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Un balance de la lucha en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

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Escrito por: Christian Medina

En las últimas dos semanas las y los universitarios pasamos de una aparente calma a una situación de organización y movilización constante. Desde el ataque porril del 3 de septiembre han sido miles los que han dejado de lado la rutinaria vida académica y comenzado a participar en asambleas, marchas, foros, mesas de trabajo etc.

Después de estas semanas los grandes problemas y las causas que nos sacaron a las calles están sobre la mesa: porrismo, antidemocracia, violencia de género, inseguridad etc. El reto está en convertir esas demandas generales en demandas concretas y específicas que nos permitan alcanzar victorias claras durante este proceso de movilización al tiempo que modifiquen la correlación de fuerzas para luchas venideras.

Hasta el momento, la Asamblea Interuniversitaria, en su papel instancia de dirección y coordinación, ha delineado una suerte de programa de lucha; sin embargo, peligrosamente nos falta un pliego petitorio que se convierta en la bandera de lucha en cada escuela, que nos ayude a convencer a cada estudiante -de la Universidad Nacional y de otras universidades- de la necesidad de movilizarse y que nos permita establecer lo antes posible un interlocutor a quien dirigir nuestras demandas. Mientras no suceda los anterior corremos el riesgo de desperdiciar la enorme fuerza que se expresó en la histórica movilización del 5 de septiembre.

En la FFyL desde el primer día de paro vemos un enorme ánimo de participación por parte de compañeros de todos los colegios. Significativo fue, encontrar en los espacios de reflexión que se impulsaron en la facultad, a muchos compañeros que se sentaron a discutir y llenar de contenido los ejes que salieron de la primera Interuniversitaria.

Cada día la jornada comenzaba a las diez de la mañana y no terminábamos antes de las 10 de la noche. Doce horas de escucharnos, defender posturas, debatir ideas y generar acuerdos. Un ejercicio profundamente útil para aclarar dónde estamos y lo que necesitamos para salir de la crisis en que nos ha metido este sistema económico llamado capitalismo que nos ofrece algo muy cercano a la barbarie.

Algunas conclusiones salieron de aquellas mesas; primera, solo con la movilización en las calles lograremos salir victoriosos; segunda, los grandes problemas que enfrentamos son el reflejo de los problemas que atacan a la sociedad en su conjunto y en consecuencia necesitamos que esta lucha trasciende las paredes de nuestra casa de estudios.

Desde luego se plantearon muchos otros debates, generales y específicos, hubo acuerdos pero también disensos. Cómo es normal, tuvimos ideas encontradas, algunas de ellas excluyentes, algunas otras reflejo de distintos caminos para un mismo fin. En ese sentido hubo temas en los que, al no tener consenso  se planteó dejarlos de lado para rediscutir después.

En la Asamblea General de la FFyL se presentaron los resultados de aquellos foros y una propuesta de pliego petitorio de la asamblea de la facultad hacia la Asamblea Interuniversitaria.

Lo aprobado por la asamblea está lleno de elementos que evidentemente serían un paso adelante para esta lucha, sin embargo, encontramos un problema de forma que no ayudó a que la Asamblea Interuniversitaria caminara rumbo a la formación de un pliego petitorio único.

En la mayoría de casos, los foros tuvieron por lo menos una docena de puntos de acuerdo sin jerarquizar alguno de ellos. El resultado: un pliego petitorio muy amplio que dificulta orientar nuestras baterías sobre puntos concretos por los cuales luchar.

La Interuniversitaria

Casi 24 horas después de iniciada la sesión tuvimos un boceto de pliego petitorio que se regresa a las escuelas para rediscutir y un plan de acción de 4 movilizaciones para las siguientes 2 semanas, una asamblea interfacultades y una interuniversitaria en quince días.

En nuestra opinión una tarea urgente para el movimiento era salir de la asamblea con un pliego petitorio claro que ayudará para la agitación y que permitiera crear un plan de movilizaciones que si bien se acercara a otros sectores del movimiento popular (los damnificados, la lucha por el aborto seguro, y desde luego el comité 68) también convocará una demostración de fuerza propia.

Desgraciadamente lo realidad es otra. Atorada entre propuestas para el pliego petitorio con demandas encontradas – algunas coincidentes otras no- y mandatos de asamblea -que tenían vacíos en la discusión- la asamblea decidió regresar el debate a las escuelas.

La herencia del CGH y la memoria de la huelga del 99 están presentes tanto en los métodos organizativos como en el ejercicio de los activistas, lo que incluye vicios y virtudes.

Aquellos que han participado anteriormente en el movimiento estudiantil posiblemente escuchan de una asamblea de 24 horas y lo ven como una asamblea más. Eso no sucede igual ante los ojos de aquel que por primera vez asiste a una. Posiblemente se ha normalizado la idea de discutir por horas y horas y tenemos la idea de que mientras más se alargue el debate mejor lo habremos hecho. Nosotros creemos que no es necesariamente así. Una asamblea de este tipo se convierte fácilmente en una asamblea donde no prevalece la mejor propuesta o la que tiene mayor arraigo sino la de aquél que mejor aguanta el sueño. Esto claramente no está cerca de ser democrático.

Un elemento que tampoco ayudó durante la Interuniversitaria fue el hecho de sólo poder votar aquellos puntos que se encuentran en el mandato de la asamblea local.

Nosotros compartimos en escencia la postura de que un representante debe ceñirse a lo que la base ha discutido y aprobado. Sin embargo hay momentos en los que esto puede inmovilizar el debate y atrasar la toma de acuerdos. En nuestro caso provocó que por ejemplo los representantes de la FFyL se abstuvieran de la votación en que se proponía que el movimiento se pronunciara contra la Reforma Educativa o qué pudiéramos posicionarnos claramente en uno de los de los debates sustanciales del eje de democratización: reforma a la ley orgánica universitaria o congreso universitario (debates que sí se dieron en la facultad pero en el que no votamos una postura). De haberse dado una decisión sobre este punto de enorme importancia, nos hubiéramos abstenido y la decisión tomada por otros.

La tradicion de regresar cada debate a las  asambleas locales  forma parte de la herencia del CGH que (en sus primeras semanas) se da en un contexto de paro de todas las escuelas y un movimiento con miles de estudiantes tomando las escuelas; sin embargo tenemos otra experiencia similar que es la del CNH en 1968 donde los representantes recibían un voto de confianza para la toma de decisiones confiando en su capacidad de análisis, con líneas generales y acuerdos de sus asambleas locales y siempre sometidos al principio de revocabilidad.

Llamamos pues a debatir fraternalmente el método organizativo que el movimiento necesita.

¡El movimiento debe pasar a la ofensiva!

Tenemos la posibilidad de impulsar un movimiento que trascienda las cuatro paredes de UNAM. Faltan quince días para la próxima Asamblea Interuniversitaria de la que debe salir un pliego petitorio y un plan de acción que nos lleve a la ofensiva.

En este tiempo las facultades y escuelas más activas deben generar una enorme campaña de brigadeo a cada rincón de la Universidad, debemos nutrir las asambleas locales y reforzar los vínculos con los trabajadores y los profesores. Pensando en una gran jornada de lucha a nivel nacional para:

¡Echar a los porros de la UNAM!

¡Contra la antidemocracia!

¡Ni una asesinada más!

¡Defendamos la educación pública y gratuita!

¡Camaradas, no tenemos nada que perder, salvó nuestras cadenas!

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