Francia después de la huelga general del 5 de noviembre: ¡No a la «conferencia social»! ¡Hay que paralizar la economía!
Partido Comunista Revolucionario – Francia
La movilización del 5 de noviembre marcó un nuevo crecimiento cuantitativo del movimiento iniciado hace más de seis semanas. La CGT da una cifra de 1,6 millones de manifestantes a nivel nacional. Esto es aún más notable si se tiene en cuenta que el gobierno hizo todo lo posible para disuadirnos de manifestarnos.
Amenazas, prohibiciones, rutas impuestas por las prefecturas, violencia policial de todo tipo: el derecho a manifestarse, en Francia, es ahora muy relativo.
En París, la ruta impuesta y el dispositivo policial obligaron a cientos de miles de personas a quedarse parados de manera interminable, hombro con hombro. En estas condiciones, muchas personas prefirieron abandonar la manifestación desde el punto de partida. Evidentemente, ese era uno de los efectos buscados por la Prefectura de Policía. Semana tras semana, el poder nos envía el mismo mensaje: «ya no podrán manifestarse sin sufrir las trampas, la violencia y el acoso policial».
En Toulouse, la manifestación estaba directamente prohibida —y, por lo tanto, fue reprimida violentamente desde el principio—. Aun así, fue masiva. Mucha gente dice que viene a manifestarse para, entre otras cosas, defender el derecho a manifestarse. La táctica del gobierno tiene, por lo tanto, efectos contradictorios que, al final, no necesariamente le benefician.
Las direcciones sindicales deben defender con mucha más firmeza el derecho a manifestarse. Deben rechazar los recorridos impuestos por las prefecturas, atenerse a sus propios recorridos y proteger las manifestaciones mediante servicios de orden mucho más numerosos, mejor equipados y organizados.
Las huelgas
La dirección confederal de la CGT había convocado ayer a «todos los trabajadores» a ir a huelga. Pero, ante la falta de un intenso trabajo preparatorio y de un plan de acción preciso, era difícil que la huelga fuera general. Dicho esto, aun así había cientos de miles de trabajadores en huelga.
Por la noche, el comunicado de la CGT dio las siguientes cifras: «uno de cada tres ferroviarios en huelga; más de 2000 paros registrados en la metalurgia, la industria agroalimentaria, la industria del vidrio y la cerámica, la construcción, el comercio y los servicios, las industrias químicas, los organismos sociales, los puertos y muelles, los servicios postales y de telecomunicaciones, y el transporte; cientos de miles de funcionarios en huelga. »
Esto confirma la disposición de numerosos trabajadores a intensificar la lucha para conseguir mejores salarios, un aumento significativo del salario mínimo, el fin de las políticas de austeridad y la satisfacción de las reivindicaciones de los estudiantes de secundaria y universitarios —quienes ayer se mantuvieron movilizados de manera masiva—. Detrás de los cientos de miles de huelguistas del 5 de noviembre, millones de trabajadores podrían entrar en huelga —siempre y cuando las direcciones sindicales dediquen todas sus fuerzas a esta batalla.
La «conferencia social»
El primer ministro Sébastien Lecronu anunció el lunes la celebración de una «conferencia social» sobre los salarios. Se trata de una maniobra cuyo único objetivo es ganar tiempo y debilitar el movimiento al mostrar una farsa de «democracia social». Como reconoce Le Monde, «para el gobierno, el principal desafío» no es satisfacer las reivindicaciones, sino «que se establezca el diálogo entre los sindicatos y las organizaciones patronales». En otras palabras, se trata de escenificar un supuesto «diálogo» del que no saldrá nada positivo para la juventud y los trabajadores (salvo algunas migajas).
Las organizaciones sindicales deben rechazar esta «conferencia social» y dirigirse hacia la clase trabajadora, hacia la juventud de secundaria y universitaria, presentándoles un plan de lucha sólido para los próximos días y semanas. Las reivindicaciones básicas del movimiento no se satisfarán «en frío» en los salones dorados de Matignon. Solo un poderoso movimiento de huelgas renovables puede abrir la perspectiva de una victoria decisiva de nuestra clase. En lugar de prestarse a las maniobras dilatorias del gobierno, las direcciones sindicales deben emprender una campaña de agitación masiva, en los sectores decisivos de la economía, para construir un poderoso movimiento de huelgas renovables.
Los activistas sindicales más combativos deben ejercer la máxima presión sobre las direcciones de sus confederaciones para que den la espalda a las maniobras de Lecornu. Al mismo tiempo, deben esforzarse por multiplicar y desarrollar las asambleas generales interprofesionales, que pueden contribuir de manera decisiva a la dinámica de huelga.
Las «perspectivas» de la CGT
En su comunicado publicado anoche, la dirección confederal de la CGT escribe:
«La CGT lo afirma con firmeza: la lucha continuará tanto como sea necesario para hacer ceder al gobierno y a la patronal. ¡Mientras no hayan respondido a las reivindicaciones sobre salarios, servicios públicos, condiciones de estudio y protección social, la movilización popular continuará!
«En la unidad sindical interprofesional más amplia posible, es en este sentido que la CGT seguirá actuando a todos los niveles. »
Estas son las únicas «perspectivas» que la dirección de la CGT formula en este comunicado. Ni una palabra sobre la necesidad de huelgas renovables; ningún llamado a manifestarse mañana junto a los estudiantes de secundaria y universitarios; ni siquiera una nueva fecha para una movilización interprofesional. Solo se nos informa que « la CGT seguirá actuando a todos los niveles» —incluido, por lo tanto, el «nivel» de la «conferencia social» convocada por Lecornu. En otras palabras: «primero se discute con el gobierno y la patronal; luego se verá si es necesario convocar nuevas movilizaciones». Esa es la única interpretación posible de este comunicado de la CGT.
Para quedar bien y justificar su participación en la «conferencia social», la dirección de la CGT afirma que « la lucha continuará tanto como sea necesario para hacer ceder al gobierno y a la patronal». Pero ya hemos visto este tipo de retórica al borde de cada derrota, en los últimos veinte años.
Una vez más, las organizaciones sindicales deben rechazar la maniobra descarada que representa esta «conferencia social» —y volverse hacia las masas, hacia la juventud y la clase trabajadora—. Hay que presentarles un plan de batalla ofensivo con el objetivo de paralizar la economía. Es el único camino para infligir una derrota decisiva a la patronal y a su gobierno.
