Morena y la selección de candidaturas a gobernador: El poder de los caciques

Rubén Rivera

El actual Estado mexicano surgió de la derrota de la revolución de Zapata y Villa a manos de Carranza y Obregón. El poder político de la nueva burguesía, ligado y a veces fusionado con la alta burocracia del nuevo Estado, no se consolidó sino hasta la formación del PNR en 1929. Fue Cárdenas quien le dio su forma más definida con el PRM a finales de los años treinta.

El 68 supuso el inicio del fin del PRI como partido “popular”. Desde entonces inició la transición a una especie de partido burgués tradicional, que terminaría entregando el poder al PAN en 2000, culminando con su derrota y desaparición como partido principal de la burguesía en 2018. Ese PRI como aparato corporativo de masas ya no existe, no es ni un medio de control social, ni un instrumento efectivo de poder burgués.

El Estado capitalista mexicano o, más bien, los sectores decisivos de dicho Estado, buscaron en el PAN una alternativa que duró muy poco. Era efectivamente un conjunto de personalidades abiertamente burguesas, pero sin la fuerza necesaria entre las masas para mantener la estabilidad.

Morena surgió como un acto de rebeldía de las masas ante el creciente bipartidismo que compartía el mismo programa burgués abiertamente depredador.

El triunfo de 2018 permitió contemplar la debacle de la oposición, incluido el PRD. Incluso antes de la campaña electoral, en 2017, tras el primer triunfo de Trump, AMLO llamó a firmar una carta «Por el renacimiento de México» que permitió el acercamiento e inclusión a su movimiento de personalidades del PRI, PAN y PRD que tenían algún tipo de peso regional y que estaban dispuestos a aceptar la jefatura de AMLO.

A nivel estratégico, la burguesía que toma las decisiones asumió una triple tarea casi simultánea respecto de Morena; por un lado,  iniciar una campaña de desgaste contra la presidencia y ciertas figuras del entorno lopezobradorista. Por otro lado, obteniendo ventaja de todo tipo de negocios desde dentro del propio gobierno (Plan México). Y, finalmente, introduciendo elementos que difícilmente podrían considerarse de izquierda, incluso dentro de los parámetros de Morena.

Morena es un partido muy reciente. Su crecimiento exponencial estuvo en función de la fidelidad al liderazgo de AMLO, bajo un programa de reformas sociales y democráticas, pero que mantenía firmes los cimientos del capitalismo, haciéndolo asimilable para políticos burgueses. En ese sentido a nivel regional se ha basado en las estructuras políticas tradicionales que se le han ido sumando, algunas incluso después de 2018.

El hecho de que realmente no sea un partido, sino una coalición de cacicazgos, sumado al hecho de que se eliminaron las estructuras que permitían a la base participar y escoger a sus dirigentes, sustituyéndolas por amañadas encuestas, hace imposible la elección de una dirección nacional. Ante ello, se ha tenido que recurrir a una serie de acuerdos bajo la dirección de la Presidencia de la República; el caso más ejemplar ha sido la modificación de la dirección en funciones por las funcionarias del propio gobierno, Ariadna Montiel y Citlali Hernández. 

La designación de Ariadna destaca porque se trata del primer cargo partidista de su vida. Pese a ello, la dirigencia nacional dio su aval sin chistar. Del mismo modo, aceptó la estrategia de elección de candidatos a gobernadores que impulsó Citlali. Veamos los resultados.

La selección de candidatos a las gubernaturas culminó el 28 de septiembre. De los 17 candidatos, siete hicieron campaña contra AMLO en 2018. Dos de ellos eran panistas en esos años, dos eran perredistas, tres eran del PRI.

En Baja California Sur, el candidato es del PVEM e hijo de un exgobernador. Simplemente representa la continuidad de un cacicazgo, que data de décadas, local que pasó del PRI al Verde.

En Campeche, Pablo Gutiérrez Lazarus es un panista que hizo amistad estrecha con Layda Sansores, cuya familia domina el estado desde hace décadas.

En Chihuahua, Cruz Pérez Cuellar, que fue dirigente del PAN estatal, es un desprendimiento del grupo del exgobernador Cesar Duarte, en donde compartió militancia con la actual gobernadora Marú Campos.

En Guerrero, Beatriz Mojica Morga, formaba parte del equipo de Ángel Aguirre Rivero y fue candidata del Frente por México (PRI-PAN-PRD) en 2018 contra Morena. La designan, como en otros casos, porque se supone que su control territorial le garantizará votos electorales.

En Michoacán, Carlos Torres Piña también hizo campaña contra AMLO en 2018 y solo se sumó a Morena cuando se decretó la desaparición del PRD. No obstante, es el candidato del gobernador saliente y eso le basta.

En Nayarit, Jasmine Bugarín es un conjunto de contradicciones. Es de nacionalidad estadounidense, lo cual no vemos como un problema; lo que le criticamos es su posición política y de clase. Sin embargo, demuestra lo endeble que es la reciente reforma constitucional, dado que le basta con tener la renuncia antes del registro para cumplir el requisito. Su militancia siempre ha sido priísta y verde, y solo entra a la candidatura como parte de un arreglo entre cúpulas.

En Nuevo León, nuevamente contiende la discípula del delincuente sexual norteamericano Keith Rainere, la conocida expriísta Clara Luz Flores.

En Quintana Roo han designado a un júnior de 32 años, Eugenio “Gino” Segura, que no tiene siquiera 5 años en administración pública, por lo que su lealtad a la gobernadora actual es su baza triunfadora.

En San Luis Potosí se ha designado a un candidato de relleno, Elie César Cervantes, ya que Ruth González Silva, la esposa del actual gobernador no puede ser la candidata de Morena y tendrá que contender sola para la gubernatura por el PVEM.

En Sonora, Lorenia Iveth Valles Sampedro es la favorita del actual gobernador, mientras que en Zacatecas la protegida de la dinastía Monreal, Verónica Díaz Robles, asegura la continuidad de uno de los cacicazgos más longevos de la historia reciente mexicana.

Por supuesto hay damnificados, entre ellos, la influencer Andrea Chávez en Chihuahua o la exasesora de AMLO, Tatiana Cloutier, en Nuevo León. En el primero, pudo más el atractivo de la estructura territorial panista y, en el otro, un acuerdo tácito para facilitar el arribo del candidato a gobernador que Samuel García prefiera, probablemente su actual esposa.

Sobre las encuestas tenemos que decir que no es un procedimiento democrático ni transparente; asegura lo que ya hemos dicho, que las candidaturas en realidad dependen del poder de quien controla el territorio, sin importar si sus intereses están del lado de la clase trabajadora. Si se supone que es un candidato de Morena tendrían que ser sus militantes quienes pudieran decidir por votación directa, no en una encuesta abierta donde se le deja esta decisión a cualquier persona de la población, incluidos militantes de los demás partidos, por lo cual pudieran optar en Nuevo León o en Chihuahua bloquear a los candidatos más fuertes.

Triste decirlo, porque muchos de nosotros participamos en los primeros años de Morena defendiendo la necesidad de un programa socialista, dado que agrupaba a miles de militantes honestos. Pero hoy en día ya no se trata de un partido, en el sentido de una agrupación de personas con programa y métodos comunes con el fin de tomar el poder. Hoy en día es la secretaria de elecciones de la Presidencia de la República.

Lo que México necesita es un auténtico partido, que tenga vida propia, que construya su propia política y no que se la imponga el poder político de turno. Que organice y canalice las demandas de los trabajadores en el sentido de una auténtica transformación revolucionaria. Necesitamos un Partido Comunista Revolucionario.