Argelia: ¡Irse significa irse!

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Por: Hamid Alizadeh

El pasado viernes 15 de marzo, millones de argelinos salieron a las calles por cuarto viernes consecutivo para protestar contra el régimen de Abdelaziz Buteflika. Según las primeras valoraciones, las protestas fueron incluso más grandes que las masivas protestas que sacudieron al régimen el viernes pasado (8 de marzo). Acostumbrados a haber cometido sus crímenes con total impunidad, el régimen se ha dado cuenta de que las masas revolucionarias no se rendirán fácilmente.

A pesar de todos los intentos de la camarilla gobernante para sofocar y sabotear el movimiento, decenas de miles de argelinos comenzaron a tomar las calles desde la mañana. En todos los barrios, escuelas, universidades y lugares de trabajo, las masas se habían estado preparando. En Argel y otras ciudades importantes, la policía intentó bloquear todas las arterias principales dentro de la ciudad y las que llegan a la ciudad, pero por la tarde, millones de personas las habían colapsado. Todas las calles principales del centro de la ciudad estaban llenas, y fue igual en otras ciudades y pueblos.

El régimen quedó paralizado por la fuerza del movimiento de masas. Se produjeron enormes protestas en todos los rincones del país, desde Argel a Constantina, desde Orán a Tamassat, en el sur, exigiendo la renuncia de Buteflika, el fin de la corrupción y del nepotismo. En las pancartas de algunos de los manifestantes se podían leer consignas tales como “No a la extensión [del cuarto mandato del presidente]”, “La decisión [es] del pueblo”, “Irse significa irse”, “Por un Estado de derecho basado en la legitimidad”, “No respetar la Constitución es un delito”, “¡Ni Bedui ni Said, no hay prolongación!” En Tamassat, una gran pancarta en la calle decía: “¡No a Washington, no a París, nosotros nombramos al presidente!”

Las masas pierden el miedo

El movimiento va madurando cada día. Si bien las demandas se centraron inicialmente en torno a la candidatura de Buteflika, han ido evolucionando hacia consignas sobre el régimen en su conjunto. Una gran pancarta en Argel que representaba una serie de referentes del régimen decía: “A todo traidor le llega su fin”. Otra decía: “Probé este régimen y no perdí peso, así que cambiaré de régimen”. Al mismo tiempo, también revivieron consignas relacionadas con la lucha anticolonial revolucionaria, aunque esta vez apuntaban a la que solió ser la organización principal de ese movimiento, el FLN.

El jueves, el ejército lanzó unas declaraciones amenazadoras para aquellos que pretendieran sumarse a las manifestaciones al afirmar que se preservaría la seguridad “en todas las circunstancias y condiciones”. Pero estaba claro que el movimiento de hoy presentaba demasiados desafíos, y las Fuerzas Armadas se vieron obligadas a contenerse. Está claro que si en estos momentos los generales intervinieran directamente en contra del movimiento, se arriesgarían a dividir el ejército en línea de clases. Sintomáticamente, el vídeo de un policía que se unió al movimiento en la ciudad industrial de Bejaia fue compartimos decenas de miles de veces en un solo día.

Al mismo tiempo, el movimiento huelguístico que comenzó el domingo pasado parece continuar. Durante toda la semana, docentes y estudiantes de todos los niveles del sector educativo y en todo el país se pusieron en huelga, junto con muchas otras capas, como magistrados, propietarios de pequeñas empresas, funcionarios públicos, etc. Lo más importante, sin embargo, es el sector del petróleo y del gas, que representa el 35 por ciento del PIB de Argelia. En este caso, la empresa estatal Sonatrach, que también es la empresa más grande de África, amenazó a todos sus trabajadores con graves consecuencias en el caso de realizar “cualquier tipo de reunión o paro [colectivo], [aunque solo fuera] por un corto período”. Sin embargo, los trabajadores de todo el sector, en los campos de petróleo y gas en lugares como Hassi Alramel, Hassi Messaoud y otros centros petroquímicos, se declararon en huelga en abierto desafío.

Hay varios videos que circulan en la red de Hassi Martin y Hassi Ramel, que muestran protestas masivas en las calles: las protestas más grandes que estas áreas han visto. Este es un desarrollo clave.

Una revolución en desarrollo

El movimiento estalló el 22 de febrero, cuando Buteflika anunció que se presentaría para un quinto mandato como presidente de la república. Dejando a un lado la corrupción y la naturaleza autoritaria del régimen, la indignación de las masas se ve agravada por el hecho de que Buteflika se encuentra más o menos en estado vegetativo desde que sufrió un derrame cerebral en 2013. Sin embargo, llevados por un falso sentimiento de confianza, la camarilla de generales, hombres de negocios y burócratas estatales que lo utilizan como un recipiente vacío para su gobierno, pensaron que podrían abordar sus asuntos habituales con impunidad.

Sin embargo, dialécticamente, esto fue un insulto, y décadas de ira y frustración acumuladas contra el régimen degenerado salieron hacia la superficie. Inicialmente, estos caballeros pensaron que podrían reaccionar ante los inconvenientes como de costumbre, amenazando con arrastrar al país hacia una sangrienta guerra civil como la de Siria, o como la de la propia Argelia en los años 90. Pero los jóvenes desafiaron al régimen en las calles respondiendo con la consigna: “Esto no es Siria”. Han tenido suficiente.

El jefe de UGTA (el Sindicato General de Trabajadores de Argelia), Abdelmadjid Sidi Said, cercano a Buteflika, advirtió (a la clase dominante) sobre el creciente ánimo de indignación entre la clase trabajadora. Esto también se reflejó en una declaración de las secciones del UGTA en los grandes suburbios industriales de Argel, Ruiba y Reghaia, señalando que “nuestros miembros no quieren un sistema que esté vinculado a los oligarcas”.

El punto crítico se alcanzó la semana pasada, con las multitudinarias protestas del 8 de marzo, seguidas de un llamamiento generalizado a la huelga general. Este movimiento de huelga comenzó a materializarse el domingo 10 de marzo. Al principio, grupos individuales de trabajadores se declararon en huelga, coordinándose solo a nivel individual y a través de las redes sociales. Pero a lo largo del domingo y el lunes, la gran mayoría de las ramas locales del UGTA se unieron, desafiando a su dirección, condescendiente con el régimen. La huelga se sintió en todo el país, afectó a puertos, plantas de coches, trenes, agroempresas, tiendas, escuelas y, lo que es más importante, al sector del petróleo y el gas, que experimentó grandes interrupciones.

A medida que la confianza de las masas aumentaba, la clase dominante comenzó a tambalearse. Los veteranos del FLN de la lucha anticolonial, organizados en la Organización Nacional de Muyajidin, declararon: “la sociedad argelina en todos sus segmentos tienen el deber de salir a las calles”. Los imanes en todo el país se negaron a realizar sermones a favor del régimen, y 1.000 jueces dijeron que no legitimarían unas elecciones con Buteflika entre los candidatos. Incluso el jefe de personal del ejército, Ahmed Gaid Salah, quien se ha opuesto con rabia al movimiento, lanzando amenazas a cada rato, salió el domingo diciendo que “el pueblo y el ejército tienen una visión común para el futuro”.

El factor decisivo en todo esto, fue la entrada de la clase trabajadora en la arena como una fuerza organizada. En las revoluciones egipcia y tunecina, fueron precisamente las huelgas generales que se desarrollaron las que dieron el golpe final a los viejos dictadores. Al ver que la clase obrera argelina se movía en la misma dirección, el régimen retrocedió rápidamente. Lo que más temen estos caballeros es que la clase obrera se dé cuenta de su propio poder y potencial. Es decir, que debe darse cuenta de que no necesita que los capitalistas, los oligarcas, la burocracia estatal y los generales manejen la sociedad.

Las maniobras del régimen

En un intento por ganar tiempo, Buteflika (o más bien, las personas que hablan en su nombre), anunció que no se presentaría para un quinto mandato. En cambio, las elecciones se pospondrían (indefinidamente) mientras se organiza una “conferencia” nacional donde se redactará una nueva constitución. También despidió al ex primer ministro, Ahmed Uyahia y nombró a uno nuevo, Nuredín Bedui; así como un viceprimer ministro, Ramtane Lamamra.

Estas medidas, dirigidas a arrojar polvo a los ojos del movimiento, no cambian nada. Se supone que Nuredín Bedui es una cara más “humana” y agradable que Uyahia, pero eso es ridículo considerando que el ex Ministro del Interior también es conocido como “Ministro de la Opresión” por el trato brutal a los manifestantes y huelguistas en su posición anterior. Éste es también un intento de compartir el poder entre las grandes esferas,  Bedui representa a las agencias de inteligencia y la burocracia estatal, mientras que Lamamra, que también está cerca de Buteflika, representa a la comunidad empresarial “liberal-democrática”. Bedui ha prometido un nuevo gobierno “inclusivo” dentro de unos días, diciendo que este gobierno incluirá a los jóvenes, como si la queja principal de las masas fuera la edad de los ministros. El problema es que hay un abismo insalvable que divide los intereses de los trabajadores, los pobres y los desempleados de los de los oligarcas parásios, los burócratas estatales y los generales. Ninguna reorganización del gabinete, sin importar la edad, cambiará ese hecho.

Se supone que la llamada Conferencia Nacional está dirigida por Lajdar Brahimi, que no ocupa ningún cargo oficial, pero que durante años ha sido diplomático de carrera en la ONU. La pancarta de uno de los manifestantes podría reflejar el estado de ánimo general hacia Brahimi: “¿Quién eres?”

Ninguna de estas medidas, de hecho, cambió nada. Como muchos han señalado correctamente, ahora, en lugar de un quinto mandato, Buteflika está preparado para un cuarto término sin un final a la vista, aunque de acuerdo con la Constitución, ya no puede gobernar legalmente después del 28 de abril.

Radicalización

El único objetivo de esta maniobra era, por un lado, dividir y desorientar al movimiento, y por otro lado, ganar tiempo para que el régimen se reagrupe para contraatacar. Pero, de nuevo, el régimen calculó mal. Las masas se indignaron por la flagrante maniobra de la clase dominante. Al mismo tiempo, el movimiento ganó una tremenda confianza al ver cómo el régimen se tambaleaba tomando medidas radicales y colectivas.

Si bien el movimiento de huelga general ha disminuido ligeramente, las protestas no terminaron, ni mucho menos. A lo largo de la semana, decenas de miles de maestros y estudiantes protagonizaron manifestaciones diarias. De hecho, para disuadir a los estudiantes de reunirse, el régimen anunció vacaciones universitarias hasta el 4 de abril. A los jóvenes se unieron nuevas capas cada día. Como dijo un manifestante:

“No queríamos una elección presidencial que llevaría inevitablemente al quinto mandato de Buteflika, y ahora tenemos a Buteflika pero sin elección”.

La maniobra del régimen tuvo el efecto contrario al previsto. Radicalizó a las masas que antes estaban principalmente preocupadas por Buteflika, pero que ahora están dirigiendo cada vez más su ira al sistema en su conjunto. El régimen, por el contrario, se está apresurando a encontrar un punto de apoyo, con más y más expertos que desertan cada día. Hocine Jeldún, un empleado del régimen y ex ministro, supuestamente salió en contra de Buteflika y dijo: “Se acabó el juego. Buteflika no tiene más remedio que renunciar ya”. Está claro que el pánico reina detrás de la escena.

Por arriba, la clase dominante está desesperada por restaurar algún tipo de estabilidad, pero tiene dos problemas principales. En primer lugar, cualquier candidato real (vivo) para reemplazar a Buteflika interrumpiría el equilibrio de los acuerdos de poder compartido detrás del cadáver medio muerto de Buteflika. Y, en segundo lugar, cualquier paso atrás importante en la situación actual imbuiría a las masas de confianza, lo que sería un obstáculo para el avance del régimen.

Imperialismo francés

Junto con los capitalistas del país, el imperialismo francés está igualmente preocupado. Emmanuel Macron, quien hace sólo unas semanas apoyaba a la oposición venezolana reaccionaria por motivos “democráticos”, no parece tener reparos en apoyar a la degenerada dictadura cívico-militar en Argelia. Inicialmente, quedó reflejado tácitamente su apoyo a Buteflika al negarse a hacer comentarios sobre las irregularidades de la campaña electoral y la represión de los manifestantes. Sin embargo, tras el anuncio de Buteflika el lunes, elogió la medida, al tiempo que pidió “una transición de una duración razonable (!)”, posicionándose exactamente en contra de los deseos del pueblo argelino, mientras se alinea con la decisión de la clase dirigente argelina.

Las masas argelinas respondieron a Macron con lemas como “Macron, vete”, con una opinión general de: “No pedimos a Francia ni a Estados Unidos que nos acompañen, o que nos den lecciones y orientación, sólo pedimos que Francia nos brinde la lista de activos adquiridos ilegalmente y cuentas bancarias de sus agentes para que podamos recuperar las sumas y cobrarles en consecuencia”. Al mismo tiempo que decenas de miles de argelinos salieron a las calles en Francia, el movimiento en Argelia lanzó su apoyo a los chalecos amarillos franceses. De esta manera, las líneas de clase se están afilando a un nivel intercontinental.

Desgraciadamente para el FLN, otrora portador de la lucha anticolonial en Argelia, es ahora poco más que el agente del propio imperialismo francés. Muestra las limitaciones de la lucha revolucionaria por los derechos democráticos, si no se traslada a una lucha por el socialismo.

Callejón sin salida del régimen

Argelia se describe a menudo como el país que, mágicamente, evitó la primavera árabe. En realidad, Argelia fue uno de los primeros países en entrar en una ola  revolucionaria a finales de 2010, cuando miles de jóvenes salieron a las calles en contra de sus miserables condiciones. Esto fue seguido por una ola de huelgas durante la primavera de 2011. Pero el régimen logró recuperar el control debido a una serie de factores. En primer lugar, el régimen todavía tenía cierta legitimidad debido a su pasado revolucionario. En segundo lugar, el régimen usó el recuerdo de la terrible guerra civil de los años noventa para amenazar a las masas, en particular a la generación anterior. En tercer lugar, y lo más importante, el régimen podía apoyarse en los altos precios del petróleo y comprar la paz social, otorgando grandes concesiones económicas. De hecho, ¡el gasto público aumentó en un 25 por ciento! Sin embargo, con el aumento de la población y la brusca caída de los precios del petróleo en 2014, esta economía rentista no podía durar. Los recortes y la austeridad se pusieron nuevamente en la agenda del día. Según los datos, más del 90 por ciento de los hogares argelinos han visto caer sus niveles de vida desde 2014. Esto condujo a una ola de huelgas y protestas en los últimos dos años.

Lo que realmente refleja todo esto es el callejón sin salida del capitalismo argelino. En un país inundado de recursos humanos y naturales, un tercio de la población gana menos de $1,25 por día. Los datos muestran que el poder adquisitivo promedio ha disminuido hasta en un 60 por ciento desde 2014. Mientras tanto, el desempleo, oficialmente, se mantiene por encima del 10 por ciento, y en torno al 30 por ciento entre los jóvenes. Todo esto se ve agravado por la corrupción interminable, la codicia y la arrogancia de la camarilla dominante, que ha acumulado enormes riquezas.

Durante años, el régimen se abrió camino en Argelia, maquinando, robando y asesinando como lo consideraba oportuno. Pero esta vez fue demasiado. Todas las contradicciones acumuladas del período anterior están saliendo a la superficie ahora. Las masas están entrando en el escenario de la política, el régimen está viendo cómo las leyes que se aplicaron en el período anterior ya no se cumplen. Los duros acontecimientos están despertando la conciencia de las masas rápidamente.

El régimen está tratando de ganar tiempo para socavar el impulso del movimiento y, de esta manera, contraatacar. La única forma de contrarrestar esto es que el movimiento dé pasos decididos hacia adelante. Para esto, la entrada de la clase obrera a la escena es decisiva. El movimiento de huelga que ha estado burbujeando debe acelerarse. Se deben establecer comités de huelga con delegados elegidos en cada escuela, fábrica y centros de trabajo. Éstos deben estar conectados a nivel regional y nacional para asestar el golpe final al régimen. Una vez que la clase obrera comienza a moverse, ninguna fuerza en el planeta puede detenerla. En la revolución tunecina, el régimen cayó después de tres días de huelgas de masas nacionales. En Egipto, se necesitaron dos días de huelgas en todo el país antes de que Mubarak fuera derrocado. Estos son los ejemplos a seguir.

La revolución llega en un momento en que todos los demás países de la región están nuevamente al borde de una explosión revolucionaria. Si el régimen de Buteflika es derrocado, provocará una conmoción en toda la región, reavivando la Revolución Árabe.

El régimen ya no tiene legitimidad. No es más que un pequeño grupo de parásitos que no desempeñan ningún papel productivo. La llamada oposición no son más que sus socios menores. Las únicas personas que trabajan cada día para que la sociedad argelina funcione son los trabajadores y campesinos. Sólo derrocando a la clase capitalista y tomando el poder en sus propias manos pueden terminar su difícil situación y llevar a la sociedad hacia adelante.

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