Las agresiones imperialistas y los gobiernos de la 4T

Karen C.

Dos años han pasado desde que inició el gobierno de Claudia Sheinbaum quien representa al llamado segundo piso de la Cuarta Transformación, cuyo inicio se remonta a 2018 cuando López Obrador ganó las elecciones presidenciales. 

Sin lugar a duda, el hecho de que la izquierda ganara las elecciones fue un hecho sin precedentes, en las calles se mostraba mucha alegría y un sentimiento de triunfo entre las masas trabajadoras, —que después de vivir y sufrir por el incremento de la violencia durante y después de la guerra contra el narco de Calderón, los efectos de las “reformas” estructurales, la represión y la desaparición forzada en el gobierno de Peña Nieto— sentían que esta elección mostraba que vendría el turno de la revancha de nuestra clase. En este artículo pretendemos hacer un balance de estos gobiernos, de sus posturas y acciones ante la escalada de los ataques imperialistas de los Estados Unidos hacia México y Latinoamérica.

El sexenio de AMLO

En 2017, cuando AMLO se encontraba en campaña escribió: «Es una canallada que Trump y sus asesores se expresen de los mexicanos como Hitler y los nazis se referían a los judíos, justo antes de emprender la infame persecución y el abominable exterminio».

Ya siendo presidente, el 8 de julio de 2020, en su primera visita a los Estados Unidos donde se reunió con Trump, expresó en la Casa Blanca: «Usted no nos ha tratado como colonia, al contrario ha honrado nuestra condición de nación independiente. Por eso, estoy aquí. Para expresar al pueblo de EE.UU. que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto». 

Sin embargo, poco tiempo después de esa visita, Trump dijo: «Nunca he visto a nadie doblarse así», refiriéndose a Marcelo Ebrard con respecto a las negociaciones de la imposición de aranceles y la política migratoria. Incluso mencionó que para los mexicanos significaba un gran honor movilizar soldados para resguardar su frontera.

Ebrard se vio obligado a responder y dijo: «es un hombre en campaña agitando el anti-mexicanismo que lo caracteriza. Lo que nos califica son los hechos, no sus dichos».

Y, aunque nunca pensé darle la razón en algo a Ebrard, es cierto que lo que debe calificar el actuar de la 4T son los hechos. Y los hechos son que las fronteras mexicanas se militarizaron ante la exigencia estadounidense de detener el flujo de migrantes hacia la conquista del sueño americano, un sueño que no pueden vivir en sus países porque la potencia imperialista más fuerte del mundo se ha encargado de someter, explotar y saquear a todos los países latinoamericanos, cuyos habitantes se ven forzados a migrar en búsqueda de un futuro mejor del otro lado de la frontera. México se ha convertido en el guardia fronterizo de los Estados Unidos y esto no fue una decisión libre y soberana como lo intentan hacer ver, esto fue una claudicación a los intereses del imperialismo gringo. 

Trump incluso llegó a expresarse de AMLO como: «un tipo muy bueno, que me gusta mucho, es un socialista, pero me gusta, es uno de los socialistas que me gustan».

Y como no le va a gustar ese “socialista” que acata todas sus peticiones y se somete a su voluntad, como no gustarle el gobierno de un “socialista” que durante sus mandatos ha hecho muchísimo más ricos a los ricos. Claro que estos gobiernos llegaron gracias al apoyo popular masivo, pero no podemos dejar de señalar que están atados a la defensa de los intereses, tanto de los imperialistas yanquis, como a los de la burguesía mexicana.

La opinión de Biden hacia AMLO, no fue distinta a la de Trump, por lo que la relación con Estados Unidos se mantuvo. En el primer trimestre de 2024, la Secretaría de Economía informó que el 52% de los flujos de inversión provenían de Estados Unidos, por lo que se convirtió en el principal inversor del país.

Otra de las grandes apuestas que hizo el gobierno de AMLO fue el nearshoring, asegurando que fue su gobierno el que propuso la idea y convenció en su momento a Tump y posteriormente a Biden de la relocalización de empresas estadounidenses en México, para disminuir la demanda y dependencia de bienes de producción chinos, favoreciendo así la integración económica de los países norteamericanos. 

De 2019 a 2024 se construyeron 150 nuevos parques industriales y el gobierno de Sheinbaum prometió, en campaña electoral, construir 100 más.

Sin embargo, el nearshoring no fue aprovechado únicamente por los EE. UU. sino también por China. En el sexenio de AMLO la inversión extranjera directa de China fue de 1,684 millones de dólares, 3 veces más que durante el gobierno de Peña nieto y 9 veces más que durante el periodo de Calderón.1 Más de la mitad de esta inversión se dio para la industria manufacturera (fundamentalmente la automotriz) y equipo de computación.

Con este proyecto, que fue parte del Plan México, se prometía una escalada en el desarrollo económico del país, pues sería una forma de industrializarlo. Pero lo que realmente hace atractivo el nerashoring para grandes potencias como EE.UU. o China no es la ubicación geográfica de México o su Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, sino su abundancia en recursos naturales y, sobre todo, lo barata que es la mano de obra. En realidad el nearshoring no es más que el proceso de convertir a México en una maquiladora gigante, donde la riqueza producida por los trabajadores mexicanos no será disfrutada por ellos, sino acumulada por unos cuantos burgueses gringos y chinos. 

Todos sabemos lo que significa trabajar en la maquila, el norte del país está plagada de ellas: los salarios son muy bajos, no hay libertad de organización sindical, los derechos laborales son mínimos y se violan constantemente. Así que sí, son un paraíso, pero para la explotación laboral. Son la apertura de las fronteras para que los empresarios extranjeros se enriquezcan a costa de la superexplotación de la clase obrera mexicana.

El sexenio de Sheinbaum

El segundo piso de la 4T basó gran parte de su proyección económica en las inversiones por nearshoring, sin embargo, el segundo mandato de Trump ha truncado sus pretensiones, pues ha llegado con un programa proteccionista donde no quiere que las empresas estadounidenses salgan del país, sino que se queden. Intenta que la producción sea nacional para fortalecer su economía y para ello ha utilizado el arma de los aranceles.

El problema fundamental de los Estados Unidos es que es una enorme potencia imperialista en declive —relativo— derivado de la crisis orgánica en la que se encuentra el capitalismo. En un intento desesperado por recobrar su plenitud, ha encontrado en China a un rival comercial que le disputa el control del mundo y sus mercados. Esto ha derivado en una guerra económica donde Estados Unidos pretende mostrar que América Latina sigue siendo su patio trasero y que no está dispuesto a compartirlo con el gigante asiático.

Una de las características de Trump es que no intenta disimular sus intenciones, es muy claro, quiere la sumisión total de los gobiernos latinoamericanos y ahora ya tiene un séquito de títeres descerebrados que han ganado la presidencia de países como Argentina, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Chile y Colombia, y donde destacan las figuras de Milei, Noboa, Bukele, Peña, Kast y Espriella respectivamente. 

En marzo de este año, llevó a cabo una reunión con presidentes y diplomáticos de 12 países latinoamericanos para fundar el Escudo de las Américas bajo el pretexto de la acción conjunta contra los cárteles de la droga, sin embargo, dos grandes ausentes fueron Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro —quien era presidente de Colombia en ese momento—. Su ausencia destaca porque, para sorpresa de nadie, los países con mayor presencia, fabricación y exportación de drogas precisamente son México y Colombia.  ¿Por qué dejarlos fuera? La respuesta es sencilla, porque no se trata de ninguna alianza por la seguridad sino de un pacto entre gobiernos afines a las políticas reaccionarias del presidente estadounidense. Esto fue más evidente con la integración de Colombia al Escudo de las Américas al momento de que el conservador Espriella ganara las elecciones. 

¿Esto significa el ascenso del fascismo en América Latina, como lloriquean los reformistas? No, esto significa que precisamente los reformistas han sido incapaces de resolver las demandas de la clase obrera y que existe un vacío político que es llenado por los falsos discursos populistas de la derecha, por la falta de una opción verdaderamente revolucionaria y transformadora. Y el futuro de la 4T no será diferente al resto de gobiernos progresistas fallidos en Latinoamérica. No puedes hacer lo mismo esperando resultados diferentes.

 Sin duda el gobierno y las políticas injerencistas de Trump están siendo un peso muerto que el gobierno de Sheinbaum debe cargar, pues intenta mantener su imagen de defensora de la soberanía mexicana al mismo tiempo que complace las peticiones del vecino del norte. 

Ha mantenido la defensa fronteriza militarizada, extraditado a capos, cambiado toda su política de seguridad acorde a las peticiones de EE. UU., incluso ha puesto trabas a China. A partir del 1ro de enero de este año se aprobó la imposición de aranceles a países que no tienen un tratado de libre comercio con México, lo que ha impactado principalmente a China, provocando la disminución del 28.4% de las importaciones. El argumento del gobierno federal para estos impuestos es la protección de 350 mil empleos, disminuir las importaciones y aumentar la producción nacional; sin embargo, no hay que tener más de 3 dedos de frente para darse cuenta que esta medida tiene nombre y apellido. Trump manda y Claudia cede, no sin antes decir que las negociaciones se dan en términos de iguales. 

Otro ejemplo muy claro del sometimiento de la 4T ante el imperialismo gringo es su cooperación en el bloqueo petrolero que asfixia a Cuba. Desde la invasión de Venezuela y el secuestro de su presidente, se detuvieron los envíos de petróleo a la isla, eso convirtió a México en su principal proveedor, pero después de un anuncio de aranceles a quien le venda petróleo a Cuba cesaron los envíos. Entonces nos preguntamos: ¿Quién decide las políticas comerciales del país?, ¿quién dictamina a quién podemos vender o comprar? Nuevamente la respuesta es: los Estados Unidos, ¿eso es realmente respetar y defender la soberanía de México?

Una lucha consecuente contra el imperialismo

Según la RAE soberanía significa: poder político supremo que corresponde a un Estado independiente.2 

¿Cómo se puede ser independiente cuando el 80% de las exportaciones del país van a los Estados Unidos? O cuando todos los días se nos amenaza con invadir nuestro país si no se hace tal o cual medida. O cuando la CIA (Agencia Central de Inteligencia, por sus siglas en inglés) opera libremente en nuestro territorio. como en el caso de los agentes accidentados en Chihuahua, y todos en América Latina conocemos bien las intervenciones de la CIA en nuestros países por poner algunos ejemplos: 1954, derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala; 1961, invasión de Bahía de Cochinos en Cuba; 1964, financiamiento del golpe militar en Brasil; y en 1973 en Chile, con la operación Cóndor durante toda la década de los 70 proporcionando datos de inteligencia para facilitar las medidas represivas de las dictaduras militares que causaron miles de muertos y desaparecidos; podemos agregar un largo etcétera.

En realidad vivimos bajo un terroreo recurrente del imperialismo estadounidense, que ha incrementado su intensidad y recuperado sus viejas prácticas de intervencionismo disfrazado de defensa de la democracia. Esto no se trata de buenos contra malos, o de la locura de Trump y sus ataques hacia el orden mundial previamente establecido. Se trata de un sistema en decadencia abriendo caminos para sobrevivir, la contradicción es que para que este sistema continúe necesitará drenar el trabajo y la sangre de los millones de oprimidos del mundo, solo para que el 1% de los parásitos burgueses pueda seguir disfrutando de sus excesos. 

La situación es muy clara y la lucha será necesaria, pero, ¿cuál es la alternativa que nos propone la 4T? 

En su segundo informe de gobierno del pasado 1 de septiembre la presidenta Sheinbaum dijo: “Mientras yo tenga el honor de servir como Presidenta de la República, defenderé con toda firmeza nuestra soberanía, nuestra dignidad y nuestra independencia. Porque México es un país soberano y la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte”.3 

Pero los hechos que hemos descrito anteriormente dicen lo contrario. Porque no puede existir la libertad y la soberanía mientras exista un sistema que se nutre de la opresión y explotación de cientos de trabajadores. Que bloquea hasta la inanición a un país, que financia guerras y genocidios, que amenaza con invasiones, que recorta pensiones, seguridad social y derechos. 

No basta con discursos vacíos de una simulada soberanía sometida por el poder del capital, es necesario romper con esas relaciones de producción para terminar con la barbarie de este sistema. Pero eso no lo harán los reformistas que solo intentan maquillar la podredumbre de un cadáver. Construir un mundo nuevo solo será posible a partir de la acción revolucionaria de las masas obreras luchando por el comunismo, pues como Marx y Engels escribieron en el Manifiesto del Partido Comunista: «La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables».

Referencias

1 https://vanguardia.com.mx/noticias/mexico/china-invirtio-mil-684-mdd-en-mexico-durante-el-sexenio-de-amlo-CH14312725.

2 https://dle.rae.es/soberan%C3%ADa.

3 https://www.gob.mx/presidencia/prensa/vamos-mejor-y-tenemos-rumbo-porque-ese-rumbo-lo-marca-el-pueblo-presidenta-claudia-sheinbaum-en-su-segundo-informe-de-gobierno.