Morelos: Barbarie o revolución
P. Zamudio y S. Ocampo, PCR Morelos
Con cansancio y consternación. Muerte, abuso, miseria, despojo, incertidumbre… Podemos utilizar docenas de palabras para expresar lo que ocurre en México este 2026, pero esto no es una novedad, sino más bien, el agravamiento de una barbarie que lleva azotando al estado por lo menos desde la última década y que incluso puede remontarse hasta hace poco más de un siglo. La desgracia que hoy se vive en es el resultado de la acumulación de hechos y condiciones específicas, que el capitalismo y su Estado burgués han fomentado, fragmentándose en podredumbre hasta llegar a una explosión de sordidez que ataca a las y los trabajadores y estudiantes no solo desde el inicio de este año, sino que en México vivimos bajo un estado de incertidumbre interminable y violencia imparable, una condición que las autoridades nacionales no pueden, o no les interesa frenar.
La barbarie
Cuando pensamos en estados de México donde reina la violencia y el terror, nos pueden venir a la mente Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán o Colima, donde amplios territorios y localidades están totalmente controladas por grupos del narco y la única ley es la del poder y el dinero, lugares donde el secuestro y la muerte están a la orden del día.
Sin embargo, en la frontera sur de la metrópoli más poblada del país, lo que otrora fuera la tierra de la eterna primavera, hoy se halla sumida en uno de los periodos más oscuros de su historia. Morelos se encuentra entre los primeros lugares, si no es que en el primer lugar de múltiples delitos contra la clase trabajadora. Morelos ocupa primer lugar a nivel nacional en extorsión, tentativa de homicidio doloso, robo de vehículos; segundo lugar a nivel nacional en homicidio doloso, feminicidio, violación, lesiones culposas; así como entre los primeros lugares a nivel nacional en despojo, secuestro extorsivo, robo a casa, transeunte o transportista. Y ocupa el primer lugar de homicidios de adolescentes y jóvenes.
“De enero a agosto de 2026, en la entidad fueron perpetrados 18 crímenes de adolescentes, con una tasa de 0.91 por cada 100 mil habitantes, y 161 asesinatos de jóvenes de entre 18 y 29 años, equivalente a 8.10 por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la organización civil Morelos Rinde Cuentas” (ver).
Pero no solo es Morelos quien se ve afectado por la completa podredumbre del sistema bajo el que vivimos actualmente, la situación de violencia contra estudiantes está golpeando a absolutamente todo el territorio nacional; si hacemos una revisión de los casos que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) documenta como homicidios y feminicidios perpetrados hacia jóvenes en diversas partes del país tenemos este resultado: 25 estudiantes identificados públicamente contando las muertes violentas/homicidios y los casos bajo investigación. Cabe recalcar que este mismo secretariado no cuenta con un registro nacional consolidado con la variable “estudiante”. Por lo que la cifra puede ser incluso mayor.
Esta enorme anarquía imparable ataca de manera prácticamente cotidiana. Todos, absolutamente todos los días ocurren numerosos hechos de violencia en alguna parte de la nación. Es habitual enterarse de hallazgos de cuerpos desmembrados en bolsas de basura, asesinatos, secuestros. Es desgarradoramente común abrir las redes y encontrarse con madres desesperadas compartiendo la ficha de búsqueda de hijas o hijos que no volvieron a casa. Esto genera conmoción entre la población mexicana, todo mundo se pregunta ¿Dónde están las autoridades? ¿Dónde está Claudia Sheinbaum, la presidenta? ¿Dónde quedó el Estado?
Es sentido común pensar que el papel que debe jugar el Estado ante esta problemática es la de realizar las gestiones necesarias y actuar en pro de la vida y bienestar de la población trabajadora, así como mediar los intereses entre las clases trabajadoras y empresariales.
Pero si realizamos un exámen objetivo, desde la visión materialista del desarrollo histórico nos encontraremos que el Estado no es otra cosa más que un instrumento de opresión.. Bajo el capitalismo, el poder del Estado está en manos de aquellos con más poder económico, aquellos con la capacidad de comprar las voluntades de sus funcionarios, es decir, la clase burguesa. El burgués es burgués, sin importar si los medios a través de los que se enriquece son lícitos o ilícitos.
Esto se podría ejemplificar con que la mayoría de los estudiantes somos también trabajadores, día con día en el camino a la escuela nos enfrentamos a la inseguridad de las calles a la precariedad del transporte público, a la vez que en nuestros centros de estudio carecemos de instalaciones dignas y de una alimentación sana y accesible, y esas son condiciones que se reproducen no importa el estado del país que estés habitando. Y ni hablar del sistema educativo en decadencia que cada año se privatiza, que no le interesa la calidad del estudio de los jóvenes, solo que puedan seguir trabajando jornadas de más de 8 horas mal pagadas para que la clase burguesa pueda seguir enriqueciéndose. El Estado debería de estarse haciendo cargo de que los jóvenes de México estén cada día más preparados académicamente, al ser completamente negligentes en lugar de impulsar, hunden y ahogan, bajo la bota del estado mexicano los jóvenes se ven orillados a incluso dejar de estudiar y envolverse en negocios ilícitos a pequeñas edades solamente para tener de donde comer.
“Bajo el sistema capitalista, la alternativa de los jóvenes se traduce en ser sólo una pieza reemplazable del capital; lo explota, lo enajena o incluso lo introduce a una lógica violenta que lo termina asesinando.”
La burguesía, el narco, el empresariado y los funcionarios ¿una misma clase?
México enfrenta al día de hoy una fragmentación criminal significativa con decenas de cárteles, células y pandillas que operan en todo el territorio nacional. Contando con más de 40 grupos criminales alrededor del país y hasta 175 organizaciones activas.Su coexistencia medianamente “pacífica” sólo es posible a través de alianzas, la partición territorial y de nichos mercantiles: desde el trasiego de drogas y armas, narcomenudeo, extorsión, despojo de hogares y robo de vehículos, hasta la trata de personas, cobro de piso, sicariato, imposición de cuotas a sistemas de agua potable, tala ilegal y cambio de uso de suelo ilícito.
La única manera en la que tantísimos grupos delictivos puedan operar en México sin consecuencias es solo gracias a la protección del Estado. Y como es evidente, la verdad no se puede descubrir desde las suposiciones, la verdad se conoce desde la práctica, los hechos. Y así se demostró en Morelos el 20 y 30 de mayo de este año, cuando fueron detenidos a través del Operativo Enjambre Agustín Toledano Amaro, Irving Sánchez Zavala y Jesús Corona Damián, ex alcaldes de Atlatlahucan, Yecapixtla y Cuautla respectivamente; quienes ejercían su labor como funcionarios, la de gobernar, pero a favor los intereses de la burguesía ilegal, el narco. Estos y otros más de 20 alcaldes y otros funcionarios estatales en Morelos están siendo investigados por la Fiscalía General de la República en búsqueda de posibles nexos con el crimen, sin embargo, no es necesario contar con grandes equipos y estrategias de inteligencia para dilucidar que, incluso ante estas investigaciones existen tratos preferenciales, pues se descartaron de la investigaciones a Eder Rodríguez Casillas, alcalde de Jiutepec; Israel Piña, alcalde de Temixco y a Santos Tavares, alcalde de Emiliano Zapata, es en estos municipios donde podemos encontrar indicios de hasta 7 organizaciones criminales distintas con operaciones activas. Esto es un ejemplo de como ningún funcionario está exento a responder por los intereses, en mayor o menor medida, de las empresas del narco.
Podríamos hablar también de otras problemáticas que afectan duramente al pueblo mexicano, como la crisis en los hospitales, donde la escasez de insumos, medicamentos y personal de salud afecta la vida e incluso supervivencia de muchas personas, pues denuncias ciudadanas señalan aplazamiento de tratamientos para pacientes con cáncer o el cierre de varias especialidades, todo esto por “falta de presupuesto”. Como ejemplo tenemos lo que sucedió en el hospital general de México y su lentitud al actuar acerca del brote de salmonella que se presentó, exponiendo nuevamente la negligencia institucional de la que sufrimos diariamente.
La suma de todos estos factores (la desenfrenada violencia e impunidad del narco, la pérdida de empleos, el encarecimiento de la vida diaria y el abandono de los medios básicos para la alimentación y salud de la población) es el caldo de cultivo perfecto y preciso para que ocurra un proceso de descomposición del tejido social en el país, lo que a su vez permite que sucesos atroces se sigan perpetuando en un círculo vicioso de infamia y degeneración.
La violencia
Hace pocos meses escribimos una nota a modo de balance sobre los hechos ocurridos en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, donde el mórbido feminicidio de dos de nuestras compañeras despertó la conciencia revolucionaria de la comunidad estudiantil, que en conjunto se movilizó para tomar diferentes sedes de la universidad en búsqueda de justicia y seguridad. Quisiéramos decir que desde entonces la universidad no ha atravesado más tragedias, que desde entonces nuestro estado ha gozado de paz, tranquilidad y bienestar como lo pregonan las autoridades, pero la realidad material cayó como un balde de agua fría sobre las cabezas de las organizaciones estudiantiles y de la sociedad en general.
Michelle Itzayana Fuentes Calderón, de 15 años, alumna del Sistema Universitario de Educación Mixta de la UAEM desapareció el 24 de mayo en Yautepec, para aparecer sin vida en Tepoztlán 9 días después. Michelle fue víctima de feminicidio y así como con Kimberly y Karol, su caso sigue sin resolverse. Sigue sin haber un asesino. Sigue sin haber justicia para las mujeres de las familias trabajadoras en Morelos, pues la descomposición social que atraviesa la población trabajadora favorece la propagación, naturalización y aprobación de conductas que fomentan la opresión y violencia hacia las mujeres.
El mismo día que fue hallado el cuerpo de Michelle, otro estudiante de la UAEM, Dorian Ali Olivo Rodriguez se dirigía hacia Tres Marías, en el municipio de Huitzilac, para no volverse a ver más. A Dorian aún ahora se le sigue buscando, aún se sigue compartiendo su ficha de búsqueda y aún se pega en las calles con la esperanza de encontrarlo sano y salvo pronto.
Tres meses después de estos trágicos sucesos, el 5 de septiembre, Miguel Ángel Hernández Flores, de 17 años, fue asesinado a balazos en su trabajo en la colonia Satélite de Cuernavaca. Era estudiante de la preparatoria número 1 y su asesinato pasó muy desapericibido por los medios de comunicación.
Diez días después, Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante de ciencias de la educación en la Universidad de Granada, España, llegó a Morelos como parte de un intercambio académico con la UAEM. La noche del 12 de septiembre, Claudia se encontraba en Cuautla, donde fue asesinada durante un asalto a mano armada. Este fue un hecho que nuevamente vino a generar indignación y revuelo a nivel nacional e internacional, desatando contundentes manifestaciones en el zócalo de la capital del estado, donde una de estas terminó en represión por parte de elementos adscritos a la milicia.
Estas protestas, sumado al hecho de que Claudia fuese una ciudadana española, fueron suficientes para evidenciar la inacción del Estado hacia la protección de las mujeres en Morelos, ejerciendo suficiente presión mediática y diplomática como para que la fiscalía tomará acción inmediata. Hoy, el asesino de Claudia se encuentra vinculado a proceso, esperando su sentencia para pudrirse en prisión. El feminicidio de Claudia ha recibido justicia, pero existen docenas de otros feminicidios que siguen sin ser atendidos. Y el horror contra los estudiantes de la UAEM no acaba aquí.
Este fin de semana, dos jóvenes estudiantes de la Preparatoria número 2 de la UAEM fueron baleados en la colonia Chulavista, en Cuernavaca. Los compañeros murieron por la gravedad de sus heridas. Los hechos no han sido esclarecidos.
Pero la violencia no se limita a sólo un estado de la república, siguiendo con los hechos en Aguascalientes tenemos a Ramón, un estudiante de 21 años que perdió la vida a manos de otro jóven de apenas 19 años que a día de hoy ya se enfrenta a la justicia. En Chiapas tenemos a Beany Lozano, estudiante de la Universidad Autónoma de Chiapas, quien fue asesinada a balazos por su novio, los familiares de la joven de 18 años responsabilizaron a la Fiscalía General del Estado por omisiones y dilación en las labores de investigación, con el feminicidio de Beany suman 14 feminicidios en lo que va del año en Chiapas. En Chihuahua tenemos a Axel Elías Gutiérrez Chaparro, de 25 años, quien era estudiante del Instituto Tecnológico de Parral y empleado de la minera San Julián, fue localizado muerto por impactos de arma de fuego, en la misma semana que fue encontrado se registraron otros siete homicidios en la entidad. En Colima tenemos a Alondra Jacqueline Ceballos Romero, estudiante de medicina de la Universidad de Colima, quien fue hallada sin vida debido a una herida de bala en su propia casa, al día de hoy ya se tiene un responsable y el delito ha sido tipificado como feminicidio. En Guerrero tenemos a Alexis Geovanni de 19 años de edad, estudiante de Paramédico de la Universidad Tecnológica de la Región Norte de Guerrero (UTRNG), quien había sido reportado desaparecido el 21 de julio, y encontrado sin vida un día después en su domicilio, al día de hoy ya se tiene un culpable. Y así, podríamos enlistar por lo menos un estudiante por estado, a los que se les ha arrebatado la vida, por unos cuantos pesos, por salir tarde de sus universidades y cruzarse con las personas incorrectas, por peleas y violencias que se tienen lamentablemente normalizadas en la sociedad mexicana.
En este momento, con el corazón roto y un nudo en la garganta, quisiéramos preguntarle a la comunidad estudiantil y a la sociedad. ¿Cuántos altares más debemos de erigir? ¿Cuántos homenajes silenciosos más hemos de pesar? ¿Cuántos murales más debemos de pintar? ¿Cuántas marchas más debemos organizar? ¿Cuántos cristales más se deben romper? ¿Cuántas y cuántos más?
México arde
El pasado 23 de septiembre, la ciudad de Cuernavaca, Morelos reventó en protestas. Durante gran parte del día, bloqueos multitudinarios conducidos por transportistas blindaron los accesos a Cuernavaca, impidiendo el tránsito. En el zócalo, un grupo de manifestantes también cerró calles y protestaron frente al Palacio de Gobierno y no tardó en escalar. Los manifestantes cerraron con cadenas y cinturones los accesos y salidas del Palacio, aún con trabajadores y funcionarios en su interior. La razón de las manifestaciones es indiscutible: la crisis del sistema de salud, así como la violencia desbordada. Sin embargo, el mayor factor de polémica no fué en sí la protesta, sino más bien la identidad de algunos miembros que ejercían la protesta.
Entre los manifestantes del zócalo de Cuernavaca se encontraban militantes del Partido del Trabajo (PT), conducidos, al parecer, por Hugo Bobadilla Gutiérrez, exalcalde de Ocuituco y actual esposo de Tania Valentina Rodríguez Ruiz, quien es diputada y dirigente del PT en Morelos, y aunque Tania Rodríguez no tardó en lanzar un comunicado deslindándose de los hechos, esto ocurre en un contexto de choque entre el PT y Morena, pues ambos partidos disputan la posibilidad de romper su alianza.
Simultáneamente, estudiantes de la Escuela Normal Rural General Emiliano Zapata de Amilicingo, organizadas en torno a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FCSUM), tras un mes entero de demandas por el despido de la directora de su escuela, la imposición de una nueva directora sin discusión previa y con una mesa de diálogo recién cancelada, arribaron a la protesta del zócalo. Quemaron colchones, destruyeron cristales del palacio y gritaron consignas. Morelos estalló.
Al día siguiente, el secretario de gobierno salió a dar una conferencia donde condenó los actos generados por parte de los protestantes del PT. Toda la discusión se centró en el cierre de vialidades, la “privación de la libertad” a los funcionarios, los daños en la infraestructura y el “miedo” generado a la población, acusando de intereses político electorales. ‘No podemos afectar a los ciudadanos, es lo primero que tenemos que tomar en consideración’, fueron las palabras que Edgar Maldonado ocupó para reprochar al PT. Y si, es muy probable que estas protestas promovidas por el PT en efecto hayan sido un ariete político en la pugna PT-Morena, pero aquí hay una situación que trasciende intereses políticos y electorales, la miseria y caída en picada de la vida cotidiana en Morelos. Lo que particularmente a nosotros nos resulta destacable de esta conferencia de prensa es que en ningún momento se habló de la razón de las protestas, no se habló de la crisis del sistema de salud y de la violencia atroz que se vive diariamente.
Claudia Sheinbaum en la mañanera del 28 de septiembre anunció refuerzos para la seguridad en Cuernavaca, además aseguró que su gobierno entrará en contacto con la rectoría de la UAEM y hasta con los propios estudiantes. Más promesas vacías, de un Estado que solo actúa en interés de la dictadura del empresario, del concesionario y especialmente del narcotraficante.
Como mencionamos antes, desearíamos que ahora mismo el infierno que se vive pudiese terminar. Desearíamos que los protocolos existentes se aplicaran, que las cámaras de seguridad frenaran la violencia, que los mecanismos de acceso a la universidad acabaran con el acoso y el sexismo. Quisiéramos que el diálogo civilizado con los órganos de gobierno dieran justicia, trabajo y salud. Quisiéramos que los espacios autogestivos pudieran reconstruir el tejido social, o que las protestas fueran finalmente escuchadas y atendidas. Que los partidos socialdemócratas tomaran en consideración no afectar la vida de los ciudadanos. Y aunque fuera así, ninguna de estas acciones serían suficientes. El panorama actual de Morelos y el país en general solo apunta hacia un camino aún más oscuro. Más despojo, empobrecimiento y muerte.
¿Qué opciones le quedan a una clase trabajadora que es martirizada todos los días? Cuando hijas, hijos, padres y madres, abuelas y abuelos no vuelven a casa, cuando dos estudiantes más son asesinados, cuando los feminicidios se agudizan, ya sea con balas, cuchillos o combustible ardiendo sobre cuerpos oprimidos y explotados.
Entre todo este caos, dolor e incertidumbre, las personas han perdido de vista que en estas mismas tierras, en este mismo estado donde viven, trabajan y lloran, nuestros abuelos y abuelas eran martirizados por una dictadura latifundista. El trabajo de sol a sol, las deudas imposibles de pagar y la dependencia total a las haciendas llegaron a su fin cuando ellos tomaron las armas, aquí mismo.
Lo que necesitamos no es otra cosa más que la unión de todas y todos, oprimidos y explotados, trabajadores y campesinos, estudiantes y profesores. Lo que las y los trabajadores en México necesitan no son más cámaras y protocolos, no son más comunicados lamentando muertes, no son más promesas falsas. Lo que necesitamos es comenzar con la organización de la próxima revolución mexicana. Comenzar con la creación de consejos vecinales, estudiantiles y sindicales para coordinar la autodefensa de las comunidades y colonias, así como la organización para la expropiación de los medios que enriquecen a nuestros asesinos.
Sectores de la juventud en diferentes partes del país han demostrado una gigantesca convicción por la lucha y el cambio, dejando en evidencia nuestra capacidad para ser esa vanguardia portadora de la antorcha que incendiará las arcas de los poderosos y los opresores.
Sin embargo, todo este potencial y poder revolucionario hoy se encuentra sin una dirección clara, que camina en círculos sin tomar acciones concretas y revolucionarias. Para poder terminar de una vez por todas con este horror es necesario formar cuadros que sean capaces de comprender la realidad material y las reglas que la determinan, para así poder transformarla, la educación de la vanguardia y su organización en torno a un partido cuyo único fin sea el de actuar como instrumento del proletariado, para su propia liberación.
Por ello, de manera contundente y decidida decimos:
¡Justicia para las víctimas!
¡Alto a la violencia y muerte contra las juventudes!
¡Alto al feminicidio y la violencia de género!
¡Luchemos contra la barbarie capitalista en México y el mundo!
¡Al diablo los partidos burgueses que instrumentalizan la miseria de la gente!
¡Arriba el pueblo mexicano!
¡Adelante con la construcción del Partido Comunista Revolucionario!
¡Sólo la organización revolucionaria de trabajadores y estudiantes puede ponerle fin a la violencia!
Fuentes:
- https://morelosrindecuentas.org.mx/
- https://ahoramx.com/2026/05/la-pugna-del-crimen-organizado-por-morelos/
- https://www.milenio.com/policia/narcotrafico/comando-tlahuica-morelos-quienes-son-y-nexo-con-cuauhtemoc-blanco
- https://elpais.com/mexico/2026-05-20/harfuch-reactiva-la-operacion-enjambre-con-la-captura-de-dos-alcades-en-morelos.html
- https://elceo.com/negocios/nissan-cierra-civac-en-morelos-su-primera-planta-fuera-de-japon-tras-60-anos/
- https://www.elimparcial.com/mexico/2026/09/18/crisis-financiera-de-nissan-esta-obligando-a-la-marca-a-redefinir-sus-procesos-de-produccion-en-mexico-para-ofrecer-autos-mas-economicos-y-competitivos/
- https://www.morelos.gob.mx/pase-olin-informe
