explotados se involucren en la planificación y resolución de los problemas de forma colectiva y no individual.

Si el gobierno quiere que se acate el llamado para no salir de casa, tiene que ofrecer medidas claras para que esto sea efectivo en nuestra realidad, la que hemos expuesto más arriba, garantizando comida y excepciones de pagos y garantizar servicios básicos. Esto se puede hacer, si el gobierno se decide, expropiado a las grandes empresas y bancos, no pagando la deuda externa, manteniendo su política de austeridad y la lucha contra la corrupción.

AMLO ha dicho que quien se tiene que apretar el cinturón para salir de esta crisis no es el pueblo sino el gobierno. Para hacer efectivo esto tenemos que llevar adelante estas medidas antes planteadas. No solo hacer llamados a la buena voluntad.

Todo mundo está preocupado por lo que puede suceder en los próximos días. Si la curva sigue creciendo, si no la aplanamos, el número de contagios crecerá exponencialmente, se saturarán los hospitales y todo el sistema de salud no podrá dar cabida a los miles de enfermos graves, causando miles de muertes.
Esto, a su vez, será utilizado por la derecha con sus campañas escandalosas para intentar derribar al gobierno democráticamente electo de AMLO. Aquí nuevamente estamos obligados a tomar medidas audaces. El gobierno junto a organizaciones de izquierda, revolucionarias, sindicatos democráticos y Morena deberán de incrementar su lucha por terminar con esta derecha fascista pro-golpista. Meter a la cárcel, en una cuarentena política a los Calderón, Marko Cortés y demás saboteadores. Meter en cuarentena a los medios de comunicación masiva que dan noticias falsas. Tenemos que actuar de forma revolucionaria contra estas lacras de la sociedad.

Tenemos que actuar, no solo quedándonos en casa. Desde casa podemos organizar con los vecinos comités, tomando las medidas necesarias para evitar contagios. Tenemos que apoyar a los trabajadores que están dando la lucha en los hospitales y en los sectores fundamentales de la economía que no pueden parar de trabajar, tenemos que atacar a los golpistas. No podemos caer en la inmovilidad política. Los llamados que hace AMLO al respecto son equivocados porque plantean la idea de que el gobierno nos va a resolver todo. La clase obrera sólo puede confiar firmemente en sus propias fuerzas organizadas. Por más voluntad que haya en el gobierno, los mecanismos burocráticos entorpecen la distribución de insumos y mercancías en hospitales y alimentos, exponiendo a contagio a médicos y enfermeras. Nosotros tenemos que hacernos cargo de estas actividades. Por mejores voluntades que haya en el gobierno, si no se garantiza el abasto de alimentos en las casas de las familias pobres, los comités tienen que garantizarlo.

¡La inactividad política es la muerte para la clase obrera!

¡No es momento de paralizarse o descansar!

¡Esto es una guerra y tenemos que enfrentarla movilizándonos!

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