El Proyecto LITEMPO: La CIA en México
Jordi Palafox Rivara
LITEMPO: inteligencia, imperialismo y dominación de clase en México
Los documentos desclasificados de la CIA y del National Archives and Records Administration (NARA) permiten poner al descubierto una parte de los mecanismos mediante los cuales el imperialismo estadounidense ejerció su dominio sobre México durante la Guerra Fría. LITEMPO no fue una simple red de “cooperación” entre agencias de seguridad: fue un instrumento de la política imperialista estadounidense y una pieza de la maquinaria destinada a preservar el orden político y económico favorable al capitalismo en México y América Latina.
La existencia de LITEMPO demuestra que la dominación imperialista no se sostuvo únicamente mediante la presión económica o diplomática. También necesitó de la vigilancia, la inteligencia, la infiltración y la colaboración directa con los aparatos represivos de los Estados latinoamericanos. Mientras Estados Unidos defendía sus intereses económicos y estratégicos en el continente, sectores del Estado mexicano colaboraban con sus organismos de inteligencia para garantizar la estabilidad del régimen y contener cualquier fuerza que pudiera amenazar el orden capitalista.
La investigación del asesinato de John F. Kennedy permitió activar y poner en evidencia parte de esta estructura. El caso de Gilberto Policarpo López muestra, a nivel concreto, cómo funcionaban estas redes y cómo la información, la vigilancia y la coordinación entre los aparatos de seguridad podían ser utilizadas dentro de una estructura de alcance internacional.
No necesitamos inventar conspiraciones ni atribuir a los documentos aquello que no dicen. La propia documentación imperialista es suficiente para demostrar la existencia de la red, sus vínculos y su función. Y eso es políticamente significativo: los archivos de la CIA y del Estado estadounidense terminan dejando constancia de aquello que durante décadas se intentó ocultar o presentar como una relación normal entre gobiernos.
LITEMPO debe entenderse, por tanto, dentro de la lucha de clases y de la política imperialista de la segunda mitad del siglo XX. Estados Unidos no podía permitir que América Latina rompiera con su esfera de dominación. Para preservar sus intereses, construyó redes de inteligencia y estableció vínculos con las clases dominantes y con los aparatos estatales de nuestros países. La llamada “cooperación” significó, en los hechos, cooperación para preservar el poder de las clases dominantes y mantener subordinadas a las sociedades latinoamericanas a los intereses del capital imperialista.
La historia de LITEMPO no pertenece únicamente al pasado. Su importancia radica en que permite comprender cómo funciona el imperialismo cuando sus intereses se encuentran amenazados: utiliza sus recursos económicos, políticos, diplomáticos, militares y de inteligencia; establece alianzas con las burguesías locales; penetra los aparatos del Estado y convierte la defensa del “orden” en la defensa del orden capitalista.
Por eso, recuperar estos documentos no es un ejercicio académico neutral. Es recuperar pruebas históricas de la dominación imperialista y ponerlas al servicio de la lucha de los trabajadores y los pueblos. Allí donde la historiografía burguesa habla de “cooperación”, nosotros debemos preguntar: ¿cooperación para quién?, ¿al servicio de qué clase?, ¿contra quién?
LITEMPO muestra una respuesta concreta: detrás de la cooperación entre los aparatos de seguridad estaba la defensa de un sistema de dominación. La inteligencia fue utilizada como instrumento político y el Estado como mecanismo de preservación del poder de clase. Estudiar esta historia significa, por tanto, comprender mejor cómo el imperialismo estadounidense construyó y sostuvo su hegemonía en México y por qué la lucha contra esa dominación sigue siendo inseparable de la lucha contra el capitalismo.
México, la Revolución Cubana y la construcción de una red de cooperación
Durante la Guerra Fría, México ocupó una posición estratégica dentro de la política exterior estadounidense. Su extensa frontera con Estados Unidos, su estabilidad política bajo el régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y su decisión de mantener relaciones diplomáticas con Cuba tras la Revolución de 1959 convirtieron al país en un espacio de especial interés para Washington. En un contexto marcado por la confrontación entre el bloque capitalista y estalinista, la administración estadounidense consideró prioritario impedir que el territorio mexicano se transformara en un punto de expansión de proyectos revolucionarios o en una plataforma de influencia para el bloque “socialista”.
Antes de la revolución cubana Estados Unidos ya jugaba un papel imperialista y contrarrevolucionario, más notoriamente en Centroamérica y el Caribe, donde había establecido colonias o semicolonial (Puerto Rico o Cuba), realizado intervenciones militares (Haití, Nicaragua o República Dominicana), saqueaba mercancías, establecía sus empresas, ponía a gobiernos títeres o atacaba a gobiernos que emergían de procesos revolucionarios (Madero en México o Árbenz en Guatemala). Pero tras la revolución de Cuba la estrategia se modificó, esta revolución no solo triunfó, sino que expropió al capital y acabó con el capitalismo. El imperialismo fortaleció su aparato represivo en toda la región, en defensa de sus inversiones, abastecimiento de materias primas y control del conteniente americano; jugó un papel abiertamente contrarrevolucionario buscando sofocar (apoyado en los estados locales títeres) cada proceso revolucionario o foco subversivo, ante el temor de que el ejemplo cubano se extendiera por el continente.
Sin embargo, la consolidación del gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro transformó el escenario geopolítico. La posibilidad de que otros movimientos revolucionarios emergieran en el continente llevó a Washington a fortalecer sus capacidades de inteligencia, ampliar sus mecanismos de vigilancia y estrechar la cooperación con gobiernos considerados políticamente confiables.
En este contexto, México adquirió una relevancia singular. Durante los gobiernos de Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y posteriormente Luis Echeverría Álvarez, el país se convirtió en un importante centro diplomático y de inteligencia para América Latina. La presencia de representaciones diplomáticas cubanas y soviéticas, así como el constante tránsito de funcionarios, periodistas, exiliados y militantes políticos, hizo de la Ciudad de México un espacio privilegiado para la recopilación de información por parte de la CIA. Esta actividad coincidió con la permanencia de Winston Mackinley Scott como jefe de la estación de la Agencia en México entre 1956 y 1969, periodo durante el cual se consolidó una de las redes de inteligencia más importantes de la región.
Desde una perspectiva marxista, esta importancia estratégica no puede explicarse únicamente por factores geográficos o diplomáticos. Como planteó Vladimir I. Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, la expansión imperialista responde a la necesidad de garantizar las condiciones políticas necesarias para la reproducción del capital. En consecuencia, la preservación de gobiernos estables, aliados y capaces de contener procesos revolucionarios formó parte de una estrategia orientada a mantener el equilibrio del sistema capitalista internacional. En este sentido, México representaba un eslabón fundamental dentro del dispositivo hemisférico construido por Estados Unidos durante la Guerra Fría.
Los documentos desclasificados permiten observar esta lógica con claridad. En el informe Mexico: Challenges for the New Government, elaborado por la CIA tras la llegada de Luis Echeverría Álvarez a la presidencia en enero de 1971, la Agencia reconocía que el llamado “milagro mexicano” coexistía con profundas desigualdades económicas y sociales. Sin embargo, el problema no era presentado en términos de explotación o conflicto de clases, sino como un factor que podía fortalecer al Partido Comunista Mexicano, al movimiento estudiantil y a otras organizaciones opositoras capaces de alterar la estabilidad política del régimen.
Este diagnóstico resulta especialmente revelador. Incluso desde la perspectiva del propio aparato de inteligencia estadounidense, las contradicciones generadas por el desarrollo capitalista mexicano eran identificadas como un riesgo para la gobernabilidad. Lo que la CIA interpretaba como una amenaza para la estabilidad política constituye, desde una lectura marxista, una manifestación de las tensiones inherentes al capitalismo dependiente. Precisamente en este escenario comenzó a consolidarse una infraestructura permanente de cooperación entre la estación de la CIA en México y sectores estratégicos del Estado mexicano: la red LITEMPO.
Documento: Mexico: Challenges for the New Government (CIA, enero de 1971).
Archivo: CIA Reading Room.
https://www.cia.gov/readingroom/docs/CIA-RDP85T00875R001500030002-6.pdf
Imagen. Fragmento del informe Mexico: Challenges for the New Government (1971), en el que la CIA reconoce que el crecimiento económico mexicano coexistía con profundas desigualdades sociales.
¿Qué muestra este documento?
La imagen corresponde a un informe confidencial de la CIA, fechado el 15 de enero de 1971, titulado “Mexico: Challenges for the New Government” (“México: desafíos para el nuevo gobierno”). El documento analiza la situación política y económica de México al inicio del gobierno de Luis Echeverría Álvarez, quien había asumido la presidencia en diciembre de 1970.
El informe muestra que la CIA realizaba un seguimiento sistemático de la situación interna de México, incluyendo sus problemas económicos, sociales y políticos. No se trataba simplemente de observar acontecimientos externos: la inteligencia estadounidense analizaba la estabilidad del gobierno mexicano, sus conflictos internos y los posibles factores que podían afectar los intereses de Washington en el país.

LITEMPO: una red de cooperación entre la CIA y el Estado mexicano
La estrategia estadounidense hacia México adquirió una expresión institucional concreta mediante el proyecto LITEMPO, una de las operaciones más importantes desarrolladas por la estación de la CIA durante la Guerra Fría. Los documentos desclasificados muestran que no se trató únicamente de un mecanismo destinado a obtener información confidencial, sino de una infraestructura permanente de cooperación entre la Agencia y altos funcionarios del Estado mexicano. Su relevancia radicó en la capacidad de articular canales estables de comunicación que permitieron a Washington acceder de manera continua a información estratégica y coordinar respuestas frente a acontecimientos considerados prioritarios para la seguridad hemisférica.
Mackinley Scott, jefe de la estación de la CIA en México entre 1956 y 1969, permaneció al frente de la inteligencia estadounidense durante algunos de los episodios más importantes de la lucha de clases en América Latina. Durante esos años ocurrieron la Revolución Cubana y el movimiento estudiantil mexicano de 1968, procesos que expresaron contradicciones sociales y políticas propias y que no pueden reducirse al enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque se desarrollaron en el contexto internacional de la Guerra Fría. La Crisis de los Misiles, en cambio, sí constituyó uno de los momentos centrales de la confrontación geopolítica entre ambas potencias.
Los documentos muestran que Scott desarrolló una extensa red de relaciones con integrantes de la élite política y de los organismos de seguridad mexicanos, convirtiéndose en un intermediario privilegiado entre Washington y sectores estratégicos del aparato estatal.
Los expedientes identifican a los colaboradores de la red mediante criptónimos como LITEMPO/A, LITEMPO/E y otras designaciones operativas. El empleo sistemático de estos códigos revela que la cooperación no descansaba en contactos ocasionales, sino en una estructura organizada y permanente. La circulación constante de información entre funcionarios mexicanos y la estación de la CIA permitió construir una capacidad de inteligencia difícilmente alcanzable mediante operaciones clandestinas aisladas. En consecuencia, LITEMPO funcionó como un mecanismo institucionalizado de intercambio de información, capaz de operar de manera continua y de activarse con rapidez ante situaciones consideradas estratégicas por Washington.
Los propios documentos permiten apreciar el alcance de esa infraestructura. En ellos se describen reuniones con funcionarios mexicanos, la utilización de contactos previamente establecidos, el financiamiento de determinadas actividades y la organización de mecanismos de vigilancia orientados a dar seguimiento a personas consideradas de interés para la Agencia. Lejos de presentar acciones aisladas, los expedientes revelan una práctica sistemática de cooperación que fortalecía la capacidad operativa de la CIA dentro del territorio mexicano.
Desde una perspectiva marxista, estos documentos permiten comprender el imperialismo más allá de la imagen tradicional de la intervención militar directa. Como sostuvo Lenin, la dominación imperialista requiere construir condiciones políticas e institucionales favorables para garantizar la reproducción del capitalismo. La documentación relativa a LITEMPO refleja precisamente esta lógica: la influencia estadounidense no dependía únicamente de su poder económico o militar, sino también de la cooperación cotidiana con fracciones de la élite política mexicana interesadas en preservar la estabilidad del régimen y contener el avance de proyectos considerados contrarios al bloque capitalista.
En este sentido, los documentos no muestran una simple relación de subordinación entre México y Estados Unidos. Más bien evidencian la convergencia de intereses entre una potencia imperialista y sectores del Estado mexicano que encontraron en esta cooperación una herramienta para mantener el orden político existente. Esta constatación resulta particularmente relevante porque desplaza la interpretación desde una lógica de dependencia pasiva hacia el análisis de las alianzas construidas entre distintas fracciones de poder durante la Guerra Fría.
La eficacia de esta infraestructura quedó demostrada tras el asesinato del presidente John F. Kennedy en noviembre de 1963. La rapidez con la que la estación de la CIA en México movilizó a las fuentes identificadas como LITEMPO confirma que la red ya operaba plenamente antes del magnicidio. El asesinato no dio origen al proyecto; simplemente puso a prueba una estructura de inteligencia previamente consolidada, capaz de responder de forma inmediata a una crisis internacional.
Archivo / FUENTE: NSA ( NATIONAL SECURITY AGENCY) https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB204/1.pdf

Archivo / FUENTE: NSA ( NATIONAL SECURITY AGENCY) https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB204/1.pdf
Kennedy, Gilberto Policarpo López y la activación de LITEMPO
El asesinato del presidente John F. Kennedy, ocurrido el 22 de noviembre de 1963, convirtió a México en uno de los principales escenarios de la investigación desarrollada por las agencias de inteligencia estadounidenses. Semanas antes del magnicidio, Lee Harvey Oswald había viajado a la Ciudad de México para realizar gestiones en las embajadas de Cuba y de la Unión Soviética, circunstancia que otorgó a la capital mexicana una importancia inmediata para la CIA. Sin embargo, el interés de este artículo no radica en reexaminar las múltiples hipótesis sobre el asesinato, sino en analizar la forma en que la Agencia movilizó una infraestructura de inteligencia previamente establecida para responder a una crisis internacional.
Los documentos del National Archives and Records Administration (NARA) muestran que la estación de la CIA recurrió de manera inmediata a las fuentes identificadas como LITEMPO/A, LITEMPO/E y otros colaboradores de la red para reconstruir itinerarios, verificar información y coordinar la obtención de datos considerados relevantes para la investigación. La rapidez con la que estas gestiones fueron puestas en marcha constituye uno de los principales indicios de que LITEMPO no fue una estructura improvisada tras el asesinato de Kennedy. Por el contrario, los expedientes revelan la existencia de un mecanismo de cooperación plenamente consolidado que podía activarse de forma inmediata cuando los intereses estadounidenses así lo requerían.
El caso de Gilberto Policarpo López resulta especialmente ilustrativo para comprender el funcionamiento cotidiano de esta infraestructura. Los documentos muestran que la CIA solicitó información sobre sus desplazamientos y sobre sus vínculos con viajes entre México y Cuba, utilizando para ello tanto la red LITEMPO como la operación LIFIRE, encargada del seguimiento de pasajeros en esa ruta aérea. La relevancia histórica de este episodio no reside en demostrar una supuesta participación de Policarpo López en el magnicidio. Los propios expedientes no establecen una relación directa entre él, Lee Harvey Oswald o el asesinato del presidente estadounidense. Su importancia consiste en mostrar, mediante un caso concreto, la capacidad operativa de la red para movilizar recursos institucionales, verificar información y coordinar acciones de inteligencia dentro del territorio mexicano.
Desde una perspectiva metodológica, esta distinción resulta fundamental. El valor de los documentos no radica en sostener hipótesis conspirativas, sino en permitir reconstruir el funcionamiento de una estructura de cooperación entre la CIA y sectores del Estado mexicano. La evidencia documental muestra cómo una red previamente organizada podía activarse con rapidez para atender acontecimientos considerados estratégicos por Washington, independientemente de cuál fuera su desenlace.
Desde una perspectiva marxista, este episodio confirma que el imperialismo no opera únicamente mediante intervenciones militares o acciones diplomáticas visibles. Su eficacia también depende de la construcción de redes burocráticas e institucionales capaces de integrar inteligencia, diplomacia y cooperación estatal para preservar un determinado equilibrio geopolítico. En este contexto, la preocupación de la CIA trascendía el esclarecimiento de un magnicidio. El temor a que la Revolución cubana y la expansión de movimientos revolucionarios modificaran la correlación de fuerzas en América Latina reforzó la necesidad de disponer de mecanismos permanentes de vigilancia, intercambio de información y coordinación con gobiernos aliados.
LITEMPO constituyó una expresión concreta de esa estrategia. La documentación examinada permite observar que la cooperación entre la estación de la CIA y funcionarios mexicanos no respondió únicamente a circunstancias excepcionales, sino que formó parte de un dispositivo institucional orientado a proteger los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región. El caso de Gilberto Policarpo López ilustra el funcionamiento cotidiano de esa infraestructura y evidencia la capacidad de la red para integrarse en investigaciones de alcance internacional sin que ello implique, por sí mismo, una prueba sobre la autoría del asesinato de Kennedy.

Documento: CIA Reading Room/NSA. LITEMPO.
Referencia: CIA-RDP85T00875R001500030002-6. https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB204/8.pdf

Referencia: https://www.archives.gov/files/research/jfk/releases/180-10141-10498.pdf
Informe desclasificado de la CIA (3 de diciembre de 1963) en el que la estación de México comunica a su sede que una fuente identificada como LITEMPO/A solicitó la localización urgente de Gilberto Policarpo López. El documento muestra la activación operativa de la red LITEMPO durante la investigación posterior al asesinato del presidente John F. Kennedy y evidencia su utilización para coordinar tareas de vigilancia y obtención de información en territorio mexicano.
Desde una perspectiva marxista, LITEMPO evidencia que el imperialismo opera mediante la articulación entre el aparato estatal de la potencia imperialista y las clases dominantes locales y su respectivo aparato estatal. La cooperación documentada entre la CIA y funcionarios mexicanos revela cómo la inteligencia se convirtió en un instrumento para preservar al capitalismo y contener proyectos políticos que amenazaban el orden de acumulación durante la Guerra Fría.
