El error del foquismo y el poder de las masas: José de Molina en la construcción de la conciencia de clase
Alberto Murga, Chihuahua
José de Jesús Núñez Molina (1938-1998), conocido como José de Molina, fue un cantautor mexicano cuya vida y obra estuvieron directamente ligadas a los movimientos de lucha popular del siglo XX. Su trabajo no fue el de un artista de protesta aislado, sino el de un militante que utilizó la canción como una herramienta de agitación política. Su trayectoria ofrece una experiencia concreta para analizar una discusión estratégica clave en la izquierda revolucionaria: los límites de la lucha guerrillera y la centralidad del trabajo de base y la formación política entre la clase trabajadora, el campesinado y el estudiantado.
Molina nació en Hermosillo, Sonora, en el seno de una familia pobre. Tras la muerte de su madre, empleada doméstica, fue adoptado por sus patrones burgueses, pero a los doce años huyó de ese entorno. “Decidió fugarse de la mansión para emprender su destino, que tenía claro no era con la burguesía de Hermosillo”. Esta decisión temprana lo llevó a trabajar como campesino, obrero y en otros oficios, experiencias que marcarían profundamente su visión del mundo y su arte. Su obra reflejaría una “rebeldía e irreverencia características” de raíz popular.
Su formación política y artística se consolidó en el contexto de la represión estatal de las décadas de 1960 y 1970. Fue sobreviviente de la masacre de Tlatelolco en 1968 y de la represión del 10 de junio de 1971, conocida como el “Halconazo”. Desde entonces, comprendió su rol artístico en términos políticos claros. Según sus biógrafos, se “reeducó en la doctrina del marxismo” y usó la canción como un “conducto para llevar la lucha popular a la sociedad y agitar la conciencia del proletariado”. Para él, sus composiciones no eran simples canciones de protesta; como señaló su colega León Chávez Teixeiro, “sería mejor llamarle canción revolucionaria, de lucha”.
Su compromiso se manifestó en una ética militante consecuente. Nunca se afilió a partido político alguno, ya que “no creía en la vía electoral como fuente propiciadora de los cambios radicales que el país necesitaba”. Además, “jamás cobró por sus presentaciones”, priorizando los foros estudiantiles y los espacios populares donde compartía su obra y sus ideas. Esta práctica le permitió conectar directamente con los movimientos sociales de su tiempo.
Esta conexión lo llevó a expresar simpatía y apoyo hacia los movimientos guerrilleros que surgían como respuesta a la dictadura de partido y la represión. El mismo Molina declaraba su deseo de que “el pueblo mexicano se levantara en armas y dijera ¡ya basta!” (Velasco, 2019). Su apoyo fue material: “Vivía de sus propias grabaciones y siempre apoyó a la guerrilla. urbana y rural en los setenta, al EZLN (a quien también criticaba) y al EPR”. Incluso adaptó sus letras para apoyar luchas específicas, como la insurgencia zapatista.
Sin embargo, una evaluación crítica desde una perspectiva marxista revolucionaria debe distinguir entre la solidaridad con la resistencia armada y la adopción del foquismo guerrillero como estrategia principal. La historia demostró que esta vía, aunque heroica, enfrenta limitaciones estructurales: aislamiento de las masas, vulnerabilidad militar y dificultad para generar un poder dual sostenible. La verdadera contribución de Molina, y su lección más perdurable, no radica en su apoyo a la guerrilla, sino en su práctica concreta de “trabajo político de base”.
A diferencia de muchos artistas, Molina se insertó sistemáticamente en las luchas sociales concretas. No era un espectador; era un participante. Su testimonio se forjó “en tomas de tierras, durante las huelgas obreras o estudiantiles, detrás de barricadas”. Su efectividad se medía por la apropiación de sus canciones por parte de los movimientos: sus temas “se coreaban” en las movilizaciones populares. Un ejemplo claro es su “Marcha al Magisterio Independiente”, compuesta en 1981 y que se convirtió en “uno de los himnos de los maestros” democráticos. Su obra funcionaba porque nacía de y se dirigía a un movimiento organizado.
Este trabajo de inserción y agitación tuvo un costo personal severo. Fue objeto de una persecución política constante. Fue “víctima de amenazas, secuestro y golpes de la policía política mexicana”. El punto álgido fue en mayo de 1997, durante la visita del presidente estadounidense Bill Clinton, cuando fue “secuestrado y torturado por la policía política”. La tortura quebrantó su salud, agravando un cáncer terminal. El 9 de julio de 1998, decidió quitarse la vida. Su hijo Arturo vinculó directamente su muerte a la represión estatal.
El legado de José de Molina trasciende el mito del “guerrillero de la canción”. Su vida ilustra una contradicción y una superación. Mientras su discurso a veces abrazaba el llamado a la insurrección armada, su práctica más consistente y efectiva fue la de un organizador cultural y político en el seno de las luchas de masas. Esto último es lo que ofrece una lección estratégica vital para la izquierda revolucionaria hoy.
La tarea prioritaria no es la preparación de actos armados aislados, sino la formación teórica y práctica de cuadros políticos que puedan trabajar de manera paciente y sostenida junto a la clase obrera, el campesinado y el estudiantado. Se trata de construir conciencia de clase y organización desde abajo, en los lugares de trabajo, estudio y vida comunitaria. Molina lo entendió en la práctica: su poder no venía de su afinidad con la guerrilla, sino de su presencia en las asambleas, los mítines y las marchas. Su canto era eficaz porque era parte de un movimiento colectivo.
En conclusión, José de Molina demostró que la herramienta cultural es fundamental para la agitación, pero que su efectividad depende de su arraigo en las luchas reales. Su ejemplo apunta a la necesidad de una estrategia basada en la movilización y la organización independiente de las masas, por encima de los atajos que, aunque comprensibles en contextos de represión extrema, no pueden sustituir el lento y complejo trabajo de construir el poder popular. Su coherencia, su inserción social y su enfrentamiento directo con el Estado lo convierten en un referente, no del aventurerismo, sino de la perseverante y necesaria labor de base que constituye el camino para la transformación revolucionaria.
¡Por la construcción de la Internacional Comunista Revolucionaria!
¡Hasta la victoria siempre!
Referencias bibliográficas:
- Álvarez Fabela, M. (2013). Cantar y escuchar la rebeldía. La música y las canciones Zapatistas. Contrahistorias, (21).
- Cruz Bárcenas, A. (2013, julio 7). Las canciones de José de Molina no eran de protesta, sino revolucionarias: Chávez Teixeiro. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/2013/07/07/espectaculos/a08n1esp
- Fragoso, G. (2022, 10 de junio). Recordando a José Molina ‘La Libertad’, hombre coherente. Marvin.com.mx. https://marvin.com.mx/recordando-jose-molina-la-libertad-hombre-coherente/
- Last.fm. (s.f.). José De Molina – Música, videos, estadísticas y fotos. Recuperado en diciembre de 2025, de https://www.last.fm/es/music/JOSE+DE+MOLINA/+wiki
- Moreno, L. (2025, 8 de julio). El fantasma del canto de José de Molina. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/07/08/opinion/el-fantasma-del-canto-de-jose-de-molina
- Palacio López, E. (2017, 14 de agosto). José de Molina (1938-1998): Canto a la Madre Naturaleza. Periódico El Libertario. https://periodicoellibertario.blogspot.com/2017/08/jose-de-molina-1938-1998-canto.html.
- Velasco, J. (2019). El sonido de la resistencia. Patrimonio musical. El canto popular en los movimientos sociales del siglo XXI en México. FONCA.
