Reforma o revolución en la lucha de independencia de México

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Septiembre es el mes que conmemoramos la independencia, pero lo que celebramos no es su consumación sino el inicio de la lucha. Festejamos la insurrección popular de 1810, donde los dirigentes más consecuentes y distinguidos, de las primeras etapas de la revolución de independencia, representaron a su vez el ala jacobina más radical. Pero la consumación de la independencia en 1821 poco se celebra pues reflejó ese pensamiento retrograda que no podía impedir el cambio de la historia pero que hicieron todo lo posible para mantener lo más que se pudiera del viejo orden y de sus privilegios.

El individuo puede en ciertos momentos jugar un papel determinante, Hidalgo, frente a los titubeos, en ese momento crítico, de Allende y Aldama, impulsó el levantamiento popular, una insurrección de masas. Los explotados aprovecharon esto y tomaron venganza de 300 años de sometimiento y explotación, poniendo su sello de clase en el proceso. La mayoría de los criollos, que no aspiraba a una revolución profunda, se asustaron del propio movimiento que levantaron, empezando por el mismo Ignacio Allende con quien Hidalgo entraría en profundas divergencias políticas, programáticas y militares.

La mente humana es muy conservadora y se resiste a los cambios pero los grandes acontecimientos pueden sacudir las mentes. La toma de Madrid por parte de la Francia napoleónica en 1808 terminaría derrocando al rey y con eso se generó un vacío de poder en las colonias americanas, ante ese hecho surgieron varias ideas desde quienes platearon incorporarse a Francia (país vinculado con la revolución), hasta el luchar por el regreso al poder de Fernando VII o quienes terminarían planteando ideas independentistas.

Los españoles, la clase con mayores privilegios en la nueva España, vieron enormes peligros con los sectores más radicalizados, que no iniciaron conspirando sino debatiendo públicamente. Luis Primo de Verdad plantearía una reforma, dentro de toda la institucionalidad establecida, que ponía sobre la mesa que los americanos se pudieran gobernar solos. Esas ideas se veían con enorme riesgo por los sectores que se habían enriquecido en la estructura monárquica colonial. Un sector de gachupines (españoles nacidos en Europa) hizo un golpe de Estado al virrey Iturrigaray llevando a los calabozos a Primo de Verdad.

La reacción gachupina descartó cualquier cambio legal y puso sobre la mesa la lucha armada. Algunos se plantearon con claridad la república y la independencia y otros un sistema monárquico aun atado a España pero con algunas concesiones para los criollos y reformas liberales. Plantearse como una república independiente ponía sobre la mesa no solo acabar con la pesada estructura monárquica sino también con el sistema de saqueo con el cual se enriqueció España y un pequeño sector de la nueva España que había sumido a la sociedad en la más brutal explotación, por eso la reacción contra los cambios en este sentido fueron fuertes y algunos criollos tampoco los querían. Entre los insurgentes el debate fue el plantearse como los defensores del derrocado Fernando VII y así ganar concesiones o bien plantear la clara independencia.

Hidalgo vs Allende

Muchos historiadores resaltan que Miguel Hidalgo, en la noche del 15 de septiembre, dentro de su grito dijo “¡Viva Fernando VII!”. Esa idea en realidad no pertenecía a Hidalgo, sino a Allende, quien dos semanas antes de la insurrección de septiembre, le escribió a Hidalgo lo siguiente:
“Se resolvió obrar encubriendo cuidadosamente nuestras miras, pues si el movimiento era francamente revolucionario, no sería secundado por la masa general del pueblo y el alférez real don Pedro Septién robusteció sus opiniones diciendo que si se hacía inevitable la revolución, como los indígenas eran indiferentes al verbo libertad, era necesario hacerle creer que el levantamiento se lleva a cabo únicamente para favorecer al rey Fernando”.

Una característica de los reformistas es que aunque alardeen por la revolución no cree que esta sea posible, no tienen confianza en la capacidad de lucha de las masas. Les asusta la revolución, para ellos hablar claramente de revolución espanta a las masas y “tácticamente” no debes hablar en voz alta de ello.

Para que no quede duda de la posición de Miguel Hidalgo, valdría la pena citar la carta al intendente de Guanajuato, Juan Antonio Riano, escrita el 21 de septiembre de 1810, donde le confiesa:

“deseamos ser independientes de España y gobernarnos por nosotros mismos. La dependencia de la Península por 300 años, ha sido la situación más humillante y vergonzosa, en que ha abusado del caudal de los mexicanos, con la mayor injusticia, y tal circunstancia los disculpará más adelante”.

No podemos abstraernos de situaciones de represión brutal de aquel momento, el Estado Monárquico español fue particularmente salvaje y engañar al enemigo es completamente legítimo. Por eso se entiende que Hidalgo, y también Morelos, cedieron ante la presión de la derecha de los insurgentes y llegaron a usar el llamado a que regrese Fernando VII al trono pero ellos realmente lo hicieron de forma táctica y más allá de un discurso la práctica demostraría las posiciones concretas de cada tendencia.

La insurrección de Hidalgo en muy pocos meses fracturó al régimen monárquico, que antes se veía inamobible. Los insurgentes tomaron ciudades de gran importancia y establecieron un gobierno paralelo en los territorios que iban liberando donde tomaban medidas prácticas políticas (como el liberar a los presos), sociales (como la abolición de la esclavitud de Hidalgo) y económicas (como poner bajo su control los sectores económicos de las zonas liberadas), hacían decretos y tenían un cuerpo armado controlando el territorio para sus fines. Se estableció un doble poder en la Nueva España, uno era la vieja monarquía española y otro la lucha por la naciente sociedad. Una situación de doble poder es inestable y al final uno de los dos poderes debe triunfar aplastando al otro.

Allende contra Hidalgo

En el transcurso del proceso las divergencias entre Allende e Hidalgo crecieron. La divergencia política central fue entre fernandismo o independencia. Otro punto de divergencia es que Hidalgo levantó a la plebe en insurrección mientras que allende planteaba un ejército más cohesionada y disciplinado, había parte de razón en lo que Allende decía pero también un deprecio de clase ante la plebe. Hidalgo no fue un estratega militar y cuando tuvo la oportunidad no se atrevió a tomar la ciudad de México, algo que Allende entendía como básico para el triunfo del movimiento. Ese error estratégico iniciaría el declive de esta primer campaña insurgente y del propio cura de Dolores, que terminó preso del mismo Allende (después que sus intentos de envenenarlo no fueron exitosos).

Este primer levantamiento insurgente sería derrotado y sus líderes encarcelados. Pero la mecha de la revolución se había encendido y era muy pronto para que agotara su fuego.

Ya preso por la corona española, Hidalgo, en el proceso jurídico al que fue sometido, que lo llevó a la muerte, dijo que “aunque no se le ha dicho la causa de su prisión, supone que sea por haber tratado de poner en independencia este reino”.

Mientras que por su lado, Allende declaro que: “parte del disgusto que se generó entre él e Hidalgo se debió a que el eclesiástico comenzó a dar muestras de pretender la independencia de la Nueva España en perjuicio de los derechos de Fernando VII”. Allende al final intentaría, para salvar su vida, convencer a sus enjuiciadores de que lo aceptaran dentro de las filas del ejército realista para luchar contra los insurgentes.

López Rayón toma la estafeta

Tras el enorme descalabro de la derrota de Allende e Hidalgo se corría el peligro de que el movimiento insurgente fuera a la deriva. Ignacio López Rayón, quien había luchado con Hidalgo, llamó a los jefes insurgentes que habían tenido su nombramiento por el padre de Dolores a una reunión en Zitacuaro donde se conformaría una Junta que se establecería como gobierno central del territorio liberado y como dirección militar del movimiento insurgente. Éste movimiento tuvo enorme importancia para mantener vivo y cohesionada al movimiento insurgente. Tuvo tal impacto que incluso Simón Bolivar habló de ella en su famosa Carta de Jamaica.
Rayón era políticamente más cercano a Allende que a Hidalgo. Antes de conformar la junta envió una carta, junto a José María Liceaga, al Virrey Venegas en la que dice:

“se ha ido vilmente entregando al dominio de Bonaparte, con proscripción de los derechos de la corona y prostitución de la santa religión; la piadosa América intenta erigir un congreso o junta nacional bajo cuyos auspicios, conservando nuestra legislación eclesiástica y cristiana disciplina, permanezcan ilesos los derechos del muy amado señor don Femando VII”.

Ésta carta buscaba un pacto de reconciliación pero al no tener eco se instauró la Suprema Junta Nacional Americana el 19 de agosto de 1811, pero en pro del regreso de Fernando VII. Morelos reconoció dicha junta sólo porque señalaron que esa política era táctica y que en realidad buscaban la independencia.

Morelos, quien desarrolló un movimiento más consistente con triunfos militares más destacados que quienes presidian la Junta entró en conflicto por la dirección del movimiento a la vez que las diferencias se fueron cristalizando.

La Junta jugó un papel relativamente progresista, uno de los aspectos positivos era el que permitía mantener la coordinación, comunicación y el debate entre los dirigentes insurgentes. Morelos tenía como ideario el plan de Gobierno que Hidalgo había elaborados y le había proporcionado. Gracias a su integración a la junta pudo conocer la constitución liberal de Cádiz, que fue promulgada en una España turbulenta, así como los puntos constitucionales, documento que elaboró Ignacio López Rayón.

Rayón tiene el mérito de haber sido el que estableció el primer documento doctrinario del movimiento conocido como los Elementos constitucionales que son sin duda un paso al frente. Los planteó para su debate dentro de los vocales de la junta y pidió a Morelos sus opiniones. Morelos dio largas y dejó que la lucha real se desarrollara, con su avance a Oaxaca, siendo el momento cúspide de la revolución de independencia sustituiría a la Junta con el congreso de Anahuac dejando los puntos constitucionales relegados por Los Sentimientos de la Nación. Morelos quería ir más allá

Morelos toma elementos de Rayón pero otros muestran las diferencias claras, las diferencias de un liberal moderado que no se atrevía a hacer la revolución radical y un jacobino que planteaba la independencia plena bajo el establecimiento de una república. Mientras Rayón dice en su punto 4° que: “La América es libre e independiente de toda otra nación”, Morelos pone ese punto al inicio de su texto y deja de lado toda ambigüedad señalando: “Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones”.

Rayón, por una independencia conservadora

Aunque Rayón nombra la independencia, en su artículo 4° deja en clara su posición al señalar

“La Soberanía dimana inmediatamente del pueblo, reside en la persona del Señor D. Fernando VII, y su ejercicio en el Supremo Consejo [sic] Nacional Americano”.

Morelos sin embargo señala:

“La Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en Legislativo, Ejecutivo y Judiciario, eligiendo las Provincias sus vocales, y éstos a los demás, que deben ser sujetos sabios y de probidad”.
Ésta es la clara diferencia entre pugnar por una monarquía constitucional, manteniendo gran parte de los privilegios del pasado, y la república, planteando también cambios sociales.

Rayón tiene elemento progresistas como el rechazo a la tortura, que era el método cotidiano de los poderes virreinales, y la libertad de imprenta. Establece la división de poderes lo cual era progresista en su momento y Morelos va a un más lejos y plantea la abolición de la esclavitud y las castas, dice:

“Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro, el vicio y la virtud”.

Un punto flaco tanto de Rayón como de Morelos es la intolerancia religiosa, ambos señalan que no se admitirá otra religión que la católica.

La junta de Rayón seria sustituida por el congreso constituyente de Anahuac, de Chilpancingo, y con esto su figura relegada a un segundo término. Ahí todavía defendió apoyarse en la figura de Fernando VII pero ya estaba en clara minoría.

Tras la ejecución de Morelos a manos de los realistas el congreso de Chilpancingo sería disuelto y se restablecería una nueva junta para reorganizar el movimiento insurgente, Rayón no reconocería a la nueva junta que unificaría al movimiento y los insurgentes lo considerarían un traidor, al grado que terminarían persiguiéndolo. Al quedar preso tuvo suficientes elementos de conciliación en su historial que terminaría salvando la vida.

Morelos e Hidalgo, en medio de la enorme brutalidad de las torturas, con el peso de las derrotas sufridas al final de sus vidas, flaquearon. Hidalgo tuvo miedo del poder que desató al liberar a la lucha a las masas y Morelos, católico convencido, actuó en su juicio para salvar su alma. Eso podría criticárseles pero también hay que reconocer que en vida actuaron con congruencia y nunca tuvieron una actitud de claudicar pasándose al bando enemigo como ocurrió con los líderes de la tendencia fernandista.

La revolución de Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón fue derrotada, aunque tuvieron un impacto de las masas populares que entraron en acción, ésta tenía un carácter burgués pues su triunfo hubiera significado romper con los requisitos monárquicos feudales y sentar las bases para una república que iría al capitalismo. Su derrota retrasó el proceso, pero ser derrotados luchando dejó un referente muy importante para las futuras generaciones.

Estos personajes los admiramos porque fueron revolucionarios de su tiempo que por eso mismo fueron perseguidos y atacados por el estado y el sistema contra el cual lucharon y entraron en conflicto con los elementos titubeantes y reformistas que tendían a la conciliación. En la época actual debemos llevar la igualdad no sólo ante la ley sino en la realidad misma, una igualdad que debe ser ante todo social que acabe definitivamente con todo tipo de clase social y los privilegios para unos cuantos poseedores.

Liberales vs conservadores

Una pequeña fisura en el ala de un avión, que puede parecer insignificante, puede provocar la caída de un avión que ha emprendido el vuelo. El debate entre el apoyarse en Fernando VII y luchar por la independencia sería sólo el inicio de una enorme divergencia en la sociedad mexicana en las siguientes décadas con secuelas que se mantienen hasta el día de hoy.

Tener como política la conciliación con un régimen y sistema caduco lleva a la adaptación con el sistema que se combate. Así, estas políticas fernandistas fueron claudicantes y era viable cambiar de bando, como incluso lo intentó Allende y Rayón. La independencia sería un proceso similar pero en sentido inverso, donde estas posiciones se juntarían.
Iturbide, un general realista, traicionaría a los monarcas españoles y se declararía la independencia pero con el establecimiento de un nuevo imperio con la promesa de traer un gobierno borbón pero conformando un parlamento. Al final no trajo al borbón y disolvió al parlamento, generando un nuevo levantamiento armado donde se vio obligado a restablecer el congreso y renunciar.

Con Iturbide se abre un proceso de enorme inestabilidad que maduraría en el surgimiento de dos tendencias: la conservadora y la liberal. Los primeros eran representados por los mayores poseedores de tierras y riquezas, incluyendo la propia iglesia, quienes defendieron la intolerancia religiosa y el mantener o regresar a las viejos formas de explotación perdidas en el proceso de lucha. Entre los que buscaba un protectorado extranjero, debido a que no se dejó de tener acoso de las grandes potencias imperialistas y se veía como la única forma de generar estabilidad. Al final ellos terminarían abalando la intromisión de las fuerzas imperiales francesas y el imperio de Iturbide contra Juárez y los liberales de la reforma.

La otra tendencia fue la liberal que en sus mejores representantes tuvo a jacobinos que al finar terminarían rompiendo con la intolerancia religiosa, defendiendo una constitución liberal y con una lucha revolucionaria contra las intervenciones imperiales e imperialistas realizaron una revolución burguesa sin burguesía (dado que los elementos burgueses eran muy débiles numéricamente y los que había no apoyaron esta revolución que fue encabezada por elementos pequeñoburgueses).

Revolucionarios vs reformistas

Ocultar el programa por una razón táctica puede hacer que puntos estratégicos queden ocultos y la práctica cambie y con ellos lo que en teoría se dice por táctica se vuelva el objetivo. Éste método además puede atraer a oportunistas que se oculten bajo el ropaje de no hablar las cosas claramente por táctica, adoptando programas ajenos. Por supuesto que tenemos que explicar las ideas radicales en un lenguaje comprensible basándote en el nivel de conciencia concreto de las masas pero la conciencia no es algo estático y se puede desarrollar. El papel de los revolucionarios no es ir a la retaguardia ni basarnos en prejuicios que debemos romper sino ayudar a sacar conclusiones hacia adelante. Cuando se entra en un proceso de auge de la lucha, y más si éste es abiertamente revolucionario, lleva a que las masas dejen atrás prejuicios del pasado y viejas ideas pueden quedan obsoletas. La voz del revolucionario no debe ser la voz de los prejuicios del pasado sino del porvenir.

Cuando un sistema social se convierte en un freno para el desarrollo de la sociedad (como ocurrió con la sociedad virreinal y como ocurre hoy bajo el capitalismo), se necesita un programa que debe establecer los objetivos claros para la revolución y deben ser defendidos por los revolucionarios en las distintas etapas buscando ganar la mayoría para estos objetivos que permitan la transformación radical de la sociedad. Este proceso puede implicar la unidad temporal con otras tendencias que permitan un movimiento más cohesionada que permita enfrentar al viejo régimen establecido pero debemos aspirar a fortalecer el ala revolucionaria y ganar la mayoría, como lo hizo Morelos en su momento.

El debate entre fernandistas e independistas permite entender en parte cierta evolución política en nuestro país pero ante todo plantearnos la necesidad de, en la lucha actual, asumir una posición reformista o revolucionaria dentro del proceso de lucha por la transformación social.

Tener una posición revolucionaria de por vida implica primeramente tener una postura revolucionaria coherente. Desde entonces la rueda de la historia ha seguido girando, las masas populares han puesto su huella en los procesos revolucionarios pero al nacer la clase obrera y desarrollarse el capitalismo se planteó, además, la necesidad de una sociedad sin clases.

Lo que es necesario en un momento necesitado debe sustituir a la vieja realidad pero a la postre debe ser sustituido por una futura necesidad. Ser liberal hoy significa estar a la derecha del movimiento de transformación social e implica hoy la conciliación con el sistema establecido y las clases que lo dirigen, lo que derivará, tarde o temprano, en pactos que rehúyan la revolución y permitan mantener gran parte de la podrida sociedad establecida.

Hoy lo que necesitamos es que el poder lo detenten los trabajadores, quienes debemos poner la economía bajo nuestra propiedad y control democrático para distribuir equitativamente la riqueza y construir una sociedad que acabe con la explotación y extinga las clases, la opresión y represión. Estas tareas no eran posibles en la época de Hidalgo y Morelos pero son las tareas de los revolucionarios de hoy. Tener una política de conciliación esperando que podemos reformar este estado, apoyarnos en los viejos políticos y en la benevolencia de la clase capitalista, es como buscar que regrese Fernando VII para conseguir nuestra independencia.

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