Asfixia: La patología social del personal médico

Martin Vásquez

El 6 de febrero del 2026, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) circularon un comunicado en el que, bajo el argumento de proteger la salud física y mental del personal de salud en formación y reducir riesgos asociados a la fatiga extrema en la atención de pacientes, se estableció un límite máximo de 24 horas continuas de trabajo para médicos residentes e internos de pregrado (1). En un país que lucha por conquistar el máximo de 40 horas laborales a la semana con dos días de descanso, el gremio médico apenas consiguió reducir la jornada de 40 a “solamente “24 horas contínuas cada 4 días, con jornadas de 8 a 12 horas intercaladas entre ellas. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿de dónde surgen estas condiciones laborales en el entorno médico?


“Becados” baratos, no empleados

Para entender cómo existen en México regímenes laborales contrarios a toda ley moderna, hay que descifrar los huecos legales inventados por el propio sistema de salud. A pesar de que constituyen la principal fuerza operativa de las unidades médicas, los médicos internos y residentes no son considerados por el Estado como trabajadores formales, sino como becarios (2). Esto significa que no gozan de derechos laborales, horarios establecidos y regulados, ni la seguridad de recibir becas en tiempo y cantidad suficientes. Condiciones así no se ven en otra parte del mundo.

El Médico Interno de Pregrado, por ejemplo, llega a trabajar alrededor de 100 horas a la semana y ganar entre 2 y 4 mil pesos al mes. El Médico Residente, ya en su posgrado y con una carga mayor de presión y responsabilidad, gana un promedio de 16 mil pesos mensuales, los cuales, naturalmente, no corresponden a la exigencia física, mental y emocional que la práctica médica en el capitalismo plantea. Todo esto al final parte de una misma explicación: los Médicos Internos de Pregrado y los Médicos Residentes son mano de obra barata (3).

Bajo el sistema capitalista, incluso los gobiernos reformistas que se pintan de “humanistas” necesitan minimizar más allá de lo criminal los costos de mantener sistemas públicos indispensables para la población. La precarización del sistema de salud mexicano, entonces, no es accidental, sino funcional a un sistema que necesita reducir costos en servicios públicos estratégicos para la clase trabajadora, a su vez, que aumenta el gasto presupuestal en otras áreas como las Fuerzas Armadas (que, huelga decir, en el último periodo han hecho el trabajo migratorio en la Frontera Norte para el imperialismo estadounidense). El Estado, lejos de ser neutral, ejerce su papel por excelencia: como herramienta de opresión de una clase por otra. En resumen, la realidad laboral médica en la actualidad no es ajena a la lucha de clases.

Son ampliamente conocidas las graves deficiencias que existen en la Salud Pública en cuanto a insumos y medicamentos, así como en la calidad de la infraestructura de salud. Lo anterior está completamente ligado a los enormes recortes de recursos financieros, humanos y materiales que el Estado ejerce para permitir el crecimiento del sector de salud privado y mantener a la burguesía nacional contenta acaparando, encareciendo y precarizando la salud de la clase obrera mexicana. Paralelamente, la terrible precarización laboral que el personal de salud padece ha funcionado como el opio para entorpecer y retrasar su toma de conciencia de clase y su adherencia al lado de los demás obreros mexicanos por su liberación total.


Meritocracia, perpetuación de la riqueza y capital cultural

Y si al personal de salud le va tan mal, ¿por qué no estamos organizados? ¿Por qué no los vemos movilizarse en masa por una causa única?

Ante la falta de recursos jurídicos que favorezcan la seguridad laboral, y la traición de los dirigentes charros en los sindicatos de los trabajadores de la salud hacia los mismos trabajadores, el control y abuso que ejercen las autoridades burocráticas en las distintas cadenas de jerarquías es total. La intimidación y arbitrariedades están a la orden del día. Constantemente médicos que se atreven a protestar individualmente son despedidos y silenciados.

Aún así, existe una forma de censura y represión más poderosa que cualquier amenaza de los superiores: la autocensura. El ámbito laboral médico es, desde hace siglos, considerado como una profesión adecuada para la élite, donde esta se siente cómoda. La creencia popular de que “a los médicos les va bien” es una mentira que, bajo el mito de la movilidad social, alimenta la ilusión del explotado por ser explotador y, en consecuencia, produce individuos que no han nacido en cuna de oro, pero que están dispuestos a soportar abusos y llevarse a sí mismos al límite con tal de algún día quizás poder trabajar en una institución privada y gozar de una mejora en su calidad de vida, así como de un prestigio entre la élite médica. Sin embargo, la realidad que choca de frente contra estas aspiraciones es que en la medicina tampoco existe la meritocracia. En algún momento, en pleno auge del desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo, pudo ser cierto que las profesiones ofrecieran elevar el nivel de vida de quienes pudieran estudiar, pero el sistema actual, en su senil acumulación de contradicciones y crisis es incapaz de ofrecer los mismos resultados. La bancarrota del sistema conduce a que la herencia de capital económico y cultural, los contactos de familias acomodadas, y el acceso a recursos clave pesan más que el esfuerzo de los médicos surgidos de la clase proletaria, igual que como sucede en el resto del mercado laboral.

El aspiracionismo irreflexivo, producto del capitalismo, además, alimenta la idea de que la especialización es una necesidad virtuosa, y esto, junto con el total desinterés de los gobiernos por prevenir antes que tratar enfermedades, daña la posibilidad de construir un sistema de salud preventivo enfocado en la Atención Primaria en Salud (APS) como recomiendan los consensos científicos actuales.

La evidencia para tales afirmaciones existe tanto en México como a nivel internacional. Más allá de los ya conocidos obstáculos para el acceso del proletariado y campesinado a la educación superior, una vez dentro de esta, estudiantes de medicina de origen socioeconómico bajo enfrentan mayores obstáculos para acceder a oportunidades profesionales y a especialidades competitivas, traducido en probabilidades significativamente menores de ingresar a programas educativos y laborales atractivos en comparación con estudiantes provenientes de hogares con altos ingresos (4). Datos en México han demostrado diferencias estadísticamente significativas en el promedio de aceptación de aplicantes del Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) provenientes de un nivel socioeconómico menor y de regiones geográficas particulares (5). Por ello, la escasez de plazas competitivas para la especialización no es solo un problema logístico, sino un mecanismo de reproducción de desigualdad y la evidencia de la necesidad de una economía y educación planificada al servicio de la clase trabajadora. La medicina, como algunas otras áreas estratégicas, evidencia la lucha de clases en la sociedad.

El impacto real y medible del sistema económico

La desigualdad no es una condición natural en la humanidad. Su origen se encuentra en una sociedad dividida en clases y sus consecuencias son plenamente observables.
México destina solamente 5.9% de su Producto Interno Bruto (PIB) al gasto en salud, muy inferior al promedio mundial de 7.09%, esto se traduce en contar con 1 cama de hospital por cada 1000 habitantes en comparación con las 4.2 a nivel internacional. En cuanto al personal médico, en este país se dispone de 2.7 médicos por cada 1000 habitantes contra los 3.9 del promedio internacional (6).

La evidencia y la experiencia muestran que esto es insuficiente para las necesidades de la población, pero bajo el sistema capitalista, los recursos de un país no se destinan prioritariamente a donde se necesitan. Si acaso, se “derrama” el mínimo indispensable para no llevar al colapso inmediato a la clase trabajadora, pero la prioridad es el incentivo al crecimiento del poder y recursos de la burguesía nacional e internacional.

Bajo un esquema así, todas las áreas críticas, entre ellas la seguridad y el desarrollo del campo, enfrentan limitaciones graves, y una consecuencia es que el 28% de médicos en México no ejercen como tales, entre muchas razones, por rechazo a practicar en zonas rurales por temor a la inseguridad y escasez de recursos (7).

Igualmente, las condiciones laborales de internos, residentes y médicos de base tienen su origen en esta situación. Si no hay recursos para incrementar las plazas, el ENARM debe mantener una tasa de aceptación de candidatos de entre 37 y 41% 8, muy inferior a las estadísticas internacionales (9), y la baja proporción de personal capacitado frente a las necesidades reales de la población lleva a condiciones laborales terribles como las expuestas al inicio del artículo. Se necesita aumentar el gasto nacional en salud para aumentar en cantidad y calidad las plazas laborales y de prácticas proporcionalmente con la demanda social. Sin embargo, vemos que el Estado burgués prefiere seguir aumentando el presupuesto federal en otras áreas, como lo es el gasto al ejército y la militarización. Y, sobre todo, nuestra economía se encuentra plenamente dependiente del imperialismo estadounidense y los vaivenes de la frágil economía mundial. Si queremos hablar de mejorar las condiciones laborales y de vida, en este caso del sector salud, es necesario vincularlo con la lucha contra el imperialismo y capitalismo, pero esto no es algo que hará la burguesía, por lo que nos corresponde a la clase trabajadora asumir estas tareas.

Enajenación de la realidad material en la explotación

No solo el médico en formación es víctima de dicho sistema. En nuestro país, la precariedad salarial y de oportunidades es tan apremiante, que especializarse (e incluso subespecializarse) se percibe como una necesidad más que como una vocación. Un médico general con licenciatura completa enfrenta retos mucho más parecidos a los del resto de su clase. La mayoría de médicos y médicas en México, incluso aquellos con especialidad, tendrá que trabajar dos turnos, muchas veces uno privado y uno público, renunciar a su vida personal aún mucho después de terminar numerosos posgrados, y perseguir cada día con mayor desilusión las migajas que le caigan. Bajo este contexto, se logra el otro objetivo del diseño institucional del sistema de salud como herramienta de la burguesía: aquél que está demasiado ocupado se enajena de su realidad y de su comunidad. El trabajo se convierte en su propia justificación ontológica, y toda posibilidad de formación política u organización colectiva se toma como un signo degradante de ociosidad, y es mal visto dentro del propio gremio. Como consecuencia directa, más del 50 % de residentes en México padecen síndrome de burnout entre moderado a severo el cual se caracteriza con fatiga emocional, despersonalización y disminución de realización personal (10).

Es así como se llega a las mismas conclusiones que tantos otros trabajadores desilusionados han sacado: “el mundo que tenemos es la única opción, lo único que podemos hacer es trabajar más para salir adelante”. Esos individuos cansados, desilusionados y despolitizados son el producto favorito de la burguesía. No son una muestra del fracaso del sistema, sino de su diseño consciente.


Falsa apatía: Historia de la participación del gremio en movimientos sociales

El conformismo, sin embargo, no es el único camino del médico. Tan solo en México, por ejemplo, dos anécdotas coronan la memoria por la organización social y sindical de los médicos. La primera, el paro parcial a nivel nacional de 1964 por internos y residentes de hospitales públicos, principalmente del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del ISSSTE, quienes exigieron aumentos a los pagos, respeto a aguinaldos y prestaciones, y reconocimiento a la dignidad de residentes e internos 11, mismos que realizaban 36 horas de labor por doce de descanso, lo cual es muy similar o hasta inferior al esquema que apenas en nuestros días se busca abolir (12).

El otro caso son los médicos del Consejo Nacional de Huelga en el movimiento de 1968 en México, prestando directamente atención a compañeros heridos en choques con la autoridad, acuerpamiento en marchas, protagonismo y solidaridad. Incluso, el primer movimiento (y uno de los únicos) que intentó masificarse después de la masacre del 2 de Octubre de 1968, fue precisamente el movimiento de una asamblea de pasantes de Medicina buscando mejoras en sus condiciones laborales. (13)

El gremio, entonces, no es ajeno por naturaleza a la participación en movimientos masivos y lucha por la justicia social, y la percepción que afirma lo contrario tiene precisamente su origen en los intereses de la clase dominante. Nuestra tarea es recuperar estas lecciones históricas para sacar la conclusión de que es la organización obrera la única capaz de poder hacerle frente al sistema y transformarlo.


Perspectivas para el futuro

El fin de este artículo no es simplemente quejarse amargamente. No basta un análisis crítico de la realidad, es necesario transformarla. Quienes cuestionamos la creencia en la meritocracia no promovemos sencillamente “no esforzarse”, como sus defensores quieren hacer creer, entendemos que tenemos que esforzarnos todavía más para, aparte de sobrevivir en un sistema injusto, conseguir que las generaciones futuras hereden una realidad distinta y más justa. Entendemos además, que las raíces de la explotación son más profundas que el acuerdo de pocos individuos perversos, y responden a un sistema económico y social que prioriza el lucro y el privilegio sobre la vida humana: el capitalismo. El mismo que obliga a gobiernos reformistas a recortar presupuesto de programas indispensables para nuestra clase con tal de sobrevivir a las contradicciones que su sistema genera.

La consciencia sobre la injusticia permea entre las nuevas generaciones, y es tarea de toda la sociedad demostrarle al personal de salud proletario que sus intereses son los mismos que los del resto de su clase. La organización permanente en el grupo de trabajo y la movilización son herramientas importantes para luchar por mejoras parciales inmediatas, pero la superación de base de la desigualdad estructural requiere más que eso. Solamente el derrocamiento del capitalismo y la organización de la revolución socialista que instaure a un gobierno proletario, permitirán planificar responsablemente el uso de los recursos de la humanidad para bien de la humanidad, garantizar la igualdad en acceso a oportunidades, y finalmente en su etapa superior la satisfacción de las necesidades de nuestra clase para su libre y pleno desarrollo, bajo la premisa de Karl Marx: “a cada cual según su necesidad, de cada cual según su capacidad”.

Si estás de acuerdo con nuestras ideas, organizate en el Partido Comunista Revolucionario y derroquemos el capitalismo.


REFERENCIAS:

  1. Alejandro Gómez. (31 de enero de 2026). Eliminan posguardias: IMSS establece máximo de 24 horas continuas para residentes. Diario del Sur. Organización Editorial Mexicana Recuperado de https://oem.com.mx/diariodelsur/mexico/eliminan-posguardias-imss-establece-maximo-de-24-horas-continuas-para-residentes-28115669
  2. CNDH (14 de julio de 2025). PRONUNCIAMIENTO. Recuperado de https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/documentos/2025-07/PRON_2025_008.pdf
  3. Nathalia Moreno González (19 de junio de 2024). México duplica el monto de becas para médicos internos de pregrado y pasantes de servicio social. Recuperado de https://consultorsalud.com.mx/mexico-duplica-monto-de-becas-medicos-internos/
  4. Eguia E, Kolachina S, Miller E, Eguia MA. Medical Students from Socioeconomically Disadvantaged Backgrounds are Less Likely to Match into Surgery. World J Surg. 2022 Jun;46(6):1261-1267. doi: 10.1007/s00268-022-06510-3. Epub 2022 Mar 16. PMID: 35294613.
  5. Hernández-Gálvez, D. C., & Roldán-Valadez, E. (2019). Mexican ENARM: performance comparison of public vs. private medical schools, geographic and socioeconomic regions. salud pública de méxico, 61(5), 637-647.
  6. The GlobalEconomy.com (s.f.). Health spending as percent of GDP – Country rankings. Recuperado de https://www.theglobaleconomy.com/rankings/health_spending_as_percent_of_gdp 7. Ramonfaur, D., & Gómez-Dantés, O. (2025). Mexico’s physician shortage: struggling to bridge the gap. The Lancet Regional Health–Americas, 41.
  7. AMIR (sf). ¿Qué es el ENARM?. Recuperado de https://amirmexico.com/el-enarm/ 9. United States Medical Licensing Examination (sf). Performance Data. Recuperado de https://www.usmle.org/performance-data 10. Cámara de Diputados. (24 de junio de 2025). Iniciativa que reforma los artículos 353-B, 353-C y 353-E de la Ley Federal del Trabajo, recibida de la diputada Ciria Yamile Salomón Durán, del Grupo Parlamentario del PVEM, en la sesión de la Comisión Permanente del viernes 20 de junio de 2025. Gaceta Parlamentaria, XXVIII(6812-A). Recuperado de https://gaceta.diputados.gob.mx/Gaceta/66/2025/jun/20250624-A.html#Iniciativa6 11. CNDH (sf). Movimiento de los médicos, primer paro nacional. Recuperado de https://www.cndh.org.mx/noticia/movimiento-de-los-medicos-primer-paro-nacional
  8. Pozas Horcasitas, Ricardo (1977). «El movimiento médico en México 1964-1965». Cuadernos Políticos (Ciudad de México: Editorial Era) (11): 57-69. Consultado el 20 de febrero de 2026
  9. Poniatowska, E. (1971). La noche de Tlatelolco: Testimonios de historia oral. Ediciones Era.

10. Cámara de Diputados. (24 de junio de 2025). Iniciativa que reforma los artículos 353-B, 353-C y 353-E de la Ley Federal del Trabajo, recibida de la diputada Ciria Yamile Salomón Durán, del Grupo Parlamentario del PVEM, en la sesión de la Comisión Permanente del viernes 20 de junio de 2025. Gaceta Parlamentaria, XXVIII(6812-A). Recuperado de https://gaceta.diputados.gob.mx/Gaceta/66/2025/jun/20250624-A.html#Iniciativa6

11. CNDH (sf). Movimiento de los médicos, primer paro nacional. Recuperado de https://www.cndh.org.mx/noticia/movimiento-de-los-medicos-primer-paro-nacional

  1. Pozas Horcasitas, Ricardo (1977). «El movimiento médico en México 1964-1965». Cuadernos Políticos (Ciudad de México: Editorial Era) (11): 57-69. Consultado el 20 de febrero de 2026
  2. Poniatowska, E. (1971). La noche de Tlatelolco: Testimonios de historia oral. Ediciones Era.