La revolución mexicana, una inspiración para las nuevas generaciones

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Escrito por: Ubaldo Oropeza

“El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. En tiempos normales, el Estado, sea monárquico o democrático, está por encima de la nación; la historia corre a cargo de los especialistas de este oficio: los monarcas, los ministros, los burócratas, los parlamentarios, los periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen. Dejemos a los moralistas juzgar si esto está bien o mal. A nosotros nos basta con tomar los hechos tal como nos los brinda su desarrollo objetivo. La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”

León Trotsky, Historia de la revolución rusa.

 Antecedentes

El 20 de noviembre de 1910, cientos, tal vez  miles de campesinos se levantaron en algunas regiones del país contra el odiado gobierno de Porfirio Díaz. El banderazo de salida a esta guerra civil que arrastro al país a 7 años de lucha de clases lo dio un terrateniente norteño, Francisco I Madero. Este hombre no pugnaba por terminar con la miseria de la gran masa campesina, tampoco quería resolverles la vida a los trabajadores, sus objetivos principales eran el luchar por puestos políticos dentro del aparato gubernamental.

Él representaba una nueva clase surgida en los años de la dictadura que fue acumulando riqueza, hacendados, dueños de minas, pequeños comerciantes, que estaban hartos de las distinciones que daba Don Porfirio a los empresarios extranjeros y a los “científicos” –casta burocrática  del gobierno enriquecida a costa de las finanzas del estado, del despojo a indígenas y campesinos- . Esta  nueva clase y que querían terminar con la dictadura para tener un gobierno más democrático, donde ellos, los nuevos ricos nacionales, pudiesen tener cabida en las decisiones.

El levantamiento, que en primera instancia fue menor, se comenzó a extender como pólvora por todo el país,. Cientos de miles de campesinos se enrolaron en la “bola” para luchar por sus tierras;  –esta fue la consigna más importante del momento pues la gran mayoría de la población vivía en el campo y se empleaban como peones de hacienda, jornaleros, semi esclavos, etc.-

La dictadura se había mantenido por más de 32 años, los cuales fueron la base para la penetración salvaje del capitalismo. Con Juárez y las leyes de reforma se sentaron las bases jurídicas para permitir lo que Marx llamó la acumulación originaria de capital: quitarle a la iglesia de las tierras ociosas y despojar a los campesinos de sus tierras para dar pie a un sistema de granjas individuales, tipo EEUU, donde cada indígena y campesino tendría que comprar la tierra y trabajarla individualmente. Como los indígenas vivían prácticamente como esclavos  no tuvieron el dinero para comprar su propia tierra;, quienes sí pudieron fueron los extranjeros que se asentaron y formaron grandes haciendas. Políticos y jefes militares también entraron a este festín. Quienes perdieron fueron los pobres del campo y la ciudad.

Estas haciendas funcionaban, en la gran mayoría de los casos como feudos, en su interior no había relaciones de producción capitalista: –la contradicción capital-trabajo-. El hacendado era prácticamente dueño de los indígenas y campesinos, podían disponer de su vida si era el caso, no podían salir de la hacienda salvo con permiso del hacendado y sus representantes. Las condiciones de vida  eran brutales. Esta es la base sobre la que se levanta la rabia de los campesinos contra el gobierno. Esta es la pradera sobre la que cayó el llamado de Francisco I Madero para luchar contra la dictadura.

La penetración del capital extranjero también se avoco en la industria, particularmente en la del ferrocarril, el cual unía a las comunidades productoras de mercancías y materias primas con los puertos más importantes; y la industria textilera  y minera, las cuales se asentaron en la  parte centro y norte del país respectivamente, y una incipiente industria energética. La clase obrera eran políticamente virgen, las primeras organizaciones obreras, tanto políticas como sindicales, eran muy confusas que giraban del liberalismo radical al anarquismo despolitizado.  El partido Liberal Mexicano de los hermanos Flores Magón jugaron  un papel destacado a principios de 1900 organizando a la clase obrera y fundando células revolucionarias. Sin embargo, el levantamiento armado precipitado para 1907, y la represión posterior, desarticular la organización y quedan marginados al momento de la irrupción campesina del 10.

Las condiciones de desarrollo del capitalismo en el país no se habían dado a partir de una revolución democrática como se vio en Francia o Inglaterra, sino que fue fruto de la penetración del capital internacional. Se, establecieron grandes centros industriales, crearon por consecuencia un sector obrero que poco a poco fue robusteciéndose y adquiriendo fuerza en su organización; sin embargo la gran mayoría eran campesinos que laboraban en grandes haciendas en condiciones de peones acasillados  semi esclavos. El desarrollo desigual y combinado del país planteó una prueba de fuego a la pequeña burguesía nacional en 1910: llevar el levantamiento armado hacia una revolución democrático burgués o nacional, con el subsecuente –reparto agrario, la organización de un gobierno democrático, la participación democrática del pueblo, la separación definitiva de la iglesia del estado, el respeto a las minorías nacionales indígenas, la industrialización del país, independencia nacional, etc.,- y con ello para hacer de México un país capitalista moderno, o seguir manteniéndose bajo el ala de los países extranjeros y mantener el régimen de explotación y sojuzgamiento campesino.

 Se desata la lucha revolucionaria

En pocos meses de lucha, bajo la presión de una guerra insurreccional, el dictador salió huyendo del país. El gobierno quedo en manos de Madero, de él dependía  solucionar las demandas más importantes del país, dentro de ellas el reparto agrario. Una vez en el poder, el nuevo gobierno quiso pacificar y desarmar con promesas a los campesinos. Hasta cierto punto lo logró, había una expectativa muy grande. Solo los zapatistas en Morelos, con Zapata a la cabeza, los zapatistas se mantuvieron firmes para que el gobierno cumpliera, Madero respondió con bombas  y balas. De la misma forma respondió a los sectores obreros que demandaban mejor salario en la ciudad. Estaba claro que sus intenciones no eran cambiar de régimen ni llevar adelante la revolución, solo quería llegar al poder y ahora que ya lo tenía en las manos, solo  ahora hacía falta deshacerse de aliados incomodos.

El nuevo gobierno no llevó adelante una purga en el gobierno ni el ejército, mantuvo a los generales de la dictadura;, dentro de ellos una buena parte no querían a este nuevo  gobierno que no representaba sus intereses. Victoriano Huerta se vuelve la cabeza visible de este sector que está dispuesto a deshacerse de Madero y organiza un golpe de estado que termina con la llamada Decena trágica, el asesinato del presidente y del vicepresidente.

Esta pugna en las alturas del gobierno nuevamente desata la lucha armada a gran escala en el país, los viejos guerrilleros que lucharon con Madero llaman a las armas, dentro de ellos se encuentra Francisco Villa en el norte del país, Zapata en el centro-sur y muchos otros revolucionarios menos conocidos. En Sonora, un grupo de terratenientes que se había unido a la insurrección contra la dictadura, permanecieron atentos al golpe de estado contra Madero y ahora se lanzaban a la lucha contra Huerta, sus máximos representantes eran Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.

El avance de los ejércitos constitucionalista, del ejercito zapatista y la llamada División del Norte rápidamente replegaron los ejércitos golpistas hacia Veracruz y fueron derrotados. Inmediatamente la lucha vino entre los dos bandos que representaban intereses de clase diferentes:, por un lado los ejércitos campesinos que luchaban por la tierra bajo la bandera del plan de Ayala de Zapata y , La División del Norte, dirigida por Villa, y por el otro se suma a esta lucha contra los sonorenses, que estos últimos representaban la nueva burguesía que no quería una revolución democrático burguesa, solo querían que todo volviera a la normalidad tener el control del gobierno y terminar con las “bandas de forajidos villistas y zapatistas”.

Este periodo es el más intenso y emblemático de la guerra campesina. Los ejércitos que representaban las verdaderas aspiraciones de la gran mayoría de la población llegaron a gobernar una gran parte del país y su lucha los llevo a nacionalizar y planificar pequeñas regiones de la economía (leer sobre la comuna zapatista y el gobierno  de Villa en Chihuahua) Ahí vemos verdaderos ejemplos de cómo se tendría que proceder a nivel nacional, algunas de estas medidas fueron abiertamente socialistas. Pero, así como mostraron sus lados más brillantes, también dejaron ver sus carencias y por las cuales no pudieron triunfar. Particularmente la carencia de un programa revolucionario para involucrar y ganar a los obreros y romper con el capitalismo. Cuando en 1914 estos dos ejércitos revolucionarios entraron a la capital y tomaron el palacio nacional fueron incapaces de organizar un gobierno revolucionario., Este fue su punto más alto pero también el principio del fin. El ejército constitucionalista con Carranza y Obregón a la cabeza eran más débiles militarmente pero tenían claridad política de lo que querían y avanzaron hasta retomar la capital y  aislaron a los zapatistas en Morelos, persiguieron a la División del Norte y prácticamente terminaron con ella. Se hicieron con del gobierno pero aún tenían que estabilizar el país.

Nuevamente esta fracción de la nueva burguesía se niega a  consolidar una revolución democrática. Esto lo podemos entender porque la burguesía naciente no surge rompiendo sus vínculos con formas de producción semi feudales, sino que se apoya en ellas para jugar un papel en la nueva sociedad capitalista. ¿Cómo podían repartir la tierra a los campesinos si ellos eran los dueños de esas tierras? Nuevamente se ve el papel reaccionario de esta nueva clase ascendente que para afianzarse no puede más que engañar y reprimir a las masas explotadas, tanto campesinos como a los obreros, y utilizar un gobierno bonapartista (un gobierno que representa los intereses de la burguesía pero que en un momento dado se enfrenta a una fracción de esta misma clase y, da algunas concesiones a los trabajadores, y esto lo hace para mantener el régimen de explotación capitalista).

Para poder frenar “el caos” que provocaban los diferentes grupos armados que aún se mantenían activos en casi todo el territorio fue necesario trabajar un pacto con todas las fuerzas políticas, además se mantuvo e intensificó la represión y las mentiras. El caso más emblemático de esto son los tristes Batallones Rojos que impulsaron los anarquistas de la Casa del obrero con los cuales se comprometen a apoyar al gobierno constitucionalista contra los villistas y zapatistas, a cambio el gobierno se compromete a impulsar la organización obrera en los lugares donde el constitucionalismo se establezca y a resolver las demandas económicas de los trabajadores. Lógicamente, que cuando Carranza vio que los ejércitos campesinos ya no eran un peligro reprimió duramente a los trabajadores  y desapareció la Casa del Obrero. Queda claro que la colaboración de dos clases antagónicas solo sirve a una de estas clases: la que es políticamente más clara en sus intereses.

El pacto que impulsó el gobierno tomó cuerpo en la Constitución de 1917. Las discusiones a las que asistieron fuerzas de todos grupos armados se desarrollaron en Aguascalientes –la llamada convención de Aguascalientes-. Aquí los zapatistas defendieron con argumentos la necesidad del reparto agrario, algunos otros defendieron los derechos de los trabajadores, la necesidad de la educación pública, etc. La  constitución termino siendo un documento que recogía las demandas de los  diferentes sectores en lucha, y sobre todo,  dejaba claro que las relaciones de producción que se tendrían que respetar serían las capitalistas. Es decir, es un documento que tiene avances en derechos del pueblo pero que no termina con la explotación, sino que perpetua el interés de una clase por encima de la población. Esto cierra la primera etapa del drama revolucionario que no termina hasta 1940 con el gobierno de Cárdenas.

 

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