¿Una incursión militar de EE. UU. podrá solucionar el problema de la violencia en Sinaloa?

Eva María

El inicio de este 2026 ha sido muy convulso, en tan solo tres meses los Estados Unidos bombardearon Venezuela y secuestraron a su presidente, impusieron un embargo petrolero inhumano a Cuba e iniciaron una guerra contra Irán. Sin lugar a dudas el imperialismo estadounidense ha lanzado una enorme ofensiva para mostrar su “fortaleza” y al mismo tiempo recuperar sus zonas de influencia. 

Durante el gobierno de Trump, el Estado mexicano se ha presentado como el amable y servil aliado, dispuesto a “negociar” –para no decir someterse, que es lo que en realidad ha pasado– mientras supuestamente defienden la soberanía nacional. Cada vez que a Trump se le ocurre una nueva medida, México reacciona para complacerlo. Así ha ocurrido con el endurecimiento de las medidas migratorias, el cese de envío de petróleo a Cuba, el incremento de aranceles para las empresas chinas, la renegociación de los contratos de minerales, el cambio de estrategia en cuestión de seguridad, entre otros ejemplos.

Pero a pesar de que México ha cedido en todo, Trump no ha quitado el dedo del renglón y ha declarado reiteradamente sus intenciones de intervenir militarmente en nuestro país para combatir a los cárteles. Según él, México es el epicentro de los cárteles que alimentan el derramamiento de sangre, por lo tanto EE. UU. está dispuesto a hacer todo lo necesario para defender su seguridad nacional y proteger a los estadounidenses.

Pero, ¿esta preocupación es real o sólo un pretexto para presionar y someter al gobierno de México? El NY Times recientemente publicó una nota titulada “En Sinaloa, algunos ven a Trump como última opción contra la violencia de los cárteles”1 donde mencionan lo siguiente:

El mes pasado hablamos con más de dos decenas de personas en Sinaloa, y la mayoría expresó una opinión totalmente distinta del consenso nacional. Para ellos, el gobierno mexicano ha fracasado repetidamente en sus esfuerzos por controlar a los cárteles, por lo que dijeron que estaban dispuestos a considerar un ataque estadounidense contra los grupos si ello les permitía vivir con seguridad.

En esta nota, también mencionan que sus encuestados tienen una opinión contraria a la que marca una encuesta nacional2 –que ellos mismos refieren– que indica que el 74% de los mexicanos están a favor de defender la soberanía nacional y no permitir que Estados Unidos se involucre en el combate al crimen organizado. Incluso en los sectores apartidistas (73%) y de oposición al gobierno (64%) se expresan en contra de incrementar la “colaboración” con EE. UU. 

En esta comparación, podemos ver un par de cuestiones. Primero, la completa falta de rigor estadístico en las entrevistas del NY Times y la intención premeditada de generar un sesgo conceptual con respecto a la opinión “mayoritaria” de la población en Sinaloa pues solo se entrevistaron a una veintena de personas a bocacalle. Este tipo de artículos no son accidentales, se hacen con la finalidad de presentar argumentos que justifiquen la intentona intervencionista estadounidense en territorio mexicano.

Segundo, aunque no hay una certeza de que sea la opinión mayoritaria de los habitantes del estado, no podemos ignorar que ésta opinión existe y que es consecuencia directa del fallido Estado burgués mexicano que ha sido incapaz de garantizar las condiciones mínimas de seguridad para vivir en Sinaloa. La gente está harta de que su día a día sea incierto, de salir a trabajar y no saber si regresarán a casa o serán víctimas del fuego cruzado, de desaparición o reclutamiento forzoso. Esto es una realidad, hay un ambiente de desesperación, y este sentimiento es el caldo de cultivo perfecto para pensar en medidas desesperadas, como el intervencionismo gringo.

En Sinaloa, durante 2025, se reportaron 1,654 homicidios dolosos, fue la entidad con más casos registrados de policías asesinados (45) y el que cuenta con la mayor tasa de incidencia por cada 100 mil habitantes en feminicidios con 72 casos reportados.3 

Hasta mayo del 2025 se reportaron 6,305 personas desaparecidas de las cuales el 91.82% son hombres y el 8.14% mujeres. Culiacán es dónde se encuentran la mayoría de los casos de desaparición con 2,037 personas.4

Las cifras son escalofriantes, no hay nadie que pueda negar que existe una crisis profunda de violencia en el estado y que quienes sufren las consecuencias diarias son los hijos e hijas de la clase obrera del campo y la ciudad y que no existen los abrazos en Sinaloa, solo balazos. Ahora bien, analicemos ¿por qué el crimen organizado tiene tanto poder de fuego? ¿de dónde vienen las armas con las que asesina, secuestra y extorsiona el narco? El mismo NY Times nos da la respuesta:

Mientras el gobierno de Trump presiona al de México para que tome más medidas contra los cárteles de la droga, ha surgido un beneficiario involuntario de la campaña de presión estadounidense: los traficantes de armas que suministran armas al Cártel de Sinaloa, la potencia criminal detrás de gran parte del fentanilo que inunda las calles estadounidenses.[…] Durante el último año y medio, la demanda de armas se ha disparado mientras el Cártel de Sinaloa libra una guerra en tres frentes: enfrentando una ofensiva intensificada del gobierno mexicano, luchando contra facciones rivales dentro de sus propias filas y abasteciéndose para prepararse para una posible intervención militar estadounidense.5

El artículo también señala otros datos y entrevistas muy interesantes.

Según aproximaciones del gobierno de México, se introducen de contrabando desde Estados Unidos 500 mil armas al año, pero un exagente de la ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos) experto en redes de tráfico de armas calcula que 1 millón de armas son las que entran de contrabando al año.  También la ATF indica que el 62% de las armas recuperadas en México entre 2023 y 2024 fueron rastreadas hasta un comprador estadounidense en Arizona, y que la incautación del último año y 2 meses ha sido de más de 4,300 armas –cifra completamente insignificante comparada con el flujo de entrada de armas al año–.

Pero lo que me parece aún más importante, fueron las afirmaciones del ex agente de la ATF entrevistado. Dijo que la cadena de suministro de armas está más estructurada y controlada que la del tráfico de drogas, pues estas son:

Abundantes y fáciles de reemplazar, lo que hace que incluso las grandes incautaciones sean en gran medida irrelevantes. Las armas de fuego son diferentes. Los principales grupos criminales de México las tratan como un recurso estratégico vital. 

[…] Hemos invertido miles de millones en la guerra contra las drogas y solo una fracción de esa cantidad en el tráfico de armas. Si pierden sus armas, pierden la guerra. Se acabó el juego.

Esto significa que Estados Unidos es consciente de que un punto clave para combatir al crimen organizado es a partir de cortar su suministro de armas. Entonces ¿por qué sus incautaciones son tan ridículas? Bueno, pues aquí es donde se entrelaza el beneficio del capital y la hipocresía imperialista. Si realmente están preocupados por que el flujo de drogas está matando a sus ciudadanos y consideran a los cárteles mexicanos una amenaza para su seguridad nacional entonces cortarían el flujo de armas, pero la realidad es que ese negocio super lucrativo está por encima de la salud pública, la seguridad nacional y, por supuesto, por encima de la vida de los trabajadores mexicanos víctimas de la violencia del narcotráfico. 

La desesperación de la situación no debe nublarnos la vista. Trump no quiere salvarnos ni proteger a sus connacionales, él quiere controlar nuestro territorio, explotar nuestros recursos naturales y someter a nuestro pueblo obrero a la más terrible y servil explotación en pro de los intereses de los grandes capitalistas gringos. El combate al crimen organizado es sólo la excusa que oculta su real intención de asedio imperialista y, por ello, debemos rechazar rotundamente cualquier intentona injerencista. Basta echar un vistazo a Palestina, Irán o Cuba para notar la huella de devastación que deja el imperialismo a su paso.

Esto ha quedado claro, pero entonces ¿qué hacer? Porque sabemos que el gobierno reformista de la 4T no puede, ni ningún otro podrá resolver esta situación, dentro de los márgenes del sistema, porque no se trata de un problema de mala gestión o corrupción, este es un problema estructural.

Como clase trabajadora somos los que padecemos las consecuencias sociales de las relaciones de producción capitalista, pues la falta de inversión en la educación pública, de trabajos bien remunerados y con prestaciones, sistemas de salud y de cuidados deficientes, etc., son los factores que arrojan a los jóvenes y trabajadores de nuestra clase al consumo de drogas y a las garras del crimen organizado. Y si no hay inversión en estos sectores básicos es porque mermaría la ganancia de la burguesía legal y quebraría la base social de la que se nutre la burguesía ilegal, porque sí los grandes líderes del narcotráfico pertenecen a la clase capitalista, la diferencia es que sus negocios no están regulados por la legalidad burguesa.

Para los comunistas es claro que el problema de la violencia, producto del tráfico de drogas, sólo podrá resolverse por una vía revolucionaria que destruya desde los cimientos la estructura económica del capital. La única capaz  de lograr esa tarea es la clase obrera organizada. En cada barrio, escuela, centro de trabajo, debemos discutir nuestras problemáticas. Si el Estado burgués no es capaz de garantizar nuestra seguridad, nosotros, los trabajadores debemos tomar las riendas, organizar brigadas de vigilancia y autodefensa bajo control democrático de una asamblea popular. Emprender luchas obreras para mejorar las condiciones laborales, los servicios de salud y aumentar la matrícula en las universidades.

Esta forma de organización y lucha de clase nos dará conciencia de que somos los trabajadores los que movemos el mundo y por lo tanto no necesitamos de patrones nacionales o extranjeros, legales o ilegales, y, con nuestra fuerza, seremos capaces de derrotar al capital y la barbarie que acarrea.

Los trabajadores de Sinaloa y de México, no necesitamos que el imperialismo nos “salve”, necesitamos la organización de la poderosa clase obrera de nuestro país pues solo nosotros mismos podemos salvarnos con una lucha revolucionaria consciente por una nueva sociedad sin el yugo del capital, por una sociedad Comunista. 

Referencias

  1. https://www.nytimes.com/es/2026/03/11/espanol/america-latina/sinaloa-intervencion-estadounidense-carteles.html.
  2. https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2025/02/06/baja-el-respaldo-a-cooperacion-con-eu-encuesta-ef/.
  3. https://www.proceso.com.mx/nacional/estados/2026/1/2/el-2025-uno-de-los-anos-mas-violentos-en-sinaloa-365739.html.
  4. https://imdhd.org/redlupa/informes-y-analisis/informes-estatales/region-norte/personas-desaparecidas-sinaloa/.
  5. https://www.nytimes.com/es/2026/03/17/espanol/america-latina/cadena-suministro-armas-ee-uu-carteles.html.