La Resistencia Estudiantil UAEM: ¿el resurgir de la lucha de clases en Morelos?
Sebastián Enríquez
Dedicado con el máximo respeto, admiración y cariño a mis compañeros por su tenacidad, fuerza y valor.
Durante los últimos años, las condiciones de precarización en la sociedad mexicana han empeorado de sobremanera, condiciones que todos los sectores de la clase trabajadora enfrentan dolorosamente día a día. La profundización de la desigualdad y explotación; la reducción de oportunidades laborales y salarios dignos; la crisis de vivienda, así como el aumento del coste de bienes y servicios básicos; la drogadicción y la violencia del narcotráfico;la acelerada destrucción del medio natural; el aumento de las desapariciones, homicidios dolosos y feminicidios; son tan solo algunos de los múltiples síntomas de un sistema capitalista decadente y su Estado, que defiende los intereses de la burguesía —legal e ilegal— y del imperialismo.
Con el surgimiento de las sociedades de clases, la propiedad privada y el Estado, las mujeres han sido deshumanizadas, obligadas a soportar la sumisión, encadenadas a las tareas domésticas, relegadas a una posición de segunda categoría y, básicamente, la propiedad privada, que cuando surgió quedó además en mano de un sector de los varones. Esta profunda división de derechos y facultades se encuentra sólidamente instaurada en la sociedad de clases, y a través de esta se manifiesta la violencia a la mujer: vulneraciones de todo tipo, ya sea económicas, patrimoniales, psicológicas, sexuales y físicas, donde su más pútrido pináculo es la violencia feminicida. El capitalismo en crisis orgánica nos está llevando a una violencia barbárica donde se acentúa la violencia hacia la mujer.
El resultado de todas las calamidades que aquí se mencionan es la caída en picada hacia la podredumbre social, la miseria y el terror en todos los rincones de México, sin posibilidad de esconderse en ningún lugar, ni siquiera en aquellos espacios que podrían considerarse seguros como las escuelas o el propio hogar.
El Morelos contemporáneo: Una pesadilla sin escapatoria
La historia de la lucha de clases en Morelos ha sido convulsa, siendo epicentro de sucesos importantísimos por la búsqueda de justicia de los oprimidos, sin embargo, hoy día atraviesa uno de los periodos más oscuros, encabezando listados nacionales en materia de inseguridad y violencia. Es uno de los estados más inseguros y violentos del país, donde los casos de desapariciones van en constante crecimiento y es tristemente habitual ver fichas de búsqueda. La violencia no se detiene ni parecen haber esfuerzos serios por frenarla, pues en lo que va del año se han reportado más de 440 asesinatos. Hablar de violencia de género en Morelos es una genuina tragedia, ya que lleva años situándose como uno de los estados con más casos de feminicidios.
La Doctora Sonia Martínez Frías, en su artículo de 2024 “La alerta de violencia de género contra las mujeres: ¿una solución para erradicar el feminicidio en Morelos?”, analiza con datos duros la efectividad del mecanismo institucional (AVG) creado para hacer frente a la crisis feminicida en la entidad. Los resultados del análisis revelaron que, paradójicamente, aquellos municipios donde se implementó la AVG fueron los que presentaron el mayor incremento de feminicidios. Según la Dra. Martínez Frías, aún existiendo intentos gubernamentales por frenar el infierno feminicida que viven las mujeres trabajadoras en Morelos, “seguimos en una situación de alerta y emergencia. Esto sugiere que más que un evento de emergencia, el feminicidio es estructural”. Es por la misma crudeza y barbarie de la violencia de género que las mujeres morelenses no han permanecido en silencio y un sector importante han hecho del feminismo el movimiento social con mayor fuerza y presencia en el estado, particularmente cobrando una destacable robustez al interior de las universidades.
La UAEM y la lucha estudiantil
La Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), fundada en 1953, es sin lugar a dudas la principal institución educativa de nivel superior en la entidad, con más de 43,000 estudiantes matriculados de bachillerato, pregrado y posgrado distribuidos en múltiples sedes alrededor de la entidad. A pesar de ser una universidad autónoma e influir directamente en el desarrollo de las fuerzas productivas en Morelos, como toda institución regida bajo el capitalismo, no se encuentra exenta de sus males. Año tras año la universidad se encuentra al borde de la huelga, ya que ha sido incapaz de brindar salarios dignos a sus trabajadores tras haberse visto envuelta en un escándalo de corrupción durante el periodo de Enrique Peña Nieto; donde el exrector, Alejandro Vera, participó directamente en el desvió de alrededor de 239 millones de pesos, lo que produjo un freno al apoyo federal que recibía la universidad, freno que continúa hasta la fecha.
Los estudiantes de la UAEM son víctimas de la corrupción y escasez institucional. Es común que los recintos académicos no se encuentren en condiciones óptimas para el pleno desarrollo del estudiante. La falta de servicios, espacios o insumos para prácticas profesionales son una piedra en el zapato de los programas educativos. Además, en un censo realizado por el autor de éste artículo dentro de la Facultad de Ciencias Biológicas, se encontró que alrededor de la mitad de los estudiantes son también trabajadores y muchos de ellos residen en municipios distantes a Ciudad Universitaria, viéndose en la necesidad de obtener un salario para costear la renta de habitaciones de alojamiento y así continuar con sus estudios.
Las jornadas laborales de los estudiantes son de 8 horas en promedio, habiendo casos en los que su trabajo llega a durar 24 horas. La presión ejercida por la necesidad de obtener un salario que les permita seguir estudiando se contrapone con los apretados horarios de clases, en donde el 80% de los estudiantes ha reconocido que los horarios no les permiten trabajar. Podemos hablar también de los alumnos de la Facultad de Medicina, la Facultad de Enfermería y la Facultad de Nutrición, donde las injusticias rayan en la extorsión económica e incluso en explotación, donde son expuestos a circunstancias precarias de aprendizaje a costa de su condición económica e integridad física y, aunque que de por sí son carreras demandantes, en la actualidad obtener un título de médico o enfermero se considera una garantía de bienestar económico, lo que entre las aulas se ha vuelto en una feroz competencia alimentada por el mito de la meritocracia.
Tratemos ahora pues acerca de la representación de los estudiantes de la universidad, encabezada desde hace 66 años por la Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM), una organización estudiantil institucionalizada y reconocida al mismo grado que los sindicatos. Presuntamente, la FEUM tiene como objetivo velar por los derechos de los estudiantes, así como brindar apoyo a sus actividades, ya sea estudiantiles o académicas; pero en la práctica, las acciones de la FEUM han sido sumamente limitadas, dudosas o como mínimo mediocres, no por falta de recursos, sino más bien por los intereses de su comité, quienes no solo han utilizado su posición en la universidad para obtener beneficios personales y políticos, sino que en primer lugar han conseguido esa posición a través de métodos y votaciones sumamente cuestionables e ilegítimas.
Pero sin duda alguna, la mayor de todas las calamidades sufridas por los estudiantes de la UAEM ha sido la violencia. El ambiente al interior de los recintos académicos, en muchas ocasiones, ha resultado en experiencias horrorosas para las y los estudiantes, particularmente para las mujeres, pues son en extremo frecuentes los casos de acoso, violencia emocional, psicológica, física e inclusive sexual, tanto por parte de académicos como de otros compañeros que casi siempre son encubiertos o cínicamente pasados de largo y, aunque existan instancias dirigidas a la atención de estas problemáticas, han resultado totalmente ineficaces.
Desde hace años, los alrededores de Ciudad Universitaria (O Campus Chamilpa) han sido un foco rojo de violencia e inseguridad, donde por temporadas había sido común saber sobre intentos de secuestro, acoso y abusos hacia mujeres estudiantes. La forma más aberrante de esta violencia se ha visto en casos como el apuñalamiento de una compañera al interior de las instalaciones en 2013; la desaparición y feminicidio de Mariana Valladares en 2019; la represión policial en contra de estudiantes y familiares, tanto en los alrededores como en los interiores de la universidad en 2023, así como el secuestro y asesinato de los investigadores Laura Ortiz y Enrique Sánchez en 2024 son solo algunos de otros tantísimos casos de violencia sufrida por estudiantes y trabajadores de la UAEM.
El 3 de abril de 2025, Aylin Rodríguez, estudiante de la Facultad de Psicología se reportó como desaparecida y fue encontrada sin vida un día después, siendo asesinada por otro estudiante de la universidad. Este hecho vino a quebrantar a una ya trastocada comunidad estudiantil. Bajo estas condiciones, el miedo y la impotencia había sido imperante entre el estudiantado, pero parte de este miedo llevó a una duda colectiva: ¿por qué continúa sucediendo esto?
El levantamiento de la Resistencia
“…en el fondo, el ’elemento espontáneo’ no es sino la forma embrionaria de lo consciente. Ahora bien, los motines primitivos reflejaban ya un cierto despertar de la conciencia: los obreros perdían la fe tradicional en la inmutabilidad del orden de cosas que los oprimía; empezaban… no diré que, a comprender, pero sí a sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y rompían resueltamente con la sumisión servil a las autoridades”.
—Lenin, ¿Qué hacer?
El viernes 20 de febrero de 2026, Kimberly Ramos, estudiante de la Facultad de Contaduría, Administración e Informática acudió como era de costumbre a la universidad, pero jamás regresó a casa. Su desaparición desató una rápida reacción por parte de ciertos sectores de la comunidad estudiantil, así como de colectividades feministas que apoyaron a la familia de Kimberly para exigir una investigación pronta que condujera a encontrarla sana y salva, pero la colaboración de las autoridades estatales y universitarias fue tardía y empedernida.
Mientras esto ocurría, se reportaron intentos de secuestro al interior de Ciudad Universitaria, lo que demostró con máxima claridad a los estudiantes un hecho que había pasado por alto por años: la seguridad en las inmediaciones e incluso al interior del campus es prácticamente nula y fácil de flanquear, pues el número de guardias de seguridad y vigilantes —que en su mayoría son personas de la tercera edad en condiciones de precarización laboral— destinados para toda la universidad es mínimo, sin oportunidad de dar abasto a la totalidad de la extensión de la sede. Sobre todo, se demostró que la universidad no está aislada de la violencia social a la que nos arroja el capitalismo.
Una semana después de la desaparición, tras marchas convocadas por familiares después de revelarse que, en efecto, Kimberly había desaparecido dentro de CU, se dio la primera gran movilización, convocada inicialmente por colectivos feministas internos y externos a la universidad. En dicho evento se cerraron las entradas de la universidad a modo de protesta, convocando inmediatamente la presencia de la Rectora Viridiana León, quien se presentó al diálogo varias horas después de que se solicitó su presencia. Durante la conversación la rectora demostró la incapacidad de brindar soluciones claras y concisas, junto a la negativa de entregar públicamente las grabaciones de seguridad que podrían conducir al paradero de Kimberly, esto enfureció e indignó aún más a los estudiantes. Ante esto la FEUM y particularmente su presidenta, Adriana Guadarrama, en lugar de tomar cartas en el asunto y hacer lo propio, utilizó la tan penosa situación para posicionarse ante la imagen pública como una clase de institución bienhechora, jactándose de haber estado desde el día cero con la familia y los compañeros de la estudiante desaparecida, cosa que sería desmentida poco después.
Durante el fin de semana posterior al cierre de puertas y diálogo con la rectora —donde además se había pactado otra reunión el día lunes 2 de marzo en la Facultad de Artes— se dieron esfuerzos por parte de los propios estudiantes para convocar al resto del alumnado con el objetivo de crear un grupo de acción estudiantil de múltiples facultades con apoyo de colectivos para exigir justicia y respuestas claras a las autoridades universitarias. Esta primera junta estudiantil no sería otra cosa más que la réplica de los alumnos de la UAEM a una administración sin aparentes intenciones de atender las injusticias y vejaciones que vendrían acumulándose desde hace años.
Una vez llegado el 2 de marzo, un importante número de estudiantes se congregaron fuera de la Facultad de Artes esperando la presencia de la rectora para entablar diálogo y exponer las problemáticas que sufrían. Mientras esto ocurría, Karol Gómez, estudiante de una sede externa al campus Chamilpa, desapareció. Cada minuto que pasaba sin la presencia de la rectora hizo que la indignación creciera entre la multitud. Los estudiantes de artes solicitaron la presencia de su directora, con esperanza de que esta pudiera apurar el arribo de la rectora, mientras los alumnos que aún permanecían en las aulas fueron evacuados por personal de seguridad, pues lo que estaría por ocurrir era ya inevitable. La decisión del contingente enardecido fue marchar al edificio de rectoría y más pronto que tarde la protesta evolucionó en la irrupción del edificio y el cierre de los accesos. Estas acciones no solo darían inicio al primer paro estudiantil en la historia de la UAEM, sino que se esparciría con velocidad a la mayoría de las sedes de la institución bajo la consigna de justicia y seguridad, siendo el nacimiento de la autodenominada Resistencia Estudiantil UAEM.
Al día siguiente de la toma de rectoría, las movilizaciones estudiantiles ganaron aún más fuerza, se estaba ante un genuino movimiento de masas: una marcha masiva sacudió la capital de Morelos, en donde inclusive hubo intentos de asaltar el Palacio de Gobierno de Cuernavaca; poco después fueron tomadas las instalaciones de las Facultades de Nutrición y Medicina. Las demás sedes se tapizaron con las fichas de búsqueda de Kimberly y Karol. La universidad se paralizó. Estos hechos agitaron a la clase trabajadora morelense, pues la Resistencia Estudiantil le demostró al proletariado que la unión coordinada es capaz de hacer temblar los cimientos de la opresión.
El desarrollo de la Resistencia, dirección y obstáculos
Uno de los principales factores que permitieron la escalada masiva del movimiento estudiantil fue en definitiva las fechas en las que ocurrieron las desapariciones de ambas compañeras, siendo en vísperas del 8 de marzo. Hasta el momento la dirección del movimiento se había dirigido no solo a las demandas de seguridad y justicia ante la violencia de género, sino que en sus primeros inicios fue principalmente enfocada a ejercer presión para que las búsquedas por Kimberly y Karol dieran como fruto la localización de ambas estudiantes, sanas y salvas, pero la tragedia no tardó en descubrirse.
El cuerpo de Kimberly fue hallado en una zona boscosa cercana al campus el 2 de marzo, confirmándose su identidad la tarde del día 3 de dicho mes. Tres días después se dio con el cuerpo de Karol en Coatetelco, a varios kilómetros de Mazatepec, donde había sido vista por última vez. Las fatales noticias de lo ocurrido con las compañeras, aunado al temor por la represión y las represalias, las infiltraciones y los roces internos, causaron la desmoralización de varios de los primeros integrantes del movimiento, así como el alargamiento del paro antes de poder desarrollar una nueva dirección que condujera a la solución del conflicto. El sentimiento general de los estudiantes fue que sostener el paro era en sí el fin de la lucha, no el medio para conseguir un cambio en la universidad.
El apoyo de la sociedad en general fue inmediato, donde la Asamblea Permanente de Pueblos de Morelos y la familia Zapata Salazar reconocieron y apoyaron a los estudiantes, esto definitivamente incomodó a las clases dirigentes y altos funcionarios, tanto de la universidad como del gobierno, quienes reaccionaron utilizando aparatos como la prensa, la policía y el ejército para desvirtuar e intimidar a los estudiantes. Destacan eventos como la incursión de un convoy militar al interior de la universidad, que accedió al campus a través del bosque bajo el argumento de “estar perdidos”, o como la amenaza de uso de violencia armada por parte de policías en las puertas de la Facultad de Nutrición.
A pesar de las oscilaciones en la organización, un hecho quedó de manifiesto: apéndices institucionales como la FEUM quedaron totalmente desenmascarados como falsas representaciones. La FEUM, tirando patadas de ahogado, tomó acciones en nombre de la comunidad estudiantil sin previa consulta real a las bases; trató de deslegitimar a la Resistencia con pronunciamientos pasivo-agresivos; hizo intentos de diálogo y coerción con grupos de estudiantes que no habían estado implicados en el movimiento, resultando en aplastantes fracasos, donde en más de una sede fueron expulsados.
La desesperación de Adriana Guadarrama por búsqueda de apoyo de los estudiantes a su organización dejó verse en la Facultad de Medicina, pues el aspiracionismo alienante que domina entre sus bases estudiantiles hace que muchos de ellos estén en contra del movimiento de Resistencia. La FEUM de forma oportunista se aprovechó de esto, sabiendo que las instalaciones de la facultad se encontraban poco protegidas. En un acto porril, Adriana Guadarrama comandó personalmente a un gran grupo de estudiantes de medicina para romper violentamente el plantón en la facultad.
Estos y otros tantos contratiempos desgastaron al movimiento estudiantil, pero el desarrollo de una nueva dirección, que buscaba entablar el diálogo para la resolución del conflicto mantuvo a flote a los estudiantes: se creó un comité democrático de voceros por facultades, quienes comenzaron con la gestión de las problemáticas a resolver, las necesidades del alumnado y estrategias para las primeras mesas de diálogo a través de la organización y comunicación directa.
Como resultado de esta nueva organización se consiguieron grandes conquistas como la firma de una carta de garantías de no represalias; el desarrollo y aprobación de un pliego petitorio; la mejora de los mecanismos de denuncia ante violencia de género y atención a casos ya reportados; la mejora de condiciones de seguridad mínimas al interior y alrededores de todas las sedes; la destitución de autoridades corruptas, como la directora de la Facultad de Nutrición, pero probablemente una de las más importantes sean los primeros pasos para la disolución de la FEUM y el reconocimiento institucional de la Resistencia Estudiantil como una organización de representación.
Por otro lado, hubo condiciones que produjeron la degeneración del movimiento. La principal y probablemente más determinante fue la pérdida de participación directa de las masas estudiantiles, conducida mayormente por el inicio de vacaciones de semana santa, además de que la dirección del movimiento descuidó la convocatoria a nuevas acciones de la base cuando se discutió el pliego petitorio y se entablaron negociaciones, en donde más de tres cuartas partes de las bases estudiantiles que apoyaban directamente en tareas como resguardo de instalaciones, vigilancia, protección de los estudiantes, gestión de los recursos, comunicación y vocería se retiraran del paro. Todas estas tareas quedaron en pocas manos, generando aún más desgaste y por ende el entorpecimiento en la solución de conflictos con las autoridades, alargando el paro. La posibilidad de perder el semestre pasó de percibirse como un sacrificio por el bien común, a ser una amenaza en el desarrollo profesional de los estudiantes. La prensa amarillista avivó esta visión entre las bases estudiantiles, lo que deterioró aún más al movimiento.
Aunque es verdad que una lucha que se prolonga puede entrar en reflujo, también lo es que la falta de experiencia en el movimiento estudiantil, organizaciones de izquierda con una política correcta con arraigo en la universidad y cuadros formados en el movimiento estudiantil; dificultaron el saber lidiar con las tareas del paro, la elaboración del pliego y las mesas de diálogo, sin perder el vínculo y la movilización de la base. La conclusión es que debemos fortalecer nuestra organización con una línea clara de unidad e independencia política de las autoridades y el Estado y desarrollar cuadros políticos con una visión amplia de la lucha de clases que conecten las demandas concretas del estudiantado con la lucha amplia de la clase trabajadora, comprendiendo que somos atacados por un mismo sistema.
Lo que parece el final es apenas el comienzo de la lucha
A exactamente dos meses de comenzar el paro, las extenuantes mesas de trabajo con autoridades llegaron a buen término y las instalaciones de la UAEM han sido entregadas. A primera vista pareciera que esto representa el final de la lucha estudiantil, sin embargo, aún quedan muchas tareas por hacer si lo que se busca es garantizar la justicia y seguridad para los alumnos.
La mayor prioridad que sugerimos debería tener el movimiento estudiantil es la recuperación del apoyo directo de la mayoría de las bases estudiantiles, es decir, la construcción de una organización de lucha basada en un programa con ideas, métodos, tradiciones y objetivos claros. El contar con la presencia de esta organización en todas y cada una de las unidades académicas de la universidad permitirá la distribución de tareas de gestión, coordinación y acción de manera equitativa y rotativa, pues “cuando todo el mundo es un ‘burócrata’, nadie es un burócrata”.
Otra de las piezas centrales de esta organización debe ser el mecanismo de toma de decisiones, en donde la democracia, basada en el libre debate de posturas e ideas debe fomentarse siempre, ya que a través de la discusión abierta de propuestas y su estricta aplicación a través de consejos de lucha en todas las unidades académicas harán que la organización se mantenga sana y fuerte frente a calumnias o intentos de desprestigio que, con total seguridad, hará la FEUM para sostener su poder.
Lo más importante es que los objetivos de esta organización deben ser claros, deben defender los intereses de la base estudiantil, los cuales no somos ajenos a la sociedad en que vivimos. Debemos enarbolar un programa que defienda la universidad pública, gratuita, científica (es decir laica), de calidad, con instalaciones dignas, con profesores y trabajadores bien remunerados, libre de violencia y que nos asegure un puesto de trabajo digno al terminar nuestros estudios. La lucha por la transformación de la educación forma parte de la lucha por la transformación social.
Como acertadamente identificó la Resistencia en su momento, la prioridad de las autoridades universitarias ha sido desde el inicio el fin del paro, siendo la seguridad e integridad de la comunidad una cuestión secundaria. La necesidad de retomar las actividades está impulsada primordialmente por la generación de capital y las estructuras que pusieron a los alumnos en esta situación han sido apenas rasguñadas. La instalación de protocolos, cámaras de seguridad, rutas de transporte público e infraestructura de iluminación vienen siendo tan solo una medida de mitigación del problema. Si el sistema que dio pie a la violencia e inseguridad dentro de la universidad no es removido, debe tenerse por seguro que tarde o temprano olvidará lo ocurrido y en cuestión de algunos años o incluso meses, se volverá a vivir la misma problemática. A esto es vital vincularse con las luchas de los trabajadores de la universidad, pues una coalición entre trabajadores y estudiantes puede ser capaz de poner en jaque a las clases corruptas y así conseguir una democracia que garantice la justicia y seguridad que se busca.
Aún así sería ingenuo pensar que mientras la seguridad permanezca dentro de la universidad, las cosas estarán mejor para todos. La gran mayoría de casos de violencia, feminicidios y secuestros ocurren fuera de la universidad, fuera de Chamilpa y fuera de Morelos. El capitalismo es horror sin fin y como mencionamos al inicio, no hay escapatoria en ningún lugar; esto ha llevado al surgimiento de otros tantos movimientos estudiantiles a lo largo y ancho de México con diferentes reivindicaciones, pero con un origen en común. La coalición directa con estos movimientos puede ejercer suficiente presión a un gobierno que, en miras de la realización del mundial, no puede volver a cometer los actos del 68 y, por lo contrario, en el mejor de los escenarios, se verá obligado a atender estas problemáticas.
Los levantamientos espontáneos de masas pueden ser sumamente poderosos, pero sin una dirección orientada a la justicia y la erradicación total de las causas que los provocan, estos están condenados a la atención de problemas a corto plazo y son susceptibles a la manipulación. Sabemos que hay luchas parciales y conseguir reformas es importante, sobre todo porque nos ayuda a adquirir experiencia y confianza en nuestra lucha y a sacar la conclusión de que necesitamos un cambio sistémico. En definitiva, las contradicciones del capitalismo están acelerando rápidamente la generación de condiciones óptimas para una revolución que pueda poner un alto final a la violencia de género, la violencia feminicida y la violencia contra nuestra clase y la juventud en Morelos y en México, y el surgimiento de la Resistencia Estudiantil UAEM es un ejemplo de ello.
Para tener una solución plena debemos atajar la raíz del problema, que es el capitalismo que genera violencia, explotación y no nos brinda futuro. Por ello, si bien se requiere una organización estudiantil fuerte que defienda los intereses de los hijos de los trabajadores, es necesario construir una herramienta más poderosa, un partido de nuestra clase que no busque un fin electoral, sino el fortalecimiento de la conciencia y la organización de nuestra clase y crear los cuadros que comprendan el mundo en que vivimos para poderlo transformar. Por ello invitamos a los compañeros más conscientes y dispuestos que quieran cambiar nuestra universidad y la sociedad, a sumarse al Partido Comunista Revolucionario.
¡Adelante camaradas, hasta la victoria siempre!
