La reforma energética y los sepultureros de la expropiación petrolera

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Escrito por: Adrián Alvarado

Por su puesto que la aprobación de la reforma energética tiene un carácter histórico, pero no el que los voceros del capital y el gobierno de Enrique Peña Nieto le quieren dar. Con la aprobación de las leyes secundarias de la reforma energética se cierra un ciclo de contrarreformas y privatizaciones en el país, también se termina con la herencia histórica que representó la expropiación petrolera en el siglo pasado.

El actual gobierno y sus estrategas pasarán a la historia no como los grandes modernizadores, sino como aquellos que terminaron con uno de los hitos más importantes para el pueblo de México en el siglo XX, como fieles servidores de las trasnacionales y el gran capital.

Los sepultureros de la expropiación petrolera

Sin duda uno de los grandes acontecimientos del siglo XX en nuestro país, que ha quedado grabado en la memoria histórica de nuestro pueblo y los trabajadores, fue la expropiación petrolera de 1938.

Durante los años de 1937 y 1938 los trabajadores emplazaron a las empresas petroleras extranjeras a resolver sus peticiones laborales, entre las que se incluía: la firma de un contrato colectivo de trabajo, jornada laboral de 40 horas, entre otras prestaciones; ante la negativa de las principales empresas, los petroleros realizaron diversas huelgas y paros para que se cumplieran sus demandas. Los dueños y representantes de las empresas extranjeras, acostumbrados a realizar su voluntad, se negaron a cumplir cualquier demanda de los trabajadores.

En Diciembre de 1937, un nuevo paro petrolero, obliga a que la Junta de Conciliación y Arbitraje emita un fallo a favor de los trabajadores que dictamina que los días 6 y 7 de marzo de 1938 se tenía que otorgar el dinero necesario para satisfacer las demandas de los trabajadores, el monto equivalía a 26 millones de pesos que las empresas se negaron a pagar argumentando que no tenían tal cantidad de dinero.

Antes de la expropiación, las empresas petroleras eran amos y señores del territorio donde se extraían y procesaban los hidrocarburos, recurrieron a despojos de tierras de los campesinos para poder realizar su negocio “venda ahora o se la compramos a su viuda” solían decir los representantes de la petrolera El Águila (subsidiaria de Royal Dutch Sell), los trabajadores de la industria percibían bajos salarios y los empleos eran precarios. Amparadas por sus propios gobiernos imperialistas como Inglaterra o Estados Unidos, estaban acostumbradas a realizar su voluntad, a saltarse decisiones gubernamentales o ignorarlas  simplemente; los gobiernos en turno, incluso los posrevolucionarios, cedieron una y otra vez ante el poderío económico y político de las compañías petroleras, a pesar que desde 1917 se había plasmado que los recursos naturales eran propiedad nacional, ningún gobierno se había atrevido a tocar los grandes intereses económicos de las empresas petroleras.

Se negaron a acatar cualquier disposición para el pago de impuestos durante los gobiernos de Francisco I Madero hasta el gobierno de Venustiano Carranza, y estos se doblegaron ante el poderío de las petroleras; financiaron intentos de golpes de Estado, y rebeliones militares como la de Manuel Peláez en 1915 y  la rebelión militar de derecha promovida por Saturnino Cedillo en 1938.

La actitud soberbia de las empresas se demostró en la mesa de negociación con el gobierno  de Cárdenas, cuando un representante de las empresas preguntó “¿quién garantizará que el aumento sólo sea de 26 millones de pesos?”, Cárdenas le respondió “yo lo garantizo”, el representante esbozó una sonrisa burlona y preguntó de nuevo “¿usted?”, Cárdenas afirmó “sí, el presidente de la república”, al mismo tiempo dio por terminada la reunión.

La historia es por demás conocida, el presidente Cárdenas, tras varias consultas con gente cercana del gabinete, entre ellos su Secretario de Comunicaciones Francisco J, Múgica, el 18 de Marzo de 1938, decretó la expropiación de los bienes muebles e inmuebles de las empresas Fueron declarados expropiados los bienes muebles e inmuebles de la Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, la Compañía Naviera de San Cristóbal, la Compañía Naviera San Ricardo, la Huasteca Petroleum Company, la Sinclair Pierce Oil Company, la Mexican Sinclair Petroleum Corporation, la Standford y Compañía, la Penn Mex Fuel Company, la Richmond Petroleum Company de México, la California Standard Oil Company of Mexico, la Compañía Petrolera El Agwi, la Compañía de Gas y Combustible Imperio, la Consolidated Oil Company of Mexico, la Compañía Mexicana de Vapores San Antonio, la Sabalo Tranportation Company, Clarita S.A. y Cacalilao S.A.

La reacción popular ante esta medida no se hizo esperar, el 23 de Marzo más de 100 mil personas se concentraron en el Zócalo de la ciudad para respaldar la medida del gobierno de Cárdenas, el 19 de abril miles de mujeres acudieron con joyas, objetos de valor, incluso hasta gallinas para cubrir el pago de la indemnización a las empresas petroleras.

Desde Estados Unidos e Inglaterra se maquinaba el bloqueo y el boicot a la economía mexicana mediante la no compra de petróleo, incluso sectores del gobierno estadounidense  pensaron en una intervención militar ante la decisión de la expropiación petrolera. A partir de la expropiación los bienes e inmuebles de las empresas se unificaron en una empresa estatal, ese fue el origen de Petróleos Mexicanos (PEMEX).

Es interesante leer la opinión de León Trotsky, revolucionario ruso, asilado en aquel entonces en nuestro sobre la expropiación petrolera y el gobierno de Cárdenas:

Con el objeto de comprometer la expropiación a los ojos de la opinión pública burguesa, la presentan como una medida “comunista”.

Se combina aquí la ignorancia histórica con el engaño consciente. El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. Tal es el significado básico de la revolución mexicana en esta etapa. Los magnates del petróleo no son capitalistas de masas, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración. Bajo estas condiciones, la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia.

Qué dirección tome el posterior desarrollo económico de México depende, decisivamente, de factores de carácter internacional. Pero esto es cuestión del futuro. La revolución mexicana está ahora realizando el mismo trabajo que, por ejemplo, hicieron los Estados Unidos de Norteamérica en tres cuartos de siglo, empezando con la Guerra Revolucionaria de la Independencia y terminado con la Guerra Civil por la abolición de la esclavitud y la unidad nacional. El gobierno británico no sólo hizo todo lo posible a finales del siglo XVIII para retener a los Estados Unidos bajo la categoría de colonia, sino que más tarde, durante los años de la Guerra Civil, apoyó a los esclavistas del sur contra los abolicionistas del norte, esforzándose, en beneficio de sus intereses imperialistas, en hundir a la joven república, en un estado de atraso económico y de desunión nacional.

En realidad, la tarea histórica de los del norte consistía en limpiar el terreno para un desarrollo de la sociedad burguesa democrático e independiente. Precisamente esta tarea está siendo resuelta en esta etapa por el gobierno de México. El general Cárdenas es uno de esos hombres de estado, en su país, que han realizado tareas comparables a las de Washington, Jefferson, Abraham Lincoln y el general Grant. Y, por supuesto, no es accidental que el gobierno británico, también en este caso se encuentre a sí mismo al otro lado de la trinchera histórica. Por absurdo que parezca, la prensa mundial, y particularmente la francesa, continúa arrastrando mi nombre alrededor de la expropiación de la industria petrolera. Si ya he negado esta estupidez, no es porque le tema a la “responsabilidad”, como insinuó un locuaz agente de la GPU. Al contrario, consideraría un honor asumir, aunque fuera una parte, de la responsabilidad de esta medida valerosa y progresista del gobierno mexicano. Pero no tengo las menores bases para ello. Supe por primera vez del decreto de expropiación por los periódicos. Pero, naturalmente, esta no es la cuestión. (México y el imperialismo británico)

La expropiación petrolera, tal y como lo explica Trotsky, evidentemente fue una medida progresista, un intento de sacudirnos el yugo del imperialismo británico y estadounidense, de ninguna manera fue una medida socialista; fue, cómo lo explica, una medida o un intento de impulsar un desarrollo de la sociedad capitalista, democrático e independiente, una medida de defensa democrática e independiente ante el saqueo y los planes políticos del imperialismo en nuestro país.

El desarrollo independiente del capitalismo en nuestro país, que una y otra vez fue truncado debido a la debilidad de la clase empresarial de llevar acabo un desarrollo nacional, por sus múltiples conexiones con el imperialismo, por su debilidad y cobardía como clase social, en realidad grandes tareas democráticas e independientes han quedado pendientes en nuestro país debido a esta razón.

Con la reforma energética queda sepultada el símbolo y el objetivo político que se pretendió con la expropiación petrolera; pero los sepultureros tienen nombre y apellidos, se tratan de los políticos enrolados bajo las siglas del PRI y el PAN, partidos que fielmente representan los intereses de la clase dominante y la oligarquía mexicana, nombres los Muriño, Fox y demás tienen fuertes intereses en la inversión de en la infraestructura de las empresas petroleras, la explotación de gas y la distribución de los derivados del petróleo; también  de ex funcionarios públicos que se han hecho socios de las empresas petroleras: Pedro Aspe, Jesús Reyes Heroles, Emilio Lozoya Austin, Juan José Suárez Coppel, Georgina Kessel Martínez, entre otros  trata de empresarios mexicanos cuyas ambición de hacer negocios con las empresas extranjeras,  aunque a ellos sólo les toquen contratos de segunda y tercera categoría.

Con la reforma energética se acaba un periodo histórico, y los discursos tras su aprobación tienen el viejo tufo de las promesas porfiristas que prometían modernidad; regresaran las trasnacionales  Exxon, Chevron y Shell a saquear los recursos energéticos, con el beneplácito de los enterradores de la expropiación petrolera. Modernidad y riqueza, sí,  para será sólo un puñado de políticos y empresarios nacionales y extranjeros.

El contenido de la reforma

No está por demás recordar lo que se aprobó con la reforma energética:

  • Se elimina del artículo 27 constitucional, el impedimento para la extracción de hidrocarburos del subsuelo a empresas particulares, la extracción de hidrocarburos se harán mediante contratos otorgados a particulares.
  • Se modifica el artículo 28 constitucional, para permitir a empresas particulares invertir en la cadena de valor que se realiza después de la extracción de los hidrocarburos, incluyendo el transporte, de petróleo crudo, gas, y petroquímicos.
  • En el terreno de la energía eléctrica, se permite a empresas particulares la generación de energía eléctrica.
  • En las leyes secundarias de la Reforma energética se aprobó lo siguiente:
  • La ley señala dos modalidades de exploración y explotación del petróleo en el subsuelo y aguas profundas, mediante la asignación y mediante los contratos.
  • Las asignaciones comenzarán con la llamada “Ronda Cero”, que será la adjudicación directa las empresas los trabajos de explotación o exploración.
  • Los contratos, se realizarán mediante una licitación, para que a las empresas se les pueda adjudicar territorios para la explotación y la exploración.
  • En la aprobación de las leyes secundarias, se aprobó la modalidad de la “ocupación temporal” de territorios donde se realicen los trabajos de exploración y explotación de hidrocarburos, lo cual es una herramienta legal que las empresas podrán hacerse valer para el despojo de territorios a comunidades campesinas o indígenas; como actualmente sucede con los megaproyectos mineros, eólicos o de infraestructura en diversas partes del país.
  • Aunque se hable de que el Estado no perderá la rectoría sobre el petróleo y la electricidad, la reforma energética está hecha para que las empresas particulares, principalmente extranjeras puedan quedarse con la mayor parte de los contratos y los trabajos de explotación y exploración de hidrocarburos, sin olvidar la generación de electricidad.
El saqueo no comienza con la reforma energética pero se profundizará

Con la aprobación de la reforma energética culmina uno de los mayores deseos de los empresarios extranjeros y nacionales, Ernesto Zedillo expresidente de México lo manifestó de la siguiente forma en un foro sobre los 20 años de la firma del Tratado de Libre Comercio: “Ni en mis más salvajes sueños hubiera esperado ver apenas hace un año, lo que fue aprobado como cambios constitucionales en México.”

Por supuesto que esto no comenzó ayer, la política de privatizaciones, de saqueo, de reducción de derechos sociales y laborales comenzó hace más de 20 años. La privatización de bancos, carreteras, empresas públicas, comenzó con el sexenio de Miguel de la Madrid, continúo con el de Carlos Salinas de Gortari, donde se remataron más de 150 empresas públicas, entre ellas Telmex, Altos Hornos de México, Fertimex, Mexicana de Aviación, TV Azteca, Siderúrgicas, Ingenios azucareros, minas, astilleros, etcétera

El resultado del llamado modelo neoliberal, que no es más que un modelo del sistema capitalista, es el siguiente: 70% de la población mexicana es considerada pobre, en la última década los salarios se han depreciado en más de 60%; por el otro lado tenemos a grandes empresarios considerados entre los más ricos del mundo por la revista Forbes, entre ellos Carlos Slim, beneficiario de la privatización de Teléfonos de México. Por su puesto que ha beneficiado el actual modelo económico, pero solamente para una ínfima minoría, que controla las riendas de la economía e impone la agenda política en el país.

Un ejemplo de lo que puede suceder con la industria petrolera nos lo da la industria minera, la cual fueron privatizadas durante los sexenios de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo.

La industria minera se ubica cómo una de las que mayores ganancias genera, se encuentra en cuarto lugar de generador de divisas en el país, con un monto de 22 mil 516 millones de dólares, está dominado por pocas empresas nacionales y extranjeras, como es el Grupo México de German Larrea, el cual es el segundo hombre más rico de México; la empresa minera Frisco de propiedad de Carlos Slim, el hombre más rico de México; y el Grupo  Peñoles, propiedad de Alberto Bailleres.

Las empresas extranjeras de la minería (principalmente canadienses), reportaron ganancias por 552 mil millones de pesos entre 2005 y 2010, pero solamente pagaron 6 mil millones de pesos en impuestos, poco más de 1% de sus ganancias.

Se calcula que durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón fueron concesionadas más de 52 millones de hectáreas a empresas mineras, esto equivale al ¡26% del territorio nacional!

El salario de un minero que extrae carbón es un poco más de 3 mil pesos, las condiciones laborales, de higiene y seguridad en las minas  son riesgosos, ya se han presentado múltiples accidentes laborales, el más conocido el caso de la mina en  Pasta de Conchos, donde murieron 65 mineros tras quedar atrapados después de una explosión.

El despojo de tierras y territorios a comunidades campesinas ha sido una constante con las empresas mineras las cuales también han causado desastres ecológicos, el más reciente, donde está involucrado el Grupo México por el derrame de más de 40,000 litros de ácido sulfúrico en Cananea Sonora.

Si bien, no podemos trasladar mecánicamente algunos hechos y acontecimientos, el funcionamiento de la industria minera nos da un ejemplo de lo que podría ser la apertura al sector privado de la industria petrolera, con una pequeña diferencia, el negocio de la industria petrolera equivale a cerca de 100 mil millones de dólares anuales, un verdadero botín para las empresas extranjeras.

Cuánta razón tenía Carlos Marx cuando afirmó que el ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los intereses de la clase burguesa.

El ejecutivo mexicano ha demostrado que está al servicio de las trasnacionales extranjeras y las empresas privadas nacionales. Queda al pueblo y los trabajadores de México revertir todos los efectos de la reforma energética y la reforma misma. Sin embargo debemos admitir que las reformas han pasado debido a la ausencia de una táctica estructurada y decidida por parte de las direcciones de sus organizaciones políticas sociales y sindicales.

El revertir las reformas estructurales, la llamada reforma energética, incluida es un punto que debe estar en l agenda de las organizaciones de izquierda y de la clase trabajadora.

 

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