El negocio de las estancias infantiles y el apoyo directo a los padres ¿Cuál es la alternativa?

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Por: David García Colín Carrillo

Las estancias infantiles subrogadas han sido un foso de corrupción, donde familiares de panistas, y de otros partidos, instalaron estancias con sus familiares como negocios privados. Lugares, en muchos casos, inseguros que generaron tragedias como las de la guardería ABC -donde 49 niños murieron calcinados- y causado la muerte de otros 80 bebés. La revisión hecha por la Auditoría Superior en 2016 detectó, entre otras anomalías, falta de permisos para operar, unos 69 millones de pesos que no llegaron a su destino, otros 30 millones de gastos no justificados, diferencias entre el padrón registrado y el monto ejercido, etcétera.

Ante esto el gobierno decidió entregar la mitad del presupuesto que se daba a esas estancias directamente a los padres, unos 1600 pesos bimensuales. Hasta el año pasado el presupuesto para unas 9 mil 300 estancias afiliadas, que atendían a 310 mil infantes, fue de 4 mil 70 millones de pesos. El gobierno de AMLO reduce el presupuesto a la mitad.

Sin duda, muchos padres verán esto con buenos ojos independientemente del recorte presupuestal al programa, pues contarán con un apoyo líquido que podrá usarse a discreción. Pero en lugar de decir abiertamente que actualmente no se tienen los suficientes recursos para financiar guarderías estatales decentes y mantener el anterior presupuesto, hay una tendencia entre algunos seguidores de AMLO a “teorizar” el que la carga de los cuidados infantiles vaya a la esfera doméstica: a los abuelos, de forma idéntica a como la derecha rancia ha idealizado a la familia tradicional para justificar recortes y apuntalar la esclavitud de la mujer. Las declaraciones del Secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa, en el sentido de que los niños estarán mejor cuidado por los abuelos fueron muy desafortunadas por decir lo menos.

Los socialistas luchamos porque las tareas domésticas sean absorbidas por el Estado a través de guarderías, comedores, lavanderías públicas, etc., pues sólo así se pondrán las bases materiales para la liberación de la mujer -y de los abuelos- de la esclavitud doméstica tan funcional al capitalismo. Los ideólogos burgueses del actual sistema insisten tanto en la “sacrosanta” familia tradicional porque de este modo el Estado y principalmente la propia burguesía no invierte en beneficios sociales que se recargan sobre el salario y, especialmente, en el trabajo doméstico de la mujer.

Se dirá que el gobierno de AMLO no tiene presupuesto para ello, nosotros proponemos que en vez de recortar el presupuesto, se impongan impuestos progresivos a la alta burguesía nacional y extranjera, y un programa de nacionalizaciones de los sectores clave de la economía, entonces habría presupuesto más que suficiente para guarderías decentes administradas por el Estado con gente capacitada al frente y para muchas cosas más.

La decisión del gobierno, como otras medidas, ha generado un debate muy polarizado en donde es preciso posicionarse con un punto de vista de clase. Mientras la derecha (panistas y dueños de estancias) -y también personas bien intencionadas que simplemente no quieren que cierren las estancias- ha tratado de capitalizar el descontento, muchos de los que apoyan a AMLO reaccionan subrayando la ventaja de hacer a un lado a los intermediarios, dando directamente los recursos a los padres de familia.

Frente a estos polos, los trabajadores, siendo sensibles a los simpatizantes de AMLO e incluso a quienes se oponen sinceramente a retirar el apoyo a las estancias, debemos impulsar la puesta en marcha de guarderías estatales y el fortalecimiento de los Cendis, gratuitas y de calidad. De otra manera el apoyo directo a los padres se canalizará al reforzamiento de la esclavitud doméstica, o al ámbito de lucro privado; mientras que las estancias infantiles que sobrevivan no sólo no mejorarán sus servicios sino que intentarán mantenerse, como todo negocio privado, subiendo los costos o empeorando el servicio. Mientras no se desmonte la sociedad del lucro privado que representa el capitalismo- incluso si las intenciones del gobierno son honestas- medidas como éstas saldrán, a fin de cuentas, contraproducentes para lograr su objetivo.

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