La opresión de la mujer bajo el capitalismo: El trabajo y la familia

Escrito por: Fanny Casillas

¿Por qué hablar de la opresión de la mujer en el capitalismo?

La opresión de la mujer bajo el capitalismo se ha vuelto una situación insostenible sobre todo para los diferentes países de Latinoamérica. Movilizaciones multitudinarias desde Estados Unidos hasta Argentina han sacudido la conciencia de trabajadoras y trabajadores que buscan una alternativa contra el régimen de podredumbre. En México la violencia hacia la mujer es una realidad cruda que vivimos a diario, desde el acoso callejero hasta los feminicidios. Del 2016 al 2017 se reportaron 4 violaciones cada hora, de los 12 feminicidios que ocurren a diario en Latinoamérica, 7 ocurren en México, al menos el 68% de las mujeres en nuestro país han sufrido algún tipo de violencia.

De acuerdo con el INEGI el 51.4% de la población total en nuestro país son mujeres, la tasa de participación femenina tan solo llega al 44.6 %. La brecha salarial es del 18.1 % de diferenciación de hombres y mujeres. Durante 2015, el valor económico del trabajo no remunerado doméstico y de cuidados alcanzó un nivel equivalente a 4.4 billones de pesos, lo que representó el 24.2% del PIB del país, de esta participación las mujeres aportaron 18 puntos y los hombres 6.2 puntos. 1

August Bebel -dirigente socialdemócrata alemán- conceptualizaba el trabajo doméstico como servidumbre moderna, y es que este se relaciona directamente con la opresión del género femenino en el transcurso de la historia. Sin embargo, la explicación sobre la opresión de la mujer se encuentra en el mismo sitio que la opresión de los trabajadores en el mundo y, de hecho, tiene una relación directa: el modo de producción capitalista.

En el movimiento feminista hemos visto avanzar posiciones deformadas, que lejos de explicar y poner piso firme a los debates sobre la explotación de la mujer, lo polariza y legitima posiciones de la burguesía. Desde el feminismo socialdemócrata al feminismo radical, estas medidas lejos de dar herramientas para la liberación de la mujer se vuelven reaccionarias para la lucha, en el contexto de la actual crisis del capitalismo donde el oprobio hacia la mujer es uno de los más crudos que se han observado desde la época medieval o el oscurantismo. Estas posiciones y consignas, lejos de elevar el nivel de conciencia para la lucha por la emancipación de la mujer y de los trabajadores, la rebajan y obstruyen su desarrollo.

El presente documento pretende abonar al debate y a la reflexión, así como trazar paso a paso el camino que nos lleve de manera correcta a la lucha en las calles por la liberación de los oprimidos del mundo. Sabemos que el camino es difícil pero no por ello imposible, entender las causas, luchar contra el enemigo y organizarnos, es necesario en estos días de barbarie.

La naturaleza del trabajo

Engels expresa en su obra El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre  que es  “el trabajo el que ha creado al propio hombre”. Para Marx, es el trabajo en donde el hombre de manera genérica se crea a sí mismo, en donde proyecta su esencia, es decir es la actividad en donde queda materializada su humanidad. Sin embargo, bajo el modo de producción capitalista, el trabajo de los hombres lejos de ser una actividad reafirmadora la convierte en el medio de servidumbre de una clase sobre otra, el medio de la explotación del hombre por el hombre.

El uso de la fuerza de trabajo es el desgaste físico-mental que emplea toda persona para desarrollar una actividad. En este acto de apropiación del sujeto con la naturaleza, en su búsqueda por el control y ordenamiento del entorno en el que se rige, le ha llevado durante miles de años a perfeccionarse a sí mismo en esta actividad, en el capítulo 5 del capital -que retrata el proceso de valorización del trabajo Marx- retrata de perfecta manera  la diferencia del trabajo del hombre y su capacidad para recrearse a sí mismo que al resto de las especies:

Concebimos el trabajo bajo una forma en la cual pertenece exclusivamente al hombre. Una araña ejecuta operaciones que recuerdan las del tejedor, y una abeja avergonzaría, por la construcción de las celdillas de su panal, a más de un maestro albañil. Pero lo que distingue ventajosamente al peor maestro albañil de la mejor abeja es que el primero ha modelado la celdilla en su cabeza antes de  construirla en la cera. (Marx, Redit 2014)

En este párrafo se ejemplifica y se hace una analogía para explicar la diferencia del trabajo del hombre respecto a otras especies. Partimos del trabajo, una de las categorías fundamentales del materialismo histórico, para abordar concretamente el estudio de la opresión de la mujer

Antecedentes Históricos

A)   Esclavismo

La opresión de la mujer es producto del desarrollo de las sociedades divididas en clase. Federico Engels en su obra El origen de la familia la propiedad privada y el Estado, desarrolla y describe como el desarrollo de este tipo de sociedades cambió los roles entre hombres y mujeres en la familia primitiva. Engels menciona “El derrocamiento del derecho materno produjo la derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo” (Engels, Redición 2010)  El derecho materno consistía en que la descendencia y la repartición de los bienes se contaban por línea femenina,  la primer medida fue la de abolir la poligamia y pasar a la monogamia, esto configuro de tal forma la familia al grado de volver esta institución el confinamiento de opresión de la mujer. Familia viene de famulus que quiere decir esclavo doméstico y la familia hace alusión al conjunto de esclavos domésticos, en otras palabras, entendemos que la configuración familiar es el núcleo del cual se produce y reproduce esta división de los sexos producto de la división de clase.

Una vez que la mujer quedó configurada en el nuevo esquema familiar y perdió potestad sobre el derecho materno también fue separada de la esfera de producción social para recluirse  en la esfera particular  del trabajo doméstico.

En el modo de producción esclavista -que fue el primer modo basado en la explotación que aparece en la historia- el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción se basaron en dos figuras: por una parte el esclavo quien es configurado como un instrumento objeto y no como un sujeto propio, y la figura del esclavista que es quien se configura como un ser libre cuya riqueza está basada en la acumulación de esclavos. El Estado esclavista dotó de personalidad (capacidad de ejercicio) únicamente a los amos mientras que los esclavos sin personalidad  estaban sujetos al deseo y potestad del amo,  este último no tenía ningún bien en posesión, incluso su vida pertenecía exclusivamente al esclavista.

El esclavismo alcanza su desarrollo en la configuración de la Grecia antigua y la Roma clásica; para obtener el dominio de los esclavos se forma un aparato de violencia, que incluye la coerción y dominación. Las formas en las que una persona podría volverse esclavo eran por nacimiento, a través de la herencia de deudas de sus padres o a lo largo de la vida si se contraían deudas, si se desertaba en la guerra o si se perdía la guerra.

La familia en la sociedad esclavista es de carácter individual como unidad económica de la propia sociedad, basada en la propia esclavitud doméstica, que encarna el papel de la mujer, estos dos elementos son claves para entender la trascendencia de esta concepción similar a través de distintos modos de producción. A pesar de que la condición natural de la mujer en la sociedad esclavista, es la de la servidumbre, podemos notar ciertas características a partir de la clase social a la que pertenece. Por ejemplo, en el caso de la clase esclavizada la relación hombre/mujer juega un papel homólogo de explotación sin ninguna oportunidad de derechos, o reafirmación como sujetos, mientras que dentro de la clase esclavista las mujeres únicamente jugaban el roll de portador o fuente para adquirir propiedad o parte del patrimonio de otra familia.

Con la consumación del matrimonio, parte de la propiedad de la familia de la cónyuge pasaba a propiedad del Pater familias (figura central de la familia en el caso de la cultura romana). Cuya única tarea era la de organizar el trabajo doméstico, incluyéndola con los esclavos, es decir su papel era el de la servidumbre central de la casa.  Dentro de esta sociedad, el trabajo que recreaban los esclavos era lo que forjaba la riqueza sobre la base material del trabajo doméstico, ya que las mujeres, que confinadas a las tareas del hogar, no tenían tiempo de entrar en las otras esferas de la sociedad como la vida política, cultural y social.

A la par de la práctica de la monogamia, basada en condicionamientos económicos y que sólo fue impuesta y exigida a las mujeres, era lógico que aparecieran sus dos aditamentos complementarios: el adulterio y la prostitución. Esta última se convirtió en una institución a la que gran número de mujeres, tanto libres como esclavas, se vieron cercanas como única forma de subsistencia frente a la opresión que ejercía la sociedad esclavista. Fue precisamente, sobre la base de la prostitución, de donde salieron las únicas mujeres que llegaron a destacar en la política y la cultura de aquella época. Eso sucedió, por ejemplo, con las hetairas griegas, quienes lograron adquirir una independencia -que no pasó de ser muy relativa, puesto que no realizaban un trabajo productivo y tenían que depender de la venta de su cuerpo a un hombre-. Sin embargo, por el solo hecho “de que para convertirse en mujer fuese preciso antes hacerse hetaira, implicaba la condenación más severa de la familia ateniense” (Engels, El origen de la familia la propiedad privada y el Estado, Redición 2010). La carga moral que se tenía que pagar por liberarse de la explotación del seno del trabajo doméstico, y con ello el de transgredir de la esfera individual a la que fueron confinadas, para tener ciertas concesiones en la vida social, era el camino de la prostitución.

Entender que esta opresión de la mujer en el periodo esclavista responde a una razón única, la de clase, es importante. Son los esclavos (hombres y mujeres) en conjunto, quienes no tienen derecho alguno, incluso el reconocimiento de verse como seres y en cambio en la clase de los esclavistas la situación de la mujer es dispar a la de los hombres, no por el género fundamentalmente sino por el confinamiento de la vida pública a la domestica, por la propia segregación de la producción en la sociedad.

B) Feudalismo

La podredumbre de la sociedad esclavista y la caída del imperio romano fueron importantes para el surgimiento del Estado feudal. El término feudalismo, en su aspecto etimológico, deriva de la palabra latina foedus que significa alianza o juramento este modo de producción se caracteriza por la explotación económica llevada a cabo por una casta militar sobre una masa de campesinos sometidos a una serie de cargas (…) que les permiten el usufructo de la tierra que ocupan. 2  Es resultado de la relación de los germanos (y demás grupos bárbaros) con los romanos. Pese a que los grupos denominados bárbaros rechazaban algunas de las tradiciones romanas, algunas prevalecieron en el tiempo. Al paso de los territorios del antiguo imperio romano, se establecieron diversos reinos encargados por soldados, los que anteriormente eran campesinos libres volvieron a un estado de servidumbre (la de gleba), fueron hundidos en una relación de dependencia (vasallaje), a cambio de una llamada protección por la que pasaría la confiscación del trabajo de los campesinos o usufructo del trabajo agrícola (explotación ganadero-agrícola).

Bajo este nuevo sistema de producción la familia jugaba un papel importante ya que esta figura era necesaria para el cumplimiento de las tareas de la producción social. Por lo que el papel de la mujer dentro de la sociedad feudal contribuía a la producción. Cabe señalar que durante el primer periodo del feudalismo la producción de los siervos se limitaba a la esfera del valor de uso, ya que solo se producían bienes de subsistencia y para el confiscamiento del señor feudal, el mercado o intercambio vendría en otra etapa posterior.

En ese sentido el intercambio era limitado, la familia era, al mismo tiempo, el centro de la reproducción de la fuerza de trabajo y de la conformación del plus-producto, que era resultado de la renta traducida en productos que el siervo pagaba al señor feudal. Este pago no se efectuaba a título personal del campesino, sino como fruto de la economía familiar en la que participaban todos sus miembros.

Las relaciones entre campesinos en el terreno del trabajo, no distaba en nada en la relación hombre/mujer no obstante la relación social de las mujeres era infame por la influencia de la iglesia y el apoderamiento del señor feudal sobre los siervos. El derecho de pernada es un ejemplo de ello, otorgaba a los señores feudales la potestad de mantener relaciones sexuales con cualquier doncella, sierva de su feudo, que fuera a contraer matrimonio con uno de sus siervos (en América latina el derecho de pernada impregnaba una serie de prácticas de abuso y servidumbre sexual de los hacendados a las mujeres indígenas, campesinas, etc.). Dentro de la sociedad medieval se asumía que la mujer seguía sin el reconocimiento de capacidad como sujeto y necesitaba de la tutela de su marido o padre para relacionarse en el feudo, por lo que la mujer sierva dentro del feudo tenía que rendirles cuentas a dos señores su marido y el señor feudal.

Engels hace alusión al régimen escalonado de podredumbre que el sistema feudal perpetuaba en la sociedad:

Los siervos eran explotados hasta la última gota de sangre, los nobles se valían de todos los pretextos para imponer nuevos tributos y servicios a sus vasallos. En contra de todo lo estipulado aumentaban la servidumbre personal, los pechos, censos, laudemios, derechos en caso de muerte, tributos de domicilio, etc. (Engels, La Guerra de los campesinos en Alemania, 1850 reeditado 2011)

El campesino soportaba el peso integro de todo el edificio social: príncipes, funcionarios, nobleza, frailes, patricios y burgueses. El matrimonio o la muerte también eran requerimientos de tributo al señor feudal. Cuando quería mandaba encerrar a sus siervos en el calabozo donde los esperaba la tortura, con la misma seguridad que el juez de control les espera en nuestros días. Los mataba o los mandaba degollar cuando quería. Esta situación de infamia a los siervos y mujeres construyó tabique por tabique el camino que tuvo lugar a distintas rebeliones con la participación de siervos y de un sinfín de mujeres en las denominadas  jacqueries (sublevaciones campesinas en Francia de 1358), otro tanto sucedió en Inglaterra con los lolardos o en la propia Alemania, país en donde las mujeres fueron las más acérrimas defensoras de las ideas de Tomás Münzer. Mientras que las situaciones de las mujeres de la clase del señorío feudal tenían derecho de títulos, la posesión era un derecho como miembro de la familia feudal, pese que tenía que regirse por el derecho paterno, las mujeres podían hacer acuerdos económicos en ausencia de su marido, sin embargo, la posesión de la familia del señorío a la que tenía acceso esas mujeres, también estaba fundada sobre la explotación de hombres y mujeres que formaban a los siervos.

La opresión de la mujer en el capitalismo un análisis necesario

En el periodo de la conformación de los burgos, a las afueras de los feudos en donde se acentuaron los pequeños talleres, y centros de comercio, grupos de mujeres y hombres huyendo de la opresión feudal entraban a ellos, en donde ambos tenían derechos producto de su participación en la producción. Sin embargo, una vez que las reformas para abolir la servidumbre de gleba y liberar la fuerza de trabajo llegó miles de hombres y mujeres sin un medio de trabajo o factor productivo como -lo era la tierra- tuvieron que verse en la situación de cruel explotación o pasaron a las filas del vagabundaje. Las barreras que limitaban las fuerzas productivas en el periodo feudal tuvieron que ser rotas para darle paso al sistema de producción capitalista, sin embargo, este sistema nace de las mismas entrañas del feudo, chorreando poros de sangre: el desarrollo de la división social del trabajo trajo consigo la aparición de nuevos oficios, esto unido al consiguiente auge del comercio, la acumulación de capitales y la existencia de una masa de hombres y mujeres  desposeídas de medios de producción y cuyo único medio de subsistencia era la venta de su fuerza de trabajo, crearon las premisas necesarias para la aparición del capitalismo.

Bajo el capitalismo el trabajador queda atado de manos para satisfacer sus necesidades, incluso las de subsistencia, a la venta de su fuerza de trabajo, ya que es separado de todo instrumento de trabajo. En el capitalismo se clarifican como agua cristalina las contradicciones que hay en el trabajo social realizado por la mujer y el trabajo doméstico que la tiene en una situación de doble explotación. En el periodo en el que las jornadas alcanzaban las 12 a 14 horas la situación de la mujer se volvió insoportable. Como citaba Engels la paradoja de la mujer era que si quería contribuir a la vida de la producción social para obtener ingresos por ella misma, le era imposible asumir las tareas de la familia mientras que si cumplía estas tareas quedaba totalmente segregada de la vida social.

La familia se volvió a configurar a partir del modo de producción, puesto que en este nuevo ordenamiento las familias ya no eran necesarias como en el periodo anterior, estás se proletarizaron, la familia dejó de contar en el papel de la producción social y regresó a la esfera privada, junto con las tareas domésticas, además el papel de la familia proletaria giró en una nueva tarea: definir los límites de la participación en la producción social y de la reproducción de fuerza de trabajo. Sin embargo hay que aclarar una situación, entre la familia proletaria y la de la burguesía existe una brecha enorme, diferencias de clase que se acentúan y a su vez se esconden en un pase de manos. Son las familias de la burguesía las que están arraigadas sobre intereses económicos (transmisión de la propiedad como el matrimonio, intercambio de bienes, las  relaciones personales incluso), las familias proletarias pese a que funcionan en el mismo sentido, la misma condición que hizo que el capitalismo los desposeyera de toda cosa que no sea su fuerza de trabajo, hace difícil que se consoliden bajo esta base económica, la de la propiedad privada, y si sucede, es marginal, comparada a la base en la que se sustenta la burguesía. Aunque en el terreno social las familias proletarias son las que producen y reproducen cada día la fuerza de trabajo necesaria para el capital.

El proletario carece de bienes. Sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen ya nada de común con las relaciones familiares burguesas, la producción industrial moderna, el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterra que en Francia, en Alemania que en Norteamérica, borra en él todo carácter nacional. Las leyes, la moral, la religión son para él otros tantos prejuicios burgueses tras los que anidan otros tantos intereses de la burguesía.  (Karl Marx, 1848 redicion 2014)

El capitalista necesita que la familia persista, necesita que cumpla su objetivo entorno a la fuerza de trabajo, como una herramienta de transmisión de valores burgueses, como constitutivos de la ideología de una clase sobre otra.

Antes del desarrollo del capitalismo la reproducción de fuerza de trabajo se veía en peligro por la incursión de las mujeres en las fábricas, por lo que las condiciones de miseria salarial y despidos a la mujer eran cotidianos. Con el desarrollo del capitalismo se crearon las bases materiales para la reincorporación de la mujer en la vida de la producción social, muchas de las tareas que se hacían en el hogar, bajo el desarrollo de las fuerzas productivas, se resolvían o se hacían más sencillas. Sin embargo, el tiempo libre resultado de esa disminución de trabajo era ocupado para el trabajo en la producción o en la concentración de la familia (fuerza de trabajo). Esto nos habla de que la mujer bajo el capitalismo, debe cumplir con dos jornadas de trabajo, la concerniente a la esfera de la producción y la del trabajo doméstico. De esta relación es el capitalista quien se enriquece: por una parte obtiene ganancias producto del trabajo y la extracción de plusvalía y por otro lado, garantiza la reproducción de fuerza de trabajo, condición necesaria para incrementar la explotación de la clase trabajadora en su conjunto, sin mencionar que la incorporación de la mujer trabajadora al mundo de la producción social trae consigo un abaratamiento de su fuerza de trabajo (justificante ideal para el remplazo de los trabajadores o el abaratamiento de su fuerza de trabajo) ya que se asume que si hay más participación en las familias en el trabajo y por ende crece la masa de fuerza de trabajo en búsqueda de empleo, entonces se desvaloriza su función esto a la par de lo que plantea Marx en El Capital:

Lo que determina el valor de la fuerza de trabajo y, por tanto, el nivel de ingresos salariales de la misma es el valor de las mercancías que son medios de vida necesarios para el sustento de la familia en su conjunto. (Marx, Redit 2014)

El capital depende y necesita de la explotación y segregación de la mujer para preservar su lugar, así como necesita la explotación de la clase trabajadora. La mujer trabajadora debe soportar esta doble explotación, ya que el trabajo doméstico se vuelve medular para la obtención de fuerza de trabajo. Sin la reposición de la fuerza de trabajo se mermaría y decaería el nivel de producción que el capital necesita para reproducirse y sobrevivir. En general es por las actividades y servicios que realiza la mujer en casa que se libera toda la fuerza de trabajo de los hombres en el proceso productivo. ¿Qué pasaría si la mujer no tuviera sobre sus espaldas esta tarea? De no recaer este trabajo sobre las espaldas de la mujer, el capital se vería obligado o reducir las horas de la jornada de trabajo de los hombres para poder cubrir las necesidades que requiere la reposición de la fuerza de trabajo, o bien, que  se contara con la maquinaria y espacios que cumplieran estas tareas que faciliten la actividad productiva de los hombres. En ambos casos es necesaria la disminución de extracción de plusvalía por parte del capitalista ya que por la primera vía, se  disminuye el tiempo de trabajo excedente del cual se apropia y eso implica un asunto de principios e intereses para la clase burguesa, con la otra necesita elevar el salario de los trabajadores para que puedan adquirir los medios necesarios para la reposición de su fuerza de trabajo, que implica la misma fórmula de reducir la extracción de plusvalor por parte del burgués.

El aumento de la crisis capitalista está en relación directa con la descomposición de la familia. Las horas que podría utilizar una mujer para ocuparlo en la vida política, cultural, social es utilizado para cumplir con la jornada de trabajo que no se valoriza como lo es la domestica. Las carencias que se tienen en el seno de la fuerza de trabajo perjudican directamente la conformación de las familias y también en última instancia la composición de estas. En periodos que necesita el capital expulsa a las mujeres de sus trabajos para devolverlas al hogar y en momentos de crisis también son ellas quienes asumen con facilidad un empleo por su capacidad de sobreexplotación y el salario tan bajo que tienen. La familia entonces saca a flote que el único interés que la mantiene es el del interés privado, como narra Engels en su obra La clase obrera en Inglaterra.” La familia de la moderna sociedad es disuelta, y en esta disolución se demuestra, justamente, que en el fondo no es el amor a la familia sino el interés privado, necesariamente conservado en la investida comunidad de bienes, el lazo que sostiene a la familia.”

Si regresamos al concepto primero que abordamos en este artículo, en donde se plantea que el trabajo es aquella actividad exclusiva del hombre como ser genérico y que es en realidad esta actividad parte del proceso del que se humaniza. A continuación abordaremos algunos conceptos que el feminismo ha querido utilizar para justificar la errónea idea de que la opresión de la mujer es la disputa de los sexos por sí mismos y no el producto de la relación de la lucha de clases, del conflicto antagónico entre el trabajo y el capital.

El trabajo no objetivado y la prostitución

Existe una relación dialéctica entre el trabajador y el objeto (medios de producción o instrumentos de trabajo) en el que se desarrolla la actividad central que es el trabajo. Sobre esta relación surge la objetivación. Marx explica que es el trabajo el que se objetiva  (a través de los medios e instrumentos) mientras que es el objeto el que se elabora (bajo el proceso productivo), sin embargo, bajo el sistema capitalista el hombre no puede objetivar su trabajo, ya que no tiene en sus manos los objetos del trabajo, es decir le han apartado de los medios para poder objetivar su energía. Para realizarse, el trabajador debe de acudir a un capitalista, quien es dueño de los medios de producción, en donde pueda hacer uso de su capacidad productora y creadora. Más drásticamente un trabajo humano es aquel en donde el producto posee el dominio de su imaginación y la puede plasmar en un producto que forma parte de su existencia misma como ente creador, el capital separa al producto de esa cualidad independientemente de su sexo, de ser un ente creador lo convierte en un instrumento más.

El feminismo retrata el concepto de objetivación como un fenómeno exclusivo que afecta a mujeres y a causa del dominio de los hombres o de lo que algunas corrientes del feminismo llaman patriarcado. Sin embargo, es la objetivación la que se da en el seno del trabajo y la relación del sujeto con esta categoría. Es decir, podríamos afirmar que tanto hombres como mujeres de la clase trabajadora al ser apartados de los instrumentos para producir y desposeerlos de los medios de producción también quedan sin forma alguna de objetivar su trabajo como capacidad creadora.

Esta situación de la que miles de personas que conforman el ejército industrial de reserva lo plantean de distintas formas: por ejemplo, las mujeres bajo el capitalismo en donde su fuerza de trabajo no es valorada como la de los trabajadores, y su trabajo doméstico no produce valor en términos sociales, se configura el fenómeno de que la mujer debe verse a sí misma como un objeto (su cuerpo) del cual pueda obtener valores de cambio.

Alexandra Kollontai, en 1921, escribe precisamente sobre la prostitución y como combatirle, ella explica de manera puntual:

Cuando los salarios de una mujer son insuficientes para mantenerla viva, la venta de favores parece una posible ocupación complementaria. La moral hipócrita de la sociedad burguesa fomenta la prostitución por la estructura de su economía explotadora, mientras que al mismo tiempo cubre con desprecio a cualquier chica o mujer que es forzada a tomar este camino. (Kollontai, 1921)

La moral burguesa castiga la prostitución pero las relaciones sociales la fomentan, es la explotación y la condición de miseria en la que se deja a hombres y mujeres la que enarbola y hace que crezca esta situación a pasos agigantados. Mientras que en el periodo esclavista y el feudal el número de mujeres que incurrían en esta práctica  era reducido, también vemos como la prostitución estaba ligada a las relaciones exclusivamente familiares, bajo el capitalismo la condición de explotación es tan brutal que la venta del cuerpo es considerada como una fuente para la adquisición de ingresos, ya que el sistema es incapaz de resolver estás problemáticas, al mismo tiempo la acusación moral del capitalismo señala a las mujeres, además de que las criminaliza. Es decir, en el capitalismo, la condición de la mujer se agrava a tal nivel que la prostitución va más allá de los límites que transgreden a la conformación familiar, como pudo serlo bajo el esclavismo o por la inserción a la vida social y bajo algunos gremios como en el periodo feudal, sino por la incapacidad de que las mujeres puedan objetivar su fuerza de trabajo en la relación del sujeto-objeto. Pues el capital ha mutilado el derecho de vida del fruto que edifica el trabajo sobre el proletariado.

Las raíces de la prostitución en este sistema están en la economía. La mujer, por un lado, está en una posición económicamente vulnerable y por el otro, condicionada por siglos de educación para esperar favores materiales de un hombre a cambio de favores sexuales – ya se den estos dentro o fuera de la atadura del matrimonio. Esta es la raíz del problema, esgrime Kollontai en los debates al calor del triunfo la revolución rusa.

La cosificación de la familia y el avasallaje de la mujer.

El concepto de cosificación es aquel que utilizó Marx para definir un proceso sobre las relaciones sociales de producción en la esfera del capital financiero. Según Marx en el capital productor de interés es donde la relación capitalista alcanza, su forma más externa y más fetichista. Para ello es necesario describir el proceso del capital industrial que tiene como fórmula : D-M…P…M´- D´ esta abstrae el proceso de producción industrial en donde un capitalista que tiene una inversión de dinero  producto de la acumulación del capital (D) en la cual, necesita obtener de la esfera de circulación, fuerza de trabajo traducido a capital variable y medios de producción traducido a capital fijo, para comenzar el proceso de producción en donde las relaciones sociales de trabajo (el trabajador quien una vez que tiene empleo puede objetivar su trabajo y el capital una vez que cuenta con fuerza de trabajo espera obtener ganancia), participan de manera que se valorizan las mercancías creadas, en donde el fruto de esto lo conocemos como plusvalía (M´) y estas puedan venderse en el mercado (D´) de nueva cuenta, en la esfera de circulación.

De la extracción de plusvalía, que es el valor creado que se aparta del seno de sus productores, que son los proletarios, que se apropia el capitalista, y es utilizada por una parte para beneficio propio, otra para la renta que debe pagar por el trabajo elaborado y la otra destinada al capital financiero o bancos, del cual debe a su vez pagar un interés por el dinero prestado. El capital que produce interés, es quien le presta dinero al capitalista y por ello recibe una suma de dinero, (D-D´) de tal forma que se piensa que del dinero brota dinero, cuando en realidad ese interés es una parte que yace de la plusvalía que ha creado el trabajador y que le es despojada por el capitalista. En ese sentido la cosificación surge de la desaparición del proceso de las relaciones sociales (D-M-D´). La relación social entre capitalistas y trabajadores ha quedado reducida a la relación de una cosa consigo mismo al asumir que el excedente de D brota del propio dinero y no de la relación que hay en la producción.

Asumimos que la familia bajo el capitalismo aunque no cumple en su conjunto un papel en la producción social como lo era en el periodo feudal, si tiene una unidad económica relacionada determinantemente a este modo de producción, ya habíamos explicado anteriormente que una de las tareas de la familia es la de la producción y reproducción de fuerza de trabajo y que es sobre las espaldas de los trabajadores que recae la responsabilidad y gasto de esta misma. El capital no gasta en ello, incluso su tarea en ese aspecto, es la de mantenerla anclada a la superestructura (iglesia, escuelas, moral, leyes, cultura) que la encomienda de renovar de manera ideológica la permanencia de la familia.

En la actualidad en un matrimonio, los cónyuges deben trabajar para contribuir a los gastos familiares, esto produce un aumento en los ingresos, en ese mismo sentido también aumentan los gastos que se deben cubrir como pagar a alguien que haga las tareas del hogar, una lavadora, una secadora, una guardería, etc. Por ello no podemos decir que el trabajo doméstico es como un residuo del pasado sobre el avance del desarrollo del capitalismo, también es utópico creer que este puede desaparecer sobre la sombra del capitalismo, porque el trabajo doméstico constituye la unidad económica necesaria para la reproducción de la fuerza laboral y para el debilitamiento u obstaculización de la fuerza laboral de las mujeres  en la sociedad.

El proceso de cosificación no se da directamente sobre la mujer, sino en las relaciones maritales dentro del capitalismo, en la célula que funda la familia, ya que el capitalismo fetichiza el proceso de producción mismo, en donde no asume el papel que deben cumplir las familias proletarias que producen y reponen los medios necesarios para liberar a la fuerza de trabajo. De manera indirecta, esto es determinante para la mujer. Hay que partir de la explicación de las diferencias de explotación sobre hombres y mujeres en el capitalismo, en primera instancia los trabajadores entraron a las fábricas como fuerza de trabajo libre rompiendo con el germen del modo feudal, en el caso de las mujeres no fue así. La relación entre la mujer y el capital se mide por la relación con el hombre y por consiguiente, a diferencia del trabajador masculino, la situación de la mujer no nace o desaparece en la división social del trabajo bajo el capitalismo. La mujer antes de ser trabajadora, es esposa: el lugar original y concreto de su opresión es el hogar y las relaciones que se establecen en él. La mujer tiene la obligación de cumplir con todas las obligaciones familiares, mientras que su papel productivo en la sociedad es secundario. (Militante, 2001)

La producción capitalista conmina a las trabajadoras directamente con políticas que intervienen en la esfera de la producción sobre las relaciones en el núcleo familiar: Hay momentos en donde el capital prohíbe o expulsa de los centros de trabajos a las mujeres que están en periodo de gestación pues esto implica para ellos, asumir mayores gastos en las relaciones laborales sin mencionar la disminución de productividad ,el  grado de explotación y por ello un demerito en la extracción de plusvalía. En otros casos el Estado llega al grado de esterilizaciones forzadas o el polo opuesto en donde se prohíbe la práctica del aborto ya que en periodos, el capitalismo no puede darse el lujo de perder la fuerza de trabajo que solo llega a sus manos sin costo alguno o fomentar las bases que acentúan la crisis del desmoronamiento de la familia nuclear por sus contradicciones.  Ocurre por otro lado, en los países imperialistas en donde el desarrollo de las fuerzas productivas es avanzado y al Estado le resulta más provechosa la plusvalía de las trabajadoras en la producción, en este caso la política es estimular a que se tengan  hijos a cambio de estímulos económicos del propio gobierno aunque estas últimas, son  concesiones que se fijan  sobre las costillas de la explotación que ejercen los países imperialistas sobre  los países semi coloniales.

A manera de Conclusión:

Como se ha explicado, la naturaleza del trabajo está en relación con el hombre como ser genérico y la naturaleza, fue este el acto el motor para la evolución del ser humano a través de la historia. Sin embargo, desde la existencia de las sociedades dividas en clases, el trabajo de mujeres y hombres se les ha arrebatado. Reduciendo la existencia de la sociedad como formas de explotación del hombre por el hombre. La mujer bajo este proceso no puede quedarse al margen, la opresión de la mujer en realidad esta remontada al surgimiento de las sociedades clasistas como se explicó.

La configuración de los distintos modos de producción señala las características elementales del papel de la familia, las leyes y la moral. Pero, siempre con respecto a las relaciones sociales de producción en las que se encuentra, de tal modo que la opresión a la mujer dentro de cada proceso histórico tuvo elementos específicos.

En el capitalismo la opresión de la mujer trabajadora es doble, por el confinamiento al trabajo doméstico para producción y reposición de la fuerza de trabajo y por otro lado por el grado de explotación a las que son sujetas por su situación de clase.  La mujer trabajadora entonces debe cumplir bajo este sistema una doble jornada.

El valor de la fuerza de trabajo, se valoriza sobre los medios necesarios de subsistencia para la reposición de la fuerza de trabajo, el capitalista utiliza la entrada de la mujer en la producción para desvalorizar la fuerza de trabajo que se refleja en la caída de los salarios.

A diferencia del feminismo, el marxismo ofrece una salida científica y clara sobre el problema de la mujer, poder esgrimir el real y concreto problema que origina la opresión de la mujer y su desarrollo es lo que nos puede ayudar a resolver precisamente de fondo esta situación y conducir a la emancipación de la mujer. Las teorías feministas sean de la ola que sea, o bien, radical, cultural o el llamado socialista, son en el fondo lo mismo, una posición individual y reaccionaria que no ofrece la liberación de la mujer y del género humano. Si una teoría, planteamiento, supuesto o medida no ayuda a elevar el nivel de conciencia de los explotados  o a llevarlos al camino de su liberación, entonces es sencilla y llanamente reaccionario. En ese sentido asumimos que el feminismo no puede homólogo del marxismo.

Solo el socialismo, que es esa etapa en donde quedarán abolidas las clases sociales y la propiedad privada, podrán sentar las bases para una sociedad igualitaria, en donde el trabajo doméstico que es la cuna de la servidumbre de la mujer no exista más, reemplazando esta esclavitud moderna para   transferir las tareas de las mujeres  a trabajadores asalariados fuera de la familia, a través de la creación de guarderías públicas, comedores públicos, etc. Entonces las mujeres en verdadera igualdad de condiciones podrán participar activamente en cada esfera de la sociedad. El germen del capitalismo como lo es la familia bajo el yugo de propiedad no tendrá razón de ser, las mujeres y hombres se relacionaran como consideren de manera libre por primera vez sobre sentimientos de amor y no sobre la hipocresía de la moral burguesa que justifica las relaciones de servidumbre entre las personas.

La familia y el Estado no pueden desaparecer de la noche a la mañana. La desaparición gradual de ambos en la transición a una sociedad sin clases, depende de la transformación de las condiciones materiales de existencia y por lo tanto, de la transformación de la manera de pensar de las personas y de relacionarse entre ellas. Finalmente, con la conquista de la superabundancia y la elevación del nivel cultural, las antiguas costumbres y la psicología esclavista se transformarán y con ellas las relaciones entre hombres y mujeres. Pero la condición previa es la transformación de las condiciones de vida. La reducción de la jornada laboral a su mínima expresión es una condición indispensable para la emancipación social. Los avances tecnológicos harán posible la virtual desaparición del trabajo doméstico: la base para la esclavitud de la mujer. Lo poco que quede del trabajo doméstico lo podrán compartir fácilmente todos los componentes de la familia. (Alan Woods)

No es suficiente describir la situación de la mujer, sino luchar en las calles, centros de trabajo y cada día en nuestros hogares, es necesario luchar contra todo tipo de desigualdad y discriminación que se den en el seno de nuestra sociedad. Pero hasta que no se erradique el origen de la opresión de la mujer, la esencia del problema seguirá sin resolver. La mujer sólo se liberará cuando el hombre sea libre. Es decir, cuando la humanidad comience a vivir una existencia verdaderamente humana. [/note]Alan Woods[/note]

Referencias

Alan Woods, A. M. (s.f.). El marxismo y la emancipación de la mujer. Londres: marxist.com.

Annecchini, N. B. (2011). El feudalismo: orígenes , desarollo y supervivencia de las estructuras.

Castro, C. J. (1987). La mujer en el camino de su emancipación. Contracanto .

Engels, F. (1850 reeditado 2011). La Guerra de los campesinos en Alemania. Marxist Archive.

Engels, F. (Redición 2010). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Pensamiento Crítico .

Fernández, E. M. (2004). Introducción a la Historia de la Edad Media.

Karl Marx, F. E. (1848 redicion 2014). Manifiesto del Partido Comunista. Siglo XXI.

Kollontai, A. (1921). Sobre la prostitución y como combatirla. Marxist Archive.

Marx, K. (Redit 2014). El capital: Crítica de la economía política, tomo I. FCE.

Militante, E. (Noviembre de 2001). El comunismo y la Familia .

 

 

  1. INEGI.
  2. (Annecchini, 2011)
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