La Conapred y el Estado capitalista merecen morir

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Por David García y Rubén Rivera

El punto de vista del antiguo materialismo es la sociedad «civil; el del nuevo materialismo, la sociedad humana o la humanidad socializada. Carlos Marx

La invitación de la Conapred a un pseudocomediante que se ha caracterizado por sus comentarios racistas y clasistas ha provocado un debate político de fondo. Después de que el presidente, AMLO, sugiriera la desaparición de la Conapred y la directora de ese organismo presentara su renuncia algunos sectores de la izquierda, por no hablar de la derecha que está aprovechando esta coyuntura con el oportunismo que le caracteriza, han criticado la propuesta presidencial. Claro, al final AMLO “sacudió el árbol” como acostumbra para tumbar algunas frutas podridas pero sin llegar hasta las últimas consecuencias, propuso la desaparición de la Conapred y al final sólo habrá un cambio de dirección por una mujer indígena. Los izquierdistas defensores de la Conapred podrán dejar de razgarse las vestiduras. Sin embargo, para los marxistas esta polémica es una oportunidad para explicar el carácter de clase del Estado y la forma efectiva de luchar contra la discriminación.

Sociedad civil vs gobierno, parte de una estrategia neoliberal

Durante muchos años el liberalismo político ha apelado a la necesidad de un aparato del estado lo mas pequeño posible, el estado debería limitarse a cobrar impuestos y a pasar lo mas desapercibido posible, la vieja maquinaria debería enfocarse a proteger la propiedad privada, las guerras mundiales y las revoluciones en la primera mitad del siglo XX lo cambiaron todo, en torno a ello hubo dos reacciones, una estatista la cual supuso la absorción por parte del estado de múltiples actividades en el entorno económico y la construcción del llamado estado de bienestar, es decir , para preservar la paz e impedir la expansión del comunismo, especialmente en los países europeos y en Estados Unidos se creó un conjunto de instituciones de estado que aseguraban un cierto nivel de protección social a lo largo de la vida de una buena parte de la población, especialmente de los empleados en el sector formal de la economía, que en dichos países conformaba una amplia mayoría. De cualquier modo, esta visión no rompía con el capitalismo, simplemente hacia del estado un capitalista dominante pero sujeto a las leyes del mercado, este estado entró en quiebra en cuanto las inevitables crisis lo fueron minando más y más, obligándolo a endeudarse y a vivir más y más en el déficit.

La otra reacción vino con la contrarrevolución neoliberal, producto del fracaso del keynesianismo de la postguerra, la venta masiva de empresas públicas, los enormes recortes al llamado estado de bienestar, el escenario se combinó con el colapso de los regímenes burocráticos que se hacían llamar socialistas a finales de los ochentas.

En este contexto, la proliferación de políticas neoliberales se acompaño de la creación de organismos independientes de los gobiernos que fueran asumiendo las tareas que en la postguerra eran exclusivas del gobierno en turno, por supuesto la idea era evitar que las peligrosas experiencias de gobiernos de izquierda como el de Salvador Allende en 1970 o el del primer gobierno de Mitterrand en Francia a inicios de los ochenta.

Se ratificó la autonomía de los bancos centrales, se crearon organismos certificadores privados en casi todas las esferas de la economía, calificadoras absolutamente arbitrarias, pero con un gran poder dado que en el fondo son voceros de la oligarquía financiera internacional.

“Creced y certificaos”

Bajo el dogma de que el estado debe ser lo mas pequeño posible y que el gobierno es en sí mismo corrupto e irresponsable, se extendieron propuestas de “organismos de la sociedad civil” que velarán por los intereses de la ciudadanía de frente al Estado, el primer punto de ataque fue el tema de los derechos humanos. Era políticamente aceptable que debían crearse organismos independientes para defender al pueblo, como si el pueblo o la sociedad civil fueran entes autónomos o enfrentados al estado y su gobierno, como si la integración y funcionamiento de un organismo así pudiera estar ajeno a la hegemonía de las clases dominantes. En suma, estos organismos en ultima instancia responden a la necesidad de legitimar el poder de la burguesía, sus normas explicitas e implicas. En suma, su función principal es de carácter ideológico, de mostrar a los intelectuales pequeñoburgueses bien intencionados que la revolución no es posible, para enfrentarse al estado lo mejor es participar como sociedad civil en organismos “autónomos”, “certificarse” como buenos chicos o dar certificados a todo el mundo como “empresas socialmente responsables”, “antirracistas”, o porque no “oficialmente deconstruido”.

Y ¿por qué parar ahí?, ¿por qué no crear organismos autónomos que se coordinen con los privados que para que certifiquen todo lo demás?
Que certifiquen las competencias laborales, que digan si un trabajador, pese a tener formación profesional, no es digno de un salario debido a que no cumple con estándares creados “autónomamente “.

Organismos privados y autónomos coordinados entre sí que certifiquen la calidad de la educación, que definan competencias educativas homologadas con la OCDE, que establezcan procedimientos para el ingreso de los estudiantes. Y que esas certificaciones tengan poder, el poder de despedir a un trabajador de la educación con años de antigüedad.

¿Por qué parar en la educación? Tenemos la energía, organismos privados y autónomos coordinados que aprueben las licitaciones de la industria eléctrica, petrolera, de las minas, que tengan la última palabra por encima del propio gobierno.

Y las comunicaciones, y el transporte, los medios de comunicación e incluso la gestión gubernamental, y un largo etc. que abarca prácticamente todo.
No, pero alguien nos podría decir que la composición de dichos organismos se ha realizado en función de intereses “comunes”, de “todos” libres de prejuicios de clase. En realidad, en todos los casos ha habido una absoluta y estricta coordinación entre las instituciones privadas disfrazadas de “organismos de la sociedad civil”, que velan por todo menos por los intereses de los trabajadores.

El ejemplo más patético es cuando un organismo que supuestamente lucha contra la discriminación pretende dar foro a un conocido racista.
Conapred un dedo en la yaga

Los organismos como la Conapred fueron creados para cooptar a las llamadas organizaciones de la «sociedad civil» que en la mayoría de los casos son fachada de organismos empresariales, con personajes como Miranda de Wallace, María Elena Morera y otros vividores de ultraderecha, casi nunca han servido para el movimiento social ni para otra cosa que tragarse cuantiosos recursos y sueldos millonarios para sus altos funcionarios, mismos que han servido de tapadera a corruptos como Genaro García Luna. La Conapred la creó Fox y el primer maiceado fue Rincón Gallardo que traicionó su pasado de «izquierda» declinando por el panismo. En todo caso no va a ser con elefantes blancos como se va a combatir la discriminación, esto sólo puede hacerse a través de la movilización masiva como está sucediendo en Estados Unidos. Ahora, es verdad que habrá trabajadores de oficina de esa dependencia que sufrirían la desaparición de esa dependencia y que deberían ser diferenciados de los altos funcionarios con sueldos que rondan los cien mil pesos al mes.

El pensamiento formalista de buena parte de la izquierda se evidencia en este episodio. Se utiliza un vulgar silogismo digno de un escolar: «la lucha contra la discriminación es buena, la Conapred sirve para eso; ergo su desaparición es mala». Pero el formalismo vacía todo contenido, criterio de clase e historia y se traga la propaganda burguesa de que instituciones como la Conapred realmente sirven en la defensa de los derechos humanos. Omite el «pequeño detalle» de cómo nació la Conapred, creada por Fox, de su función como premio de consuelo para oportunistas, negocio de tráfico de influencias y derroche de recursos públicos. La verdad se demuestra en la práctica ¿Qué ha hecho la Conapred realmente en la lucha contra la discriminación? ¿Sirvió de algo ante la desaparición de normalistas? ¿Qué hizo ante el asesinato de ambientalistas indígenas? ¿Contra la campaña discriminadora contra en magisterio en sexenios pasados? Lo más patético es que gente que se autodenomina marxista reproduzca la tontería de los «contrapesos» al Estado y la «importancia» de los «organismos autónomos y decentralizados» para controlar a la «clase política». Este discurso pertenece a la derecha y las organizaciones de la «sociedad civil» que son fundamentalmente grupos de presión de los empresarios, patrocinados por ellos.

Un marxista jamás enfocaría el asunto desde ese punto de vista. Para el marxismo el Estado y sus organismos son instituciones en defensa de la clase dominante, cuando el gobierno de ese estado escapa temporalmente al control directo de la clase dominante la burguesía-como sucede con el gobierno de AMLO- utiliza, entre muchos otros medios, a sus órganos «autónomos» y decentralizados para presionar. Eso es el abc para cualquier marxista. Algunos opinan que órganos como la Conapred pueden servir en la lucha como tribunas y elemento auxiliar. Pero los marxistas debemos tomar la coyunturas tal y como vienen y no es posible paliar el capitalismo con aspirinas reformistas. Probablemente la Conapred será reformada con una directora indígena, pero más allá de las posibles buenas intenciones nada va a cambiar de fondo mientras este sistema se mantega de raíz.
Para el marxismo lo de la Conapred fue una breve coyuntura para explicar el papel del estado y sus organismos, sobre todo la manera de luchar realmente contra la discriminación, lucha que no pasa por defender al estado y sus instituciones. Allí están las magníficas movilizaciones de masas en EUA, Inglaterra, Francia y otros lugares en todo el mundo. Estas movilizaciones han hecho más por derribar los prejuicios racistas en pocas semanas que años de simulaciones de órganos como la Conapred. La discriminación se combate con movilización y lucha por el socialismo. El capitalismo es racista por necesidad, pues necesita dividir a los explotados con líneas artificiales. La pobreza genera segregación y esta discriminación. Sin empoderar al pueblo, sin darle el control de la economía mediante la expropiación de los grandes capitales será imposible acabar con las lacras del racismo y la discriminación.

Dicho esto, hace falta aclarar que la posición del gobierno de AMLO respecto a estos organismos corresponde mas bien a necesidades pragmáticas de su propio programa de gobierno, el cual, como hemo visto en este tema, esta desprovisto de una visión de clase y es propenso a llegar a acuerdos en busca de una conciliación, que no hará sino retrasar el conflicto. En suma, si bien el conflicto nos da la oportunidad de explicar nuestra opinión sobre dichos organismos, nuestra postura en este tema es la defensa de una estrategia socialista y no de los zigzagueos del gobierno de AMLO

Organismos de clase vs organismos desclasados (burgueses)

La alternativa a los organismos “autónomos”, que básicamente coordinan a la sociedad civil burguesa, deberían ser la organización sindical, estudiantil, de barrio, de pueblo, de mujeres trabajadoras, sin dudas y sin ambages, de carácter proletario, que busque no maquillar o disfrazar a la monstruosa sociedad capitalista, sino que sea el germen de una nueva sociedad.

Aquellos que apelan a una mala lectura de Gramsci para defender a los “organismos de la sociedad civil” olvidan lo que ya una vez señalo Marx, en el capitalismo la sociedad civil está divida principalmente en dos clases y la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, la defensa de organismos sin contenido de clase es en el fondo defender organismos que defienden la hegemonía burguesa en la sociedad.

La alternativa es crear y promover la organización independiente de los trabajadores en función de sus demandas concretas y con la perspectiva socialista, salvo esto, todo lo demás es ilusión.

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