Los grandes empresarios priorizan sus ganancias, nosotros la vida

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En los planteamientos realizados por el Consejo Coordinador Empresarial para combatir la actual crisis social y económica proponen mantener los contratos de la iniciativa privada en el sector energético, particularmente en la industria eléctrica, esto fue dado a conocer en un comunicado emitido el pasado 19 de marzo denominado: “Medidas emergentes para preservar el empleo y mitigar afectaciones a la economía”. Sugieren que en caso de existir despidos, el gobierno federal debe asumir el compromiso de un pago mensual hacia esos trabajadores (deslindándose de cualquier tipo de responsabilidad), además piden que se acelere la devolución de impuestos a los empresarios.

También en días pasados conocimos la noticia que el Corporativo Alsea, dueño de la cadena de restaurantes y cafeterías como Chili’s, California, El Portón, Burger King, Domino’s Pizza, Starbucks, entre otros; que emplea a más de 70 mil personas, pidió a sus trabajadores ausentarse un mes sin goce de sueldo.

En un acto que podría contradecir lo anterior, un sector de empresarios, entre los que se encuentran Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Salinas y dueño de Televisión Azteca y otras empresas, hizo un llamado a apoyar al gobierno federal en la actual coyuntura; Carlos Slim, presidente de Teléfonos de México y de Grupo Carso, que ha aparecido en las listas de los hombres más ricos del mundo, anunció la donación de mil millones de pesos para hacerle frente a la pandemia. Dichas acciones parecen ir encaminadas a una especie de “unidad nacional” entre empresarios y el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, pero más allá de las actitudes “patrióticas” o “humanísticas” de estos empresarios, existen detrás de estos gestos grandes intereses, negocios y concesiones que han obtenido del nuevo gobierno.

Frente a la actual pandemia, los grandes empresarios han optado por priorizar sus ganancias; la clase trabajadora, el pueblo y la juventud, debemos optar por medidas que vayan orientadas a preservar nuestras vidas. La lucha de clases incluso se manifiesta en la actual coyuntura.

Los grandes contrastes y desigualdades no desaparecen con la pandemia

La cuarentena debería ser un derecho para todas las personas, además de que cada uno deberíamos de gozar con un ingreso digno y suficiente, comida basta para todos, y acceso a servicios de salud de calidad. Ninguna persona tendría que arriesgar su salud o su vida para obtener los ingresos suficientes para vivir o sobrevivir. Pero la estructura económica de la actual sociedad impide que esto sea una realidad.

Millones de trabajadores se ven obligados a salir de sus casas porque no se han suspendido labores en fábricas, maquiladoras, call center´s, oficinas, tiendas en centros comerciales, etc. La situación se complica aún más para el 57% de la clase trabajadora precarizada de este país, pues no cuenta con ingresos fijos, ni seguridad social.

Desde la comodidad de sus privilegios, el millonario Ricardo Salinas Pliego pretende dar lecciones a la clase trabajadora, nos dice que: “La vida no puede detenerse, pues hay que salir a luchar para detener esta tempestad económica”, porque “Nos han metido a todos el miedo a morir por el Covid-19… Este virus existe sin duda, pero no es de alta letalidad… como van las cosas parece que no moriremos por coronavirus, pero sí vamos a morir de hambre”. Estas declaraciones fueron realizadas el pasado 26 de marzo.

Al millonario se le olvida que día a día, con o sin pandemia, millones de personas salimos a luchar por el pan de cada día para nosotros y nuestras familias; que la tempestad económica está presente desde hace décadas entre los trabajadores; y que incluso en este país habitan 12 millones de personas que padecen hambre, en la última década más de 85 mil personas perecieron por no tener comida suficiente.

Según la organización internacional Oxfam, Carlos Slim, cuyo valor de sus bienes asciende a 63,100 millones de dólares, concentra la misma riqueza que más de la mitad de la población más pobre en el país. Para darnos una idea de la gran concentración de opulencia y de la gran brecha de desigualdad que existe en el país: 1% de los mexicanos más ricos (1.3 millones) tienen 40 de cada 100 pesos de riqueza en el país, el 50% más pobre (65 millones) sólo accede a 3.5 pesos.

Y no es que en las crisis sociales o económicas todos perdamos por igual, o todos nos ajustemos el cinturón y que todos por igual “salimos a luchar para detener la tempestad económica” (Salinas Pliego, dixit). Durante la crisis económica del 2008-2009 los millonarios en el mundo lejos de perder sus ganancias estas subieron a 900 mil millones de dólares, mientras que los bienes de los pobres, producto de la crisis, se redujo en promedio un 11%; esas cifras pueden sin problema aplicarse a la realidad nacional.

En contraste tenemos, en el otro polo a más de 52 millones de mexicanos que viven en condiciones de pobreza, de los cuales 9.3 millones lo hacen en condiciones de pobreza extrema. 25 millones tienen carencias alimentarias y el 57% de la población carece de seguridad social. En el terreno de los ingresos, 27 millones de mexicanos subsisten con un salario mínimo y más de 3 millones de trabajadores no reciben salario o no les pagan monetariamente.

Ante el panorama planteado es evidente que no todos los mexicanos afrontamos la pandemia de forma igual. Una pequeña minoría puede darse el lujo de seguir las instrucciones para el auto-confinamiento, de presentarseles algunas complicaciones en salud tienen la seguridad de ser tratados en los mejores hospitales y clínicas, con las medidas adecuadas, además sus ingresos están asegurados mientras duré la cuarentena.

Solo un sector de los trabajadores y nuestras familias podemos permanecer en casa durante la cuarentena; a otros, los empresarios nos han enviado al confinamiento sin un peso en nuestra bolsa; una porción más estamos en constante tensión porque esta situación nos puede colocar en las filas del desempleo; y algunos más que están en las condiciones más precarias no se pueden dar el lujo de dejar de laborar.

Nosotros tendremos que atendernos en el Instituto Mexicano del Seguro Social, los trabajadores del estado en el Instituto de Seguridad Social y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, en los subsistemas de salud estatales o en su caso en el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi); que tras décadas de recortes y ataques a la seguridad social por parte de los gobiernos de derecha y neoliberales, carecen incluso de los más necesario. Solo existen en el país 2.6 médicos por cada mil habitantes y una cama de hospital por cada mil habitantes (la recomendación es que cada país debe contar con 3.5 doctores y 4 camas por cada mil habitantes); incluso el material médico mínimo como cubre bocas, gel antibacterial, y guantes hacen falta, lo que ha provocado en días recientes protestas por parte de los trabajadores de la salud.

Los privilegiados, es decir, la clase empresarial ya ha hablado y actuado, ¿qué tenemos que decir los trabajadores ante la actual crisis?

Dos proyectos antagónicos para enfrentar la actual crisis

Los capitalistas, vía el Consejo Coordinador Empresarial, han manifestado sus deseos y exigencias ante la actual coyuntura; piden que se respeten sus millonarios contratos, que el gobierno federal asuma los costos de los despedidos y que se agilice la devolución de los impuestos. Otro sector de empresarios ha optado por enviar a los trabajadores a las casas sin un peso en la bolsa, algunos más han aprovechado la coyuntura para agilizar despidos. Conforme se profundice la crisis económica intentarán rebajar salarios, aumentar los despidos y recortar derechos laborales, es la receta clásica de la burguesía para salir de las crisis: recargarla sobre las espaldas de la clase trabajadora, para impedir que la tasa de ganancia disminuya.

La actitud “patriótica” de los empresarios que se han “acercado al gobierno” es una mascarada que esconde sus intereses por continuar haciendo grandes negocios, de ninguna manera están comprometidos con un proyecto de transformación social. Las empresas Ricardo Salinas Pliego debe a la Servicio de Administración Tributaria (SAT) más de 14 mil millones de pesos; Banco Azteca, una se sus empresas, recibió los contratos del actual gobierno para producir las tarjetas para distribuir los fondos de los programas sociales del actual gobierno.

Ese es el proyecto de los grandes capitalistas, pero ¿cuál es el proyecto del pueblo trabajador para afrontar la crisis económica y la pandemia del coronavirus?

Capas de los trabajadores se han movilizado en los últimos días, principalmente los del sector salud, piden que existan condiciones mínimas para laborar y afrontar el coronavirus, porque hay clínicas y hospitales donde escasean el material más básico. Debemos exigir que sus demandas sean atendidas de inmediato.

Trabajadores de los centros comerciales, del sector turístico, de grandes tiendas y restaurantes que son afectados por la baja afluencia de visitantes o turistas, se preocupan por la posibilidad de que la patronal opte por despedir a un buen número de trabajadores ante el agravamiento de la crisis económica. Se tienen que plantear medidas audaces y radicales ante esa situación y evitar que miles de trabajadores puedan ser despedidos en nuestro país. En Estados Unidos se habla de una cifra histórica de 3.3 millones de desempleados al día de hoy. Los trabajadores no podemos ser quienes carguemos los efectos de la crisis nuevamente, ningún trabajador debe ser despedido bajo el pretexto de la pandemia.

Los trabajadores de las fábricas y maquiladoras, salen día a día a laborar. A pesar de que sus hijos estudiantes puedan ejercer el autoconfinamiento, ejercen una cuarentena no efectiva pues a diario, en el transporte público, los trabajadores tienen contacto con cientos o miles de personas aumentando el riesgo de infección. La cuarentena y el confinamiento tiene que ser efectivo para la mayor parte de la población a medida que avancen las fases del contagio del coronavirus, se tiene que garantizar la suspensión de la producción en las empresas, maquiladoras y fábricas, garantizando que la patronal realice el pago íntegro del salario, bonos y prestaciones a todos los trabajadores.

Otras empresas, como las del ramo automotriz, han entrado en paro técnico, enviando a los trabajadores a sus casas, con el pago de sus salarios, pero si esa situación se sostiene, se corre el riesgo de que el pago no se haga completo o no se realice, manteniendo intranquilos a los trabajadores. En esta situación también debemos exigir la garantía del pago completo de salarios, bonos y prestaciones.

La mayor parte de los trabajadores precarizados y que laboran en el sector informal es imposible que suspendan sus actividades. El 57% de la Población Económicamente Activa se encuentra en esta situación. La mayoría de estos trabajadores no gozan de seguridad social, prestaciones e ingresos fijos. Tienen que salir a diario a buscar el sustento y el de sus familias, es imposible decretar la suspensión de labores en este sector. Se debe promover para este sector una serie de apoyos económicos mientras dura la cuarentena, de manera quincenal, otorgados desde el propio gobierno, además de garantizar su ingreso, se debe de ofrecer el seguro social para ellos y sus familias.

La gran mayoría de los trabajadores estatales estamos confinados en nuestras casas, un sector importante estamos atentos y dispuestos a apoyar la lucha de nuestros compañeros que están laborando de alguna manera.

Algunos trabajadores estamos afiliados a grandes sindicatos nacionales, en los que muy frecuentemente la dirección sindical no corresponde a los intereses de los agremiados. Es momento de poner a esas grandes organizaciones al servicio de los intereses generales de la población y de la clase trabajadora. Se debe exigir que todos sus recursos sindicales se pongan a disposición de los sectores que más los necesitan, en los lugares donde la estructura sindical no exista o permanezca inerte ante la problemática, debemos impulsar la creación de comités de trabajadores que nos permitan organizarnos para la lucha.

Lo que a la mayoría de la población nos tiene preocupados es el abastecimiento de la comida y el constante incremento de los precios de algunos productos de la canasta básica, debido al acaparamiento y las compras de pánico, que a su vez es consecuencia del ambiente de histeria que algunos medios de comunicación han tratado de difundir. Desde el gobierno se debe decretar el control de precios de los productos necesarios para subsistir y tomar medidas contundentes contra el acaparamiento. 

En algunas colonias y comunidades, el abasto de agua sigue siendo una problemática. Desde la Secretaría de Salud nos dan la recomendación que cotidianamente nos lavemos las manos, pero en algunos lugares la falta de agua es una realidad. Debe existir un programa de abastecimiento continuo a nuestras colonias y comunidades. 

Para salir de la crisis social y económica por la que atravesamos debemos apelar a la participación activa de los trabajadores y las comunidades. Mediante el establecimiento de comités de empresa para asegurar que esas medidas se cumplan y el establecimiento de comités de vecinos que aseguren y ayuden en el abastecimiento de agua y comida.

El gobierno federal ha anunciado que se utilizarán recursos para proteger a los sectores más vulnerables, que se adelantarán los apoyos económicos y programas sociales que se han puesto en marcha, se apoyarán a las pequeñas empresas y han conminado a los empresarios a no realizar despidos y pagar los salarios de manera íntegra. Esas son medidas que representan un paso adelante, pero en algunos casos insuficientes.

Si la filosofía del gobierno actual dice basarse en “primero los pobres”, debe actuar de manera consecuente, la idea de que se puede servir a dos intereses a los del pueblo y a los de la oligarquía, en la presente coyuntura está demostrando sus limitaciones; es momento de un fuerte golpe de timón y plantearse la posibilidad de medidas radicales a favor del pueblo, los trabajadores y los pobres. Evidentemente algunas de esas medidas afectarán fuertemente los intereses económicos de una minoría privilegiada de capitalistas, pero la coyuntura actual nos plantea una disyuntiva: priorizar la vida o priorizar las ganancias de una minoría, creemos que se debe optar firmemente por la primera.

Algunos plantearán que las empresas y grandes negocios no tienen dinero para pagar salarios, que es necesario los despidos porque no hay ventas y la producción está estancada, ante lo cual debemos responder que las empresas deben mostrar a la sociedad sus libros e historial de ganancias, es más, hasta su propia contabilidad y se debe exigir que los trabajadores tengan una participación activa en la misma.

Debemos levantar la consigna que empresa que cierre o despida a los trabajadores debe ser nacionalizada y su producción se debe reactivar con la iniciativa de los trabajadores. No podemos permitir que millones de personas sean echadas a la calle, sin ingresos en un panorama tan complicado.

Otros tratarán de explicarnos que nuestro programa es una utopía y preguntan ¿de dónde se sacará todo el dinero necesario? A lo que responderemos: el dinero y la riqueza existe, pero está concentrado en un puñado de grandes empresarios y banqueros en este país, que a costa del trabajo de todos nosotros se han enriquecido. Se debe plantear la posibilidad de la nacionalización y la recuperación de las grandes empresas, así como de la banca para impedir que la crisis económica se profundice y siga afectando a millones de personas.

La presente crisis ha demostrado que los trabajadores somos fundamentales para la sociedad, que somos los verdaderos generadores de la riqueza, pero contradictoriamente somos los más afectados en épocas de crisis económica y social. Eso se debe a que un puñado de personas se apropia de nuestro trabajo por que tiene en sus manos las grandes empresas y la banca.

La propiedad privada de los medios de producción se está convirtiendo en una limitante para afrontar la presente crisis, en el programa del pueblo y los trabajadores debemos ponernos como objetivo la abolición de la misma, al hacer esto no nos referimos a los pequeños negocios, tiendas o cafeterías, nos referimos a las grandes empresas mineras, automotrices, de telecomunicaciones, etcétera y a los bancos.

Nuestra bandera debe ser la defensa de la vida. Cada día millones de personas instintivamente están sacando conclusiones que para vivir dignamente el capitalismo debe morir, que para abrirle paso a una nueva sociedad debemos abolir la base económica que sostiene el capitalismo. Si los grandes empresarios han optado por la ganancia, nuestra bandera es la de optar por la vida, una vida digna de ser llamada así.

En nuestro programa debemos enarbolar:

  • La nacionalización por completo del sistema de salud.
  • Pago completo de salarios, bonos y prestaciones para los trabajadores que estén en cuarentena por cuenta de las empresas.
  • Ningún despido tomando como pretexto la pandemia del coronavirus.
  • Suspensión de las actividades productivas no necesarias para combatir la pandemia con la finalidad de que la cuarentena sea efectiva.
  • Un programa de apoyos quincenales orientado a los sectores más vulnerables, trabajadores precarizados y que laboren en la informalidad con la finalidad de que tengan el derecho al confinamiento.
  • Un decreto de control de precios por parte del gobierno y luchar contra el acaparamiento de los productos de la canasta básica, alimentos, suministros médicos necesarios y insumos para los trabajadores de la salud.
  • Nacionalización de las empresas que despidan trabajadores, se nieguen a pagar salarios durante la cuarentena y acaparen productos médicos, de la canasta básica, suministros e insumos médicos.
  • Nacionalización de la banca, las grandes corporaciones y empresas que fueron privatizadas durante el denominado periodo neoliberal.

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