El debate por el nuevo aeropuerto, expresión de la lucha de clases

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Escrito por David García Colín Carrillo

Son cuatro los grandes inversionistas que están impulsando la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México (AICM) en tierras de Atenco. Se trata de la cúpula de una oligarquía grotescamente enriquecida con las privatizaciones, las reformas estructurales, la corrupción y el apoyo de los gobiernos “neoliberales”. Está Carlos Slim –de Grupo Carso- que acapara el 60% de la construcción de la obra, la empresa GIA propiedad del cuñado de Carlos Salinas de Gortari, Hipólito Gerard; la empresa Hermes, de Carlos Hank; e ICA de Bernardo Quintana. Además se incluyen toda una serie de empresas que aunque, no tendrán la parte de león, sí aspiran a contratos millonarios: OHL México, Coconal, Mota-Engil y tristemente también la cooperativa del SME (Generadora Fénix) participando, esta última, para obtener contratos por 6,958 millones 37,860.94 pesos. Son las mieles de las privatizaciones y el despojo de los comuneros de Atenco.

Cerca del 10% de la inversión en “emisión de fibra E” corresponde a las Afores –a los ahorros de trabajadores para su retiro-, o sea unos 35 mil 14.6 millones de pesos. Las Afores Inbursa, Pensionissste, Profuturo y XXI-Banorte decidieron –evidentemente sin consultar a los trabajadores- arriesgar los ahorros de los telefonistas, entre otros, en negocios privados. Después de todo la privatización de los ahorros de los trabajadores, la destrucción del modelo solidario –en donde los trabajadores creaban un fondo común para el retiro- siempre tuvo como objetivo financiar a los grandes capitales con el dinero de la clase obrera.

Slim –como dueño de Inbursa- ha dicho que la inversión de parte de los ahorros de los trabajadores telefonistas se ha hecho por el bien de éstos: mientras los cetes ofrecen un rendimiento del 1%, la inversión del aeropuerto puede ofrecer rendimientos de hasta el 10%. ¡Cuánta consideración! Pero es evidente que para un magnate siempre será más rentable arriesgar el dinero ajeno, también omitió aclarar que, de las ganancias de la bursatilización y privatización de los ahorros para el retiro –que ya se han invertido en instrumentos de deuda del gobierno o deuda de las empresas- los trabajadores no han visto prácticamente nada y que, en cualquier caso, ese 10% de rendimiento irá a engrosar aún más la cuenta multimillonaria del tercer hombre más rico del mundo. No dudamos que los trabajadores se enterarán del rumbo de los negocios…en caso de que se pierdan en la bolsa de valores. Cínicamente los medios burgueses como -El Financiero- han dicho que el riesgo para los trabajadores es mínimo pues sólo se ha invertido el 0.9% del total de los Afores metidos en esos bancos –o sea que el robo es “nomás poquito”- pero en realidad las Afores como tales son un modelo de bursatilización del salario y los bancos especulan a diario con el retiro de los trabajadores. Es el modelo capitalista de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. Probablemente a la dirigencia corrupta de los telefonistas se le haya ofrecido parte de esos rendimientos y es por eso que el señor Hernández Juárez –Secretario General- no ha dicho nada acerca de que Slim juegue a la ruleta rusa con los ahorros de sus agremiados.

La construcción del (AICM) es un ejemplo claro del dominio de una pequeña cúpula de parásitos –una oligarquía formada entre grandes empresarios y políticos corruptos a su servicio- que utilizan al Estado para financiar e impulsar sus propios intereses de clase. En otras palabras: el funcionamiento normal de un Estado burgués en un país semicolonial y dependiente como México. El proyecto original costaba unos 169 mil millones de pesos pero ese costo ha llegado hasta los 250 mil millones, no sólo por el encarecimiento propio de un suelo lacustre que se hunde de uno a dos metros por año, sino por los precios inflados por la corrupción. Por ejemplo, tan sólo la barda perimetral –que sería construida por la Secretaría de la Defensa Nacional- encareció la obra un 89% y contrató al menos a dos empresas fantasma. La oligarquía –con su coro de papagayos de los medios de comunicación y partidos políticos- ha puesto el grito en el cielo ante la propuesta de cancelar este proyecto porque se juegan negocios espectaculares y jugosos contratos transexenales.

AMLO ha propuesto cancelar la construcción del AICM y construir otro aeropuerto en la actual base aérea militar Santa Lucía-que trabajaría en armonía con el actual aeropuerto Benito Juárez-, con un costo mucho menor -70 mil millones de pesos- y con el objetivo de invertir el presupuesto público en obras sociales. Este tema se ha convertido en el foco de un proceso de polarización social que marca a este histórico proceso electoral. Evidentemente el hombre más rico de México salió a defender este gran negocio. Slim ha dicho que la construcción del aeropuerto será un “detonador económico de la zona, creando una transformación mágica”. Pero omitió señalar que los frutos de ese “detonador mágico” no se repartirán equitativamente, mientras los daños ambientales y sociales serán para la mayoría de la población. Cualquiera que observe incluso el entorno del actual aeropuerto Benito Juárez no verá por ninguna parte las bondades sociales de ese “detonador mágico”. Para los habitantes de colonias populares como Peñón de los Baños u otras de la delegación Gustavo A. Madero o Venustiano Carranza ese aeropuerto –que la mayoría no ha pisado siquiera- no ha significado más que un ruido infernal y trabajos mal pagados –tan sólo habría que preguntarle al personal de limpieza del aeropuerto que trabaja con el nefasto modelo de outsourcing-.

Para los compañeros de Atenco la construcción de ese aeropuerto no significa más que el despojo de sus tierras y la contaminación de su entorno. Los trabajos cualificados y relativamente bien pagados –una minoría de los supuestos 450 mil empleos que según la propaganda oficial se crearán – no serán para los habitantes de Atenco ni de las zonas aledañas. Bien lo han dicho los compañeros de Atenco en una carta abierta a Carlos Slim: “Salinas dijo que el TLC nos llevaría al ´primer mundo, y el único que llegó al primer mundo es usted […] legiones de obreros y asalariados lo han encumbrado hasta el tercer lugar en la lista de los hombres más ricos del planeta. Es usted la prueba viva de que es el trabajador el que crea la riqueza y no la riqueza al trabajador”.

AMLO respondió que “si Slim cree que el aeropuerto es un buen negocio, que lo haga con su dinero” y ha ofrecido respetar los contratos pero trasladarlos a Santa Lucía. Aunque para muchos millones de personas la actitud de AMLO es vista como digna y firme, creemos que no debemos ceder ni un milímetro a los intereses mezquinos de un puñado de empresarios. Un gobierno que realmente represente los intereses de la población podría apoyarse en el movimiento obrero y campesino para nacionalizar a los grandes bancos y empresas constructoras –recuperando de paso los ahorros de los trabajadores-, y así construir –sólo si realmente se requiere- el aeropuerto –entre otras muchas obras como hospitales y escuelas- en el lugar y en la forma que mejor convenga al interés colectivo, sin tener que ceder a los chantajes de los grandes empresarios y políticos corruptos. La construcción del AICM es sólo la punta del iceberg de lo que realmente hay de fondo en este debate: quién manda en este sistema, quién maneja al Estado y cuáles intereses serán los que se impongan (los de la mayoría de la población o los de un puñados de zánganos corruptos).

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