¿Por qué debemos seguir luchando por la reducción de la jornada laboral?
Saúl Haro, Comisión Obrera y Sindical PCR
La iniciativa de reducir la jornada laboral semanal avanzó a paso lento en el debate parlamentario y en febrero el Congreso votó a favor de la reforma a la reducción de la jornada. Sin embargo, no puede ser considerada un éxito para la clase trabajadora, no contempla ninguna reducción a la jornada semanal durante todo el año 2026 para después reducir gradualmente la jornada semanal máxima legal restando 2 horas por año. Además, no establece la obligatoriedad de los dos días de descanso, en caso de que se consiga será por negociación entre el patrón y el trabajador. Pero la relación social entre capital y trabajo NO ES UNA RELACIÓN ENTRE IGUALES.
Esta reforma pudo ser de las más importantes del sexenio, pero confirma que los avances reales en la jornada laboral provienen de la lucha entre burgueses y proletarios, no del Congreso.
Implicaciones económicas de la reducción de la jornada
El capital es una relación social que se establece entre propietarios de medios de producción y vendedores de fuerza de trabajo. El capital es una relación de poder. Este poder emana del hecho de que el obrero, al no poseer por sí mismo los medios de producción, tiene que vender su capacidad de trabajo a quien si los tiene a cambio de un salario; y este dueño puede dejar de comprar la fuerza de trabajo del obrero. Que un patrón ya no quiera comprarle su fuerza de trabajo equivale para el obrero una sentencia a morir de hambre. De ahí que el obrero no organizado no puede inclinar la balanza a su favor.
Cuando tú activas una máquina para transformar una cosa en otra o para proporcionar un servicio lo que haces es crear algo externo a ti que se intercambia en el mercado como mercancía. Estas mercancías (bienes o servicios) no podrían existir sin el trabajo humano. El trabajo humano es la única sustancia creadora de valor.
Cuando un patrón te compra tu fuerza de trabajo durante una jornada, hay una parte de esa jornada en la que se “repone” lo que ese patrón ha desembolsado en salarios, es trabajo necesario. Sin embargo, la jornada laboral siempre es más larga que el tiempo que tarda un obrero en producir una riqueza equivalente a su salario. El resto de la jornada el trabajador se la pasa produciendo riqueza que va a ser expropiada por el burgués.
Esta riqueza que el trabajador produce, pero de la que se apropia el burgués, es la plusvalía y la extracción de esta es lo que le permite a la clase capitalista ser la dominante. Y aquí es donde uno pensaría que tiene que intervenir el Estado, para proteger los derechos básicos de los trabajadores, ¿no?
El papel del Estado
El Estado surge históricamente junto con los antagonismos de clase, originados por la apropiación privada del excedente de producción. No es una entidad neutral: su función principal es proteger la propiedad privada de los medios de producción y, en particular, los intereses de la gran burguesía.
Para hacer esto tiene un repertorio de medidas y técnicas, vistas en la historia nacional. Cuando las finanzas de Hacienda dan para ello, se pueden otorgar nuevos derechos, para que no haya grandes huelgas; cuando no, entonces se pasa a la pérdida de salarios, privatización de empresas y rescate de bancos privados; todo para asegurar que los patrones puedan seguir haciendo negocios. Si en un momento los trabajadores ya no están conformes, recurren a la represión abierta, incluso en los años recientes y a pesar de todos los discursos de no reprimir jamás al pueblo.
Y llegamos a la reforma de reducción de la jornada laboral. A pesar de que se establece muchas veces que el texto de reforma fue elaborado con representantes de los sectores obrero y sociedad civil; fueron mesas de diálogo en las que la voz prioritaria fue siempre de la burguesía. Monreal, legislador del partido gobernante, se enorgullece de lo mucho que se tomó en cuenta a los empresarios. Demuestran que la conciliación parlamentaria de la lucha de clases es una farsa.
El dictamen aprobado por las dos cámaras —de 26 páginas, con numerosos argumentos presentados por Sheinbaum que pueden usarse a favor de tener dos días de descanso— resulta difícil de entender por qué la redacción final de la Fracción IV del Artículo 123 Constitucional sea: “Por cada seis días de trabajo […] por lo menos un día de descanso”.
No se tomó en cuenta que un “descanso efectivo” para disminuir las afectaciones de salud provocadas por condiciones laborales y para aumentar significativamente la productividad necesita de más de un día y que la prioridad siguió siendo del ritmo de producción para satisfacer los ritmos de ganancia. Lo que el Estado hizo fue proteger los intereses de la clase dominante.
La otra modificación es la Fracción XI del Artículo 123. Esa fracción establecía que la cantidad máxima de horas extras que el patrón te podía pedir trabajar a la semana eran 9 y te las tenían que pagar al doble. Ahora el patrón te va a poder pedir hasta 12 horas extras repartidas en 4 días a la semana. La jornada semanal máxima, en términos legales, estaría pasando de 57 a 52 horas. Con esta reforma los empresarios mantienen la posibilidad legal de hacerte trabajar más de 50 horas a la semana, no se consigue el segundo día de descanso y se deja intacto el poder coercitivo del patrón.
¿Dónde están los sindicatos?
Los sindicatos son organizaciones encargadas de agrupar a la clase trabajadora para estudiar, defender y mejorar los derechos de sus agremiados. La ley establece un piso mínimo de condiciones laborales, sin impedir la obtención de derechos adicionales a partir de ese piso mínimo. ¡Al contrario! El piso está para que construyas. Debería ser tarea de los sindicatos luchar por condiciones mejores a las de Ley, incluyendo jornadas más cortas.
¿Cómo podría haberse conseguido esto? Mediante una acción más combativa.
Para negociar un contrato colectivo, un sindicato debe emplazar a huelga; si las negociaciones fracasan, puede estallarla. Sin embargo, en México muchos sindicatos han sido cooptados por el Estado, cuyo papel es poner un tope a la lucha de clases y proteger a la clase dominante.
La perspectiva del sindicalismo independiente podría ser más prometedora. Ha logrado algunos avances, pero muchos aún no superan el piso mínimo. Se requiere un sindicalismo que asuma seriamente la tarea de mejorar los derechos de toda la clase trabajadora, movilice constantemente a sus bases y no tema salir a las calles.
Qué camino debemos tomar los trabajadores
Morena es un partido que muchos obreros ven como su dirección política dado las esperanzas que aún existen por la 4T, pero cuya dirigencia se niega —por vínculos personales y por cobardía— a romper con la gran burguesía. Termina defendiendo sus intereses, más allá de las reformas que impulse, y no propone una semana con dos días de descanso porque la burguesía busca evitarla a como dé lugar.
Defendemos la lucha por un segundo día de descanso, porque tienes derecho al tiempo libre y a organizarte políticamente. Esto es: a usar un día para descansar y el otro para reunirte con tus compañeros, sindicalizarte, asistir a asambleas y luchar contra las pobres condiciones laborales.
Una clase obrera con tiempo para organizarse políticamente —tiempo que antes se destinaba a la extracción de plusvalía— es una pesadilla para los patrones, más aún en un contexto de ataques globales a sus derechos. En el plano económico, el gobierno mexicano ha adoptado las condiciones comerciales impulsadas por Estados Unidos, lo que no ha evitado el cierre masivo de fábricas en el norte. Se profundiza así la precarización laboral y se desvanece la perspectiva de empleo. ¿No concedieron las 40 horas y dos días de descanso? Entonces, vamos por 35.
La lucha por una jornada laboral más corta se articulará con la lucha por el derecho al empleo, y tarde o temprano millones llegarán a la conclusión de que ambas son una sola: la lucha contra el capitalismo. Esta solo podrá triunfar con un partido independiente de la clase obrera, un Partido Comunista Revolucionario.
¡35 horas y 2 días ya!
¡Por la construcción del PCR!
