La mafia estructural dentro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM

Comité Local CU

Trabajadores de base de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en Ciudad Universitaria se han manifestado fuera de Rectoría debido a una red de corrupción dentro de la dirección de la FCPyS que, para sorpresa de nadie, también trasciende a nivel UNAM. Esto afecta directamente la percepción salarial de los trabajadores, además de incluir tácticas para enemistarlos entre sí y hacer que sean vistos como enemigos del estudiantado. Tanto la dirección de la Facultad como Rectoría han evadido durante dos años estas denuncias.

¿Qué sucede? El titular de Servicios Generales de Confianza, Francisco Vidal Velázquez, ha intervenido durante los últimos dos años en las condiciones laborales del personal de base, rompiendo el Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) firmado entre trabajadores y dirección. Entre sus prácticas, pacta el trabajo de horas extra, pero al momento del pago de horas extra argumenta que no existe registro documental de ese tiempo trabajado.

A esto se suma que dentro del CCT existía una cláusula donde el 10% del total de trabajadores corresponde a los llamados trabajadores de confianza, quienes ocupan cargos de dirección, administración y funciones clave dentro de la Facultad.

De ahí se desprenden otros dos nombres además del de Francisco Vidal: José Antonio Morales, titular del Personal de Confianza, y Anahí Santander Guerrero, titular de Servicios Escolares de Posgrado. Bajo estos cargos no solo se ha permitido el acceso al 10% establecido en el contrato colectivo —es decir, 40 trabajadores de confianza en una plantilla de 400—, sino a una irregularidad cercana al triple: casi 150 trabajadores de confianza. Esta cifra no fue transparentada por las autoridades, sino descubierta mediante investigación de los propios trabajadores de base.

Esto ha generado una brecha salarial donde algunos trabajadores de confianza perciben hasta cuatro veces más salario que los de base, profundizando divisiones internas entre quienes se subordinan a la patronal y quienes buscan frenar esta corrupción.

Las medidas empleadas han oscilado entre chantajes y amenazas. Una de ellas fue incitar a trabajadores a agredir a estudiantes organizados, una de las tantas gotas que derramaron el vaso dentro de la comunidad laboral de la FCPyS. A ello se suma una campaña iniciada desde el semestre anterior, donde directivos de la Facultad acusaron a estudiantes que participaron en un paro de haber robado material (11 proyectores). Sin embargo, investigaciones realizadas por trabajadores inconformes detectaron más irregularidades en la versión oficial, pues la administración retrasó durante tres días el acceso del Comité encargado de revisar las instalaciones tras la entrega de la Facultad. Fue entonces cuando surgieron las acusaciones contra el estudiantado.

Hace poco, integrantes del Comité Estudiantil de la FCPyS sufrieron agresiones por parte de trabajadores que aceptaron reprimir a la comunidad estudiantil. La denuncia llegó directamente a oídos de los trabajadores el martes 19 de mayo durante la toma del Edificio G como protesta contra la dirección.

La estrategia es clara: enfrentar trabajadores contra trabajadores y trabajadores contra estudiantes. Esa es la tirada del director de la Facultad, Alejandro Chanona Burguete, exintegrante de Movimiento Ciudadano que mantiene prácticas aprendidas en su formación con el PRI; administrar desde dentro la ruptura entre estudiantes y trabajadores. Francisco Vidal Velázquez y sus allegados en la nómina funcionan como el brazo de contención y división del director Chanona.

Amiguismo, nepotismo, acoso e intentos de represión estudiantil son solo algunas de las acusaciones que persiguen a Francisco Vidal Velázquez, a quien además se le han identificado espacios —algunos cercanos a la propia Facultad— donde almacena material destinado a la comunidad universitaria. Trabajadores y estudiantes señalan que se han incautado artículos audiovisuales, de limpieza e incluso insumos básicos para el mantenimiento de la Facultad. La pregunta sigue abierta: ¿qué ha hecho con ese material, señor Vidal?

El mes pasado, el director Chanona solicitó pruebas de todas estas denuncias para destituir a Francisco Vidal. Los trabajadores indican que se presentó evidencia documentada de las prácticas realizadas contra el personal y el estudiantado el pasado martes 19 de mayo. Se prometió una respuesta en 24 horas, pero nunca llegó. Por ello, estudiantes y trabajadores acudieron a Rectoría para entregar un documento dirigido al rector Leonardo Lomelí Vargas.

El rector no se presentó y optó por enviar una “Comisión de Enlace”, acompañada por representantes del rector y los representantes patronales, para recibir el documento y atender las demandas laborales, tratando de letargar y silenciar las denuncias.

Esto provocó indignación y llevó a estudiantes y trabajadores a bloquear Insurgentes Sur durante una hora, hasta que finalmente Rectoría respondió enviando nuevamente otra comisión improvisada para atender las exigencias.

El conflicto sigue abierto, pero es necesario comprender la realidad que viven los trabajadores de la FCPyS. Cualquier respuesta del blindaje burocrático de la UNAM probablemente será prometedora en el discurso, pero estéril en los hechos, tal como ha ocurrido durante los últimos dos años en que se ha denunciado el actuar de Francisco Vidal y compañía. 

Lo que ocurre en la FCPyS refleja una problemática más amplia del país: una política antidemocrática donde las decisiones se imponen sobre los principales afectados —trabajadores, profesores y estudiantes—. Una burocracia que preserva sus privilegios a costa de los trabajadores y sus hijos, junto con la falta de transparencia en el manejo del presupuesto y de recursos que deberían destinarse a resolver sus demandas.

Debemos ajustar cuentas con burócratas oportunistas y sin principios, como Francisco Vidal, a quienes no les interesa la educación pública ni nuestros derechos. Pero también debemos enfrentar las políticas impuestas desde arriba que afectan a toda la comunidad. Es necesario exigir que el presupuesto deje de destinarse a áreas como las fuerzas armadas y se oriente a la educación, para dar una solución de fondo a las demandas de trabajadores y estudiantes de la facultad, de la universidad y de las instituciones públicas del país y se contribuya a buscar un futuro digno para la juventud. La transformación de la facultad y de la universidad debe ir de la mano de una transformación más amplia de la sociedad, donde los recursos se pongan al servicio de la educación y la salud de las mayorías, y la educación responda a las necesidades de los trabajadores que sostienen nuestra universidad.

Por eso, nosotros estudiantes de la UNAM y militantes del Partido Comunista Revolucionario defendemos: 

¡Destitución ya a Francisco Vidal Velázquez y a su mafia estructural! 

¡Fin a la división entre la clase trabajadora!

¡El enemigo es la patronal, el aparato de opresión de la Universidad y el Estado!

¡Por el cumplimiento de un CCT en favor de todos los trabajadores! 

¡Aumento al presupuesto y transparencia en su manejo!

¡Trabajadores, estudiantes y profesores, unidos!