La CIA en Chihuahua y de nuevo las amenazas de EEUU: El imperialismo aprieta la correa, la 4T roza sus límites
Isa Marín
El 19 de abril, un operativo de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua viajó hasta la sierra Tarahumara para desmantelar un narcolaboratorio. No hallaron ninguna evidencia en el sitio; en su lugar, un accidente automovilístico causó la muerte de dos personas, cuya identidad más tarde se revelaría como agentes estadounidenses de la CIA que operaban en territorio mexicano sin conocimiento del gobierno federal.
La respuesta del ejecutivo fue inmediata: «el gobierno federal no tenía conocimiento, se trata de un caso de excepción». Antes de que se enfriara el asunto y justo cuando la presión sobre la gobernadora panista Maru Campos alcanzaba su punto más álgido al descubrirse que ella había dado carta blanca a la CIA para acceder al país, el 29 de abril, el Departamento de Justicia de EE.UU. presentó cargos contra el gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya junto a nueve funcionarios y exfuncionarios más. Esto ha destapado un entramado de corrupción, por presuntas conexiones con el Cártel de Sinaloa y su facción Los Chapitos, acusándolos de ofrecer protección al grupo criminal a cambio de sobornos y apoyo electoral y político.
Al día siguiente de la acusación, Rocha pidió una licencia para la separación de su cargo —pese a que un día antes había afirmado que “el que nada debe, nada teme”— tras ser expedida una orden de extradición desde EE.UU. y la apertura de una investigación por parte de la Fiscalía General de la República (FGR). Hasta ahora, Harfuch ha salido a señalar que “no existen” indicios que vinculen al gobernador con licencia y el crimen organizado. Aunque no nos sorprende que salgan de la coladera estas acusaciones, debemos ser claros: la lucha contra el narco está siendo utilizada por el imperialismo gringo como garrote para interferir y presionar al gobierno mexicano en subordinarse a sus intereses.
El imperialismo mueve sus piezas
El gobierno federal criticó el actuar ilegal de la CIA en el país y a la gobernadora de Chihuahua por abrirles las puertas. Pocos días después, el gobierno estadounidense respondió con nuevas presiones al señalar al gobernador del estado de Sinaloa, y a otros funcionarios de esa entidad, de vínculos con el crimen organizado. El actuar de la CIA en Chihuahua y las posteriores acusaciones contra el gobernador sinaloense no son hechos aislados que coinciden por casualidad, juegan parte en un tablero más amplio que responde a una verdad ineludible: el imperialismo norteamericano apretando con mayor fuerza la correa sobre México. En cuestión de días ha salido a la superficie lo que lleva años cocinándose por debajo; que estas noticias nos impresionen sería el verdadero escándalo.
Preguntas legítimas han saltado entre la gente: ¿desde cuándo opera la CIA en México?, ¿qué intereses hay detrás de las acusaciones contra Rocha Moya?, ¿es todo fabricación gringa o se esconde algo real? Es tanta la desconfianza que incluso hay quienes piensan que todo es obra de la Inteligencia Artificial (IA).
Antes de responder, hemos de recordar el panorama general que enmarca los últimos hechos. Desde que Trump asumió su segundo mandato, las exigencias sobre México han seguido un camino largo y sostenido. El imperialismo norteamericano tiene un declive relativo y enfrenta en su principal zona de influencia una fuerte presencia y competencia del imperialismo chino. En este contexto, en enero de 2025, Trump declaró a los cárteles de la droga “organizaciones terroristas”. A partir de ese momento ya era evidente que no fue más que una excusa para intervenir en la política mexicana con un objetivo ulterior clave: expulsar a China y cualquier aliado suyo de lo que considera su patio trasero y consolidar la hegemonía debilitada del imperialismo norteamericano en todo el continente. La cruzada de Trump por América Latina tiene como objetivo la subordinación política y económica de los gobiernos para sus propios intereses y por los medios que sean necesarios.
Estas presiones se expresan en que diez mil elementos militares fueron desplegados en la frontera norte tras presiones del jefe de la Casa Blanca a principios del año pasado y la extradición de más de 80 personas vinculadas al narcotráfico en lo que va del sexenio de Sheinbaum; a ello se suma la imposición inicial de aranceles del 25% a todas las exportaciones mexicanas y un 10% adicional sobre todas las importaciones chinas bajo el pretexto de «detener el flujo de las drogas». Declaraciones de Trump llamando a México «el epicentro de la violencia» y amenazando abiertamente con una intervención militar directa por tierra. El abatimiento de “El Mencho” después de dichas declaraciones, si bien ejecutado por las fuerzas armadas mexicanas, corresponde no a la estrategia de seguridad frente a los crímenes del narcotráfico que ha caracterizado a la 4T, sino a la continua amenaza del presidente estadounidense.
En marzo de 2026, la firma del Escudo de las Américas donde doce gobiernos reaccionarios del continente, con Washington a la cabeza, se comprometieron a coordinar fuerzas militares y estratégicas incluyendo «el uso de fuerza letal para impulsar la paz» excluyendo a México y Colombia de la mesa, marcando así un nuevo capítulo en la historia de dominación imperialista yanqui: o estás con Estados Unidos o estás con China, no hay punto medio.
Recientemente salen más evidencias del actuar imperialista a la vista, una investigación a la que se la ha puesto el nombre de “HondurasGate”, revela una presunta trama entre el gobierno de Estados Unidos, Israel, Javier Milei y el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández —condenado por narcotráfico en el gobierno de Biden y ahora indultado por Trump— para desestabilizar los gobiernos de México y Colombia. Se habla de unos expedientes contra México que el imperialismo yanqui no desaprovechará para una posible segunda amenaza de intervención en el país.
Es de destacar el actuar abiertamente entreguista de la derecha mexicana. El gobierno de la panista de Chihuahua, Maru Campos, abrió la puerta trasera para que agentes de la CIA operaran en el país. Desde el Congreso, el grupo parlamentario del Partido Acción Nacional, bajo la voz de Ricardo Anaya, salió a defender esta política, declarando su respaldo y orgullo por la actuación de la gobernadora. Como calamares que arrojan tinta para encubrirse, los panistas desviaron el debate acusando a otros legisladores de estar en listas rojas de Estados Unidos.
Mientras tanto, la gobernadora de Chihuahua fue llamada a comparecer, pero simplemente no se presentó. La derecha mexicana tiene una larga tradición de subordinación a los intereses imperialistas y hoy la reafirma al alinearse voluntariamente con el gobierno de Donald Trump, buscando presentarse como el interlocutor confiable del imperialismo. Sin embargo, como se ha visto en el caso venezolano, carecen de una base social real que les permita ser una fuerza que realmente le dispute el gobierno a la 4T.
Por su parte, Sheinbaum pregona insistentemente que la relación con EE.UU. avanza «en condiciones de igualdad» y que México continuará con su «política de colaboración», mientras la realidad difiere ampliamente. Hasta ahora, su política más que de cooperación, ha sido de subordinación: ceder, ceder, adaptarse y ceder. Desde sus inicios, el imperialismo ha jugado un papel de dominación sobre los países económicamente dependientes. Su peso no únicamente condiciona el desarrollo de las fuerzas productivas sino que convierte a las burguesías locales en apéndices para ejecutar la voluntad imperialista. No es casualidad que no le quede de otra cuando el 80% de las exportaciones mexicanas dependen del vecino del norte y en medio de este debraye se impone la renegociación del T-MEC. Tanto Claudia como Ebrard se han doblado una y otra vez ante cada exigencia, aunque insisten en venderla como una gran negociación soberana.
La Doctrina Donroe y Latinoamérica
Huelga decir que la CIA opere activamente en territorio mexicano sin “pedir permiso” tampoco ha caído como sorpresa para muchos. Un largo río de sangre recorre la historia de América Latina trazado por las garras del imperialismo yanqui. Entre los años setenta y ochenta coordinó la Operación Cóndor que involucró a las dictaduras de varios países de Sudamérica para perseguir, torturar, desaparecer y asesinar a militantes de izquierda de toda la región. En los años ochenta financió a la contra nicaragüense con dinero del narcotráfico, usando rutas y operadores criminales que la propia agencia protegía mientras declaraba públicamente su guerra contra las drogas. Más recientemente, antes de atacar criminalmente a Venezuela, el gobierno estadounidense fabricó la existencia del Cártel de los Soles, arguyendo que Maduro era su líder; una afirmación tan burda, que tras su captura, no les quedó de otra más que admitir entre dientes que en realidad no existía.
El Plan de Seguridad de EE.UU. y el llamado Corolario Donroe tienen el sentido de meter mano en América Latina para eliminar las influencias de sus enemigos económicos y políticos, particularmente China, y todo aquel gobierno que no se subordine al imperialismo. Venezuela se ha convertido en una semicolonia yanqui y Cuba está constantemente amenazada, al igual que es bien sabido que el gobierno nortamericano ha metido mano en elecciones de países como Honduras o Argentina. A la luz de estos antecedentes, resulta necesario analizar los acontecimientos más recientes en México que expresan reiteradamente la misma lógica de intervención del imperialismo de Estados Unidos cuando sus intereses se ven comprometidos: plantar una fachada —eliminar el narcotráfico— y tras bambalinas llevar adelante objetivos políticos y económicos estratégicos —hacer América suya otra vez—. El imperialismo no es ningún amigo para los pueblos.
¿Qué dice la gente?
La reacción social se ha dividido en posturas múltiples. La oposición ha intentado capitalizar el escándalo del “narcogobierno” en el intento por desacreditar a Morena y profundizar su confrontación, mientras que sectores afines a la 4T defienden la gestión de Sheinbaum apelando a que aún mantiene una política en defensa de la soberanía nacional. Por su parte, en las calles de Chihuahua se han realizado movilizaciones en contra del gobierno panista de Maru Campos y sus acciones entreguistas. Al mismo tiempo, existe un vasto sector de la población que, harto de la violencia, de los jóvenes reclutados a la fuerza, las miles de muertes y desapariciones, y de las comunidades bajo el control del crimen organizado, exige el fin del narcotráfico, por cualquier vía, aún si la solución viene en manos de EE.UU.
Como marxistas, entendemos que las exigencias que buscan poner término al espiral de violencia estructural nacen de un sentir genuino; pero hemos de hacernos las siguientes preguntas: ¿el narco es el problema en sí?, así como ¿la intervención de Estados Unidos realmente garantizaría la paz? Para contestar hay que mirar más allá de los síntomas y entender la base material que produce y mantiene al crímen organizado.
El problema del narcotráfico; EE.UU. ¿nuestro salvador?
Los cárteles son grandes consorcios capitalistas que trafican mercancías ilegales. Como cualquier empresa capitalista, acumulan, compiten, se expanden y eliminan a sus rivales; la diferencia es que operan fuera de la legalidad burguesa, lo que convierte a la violencia en su método cotidiano. Pero su poder no se sostiene solo por la fuerza, también han logrado introducirse profundamente en sectores económicos importantes y en las estructuras del Estado burgués.
El reciente caso del gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, no es ni el primero ni el único que sale a la luz de los hechos. El sonadísimo involucramiento de García Luna en el Cártel de Sinaloa mientras tenía a su cargo la Policía Federal durante el sexenio de Felipe Calderón, o la Operación Enjambre que desmanteló la colusión de alcaldes y jefes de la policía con el crímen organizado, entre muchos otros que revelan cómo opera lo que es, en esencia, un Estado dentro del Estado. Esta red de corrupción no se cierne sobre una cuestión de lealtades partidarias; es la expresión de la lógica del Estado burgués dependiente bajo el capitalismo decrépito en su fase imperialista.
En nuestro documento de perspectivas para el 2026, ya anticipábamos la podredumbre que esconde esta situación:
«No podemos meter las manos por los gobiernos reformistas de la 4T con respecto a un cierto vínculo con el narco […] Lo que sí es cierto, es que hay personajes muy oscuros dentro del gobierno y de Morena que tienen vínculos con el crimen organizado y que, por el afán de tener recursos y respaldo para ganar elecciones, pueden hundir todo el proyecto político de los reformistas».
El narcotráfico no es la causa última de la violencia en México, sino una de sus expresiones más brutales; la privatización de los servicios básicos, el degradamiento y precarización de las condiciones de vida generales de los estratos más marginados de la sociedad crean el caldo de cultivo perfecto para que los cárteles continúen creciendo. La falta de alternativas reales dentro del sistema capitalista, arrincona a capas cada vez más amplias de la juventud a ver como única “alternativa” para tener un “futuro” el unirse a las filas del crimen organizado.
El papel del imperialismo estadounidense tampoco puede ignorarse. El tráfico de drogas constituye un negocio altamente lucrativo. Seamos claros, el imperialismo yanqui no tiene ni la más mínima intención de “salvar al pueblo mexicano del narcotráfico” —un negocio que inyecta miles de millones de dólares líquidos a su economía—. El 85% de la droga que se produce se dirige al mercado estadounidense y el 75% de las armas ilegales que se usan en México proviene del mismo socio comercial. Más aún, una situación de confrontación y caos permanente le conviene. Es el material perfecto para debilitar al gobierno mexicano y negociar a su favor en cada frente abierto, la renegociación del T-MEC a la vuelta de la esquina representa un punto crítico, por ejemplo.
Límites del reformismo de la 4T
A Claudia se le acaban los movimientos. El discurso de una soberanía íntegra y sin daños cada día queda más corto frente a la cruda realidad del imperialismo apretando la correa al gobierno mexicano. Como hemos señalado, esto se ha expresado en cada una de las demandas de Trump cumplidas en la lucha contra el narcotráfico y la influencia de China en el país. En materia económica, el país es terriblemente dependiente de EE.UU. y las discusiones del T-MEC no pretenden cambiar esto, todo apunta a lo contrario.
La 4T aún mantiene una base de apoyo importante, pero su partido Morena empieza a resquebrajarse con grietas a lo interno cada vez más profundas. Hay un proceso de descomposición que más temprano que tarde llevará a una desilusión de las bases. A eso se suma la acusación a uno de sus propios funcionarios, que no puede rebatir limpiamente sin que implique revelar que la permeabilidad del Estado frente al crimen organizado no es un problema de uno u otro individuo corrupto, sino la base sobre la que todo su proyecto político se sustenta.
La derecha es claudicante y abiertamente entreguista, pero el problema fundamental del gobierno mexicano es que no da una oposición consecuente al imperialismo, son los límites claros de su política reformista. Sin salir de la defensa del capitalismo y la política burguesa, pretende que los intereses del imperialismo yanqui se puedan resolver por medio de charlas amistosas entre mandatarios. Por otro lado, el Plan México, la defensa de las Afores y las 40 horas han dejado claro que su aliado es la burguesía nacional, no la clase trabajadora que mueve todo. El gobierno no está tomando en cuenta el factor decisivo que puede hacerle realmente frente al imperialismo, esto es, el potencial revolucionario de las masas organizadas. No puede ser de otra forma, la entrada de la clase trabajadora a la vida política pondría en riesgo los intereses de la clase dominante que el mismo Estado mexicano defiende actualmente. El imperialismo y la burguesía nacional deben ser destruidos por los trabajadores y sustituidos por un Estado obrero democrático y la lucha revolucionaria a nivel internacional.
Simular que es posible erradicar los males del capitalismo, dentro de él, sólo conduce a un callejón sin salida y la 4T muy pronto topará con pared. Cuando esto suceda, la clase trabajadora y la juventud buscarán respuestas, pero sobre todo, una alternativa real. Frente a los ataques y amenazas imperialistas, el incremento de la violencia por el narco y el reformismo rozando sus límites al no poder ofrecer mejoras sustanciales a la población, lo que necesitamos es un partido revolucionario capaz de aglutinar a las masas con un programa comunista que rompa con las bases materiales que nos oprimen.
¡Únete al Partido Comunista Revolucionario!
