La constitución de 1917 y el triunfo de la burguesía en la revolución mexicana

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Escrito por Carlos Márquez

1917 suele ser el año que se marca como fin del proceso revolucionario iniciado en 1910 en México. En realidad, el proceso duró más, pero es verdad que el establecimiento de la constitución (que significó a su vez la derrota de la Convención Revolucionaria y con ella de los Villistas y Zapatistas) y el triunfo de Venustiano Carranza marcaron un punto de inflexión que erigió al ala burguesa de la revolución como la triunfadora, aunque para conseguirlo tuvieron que ceder importantes concesiones a las masas de obreros y campesinos.

La nación mexicana y sus constituciones revolucionarias

Las naciones son formaciones relativamente recientes en la historia de la humanidad. En general cuentan en común con un territorio, idioma (aunque hay excepciones a esto), vida económica y psicología. Son formadas a partir de todo un proceso histórico común.

La nación mexicana se construyó a partir de revoluciones y luchas de liberación nacional contra tiranos españoles, estadounidenses y franceses. Los ideales de la revolución burguesa internacional influyeron en su desarrollo. El primer intento de establecer una constitución se da en medio de la guerra de independencia. Miguel Hidalgo e Ignacio Allende inician la lucha en 1810 con una insurrección de masas, posteriormente José María Morelos y Pavón encabezó la insurgencia y controló buena parte del territorio de lo que hoy es la nación mexicana. De tal forma que impulsó un ideal político, que se expresa en su famoso discurso conocido como “Los sentimientos de la nación”, aquí todavía se habla de libertades para los americanos. Los revolucionarios independentistas instauraron un congreso al que llamaron de Anáhuac. Este congreso fue itinerante, pues las condiciones de la guerra así lo exigían, y aprobó la constitución en Apatzingán en 1814. Finalmente los insurgentes fueron derrotados y con ellos su constitución. Esta constitución contenía ideas revolucionarias para su tiempo y fue una guía para las posteriores revoluciones burguesas en el país.

A mediados del siglo XIX se dieron nuevos acontecimientos tormentosos. Una generación brillante derrocó al dictador Santa Anna e impulsó reformas importantes, esto desató una guerra civil y la invasión francesa que instauró un imperio. Pero los reformistas (jacobinos mexicanos), encabezados por Benito Juárez, finalmente ganaron la guerra y establecieron la constitución aprobada en 1857. Este proceso, conocido como La Reforma, fue una revolución burguesa prácticamente sin burguesía, que permitió la unidad nacional y el inicio del desarrollo capitalista. En aquel temprano tiempo del juarismo ya veíamos una minoría de constitucionalistas que defendía reformas sociales, como fueron Ignacio Ramírez, Ponciano Arriaga, Isidoro Olvera y José María Castillo Velazco. Las masas obreras y campesinas, sin embargo, no se vieron favorecidas y en medio de condiciones de pobreza y represión hicieron medio siglo después una nueva revolución.

Venustiano Carranza

16469028_10207742590633002_1319316498_nVenustiano Carranza Garza fue el impulsor de la constitución de 1917, él nació en Cuatro Ciénegas, Coahuila, el 29 de diciembre de 1859. Su padre fue combatiente juarista, posterior seguidor de Porfirio Díaz y también miembro de la naciente burguesía local. Los Carranza establecieron un fuerte grupo político, pugnas locales los acercaron a otros grupos norteños, destacando el de Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León, y Evaristo Madero, coahuilense y abuelo de Francisco I. Madero. La carrera política de Venustiano fue en ascenso, lo que a su vez le permitió acrecentar su riqueza personal con la adquisición de tierras. Fue alcalde de Cuatro Ciénegas y senador porfirista, en 1909 fue el candidato natural para gobernar Coahuila y tanto reyistas como maderistas (incluyendo a Francisco I. Madero) le apoyaron.

Las revoluciones suelen iniciar con divisiones por arriba. Era claro que el dictador Porfirio Díaz, avanzado en edad, en algunos años tendría que dejar de gobernar. Nadie en el régimen cuestionaba su liderazgo pero la pugna por la vicepresidencia, que podría marcar la continuidad del régimen con la muerte del dictador, abrió las fisuras a través de la cual se expresó una nueva generación de políticos que pedían algunas reformas como obtener más espacios de debate políticos y también aspiraban a un mayor desarrollo capitalista y veían como un peligro para sus intereses la cada vez mayor intromisión en la economía de las empresas imperialistas.

Los reyistas que apoyaban la candidatura gubernamental de Carranza, en realidad fieles a Porfirio Díaz, se opusieron a que Ramón Corral encabezara la candidatura a vicepresidente del país y eso generó una lucha y como respuesta una ofensiva del porfirismo en contra de ellos. El resultado fue que Venustiano Carranza perdería unas elecciones llenas de irregularidades y se viera obligado, sin quererlo, a entrar en la oposición, sumándose a la lucha anti reeleccionista que impulsó Francisco I. Madero.

Coahuila dio dos de los principales dirigentes de la revolución: Francisco I. Madero y Venustiano Carranza. Los seguidores de Madero, en su mayoría, engrosarían las fuerzas de la División del Norte de Pancho Villa mientras que los provenientes del reyismo formarían las fuerzas constitucionalistas de Venustiano Carranza.

La revolución mexicana

Porfirio Díaz asumiría la presidencia desde 1876 y gobernaría al país por tres décadas, los obreros habían iniciado la lucha contra el porfiriato con huelgas muy militantes como las de Cananea (1906) y Rio Blanco (1907), que fueron reprimidas con brutalidad. Las masas querían salir de su situación de miseria y de la represión, los campesinos añoraban la tierra. La revolución mexicana inicia en 1910 con una campaña por la presidencia encabezada por Francisco I. Madero. Él, después de un fraude electoral, que incluyó su encarcelamiento, logra llegar a la presidencia en 1911 gracias a un levantamiento armado que dio fin a la dictadura de Porfirio Díaz. Madero decía que Porfirio Díaz había roto el orden legal y había que aplicar la constitución de 1857.

Madero fue derrocado y asesinado en febrero 1913 con un golpe militar y Victoriano Huerta, un general porfirista que formó parte del gobierno maderista, se erigió presidente. Para ese entonces Venustiano Carranza ya era gobernador de Coahuila y desconoció al gobierno de Victoriano Huerta, eso lo erigió como el continuador de la lucha de Madero y el principal dirigente de la Revolución.

En marzo de 1913 Venustiano Carranza redactó en la hacienda de Guadalupe, en Ramos Arizpe, Chihuahua, un programa muy escueto que señalaba la ilegalidad del gobierno huertista, de los poderes legislativo y judicial y de todo aquel gobierno estatal que lo apoyara, a quienes desconocía y llamaba a luchar por sustituirlos por gobiernos constitucionalistas. Francisco J. Múgica dijo que este Plan: “Era conciso, breve e iletrado como su autor. En todo el solo campeaba la idea legalista, principio y motivo de aquella campaña”.

Al presentarlo al grupo de insurrectos ahí presentes generó muchas críticas, varias voces propusieron incluir en este programa demandas agrarias, por las que realmente estaba luchando el campesino. Múgica, recordaría las palabras de Venustiano Carranza:

“¿Quieren ustedes que la guerra dure dos años, o cinco años? La guerra será más breve mientras menos resistencia haya que vencer. Los terratenientes, el clero y los industriales son más poderosos que el gobierno usurpador; hay que acabar primero con este y atacar después los problemas que con juicio entusiasman a todos ustedes”. [2]

Finalmente el Plan de Guadalupe fue aceptado.

Carranza agrupó a un cumulo de grupos armados que se declararon el Ejército Constitucionalista. Él era el principal representante de la burguesía naciente, pero el constitucionalismo no era homogéneo desde su origen. Podemos ver por ejemplo que Lucio Blanco y con él Francisco J. Múgica (firmantes del plan de Guadalupe) hicieron el primer reparto agrario de la revolución, pese al enfado de Carranza, dejando tras de sí un gran precedente.

En la revolución los campesinos luchaban por salir de su pobreza y eran representados fielmente por Pancho Villa y Emiliano Zapata, pero también había campesinos que siguieron a representantes de una naciente burguesía representada por dirigente como Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.

Esta alianza que luchó junta contra el viejo régimen en un momento tenía que diferenciarse en líneas de clase. Esto ocurrió cuando con el avance de La División del Norte consiguieron el control del estado de Chihuahua y erigieron a Pancho Villa como gobernador a finales de 1913. El gobierno de Pancho Villa expropió a los enemigos de la revolución, repartió tierras y creo cientos de escuelas para dar educación al pueblo (un par de años después Zapata tomaría medidas similares en Morelos, ellos no necesitaron leyes para llevar adelante las medidas revolucionarias que se necesitaban). Pero Carranza rompió en cólera y trató de subordinar a Villa. Formalmente estos dos personajes pertenecían al mismo ejército, pero entraron en conflicto. La lucha de estas personalidades era en realidad un conflicto de clase.

El látigo de la contrarrevolución con el derrocamiento de Madero sólo generalizó la lucha armada en el país y ya para 1914 fue tal el avance de las tropas opositoras que la nueva dictadura colapsó dejando el poder en los revolucionarios.

Ya derrotado Victoriano Huerta se planteó una Convención Revolucionaria para dirimir los conflictos entre los dirigentes. Los sectores más representativos de las masas campesinas se unificaron y erigieron como triunfadores en la Convención, avanzaron a la toma de la capital y establecieron un gobierno revolucionario, aunque los principales dirigentes, Villa y Zapata, acuerdan regresar a defender sus territorios y no afianzan una alianza duradera. Después de esta etapa se da la mayor guerra civil en la revolución, que fue una lucha entre el ala burguesa en contra de los sectores más representativos de las aspiraciones de las masas.

Primeramente es derrotado Pancho Villa por las tropas dirigidas por Álvaro Obregón y más tarde los Constitucionalistas destruirían la Comuna de Morelos de Emiliano Zapata. Fue entonces que Carranza lanzó la convocatoria al Congreso Constituyente para terminar de aplastar los residuos de la Convención Revolucionaria.

Los revolucionarios rusos, por mucho tiempo, agitaron a favor de una Asamblea Constituyente. Esta consigna puede ser correcta en países con gobiernos dictatoriales o que cuentan en su población con una gran masa campesina. Las masas campesinas en la revolución mexicana había llegado más lejos al derrocar al viejo régimen y establecer la Convención Revolucionaria que era el naciente poder de los trabajadores. Para que ésta triunfara era necesario concretar la alianza con la clase obrera en las ciudades, pero la ausencia de una dirección revolucionaria lo impidió. Por el contrario, la dirección anarquista oportunista llevó por un momento a la clase obrera al bando carrancista, aunque los trabajadores romperían con él y responderían en 1916 con una huelga general contra Venustiano Carranza en la Ciudad de México. En este contexto, el congreso constituyente fue una medida para afianzar el avance de la contrarrevolución y aplastar el naciente poder de los trabajadores representado por la Convención Revolucionaria, el Ejercito Libertador del Sur y la Comuna de Morelos de Zapata y la División del Norte de Pancho Villa.

La convocatoria a la constituyente

Con el ala revolucionaria casi derrotada, Venustiano Carranza lanzó, el 14 de septiembre de 1916, la convocatoria al congreso constituyente. En su convocatoria tenía que usar un discurso revolucionario que realmente fuera aceptado y reconocido por las masas que hicieron la revolución. En este dice que la primera jefatura del ejército constitucionalista:

«ha expedido disposiciones directamente encaminadas a preparar el establecimiento de aquellas instituciones que hagan posible y fácil el gobierno del pueblo y que aseguren la situación económica de las clases proletarias, que habían sido las más perjudicadas con el sistema de acaparamiento y monopolio adoptado por gobiernos anteriores”.

Tomó medidas para mantener el control de la constituyente y evitar que los sectores más revolucionarios influyeran. Carranza pone en el mismo costal a los huertistas junto a los villistas y zapatistas a quienes declara enemigos de la revolución y los excluye de ser electos diputados constituyentes:

“Para ser electo diputado al Congreso Constituyente, se necesitan los mismos requisitos exigidos por la Constitución de 1857 para ser Diputado al Congreso de la Unión pero no podrán ser electos, además de los individuos que tuvieren los impedimentos que establece la expresada Constitución, los que hubieren ayudado con las armas o sirviendo empleos públicos a los gobiernos o facciones hostiles a la causa Constitucionalista”. [3]

La constitución de 1857 fue la bandera del inicio de la revolución y Venustiano Carranza planteó reformar esa constitución lo cual refleja que no aspiraba a una revolución social profunda sino a dar continuidad a las pasadas revoluciones burguesas.

Además de las medidas para excluir a los villistas y zapatistas, Carranza fue muy cuidadoso en el lugar de la reunión que fue Querétaro, un lugar bajo su control. El debate era bastante limitado, se debía basar en un ante proyecto entregado por el mismo Carranza quien dio un plazo de apenas dos meses para realizar el congreso. La nueva constitución debía promulgarse el 5 de febrero de 1917, justo 60 años después de la promulgada en 1857. La gran fuerza de la revolución mexicana hizo que el plan de Carranza no se llevara como él lo tenía pensado.

Reformadores contra Jacobinos

Carranza nunca tuvo la profundidad política de un Zapata, ni la capacidad estratégica y militar de un Álvaro Obregón ni mucho menos de un Francisco Villa. El anteproyecto constitucional contenía sus ideas, pero fue redactado por un grupo de colaboradores que fueron diputados durante el gobierno de Madero, e incluso antes con Porfirio Díaz, y se convertirían en la voz de Carranza dentro del congreso constituyente. Hablamos de José Natividad Macías, Luis Manuel Rojas, Félix F. Palavicini y Alfonso Cabrioto. Ellos encabezarían el grupo Renovador o Reformador, el ala liberal burguesa y por tanto conservadora del congreso. Estos elementos eran profesionistas, abogados, con experiencia legislativa.

Las elecciones para los diputados constituyentes se realizaron el 22 de octubre de 1916, para ello se formaron diversos partidos y clubs políticos. La mayor parte de los diputados provenía de las clases y capas medias, mientras que sólo había un puñado de diputados obreros y militares revolucionarios.

También se formó un ala de izquierda que se autoproclamaban los radicales o Jacobinos destacando Francisco J. Múgica, Esteban Baca Calderón, Amado Aguirre, Juan de Dios Bojórquez, Pastor Rouaix, Heriberto Jara, Luis G. Monzón y Enrique Colunga.

16522874_10207742592273043_1497095001_nEs de resaltar el papel de Francisco J. Múgica, en sus discursos se nota orgulloso al mostrare como el más radical de los parlamentarios, dispuesto a tomar todas las medidas posibles a favor de las masas. Pero Múgica es importante no solo en la constituyente sino en el conjunto de su trayectoria de lucha. Como ya dijimos fue impulsor del primer reparto agrario de la revolución, participó en importantes batallas durante la guerra civil y fue posteriormente parte del gabinete de Lázaro Cárdenas. En ese tiempo mantuvo contacto con el revolucionario ruso León Trotsky (antes había abogado por él para que obtuviera asilo político), exiliado en México. Mújica fue de los redactores del decreto expropiatorio del petróleo, una de las grandes conquistas de la revolución.

En total fueron 219 diputados quienes participaron en el Congreso Constituyente de los cuales 209 firmarían la constitución. Al final del constituyente 94 diputados firmaron un manifiesto jacobino pero esta ala llegó a ganar votaciones con 4/5 partes de los asistentes, lo cual refleja la fuerza de la izquierda. El Congreso se instauró en la ciudad de Querétaro, el 1 de diciembre de 1916.

El congreso constituyente se convirtió en un nuevo campo de batalla entre el ala revolucionaria que aspiraba a la revolución social y el ala burguesa que planteaba cambios para que el Estado Capitalista se fortaleciera y siguiera en pie. Al finalizar el congreso el ala radical publicó un manifiesto a la Nación donde hacen un balance de esta lucha.

«Es bien sabido de la República entera que en el Congreso Constituyente que acaba de terminar su período único de sesiones, hubo dos grupos denominados liberal jacobino, el de la mayoría, y liberal clásico, el de la minoría; pero en realidad no hubo tales jacobinos ni tales clásicos, sino simple y sencillamente: grupo revolucionario constitucionalista y grupo de renovadores; mejor dicho, grupo de retardatarios, de aduladores, de obstruccionistas” [4]

Los derechos obreros

16466535_10207742590953010_1665726808_oLos sectores proletarios tomarían un papel importante en los debates en el bando opositor. La verdadera batalla en el congreso fue cuando se inició el debate sobre el trabajo. El proyecto Carrancista planteaba la libertad de trabajo, que bajo el capitalismo es la libertad de ser explotado. Carlos L. Gracida, sindicalistas de las Artes Gráficas tomó la palabra y dijo:

“Los sindicatos de oficios, las uniones obreras de todas aquellas corporaciones de trabajadores que hacen resistencia al capital, van tras de un objetivo: alcanzar el máximo de remuneración contra la ambición del capitalista, que es alcanzar el mínimo del salario; obtener la máxima jomada entre ello y las ocho horas de trabajo contra la ambición del capitalista, el trabajo de sol a sol. El sindicalismo, como otras corporaciones obreras, tiene, para obtener el concurso de todos los trabajadores, una tendencia, quitar toda clase de prejuicios religiosos a sus adherentes para que no se entreguen en cuerpo completo o en alma, si existe, completamente a un solo fin: a evitarse de la explotación.”

Carlos L. Gracida era parte de la Casa del Obrero Mundial y formó parte de las acciones trágicas en que la clase obrera se enfrentó a las tropas villistas, aun así expresa de su voz parte de las demandas obreras. Otro obrero, este ferrocarrilero originario de Yucatán, llamado Héctor Victoria, señaló en la tribuna:

“Vengo a manifestar mi inconformidad con el artículo 5° en la forma en que lo presenta la Comisión, así como por el proyecto del ciudadano Primer Jefe, porque en ninguno de los dos dictámenes se trata del problema obrero con el respeto y atención que se merece. Digo esto, señores, porque lo creo así, repito que soy obrero, que he crecido en los talleres y que he tenido a mucha honra venir a hablar a esta tribuna por los fueros de mi clase”

Y más adelante señaló:

“Por consiguiente, el artículo 5° a discusión, en mi concepto, debe trazar las bases fundamentales sobre las que ha de legislarse en materia de trabajo, entre otras, las siguientes: jomada máxima, salario mínimo, descanso semanario, higienización de talleres, fábricas, minas, convenios industriales, creación de tribunales de conciliación, de arbitraje, prohibición del trabajo nocturno a las mujeres y niños, accidentes, seguros, e indemnizaciones, etc.” [5]

Victoria propuso formar una comisión para hacer una propuesta sobre derechos laborales. Los reformadores dieron argumentos legaloides diciendo que las constituciones deberían ser pequeñas y plantear las líneas generales del funcionamiento del país, en todo caso esas demandas podrían incluirse en las leyes secundarias. Jacobinos como Heriberto Jara, quien había jugado un papel clave dentro del magonismo en la organización de las históricas huelgas textiles de 1907 en torno a la fábrica Rio Blanco, rechazaron esos argumento legaloides y pugnaron por incluir en la constitución misma los derechos laborales.

Por si esos argumentos no eran suficientes para los señoritos abogados reformadores, estaban los argumentos de las armas que hicieron la revolución. El diputado Jorge Von Veren se paró amenazante en la tribuna mostrando su enorme pistola y dijo que los comisionados no deberían tener miedo sino polainas tipo el rifle 30-30.

Pastor Rouaix Méndez, siendo gobernador en Durango durante la lucha armada, había ya decretado la primer Ley Agraria de la Revolución y participado en batallas épicas como la toma de Torreón. Este jacobino, junto con el abogado reformador José Natividad Macías, redactaron el borrador de un largo apartado que se convertiría en el artículo 127 constitucional que legalizaba los derechos laborales. Hay que señalar que incluso estos avances fueron vistos como insuficientes por obrero constituyentes como Héctor Victoria, aun así fueron un paso adelante.

Se estableció así constitucionalmente el salario mínimo, la jornada de 8 horas, el derecho a huelga, derecho al descanso, derechos para las madres obreras, ilegaliza el trabajo infantil, pago mayor por trabajo excedente, a trabajo igual salario igual, reparto de utilidades, derecho a sindicalización, entre otros derechos. Si bien se avanza en legalizar derechos, también el Estado se erige como árbitro estableciendo la Junta de Conciliación y Arbitraje (que en la práctica, en la inmensa mayoría de los casos, se posicionó del lado de los patrones) y se regulariza la lucha de clases, aunque se reconoce el derecho de huelga esta se limita, declarándola ilícita en tiempo de guerra o cuando los obreros cometan actos violentos.

Agrarismo

La causa principal de la revolución mexicana fue la desigualdad provocada por la obscena concentración de la tierra. El campesino fue la fuerza motriz y no había derramado su sangre para no obtener nada. La revolución trastocó las más hondas profundidades de la sociedad y a pesar de las derrotas de Villa y Zapata y de la huelga general obrera de 1916, el peligro de nuevos levantamientos de masas era latente. El ala burguesa comprendió que había que dar concesiones si quería pacificar al país y generar estabilidad para el nuevo Estado Burgués mexicano.

Después de una batalla importante, se logró establecer el artículo 27 constitucional. Como hemos dicho la constitución mexicana tiene un carácter capitalista con importantes derechos sociales, es una constitución nacionalista revolucionaria.

El reparto de tierras tiene un carácter capitalista pues no abole la propiedad privada. Lenin llevó adelante en Rusia una reforma agraria de este tipo porque era la única forma de hacer una real alianza con el campesinado pobre y las condiciones de atraso económico no permitían ir de un solo golpe a la colectivización de la tierra. Pero los bolcheviques planteaban que bajo planificación democrática de la industria estatizada la economía se desarrollaría y con un trabajo de convencimiento al campesinado permitiría una paulatina industrialización del campo y su colectivización.

Aun cuando la constitución mexicana legaliza la propiedad privada de la tierra, lo hace de una forma peculiar. El artículo 27 aprobado en 1917 dice:

“La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la Nación, la cual, ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”.

“Esta no podrá ser expropiada sino por causa de utilidad pública y mediante indemnización”.

“La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, para hacer una distribución equitativa de la riqueza pública y para cuidar de su conservación”. [6]

En la Nación caben los campesinos, obreros, pequeños propietarios, capitalistas, banqueros y terratenientes. Estos tienen intereses distintos y muchas veces contrapuestos. Como explicamos, la nación mexicana fue producto de luchas revolucionarias y de liberación nacional. El nacionalismo tiene un significado revolucionario o progresista para muchos sectores de las masas. Mientras que la burguesía nacional revolucionaria aspiraba a un desarrollo capitalista independiente del imperialismo, las masas aspiraban a justicia social. Pero la nación mexicana es gobernada por el Estado que tiene como fin último preservar el capitalismo y lo intereses de la clase burguesa.

La revolución mexicana fue una fuerte lucha de clases y el discurso manejado tenía muchos elementos clasistas que fueron siendo sustituidos por nacionalismo lleno de populismo, la mayor parte de las veces demagógico. La constitución de 1917 es en realidad un pacto social inter clasista que permite al capitalismo funcionar pero legalizando concesiones serias a las masas.

El artículo 27 también desconoce todas aquellas medidas que legalizaron el despojo que anteriormente se hizo de las tierras y legaliza el reparto agrario, aunque este se realiza en última instancia sólo si el presidente así lo quiere.

Anticlericalismo y educación pública

La iglesia católica había jugado un papel contrarrevolucionario en la historia del país. En un momento fueron los principales terratenientes y su dominio ideológico fue instrumento de dominación de clase desde su llegada al continente con la conquista. Podemos mencionar algunas excepciones dentro de la iglesia, como los insurgentes independentistas, pero en términos generales fue una institución de dominación de clase.

Un tema muy discutido en el congreso constituyente fue el papel de la iglesia. Francisco J. Múgica hizo llamados a mantener alto el radicalismo también en este asunto. En uno de los debates dijo:

“Yo ruego que la prensa, no sólo la prensa del país, sino también la prensa asociada que tiene aquí un representante, transcriba estos documentos si es posible íntegros al extranjero, para que se vea cuál ha sido la gran justicia que el pueblo mexicano ha tenido cuando ha procedido con tanta saña, con tanta crueldad, a veces con tanta ferocidad increíble, para perseguir lo que aquí llamamos Clero y que debía llamarse una banda de ladrones, de forajidos y estafadores, porque los curas en México no han sido otra cosa que estafadores del dinero de los trabajadores para poder enriquecerse y darse una gran vida. Esto, señores diputados, os hará cuando menos votar con más conciencia”. [7]

En la constitución de 1917 a las iglesias se les quita el derecho de ser propietaria de tierras, de bienes raíces y capital. A los templos se les declara propiedad de la Nación al igual que seminarios, asilos, etc. La constitución no legaliza ni ilegaliza religión alguna. A los ministros de las iglesias se les considera como cualquier otra profesión, se les quita derecho al voto y a la crítica a las leyes y al gobierno. La aprobación de esas leyes se pueden comprender por el papel retrograda y contrarrevolucionario que había jugado la iglesia.

Por otro lado, el establecimiento de la educación pública, laica y gratuita, le quita el rol a la iglesia de educador de la sociedad. Esto también es una conquista muy importante para una sociedad analfabeta donde las familias obras y campesinas habían tenido un acceso educativo muy restringido.

El presidencialismo

La constitución de 1857 tenía un carácter burgués liberal, que buscaba el buen funcionamiento y desarrollo del capitalismo rebasando las barreras feudales y quitando el poder a la iglesia. Era necesario la consolidación del Estado Nacional. Aunque planteaba una república parlamentaria, Juárez intentó realizar un plebiscito que le diera más poderes al presidente. Porfirio Díaz en la práctica se convertiría en un dictador donde todo el aparato estatal se subordinó a su figura.

La revolución mexicana fue una revolución de caudillos que eran seguidos por las masas. Esto se explica en parte por el atraso económico del país que contaba con un enorme campesinado y la ausencia de partidos revolucionarios sólidos de los trabajadores. Estos elementos jugarían un papel en la aprobación de algunas leyes que permitieron dotar al presidente de enormes poderes.

Los reformadores carrancistas no lograron impedir la aprobación de leyes sociales, pero sí lograron dotar de enormes poderes al poder ejecutivo y en particular al presidente. De tal forma que la aplicación de las leyes sociales dependía en gran medida de que el presidente las quisiera llevar adelante o no. Esta legalidad facilitó el establecimiento de un régimen bonapartista, aunque cada cierto tiempo se cambiara de Bonaparte con la elección de un nuevo presidente.

El establecimiento de una república parlamentaria más sólida sin duda hubiera sido mejor, aunque al final (como lo mostró el porfiriato) no es garantía de nada y una ley en sí mismo no cambia las condiciones materiales. Venustiano Carranza se enfrentaba a un capital imperialista poderoso que incursionaba en la economía con una burguesía nacional aun débil y unas masas de obreros y campesinos conscientes de su fuerza revolucionaria que amenazaban al naciente y boyante poder burgués.

La constitución de 1917 resultó muy diferente a como la tenía pensada Venustiano Carranza pero reflejó la real correlación entre las clases. Por un lado un campesinado revolucionario que no fue capaz de dirigir a la nación en su conjunto, era necesario que la clase obrera jugara un rol decisivo abanderando la revolución con un programa socialista. Lamentablemente esto no ocurrió por la ausencia de un partido con una dirección revolucionaria. El Partido Liberal mexicano de Ricardo Flores Magón pudo haber jugado ese rol, pero la represión porfirista y sus errores sectarios los aislaron del proceso. Los dirigentes obreros anarcosindicalistas jugaron un papel oportunista y hasta contrarrevolucionario. Esto condenó a la revolución mexicana, sin embargo por el otro lado, la naciente burguesía no era tan poderosa para aplastar definitivamente a las masas revolucionarias de obreros y campesinos. Para consolidar su poder tuvieron que dar concesiones. El nuevo Estado mexicano se vio obligado a balancearse entre las clases para permitir el funcionamiento del capitalismo. El nuevo Estado se formó bajo la incapacidad de los trabajadores de tomar el poder y de la burguesía para aplastarlos.

Mientras en México, producto de la revolución, se configuraba el nuevo Estado burgués, en Rusia los obreros comenzaban una nueva revolución. En unos pocos meses, a finales de 1917, la clase obrera en alianza con el campesinado tomaba el poder sacudiendo al mundo entero. Por primera vez las clases explotadas asumían las riendas de la sociedad. Rusia tenía una economía atrasada, al igual que México, con una población mayoritariamente campesina. El gobierno de los obreros y campesinos estableció una economía planificada, expropiando a las clases poseedoras, de la misma forma que lo hizo Villa y Zapata pero llegando hasta el final. Su gobierno no se quedó en una parte del territorio sino que se asumió en el país entero, de tal forma que lograron aplastar definitivamente al poder burgués. Los obreros establecieron una república parlamentaria pero no al estilo clásico burgués sino basada en diputados obreros electos desde la base y organizados en los Soviets (comités) de obreros, soldados y campesinos que se organizaban regional y nacionalmente, ejerciendo el poder legislativo y ejecutivo a la vez.

Rusia muestra el camino que podía haber seguido la revolución mexicana. Las aspiraciones de justicia social solo se podrían haber cumplido plenamente con la toma del poder de los trabajadores y el establecimiento de una economía planificada que sólo era posible realizar con la expropiación de las tierras de los terratenientes y la industria. La revolución mexicana tendría que haber caminado rumbo al socialismo para hacer plena justicia a las masas que la llevaron adelante. La diferencia sustancial entre la revolución mexicana y la rusa no fue la capacidad y disposición de la lucha de las masas, sino que en Rusia los trabajadores contaron con el partido bolchevique, con dirigentes como Lenin y Trotsky y con la claridad programática y estratégica que te da el auténtico marxismo.

Contrarrevolución capitalista

Carranza se erigió como presidente después del congreso constituyente. Asesinó a Emiliano Zapata y Felipe Ángeles, compañero de armas de Pancho Villa. Quiso perpetuarse en el poder y generó nuevas divisiones en el constitucionalismo que terminarían con su asesinato. Pero los primeros pasos para establecer el nuevo Estado Mexicano estaban dados. Emilio Portes Gil fortalecería las instituciones del nuevo Estado y formaría el Partido Nacional Revolucionario (que después se llamaría PRI) basado en un frente inter clasista dirigido por la burguesía.

En la segunda mitad de los años 30, Lázaro Cárdenas asume la presidencia y con él varias aspiraciones de las masas se cumplieron, llevando adelante el mayor reparto agrario que el país haya conocido. El capitalismo mexicano, para desarrollarse, tuvo que apoyarse en este nuevo Estado quien a su vez tuvo que nacionalizar palancas claves de la economía, en oposición al imperialismo, que permitieran desarrollar la economía.

El régimen del PRI tuvo como objetivo primordial el desarrollo nacional del capitalismo y los intereses de la burguesía. Usó la fuerza bruta contra las masas para cumplir ese objetivo, pero tenía que balancearse entre las clases y dar concesiones a obreros y campesinos que nunca han dejado de luchar por mejorar sus condiciones de vida. Producto de la revolución mexicana las masas consiguieron educación, salud, tierras, viviendas y derechos laborales. El capitalismo de la segunda posguerra vivió internacionalmente un importante crecimiento económico y permitió dar concesiones incluso en países atrasados económicamente como México.

Hoy el capitalismo es decadente e incapaz de sobrevivir sino es atacando los niveles de vida de las masas. Hoy no hay reformas sino contrarreformas. Las industrias nacionalizadas se privatizan, los recursos naturales se ponen a disposición de los beneficios de las empresas imperialistas, el campo está en ruinas mientras los derechos obreros están en extinción. La constitución mexicana ha sufrido más 600 modificaciones, la mayoría en los últimos 30 años que han coincidido con la ofensiva de la burguesía contra las conquistas de la revolución. Sólo queda un 20% de la redacción original de la constitución del 5 de febrero de 1917 que con todas sus limitantes y su carácter burgués fue la constitución más avanzada de todo el mundo en cuanto a derechos sociales se refiere.

Hoy México también ha cambiado mucho. Si hace 100 años el 20% de la población vivía en las ciudades hoy es un 80%. El proletariado es más poderoso, el campesinado y los pueblos indígenas siguen contando con fuertes tradiciones revolucionarias. El México de hoy nos recuerda en mucho al de la época de Porfirio Díaz. La tradición revolucionaria de nuestro pueblo sigue viva y más tarde que temprano viviremos nuevas explosiones sociales. Una explosión volcánica o un terremoto no son eventos comunes pero son inevitables, de la misma forma ocurre con las revoluciones dentro de la sociedad de clases. Es necesario construir el instrumento que les faltó a los revolucionarios mexicanos hace 100 años: un partido obrero de masas con un programa socialista.

Si se quiere llevar las reformas sociales hasta sus últimas consecuencias se tiene que llegar al objetivo central de llevar adelante la revolución socialista. Los liberales reformadores de la época de Benito Juárez generaron una tradición y un ejemplo. Los luchadores antiporfiristas formaron círculos liberales, uno de ellos se llamaría Ponciano Arriaga, en honor a un constituyente liberal social de 1856-1857, de ahí surgiría el Partido Liberal Mexicano y los hermanos Flores Magón, quienes llevaron hasta sus últimas consecuencias la lucha por la justicia social y llegaron a conclusiones revolucionarias y socialistas.

Cuando los obreros tomaron el poder en Rusia, Ricardo Flores Magón, que se declaraba anarquista, la saludó entusiastamente, se lamentó por no poder incluir en el periódico Regeneración, por lo reducido de su espacio, todas las declaraciones de Lenin y Trotsky. Flores Magón, un año después de finalizado el congreso constituyente en México, escribió:

“Nicolás Lenin, el líder ruso, es en estos momentos la figura revolucionaria que brilla más en el caos de las condiciones existentes en todo el mundo, porque se halla al frente de un movimiento que tiene que provocar, quiéranlo o no lo quieran los engreídos con el sistema actual de explotación y de crimen, la gran revolución mundial que ya está llamando a las puertas de todos los pueblos; la gran revolución mundial que operará cambios importantísimos en el modo de convivir de los seres humanos”. [8]

Cien años después es más necesaria y objetivamente posible la revolución socialista mundial.

Los problemas que aquejan a las masas en México son resultado de un sistema capitalista mundial en crisis, decadencia y descomposición. La lucha no es nacional sino internacional. En la propia experiencia mexicana podemos ver ejemplos de combatientes internacionalistas como Francisco Javier Mina, el español que luchó por la independencia de México; el batallón de San Patricio que venía a invadir y unió sus armas con el pueblo de México y en la Revolución iniciada en 1910 contamos con combatientes italianos, armenios, suecos, estadounidenses… La lucha que tenemos no es nacional, es un conflicto de clases internacional y la futura revolución mexicana tendrá que enarbolar la bandera del internacionalismo proletario y la revolución socialista mundial.

NOTAS

_______________

[1] Citado en Pedro Salmerón, Cien preguntas sobre la revolución Mexicana, Brigada para leer en libertad, página 66.

brigadaparaleerenlibertad.com/programas/cien-preguntas-sobre-la-revolucion-mexicana

[2] Citado en Arnaldo Córdova, La ideología de la revolución mexicana, ediciones Era, página 196.

[3] Venustiano Carranza, Decreto que convoca a un constituyente

constitucion1917.gob.mx/work/models/Constitucion1917/Resource/251/1/images/001.pdf

[4] 94 diputados jacobinos, Manifiesto a la Nación. Tomado de Djed Bórquez, Crónica del Constituyente, SEP, Instituto de Investigaciín jurídica de la UNAM e INEHRM, página 394

[5] 1916 Discursos sobre los artículos 5° y 123. Carlos L. Gracidas, Héctor Victoria y Froylán C. Manjarrez

memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1916-D-ALG-HN-FVM.html

[6] Constitución promulgada el 5 de febrero de 1917, Diario oficial.

www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/ref/cpeum/CPEUM_orig_05feb1917_ima.pdf

[7] Francisco J. Múgica, Francisco J. Mújica un romántico rebelde, Fondo de Cultura Económica, página 161

[8] Ricardo Flores Magón, La revolución Rusa.

antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/guerra/23.html

Otras fuentes consultadas:

Rubén Rivera Álvarez, Independencia y revolución – 200 años de la lucha de clses en México. Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx

Pedro Salmerón, Los carrancistas, Planeta.

Diario de los debates del congreso constituyente, web de la cámara de diputados

diputados.gob.mx/LeyesBiblio/ref/cpeum/DD_Constituyente.pdf

 

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