¿El mayor robo de petróleo de la historia del mundo? EE. UU. se queda con las reservas de petróleo de Venezuela
El 28 de agosto, en una publicación en redes sociales, Trump anunció lo que describió como «¡EL MAYOR ACUERDO PETROLERO DE LA HISTORIA DEL MUNDO!», mediante el cual EE. UU. se queda con el control mayoritario de 65 mil millones de barriles de petróleo en Venezuela. A esto le siguió un vergonzoso mensaje servil de la presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, en el que intentó presentar este «histórico acuerdo» como algo positivo para Venezuela, argumentando que «facilitará un importante flujo de inversiones destinado a la recuperación y reconstrucción de infraestructura estratégica para el desarrollo de nuestra industria de los hidrocarburos».
Este es otro importante punto de inflexión cualitativo en la entrega de Venezuela al control imperialista de EE. UU. tras la invasión militar del 3 de enero y el secuestro del presidente Maduro.
¡Esos eventos ni siquiera se mencionan en la declaración de Delcy, que dice vergonzosamente que «esta iniciativa es producto del fortalecimiento de la relación entre Venezuela y los Estados Unidos»!! Por «fortalecimiento» se refiere al dominio de Estados Unidos sobre Venezuela a través de la intervención militar y el chantaje, del cual ella se ha convertido en una agente.
No se conocen los detalles del acuerdo. Lo único que tenemos es una declaración de Delcy Rodríguez y una «hoja informativa» de la Casa Blanca. Con Trump, siempre hay un elemento de hipérbole —un elemento muy fuerte de hipérbole y exageración—. Empecemos, pues, por lo que está claro, tal como aparece en las declaraciones oficiales sobre el acuerdo tanto de Estados Unidos como de Venezuela.
¿Qué se ha acordado?
El acuerdo abarca 17 yacimientos petrolíferos, con reservas probadas totales de 65 mil millones de barriles de petróleo. Eso representa más de una quinta parte de las reservas totales de petróleo de Venezuela y es más que las reservas probadas totales de Estados Unidos, que son de 46 mil millones de barriles.
El acuerdo abarca 17 yacimientos petrolíferos, con reservas probadas totales de 65 mil millones de barriles de petróleo. Eso representa más de una quinta parte de las reservas totales de petróleo de Venezuela y es más que las reservas probadas totales de Estados Unidos, que son de 46 mil millones de barriles.
De los 17 yacimientos, ocho son de nueva explotación (greenfield) en la cuenca del Orinoco, donde se encuentran las reservas de crudo extrapesado de Venezuela. Otros nueve son yacimientos maduros en la región del lago Maracaibo, que ya producen crudo ligero y medio. El acuerdo promete 100 mil millones de dólares en inversión y generaría 209 mil millones de dólares en ingresos fiscales para Venezuela.
A partir de aquí, la historia se vuelve más confusa. La hoja informativa de la Casa Blanca explica el acuerdo en los siguientes términos:
- Venezuela le ha otorgado a North American Blue Energy Partners (NABEP) concesiones de 100 años para 17 yacimientos petroleros.
- El Departamento de Guerra de EE. UU. tiene una participación del 35 % en esta empresa del sector privado «venezolana», sin costo alguno (a través de algo llamado «penny warrants»).
- NABEP le da al Departamento de Estado de EE. UU. el derecho a comprar el 20 % de la producción a precio de costo, además de prioridad de compra sobre el 80 % restante, para que pueda reponer sus Reservas Estratégicas (que se agotaron muchísimo por la guerra con Irán), así como para «abastecer usos militares y otros usos sensibles». En otras palabras, el petróleo venezolano ahora alimentará la maquinaria bélica de EE. UU.
- Aunque NABEP es técnicamente una empresa privada venezolana, según la Casa Blanca, el gobierno de EE. UU. tiene derecho de veto sobre todos los nombramientos para la junta directiva de NABEP, cuya mayoría debe estar compuesta por ciudadanos estadounidenses, y el acuerdo entre NABEP y el gobierno de EE. UU. «se rige por el derecho estadounidense y está sujeto a la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos». ¡¡¡Menuda empresa «venezolana»!!
- La Casa Blanca destaca que el «acuerdo» forma parte del «plan de tres fases» de EE. UU. para Venezuela, «tras el increíble éxito de la Operación Resolución Absoluta». Esto deja perfectamente claro que la toma de control por parte de EE. UU. de una gran parte de las reservas petroleras de Venezuela es el resultado directo del ataque militar del 3 de enero contra el país y del secuestro de su presidente.
- El secretario de Energía de EE. UU., Wright, describió esto como la «diplomacia energética de Trump», un tipo de diplomacia muy peculiar.
- La hoja informativa también describe las concesiones de la NABEP como parte de la «privatización» de la industria petrolera de Venezuela, regida por la nueva ley de hidrocarburos de 2026 (aprobada bajo presión de EE. UU.), que deroga las leyes de Chávez.
- La NABEP pagará regalías e impuestos (aunque no se sabe en qué monto), pero estos se manejarán de la misma manera que la venta actual del petróleo venezolano: los ingresos se depositarán en una cuenta en EE. UU., controlada por el Tesoro de EE. UU., y se entregarán al gobierno venezolano bajo la supervisión y aprobación del gobierno de EE. UU. («Las disposiciones sólidas sobre gobernanza y auditoría del Gobierno de Estados Unidos, junto con la reforma bancaria, la fiscalización de pagos y la supervisión financiera de la Administración Trump, asegurarán que los pagos de impuestos y regalías se usen en beneficio del pueblo venezolano.»)
- Estados Unidos seguirá dictando la política interna venezolana a través de su supervisión de las conversaciones de «reconciliación» entre el gobierno de Rodríguez-Cabello y los restos de la Asamblea Nacional de 2015, dominada por la oposición reaccionaria. Estas conversaciones ya han dado lugar a una reforma del poder judicial y a la liberación de decenas de presos, y se reanudarán a mediados de septiembre.
- La Casa Blanca dice explícitamente que el acuerdo forma parte de la «Doctrina Monroe» para restablecer el «dominio» de EE. UU. en el continente y expulsar a los rivales sacando a las empresas petroleras chinas y rusas. («REAFIRMAR LA DOCTRINA MONROE Y EXPULSAR A ADVERSARIOS EXTRANJEROS DE NUESTRO HEMISFERIO: La mayoría de los yacimientos petrolíferos incrementales operados por NABEP estuvieron anteriormente bajo el control o la operación de empresas rusas y chinas»). El gobierno chino ya se ha quejado de las implicaciones de esto.
El gobierno venezolano no ha desmentido ninguno de los detalles que aparecen en la hoja informativa de EE. UU. La única discrepancia importante parece ser que ellos dicen que el acuerdo es por 25 años.
En resumen, el «mayor acuerdo petrolero del mundo» es, en realidad, «el mayor robo de petróleo del mundo». El imperialismo estadounidense se lo ha impuesto a Venezuela mediante agresión militar, y el gobierno venezolano lo está cumpliendo con entusiasmo y trata de presentarlo como un éxito.
Además, NABEP es una empresa que ya opera en Venezuela, propiedad de un tal Alejandro Betancourt. Él es un excelente representante de un grupo de empresarios advenedizos que hicieron fortuna en Venezuela, primero gracias a los altos precios del petróleo y luego negociando con todo tipo de activos riesgosos y oportunidades de negocio creadas por las sanciones de EE. UU. Vivían en el turbio mundo de los tratos a escondidas, las coimas y comisiones ilegales, las cuentas bancarias en la sombra y las empresas tapadera, que se multiplicaron bajo la presidencia de Maduro.
Según un reportaje de Axios, Betancourt apoyó la ridícula autoproclamación de Guaidó como presidente de Venezuela en 2019 (un intento respaldado por Trump para sacar a Maduro del poder), pero luego Delcy Rodríguez lo incorporó al círculo del gobierno del PSUV.
El informe de Axios afirma que él fue clave para sondear si Delcy estaría dispuesta a colaborar con EE. UU. antes y después del ataque del 3 de enero. No sabemos cuánto de esto es cierto. Los trabajadores petroleros venezolanos en los yacimientos operados por su empresa, NABEP, dicen que no les han pagado desde hace tres meses. Eso sí es cierto.
La implementación práctica de este acuerdo se enfrentará a muchas dificultades. NABEP ciertamente no tiene 100 mil millones de dólares de sobra para invertir en Venezuela, y los rendimientos de nuevos yacimientos en la Cuenca del Orinoco tardarán unos años en materializarse, incluso después de inversiones de varios mil millones de dólares. Esa es probablemente la razón por la que la empresa ha sido reestructurada para contar con el respaldo total del Departamento de Guerra de EE. UU., un arreglo de lo más inusual. Probablemente, los involucrados piensan que esto será una garantía sólida que atraerá las inversiones necesarias.
Mientras tanto, debería ser posible aumentar significativamente la producción en los nueve yacimientos maduros del lago Maracaibo con una inversión mucho menor. La cifra que se maneja es de 1.5 millones de barriles al día, un aumento significativo respecto a la producción actual de NABEP de 200,000.
Este acuerdo lleva meses gestándose y es un intento de canalizar inversiones hacia el sector petrolero de Venezuela, tras la reticencia inicial de varios de los principales actores estadounidenses. Trump está desesperado por presentar una victoria, una enorme, antes de las elecciones de medio plazo, en las que se espera que le den una paliza.
Su afirmación de que este acuerdo bajará los precios de la gasolina en las gasolineras y protegerá a EE. UU. de la incertidumbre en el Estrecho de Ormuz es pura propaganda. Incluso en el mejor de los casos, el impacto del acuerdo en los precios de la gasolina y la seguridad energética de EE. UU. tardaría años en verse.
Lo que está claro es que el imperialismo estadounidense está a la ofensiva en el continente americano, en un intento por hacerse con fuentes de energía, minerales críticos e infraestructura, sacando del camino a sus competidores en el proceso. El saqueo del petróleo venezolano es un componente clave de esta estrategia.
El gobierno de Delcy Rodríguez ahora forma parte integral de la estrategia general del imperialismo estadounidense, no solo a nivel regional, sino global. Esto se ve en este acuerdo petrolero, pero también en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Israel y en la salida de Venezuela de la Corte Penal Internacional, a instancias de EE. UU. Ahora se habla de que Venezuela podría abandonar la OPEP, siguiendo los pasos de los Emiratos Árabes Unidos.
La declaración pública de Delcy anunciando a bombo y platillo el acuerdo fue respaldada luego por una curiosa declaración de la dirección nacional del PSUV que expresaba «pleno apoyo a la compañera Delcy» (usando la palabra «compañera», la expresión tradicional de los ADecos, en lugar del término chavista bolivariano «camarada»). Dijeron que «respaldamos la conducción de la presidenta» y, por si acaso no quedaba claro, declararon que «el PSUV continúa férreamente unido en torno a nuestro Alto Mando Político».
Oposición a la traición
A la declaración del PSUV le siguió luego el respaldo público del hijo de Nicolás Maduro, el Alto Mando del Ejército, e incluso la publicación de una foto sonriente de Nicolás Maduro desde su cautiverio. La Asamblea Nacional se apresuró a aprobar el acuerdo, aunque los diputados ni siquiera han visto el texto completo.
Todo esto solo puede significar una cosa: hay divisiones profundas y serias —incluso dentro del PSUV y sus organizaciones— sobre las políticas de sumisión al imperialismo estadounidense y al presidente Trump llevadas a cabo por Delcy Rodríguez. Estas divisiones se han agravado tras el reciente restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Estado genocida de Israel.
Un número cada vez mayor de organizaciones e intelectuales vinculados al PSUV, que hasta ahora habían respaldado el liderazgo de Delcy, han comenzado a romper filas y a manifestarse en contra en distintos grados.
Los diferentes argumentos y justificaciones que se han utilizado hasta ahora como excusa para la traición total —en esencia y en forma— de lo poco que quedaba de la revolución bolivariana ya no pueden contener la ola de descontento.
Periodistas, intelectuales y organizaciones progubernamentales, como Mario Silva, Luis Britto García, la Coordinadora Simón Bolívar del barrio 23 de Enero de Caracas y muchos otros, se han pronunciado de una u otra forma en contra de las acciones vendepatria del gobierno de Delcy y Cabello.
El problema es que, después de muchos años de justificar cada paso atrás de la dirección del PSUV en nombre del pragmatismo, estas organizaciones que antes eran revolucionarias están casi vacías. Carecen de vida interna real, ya que en su mayoría se han convertido en canales para recibir subsidios del gobierno a cambio de la lealtad de los votantes.
La prolongada desaparición de la Revolución Venezolana
En Venezuela, muchos en la izquierda revolucionaria están conmocionados y arrechos, pero no realmente sorprendidos. Han visto el progresivo vaciamiento de la Revolución Venezolana, la destrucción silenciosa de los logros de los gobiernos de Chávez, acompañada del vaciamiento de las organizaciones populares de masas, la represión contra los críticos de izquierda, etc.
Este fue un proceso largo y prolongado de contrarrevolución termidoriana, que comenzó ya en 2013, con la muerte de Chávez y la elección de Maduro.
Entre quienes presenciaron el proceso en todo su desarrollo e intentaron resistirlo, estaban los compañeros de Tatuy TV. Ahora han publicado un artículo editorial en el que resumen acertadamente la situación actual:
«Aunque la historia no empezó el 3 de enero (y hay que analizar cómo se llegó a ese punto), los últimos meses han estado caracterizados por un giro político vertiginoso en favor de la burguesía, nacional y foránea, y del imperialismo norteamericano. Nuestra condición actual como país es de una soberanía totalmente hipotecada.
«Si los ingresos petroleros van a una cuenta del Departamento del Tesoro estadounidense, y el gobierno nacional tiene que enviar un presupuesto para que se liberen (parcialmente) sus propios recursos; si los órganos judiciales y electorales se nombran bajo tutela de EE.UU.; si las leyes más importantes se desarrollan en borradores compartidos con la Casa Blanca y los ejecutivos de Chevron; si el ejército imperial puede entrar y salir libremente y bombardear lo que le dé la gana en territorio nacional; ¿qué queda realmente de una nación independiente?
«¿En qué mundo el país que mantiene sanciones criminales contra nuestro pueblo, que bombardeó Venezuela y secuestró al presidente, puede ser un “aliado”? El embajador norteamericano se pasea “inspeccionando” infraestructura y hospitales como si fuera el capataz de la finca, escoltado por el primer vicecanciller adeco sonriendo como buen perro faldero pitiyanquí.
«Podríamos detenernos en la batalla de cifras sobre el reciente acuerdo “histórico” petrolero con la administración Trump. Sin embargo, el análisis es bastante claro. El gobierno nacional ya retrocedió a niveles desastrosos el control y participación nacional en la industria petrolera, y este acuerdo ofrecerá condiciones aún menos favorables para el país.
«Simple y llanamente, se pusieron las reservas petroleras venezolanas, así se conserve formalmente su propiedad, al servicio de un imperio que busca frenar su decadencia. Ese monstruo gringo que siembra muerte y destrucción por todo el mundo se alimenta ahora de combustible venezolano. (La batalla por regresar a nuestra historia, TatuyTV)
Pero fuera de Venezuela, donde muchos no siguieron el proceso a medida que se desarrollaba, la sorpresa y el desconcierto son mayores. Han hecho falta varios meses y acontecimientos importantes para que muchos lleguen a la conclusión necesaria: la Revolución Venezolana ya no existe, el gobierno de Delcy es un agente de la sumisión del país al imperialismo estadounidense.El gobierno de Delcy es un instrumento de la sumisión del país al imperialismo estadounidense
A quienes ahora han llegado a esta conclusión inevitable, les recomendamos que vuelvan atrás y lean lo que escribimos y advertimos en su momento.
En 2012, cuando Maduro acabó con el control obrero en Guayana; en 2015, cuando el PSUV perdió las elecciones a la Asamblea Nacional; en 2018, cuando Maduro introdujo un paquete monetarista y antiobrero; en 2020, cuando comenzó el ataque contra los partidos políticos de izquierda (UPV, Tupamaros, PPT, PCV).
Puedes encontrar un resumen de todo el proceso en un artículo de la edición de mayo de 2026 de la revista In Defence of Marxism.
En términos más generales, es necesario aprender las lecciones de los logros, pero también de las limitaciones de la Revolución Bolivariana bajo Chávez. Les recomendaría a todos los interesados que lean la nueva edición del libro de Alan Woods sobre el tema, La Revolución Venezolana: Un análisis marxista (también disponible en PDF).
Nosotros, en la Internacional Comunista Revolucionaria (antes la Tendencia Marxista Internacional), tenemos derecho a decir: «les advertimos». Pero no se trata de ganar puntos. Hay una cuestión más importante en juego, o mejor dicho, dos cuestiones más importantes.
La primera es que tenemos que sacar las lecciones necesarias de esta traición, porque eso es lo que es. Si no nos esforzamos por entender el «por qué» y el «cómo», inevitablemente caeremos en el pesimismo. Esto también es necesario para prepararnos, para no volver a cometer los mismos errores.
Solidaridad incondicional o apoyo crítico
La segunda es esta. Durante muchos años, el movimiento de solidaridad con la revolución Venezolana estuvo dividido, deliberadamente, entre quienes pensábamos que la solidaridad debía ser incondicional pero no acrítica, y quienes argumentaban que nosotros, en Occidente, no podíamos ni debíamos opinar ni contribuir a los debates sobre la estrategia de la revolución Bolivariana. Nos decían que los líderes de Caracas sabían mejor que nadie y que debíamos acatar su sabiduría.
En realidad, la división también estaba entre los que veíamos la solidaridad como un deber revolucionario, que considerábamos la defensa de la revolución en el extranjero como parte de nuestra propia lucha por la revolución en casa; y los que veían la solidaridad internacional como un gesto amable, un imperativo moral, un acto caritativo y, en muchas ocasiones, como una hoja de parra para encubrir sus propias políticas podridas en casa.
En una ocasión, creo que fue en la Conferencia de la Unión Nacional de Periodistas en algún pueblo costero de Gran Bretaña, tuvimos una reunión de ¡Manos fuera de Venezuela! (HOV) —la campaña de solidaridad internacional que nuestros compañeros se encargaron de lanzar en 2002. También estaba en la conferencia el director de la Campaña de Solidaridad con Cuba (CSC). Nos pusimos a charlar y le sugerí que sería buena idea vincular más estrechamente las dos campañas, ya que claramente ambos temas estaban íntimamente relacionados.
Él se opuso: «Vuestra campaña es política, la nuestra no». Me sorprendió. «¿Qué quieres decir con “política”? ¡Seguro que no hay nada más político que la solidaridad con la Revolución Cubana!», le dije.
Y él me explicó: «No, no, la CSC no es una campaña política. En la campaña hay gente que apoya a Cuba por muchas razones diferentes. A algunos les gustan las vacaciones en el Caribe, los puros cubanos, el ron cubano; en nuestro grupo parlamentario incluso hay diputados conservadores (!!) y no queremos alejar a esa gente».
El robo de petróleo en Venezuela por parte de Trump es el golpe de gracia para la Revolución Bolivariana / Imagen: Vicepresidencia de Venezuela, Wikimedia Commons
Por cierto, esta forma de entender la «solidaridad internacional» explica en gran medida la falta de una movilización real por parte de CSC en los últimos meses, cuando Cuba se ha enfrentado al ataque más peligroso del imperialismo estadounidense en décadas.
Lo mismo pasó en el movimiento de solidaridad con Venezuela. Los mismos tipos (estalinistas, burócratas sindicales, etc.) organizaron una campaña para competir con HOV, usando todo tipo de métodos sucios (¡incluso sobornos!). Su objetivo era reemplazar una campaña de solidaridad revolucionaria por un club de admiradores de la dirección bolivariana. Estaban encantados de viajar a Venezuela, hospedarse en hoteles de cinco estrellas y que les dieran un recorrido edulcorado por los logros del movimiento bolivariano, carente de cualquier contenido revolucionario real.
Ahora están en un lío. Muchos de ellos siguen defendiendo un apoyo acrítico a Delcy y su gobierno, incluso cuando está más que claro cuál es el carácter de ese gobierno. Para otros, por fin les ha caído la locha y ahora denuncian la traición de Delcy, que entienden únicamente como un acto conspirativo, sin tener ni idea del verdadero y prolongado proceso político que condujo a esta traición y preparó el terreno para ella. Un proceso que, sin duda, no comenzó el 3 de enero.
Aquí hay una lección, una que, por cierto, también se aplica a la solidaridad con la revolución cubana y al derecho de los comunistas, tanto en Cuba como en el extranjero, a participar en el debate sobre la mejor manera de defenderla y sobre el rumbo elegido por la dirección cubana.
Ante el robo de petróleo en Venezuela por parte de Trump que le da el golpe de gracia a la revolución bolivariana, nuestro deber como comunistas revolucionarios es doble. En primer lugar, asimilar las principales lecciones de la revolución venezolana y entender cómo sus limitaciones llevaron al desastre. En segundo lugar, participar en la lucha contra la dominación imperialista en Venezuela y a nivel internacional. Esa lucha implica enfrentarse al imperialismo estadounidense, pero también a sus agentes en el gobierno de Caracas.
Los compañeros de Revolución Comunista, la sección venezolana de la RCI, estarán en primera línea de esta lucha.
