¿Qué es el capital?
Ruben Rivera, CDMX
Desde que la humanidad comenzó a producir bienes para su consumo siempre requirió medios para hacerlo; herramientas de trabajo y objetos de trabajo. En aquel entonces no existía mercado, sólo se producían bienes útiles para el consumo inmediato del individuo o del ente familiar en el que se desenvolvía. Entonces no existía capital y así la humanidad subsistió por milenios. Los valores producidos eran “de uso”, es decir, servían para algo y ese era su único fin.
Conforme fueron desarrollándose las comunidades humanas y estableciendo relaciones entre sí se fueron gestando procedimientos de intercambio: tú tienes pieles, yo tengo madera; ello generó la necesidad de crear relaciones de equivalencia para que nadie se sintiera robado, es decir, comenzaron a intercambiarse distintos valores de uso (no tendría sentido cambiar pieles por pieles) en función de una equivalencia generalmente aceptada. Así nace el valor de cambio, es decir la cantidad de elementos de un tipo de valor de uso en relación con otro que se considera equivalente.
El dinero apareció como un medio para facilitar el intercambio de valores de uso, pero su acumulación no tenía una propiedad particular además de su capacidad para obtener distintos valores de uso, su fin era mercantil.
La sociedad esclavista y feudal vivieron un par de milenios bajo esta premisa: “produzco una mercancía, la intercambio por dinero en el mercado y con ella obtengo otra o muchas otras según la cantidad de dinero que tenga”.
Tener tierras, esclavos u oro (valores de uso) era la clave para un intercambio provechoso de los valores de uso que la riqueza proveería.
Los mercaderes adquirían productos, los transportaban grandes o pequeñas distancias, los vendían y con ello adquirían otros productos. Durante cientos de años el ciclo mercancía-dinero-mercancía (MDM) funcionó tanto en la economía esclavista como en la feudal, la cual ofrecía importantísimas trabas para la circulación del dinero y mercancías como tarifas aduanales casi de poblado en poblado.
La fuente principal de obtención del excedente económico no se encontraba en el mercado. La situación se modifica cuando el desarrollo de las comunicaciones elimina obstáculos físicos para el transporte de personas y cosas, la capacidad de las fuerzas productivas estaba ya muy por encima de las normas que la vieja sociedad había creado.
Los seres humanos vivían y morían en regiones que rara vez distaban de algunos kilómetros, la mayor parte producían ellos mismos los medios de su subsistencia, ya sea en el campo o en el trabajo artesanal, el mercado era un complemento de alguna época del año.
Cuando surge el mercado mundial, el papel del dinero se va transformando. Comienza a surgir un grupo de personas que en vez de acumular bienes utilizan dichos recursos para invertir en la producción de mercancías con el único fin de venderlas y aumentar su riqueza. Surge así el capital, que es aquella riqueza o bien material que se emplea para la producción de mercancías, con el fin principal de incrementar la riqueza, no ya de satisfacer una necesidad.
Nace el ciclo dinero-mercancía-dinero ampliado (DMD’). No obstante aún en este punto no es suficiente para considerar al capital como una fuerza dominante, necesita que todo se mercantilice, incluyendo al trabajo mismo.
Se crea entonces una división internacional del trabajo en donde manda quien tiene capital, es por eso que el capital también es una relación social, porque determina una sociedad entera. El que manda y el que obedece está en función de su relación con el capital. Visto superficialmente, el capital es una magnitud de valor destinada a incrementarse cuantitativamente, pero este incremento supone la explotación de trabajadores que existen sin poseer absolutamente nada.
La existencia de gente desposeída obligada a trabajar y poseedores de medios de producción fue un resultado histórico. Marx llamó a este proceso acumulación originaria, la combinación de factores necesarios para que el capital cumpla el ciclo de acumulación ampliada. No serviría de nada que, por ejemplo una empresa se dedicara a producir miles de pares de zapatos si todo el mundo, desde su casa elaborara los suyos propios. No serviría de nada que se generarán miles de prendas de vestir si cada quien ya hace las suyas, es necesario generar mercado.
Al arrebatar a las personas de producir directamente sus medios de vida, se les obliga a buscarlas en el mercado, pero la persona arrebatada de la tierra o de su taller, al no poseer nada, no puede en el mercado intercambiar nada, como sucedía en los tiempos antiguos. Tiene que ofrecer sus servicios, su trabajo y a cambio de él obtener el dinero necesario que el mercado moderno pide.
Este no fue un proceso gradual o amable, se necesitaron en Europa guerras atroces y la imposición de leyes de despojo que transformaron todo por completo, y al mismo tiempo, el genocidio que supuso la expoliación de América, Asia y África representó la desaparición de cientos de millones de personas, y en el caso de las que sobrevivieron, su sometimiento a la esclavitud o servilismo.
Solo cuando se cumplen condiciones para la reproducción del capital, se puede hablar propiamente de capitalismo y esto también abarca el factor ideológico. Se trata de crear la idea de que toda necesidad, incluso la espiritual se puede mercantilizar, y si esto es así, entonces es posible crear necesidades imaginarias que cuando se afianzan se vuelven nuevos mercados y fuentes de extracción de plusvalía, que es la nueva riqueza que se genera producto del proceso de producción y que se concreta cuando la mercancía se logra vender. Así pues, la mercancía y el dinero aparecen con poderes más grandes que cualquier santo, es el fetiche que supera cualquier religión.
En este proceso el capital va devorando los dos recursos que son fuentes de toda riqueza, las personas y la tierra. Paulatinamente, la mancha de nuevos desiertos y terrenos baldíos crece, el planeta se muere y las personas que viven en él se sumen en la simple lucha por la supervivencia, ya sin una vida más que la de ser un apéndice de la máquina o la computadora, a eso Marx le llamaba deshumanización.
Un último elemento del capital es que es propiedad privada y ello da derecho a ejercer el beneficio exclusivo sobre todo lo que le rodee. Los productores separados de la propiedad de los medios de producción y convertidos más en un simple factor más, no tienen derecho a lo que producen y mucho menos a sus beneficios. Ante una producción cada vez más social, hay una apropiación cada vez más privada.
En suma el capital no es simplemente dinero o propiedades, el capital es tres cosas: valor que se valoriza (apreciación cuantitativa objetiva), valor que aparenta e ilusiona (fetichismo del capital y la mercancía, apreciación cualitativa subjetiva) y valor que domina (relación social que moldea el mundo y las personas a sus necesidades).
La lucha contra el capitalismo es también una lucha contra la extinción de la especie humana, en la medida que históricamente su voracidad es insaciable y en el fondo irracional, tendiendo a destruir civilizaciones y al planeta mismo a niveles cada vez más catastróficos.
Frente a ello debemos construir una sociedad racional, democrática y en armonía con el planeta, es decir comunista
