El ocaso del imperio estadounidense y sus relaciones comerciales con México

Rubén Rivera

El mes de agosto fue determinante para la economía de los Estados Unidos. La noticia en primera plana no es una caída del ritmo de crecimiento económico, sino los históricos niveles de endeudamiento y alza de los tipos de interés, que demuestran lo artificial de dicho crecimiento y su carácter cada vez más insostenible.

La situación es más preocupante aún si tomamos en cuenta que desde 1994, México ha vivido un proceso de integración económica dependiente de Estados Unidos. Lejos de disminuir con la entrada de los gobiernos de López Obrador-Sheinbaum, la dependencia se ha profundizado drásticamente, al grado de que a estas alturas es imposible imaginar una economía mexicana sin verla como un apéndice de la estadounidense. 

En ese contexto las cosas están moviéndose, y nuestro país se ha convertido en un auténtico escenario de la guerra comercial internacional entre EE. UU. y China, sin que ello signifique internamente algún cambio de rumbo en su carácter de economía secundaria exportadora. 

2018

En el año 2018 el 79.5 % de las exportaciones mexicanas iban hacia Estados Unidos. En total, se exportaron alrededor de 374 mil millones de dólares, mientras que en las importaciones fueron 387 mil millones; de ellos, 215 mil millones provenían de Estados Unidos, cerca del 55%. China ya hacía acto de presencia con un 20% y los demás países asiáticos participaban con otro 15%: en suma, un 35% procedente de Asia.

Para México el comercio exterior significaba el 29% del PIB de ese entonces. Como veremos esta tendencia se ha acentuado.

Llama la atención la composición del comercio exterior (con datos del INEGI). Por ejemplo, las manufactureras sumaban 336 mil millones del total de las exportaciones. Suena bien, pero las importaciones de ese mismo año por bienes intermedios y bienes de capital (necesarios para la producción manufacturera) fueron de 335 mil millones de dólares. La absoluta mayoría de las importaciones eran para alimentar la industria manufacturera con un solo destino importante: el mercado estadounidense. El superávit comercial favorable a México se compensaba con un déficit respecto a Asia.

Para decirlo de forma concreta: en 2018 México era el lugar donde Estados Unidos y países asiáticos, especialmente China, mandaban a maquilar para el mercado norteamericano. Para colmo, los bajos salarios eran un atractivo que el gobierno mexicano procuraba mantener, para facilitar el status quo. El efecto trampolín empezaba a preocupar a los estrategas norteamericanos que veían como los chinos estaban tomando una parte cada vez más grande del pastel.

La situación de la economía estadounidense no era la mejor, su deuda pública superaba los 20 billones de dólares, aproximadamente el 100% de su PIB. Las dificultades norteamericanas para cubrir su presupuesto eran cada vez más grandes, tan solo ese año de 2018 sumó 780 mil millones de dólares, un 3.8% de su PIB. 

El mundo cambiaba, la potencia industrial perdía espacios comerciales en productos manufacturados aunque ganaba posiciones en el mercado energético. Un hecho patético de la relación México-EE. UU. en aquellos años era el comercio de hidrocarburos. México exportaba 19 mil millones de dólares e importaba 31,5 mil millones de dólares. 

Lejos había quedado el tiempo en que México era exportador, en 2018 el déficit petrolero crecía sin freno, estaba claro que había que hacer algo. La economía mexicana estaba siendo exprimida como un limón y otro tanto estaría sucediendo con los demás países, pero en ese 2018 llegaba un gobierno que representaba para millones la esperanza de que las cosas podrían cambiar. Al mismo tiempo la burguesía norteamericana sentía con urgencia que era necesario actuar antes de que la catástrofe les estallara en la cara.

2025-26

En el octavo año de la IV transformación, las exportaciones representan 665 mil millones de dólares, 36% del PIB, de los cuales el 83 % del total van a EE. UU. Del gran total, las exportaciones manufactureras representan 608 mil millones, de los cuales 550 mil millones se destinaron al comercio con Estados Unidos. 

Por otro lado, el total de importaciones sumó 684 mil millones de dólares, de ellos los bienes de capital e intermedios significan 565 mil millones de dólares. No obstante, el total de importaciones desde Estados Unidos prácticamente no creció, llegando apenas a los 250 mil millones contra 215 mil de 7 años antes. El superávit a favor de México estalló hasta los 200 mil millones de dólares, según cifras del gobierno norteamericano. Esto se dio incluso un año después del rimbombante anuncio de imposición de aranceles por parte de Trump que, no solo no frenó la tendencia sino que, al parecer, la acentuó.

Pese a la diversificación, el saldo de la balanza comercial mexicana es siempre negativo en más de 18 mil millones de dólares, lo cual representa una constante durante todo el periodo. Es decir, pese a que el comercio exterior creció en un 80%, salieron por déficit comercial 42 mil millones de dólares de 2018 a 2025. Otro dato triste es el incremento de la dependencia petrolera, se exportaron por ese rubro 21 mil millones y se importaron 46 mil millones. La mayoría de gasolina procede de Estados Unidos en un 75%. 

Lo más interesantes es que al día de hoy solo el 34,3 % de las importaciones provienen de Estados Unidos mientras que el 50% procede de Asia: la participación de China está un poco disimulada dado que representa el 17% del total, además de otro 10% de economías de dominio chino como Tailandia, Malasia y Vietnam. La caída de las importaciones desde el país de Trump se ha profundizado mientras que Asia es ya, por mucho, la región del mundo con más presencia importadora en México. Si lo vemos en términos absolutos, en 2018 Estados Unidos aportaba 215 mil millones de dólares y Asia 135 mil millones, en el 2026 de EE. UU. provenían 250 mil millones  de importaciones y Asia 342 mil millones, con una China que nunca dejó de crecer de 80 mil millones a 120 mil millones. Claro está que la presión de EE. UU. para revertir esto se mantiene, obligando a México a imponer aranceles a Asia para contener esta tendencia.

Conclusiones

Estados Unidos solo ha podido crecer estimulando su mercado interno de manera artificial a partir de una expansión sin freno del gasto público, la industria norteamericana ha sido incapaz de cubrir esta demanda por lo que las importaciones han crecido desmesuradamente, el efecto es un déficit sin precedentes. La espiral descendente se retroalimenta; los intereses de la deuda que ya superan el billón de dólares obligan a volverse a endeudar mientras que, para evitar la caída económica, se implementan más y más estímulos que van desde rescates financieros, recortes de impuestos y directamente repartiendo dinero a la gran burguesía. 

La industria norteamericana simplemente no puede con los precios bajos de China y todo Asia. Y a pesar de los objetivos de Trump para regresar la industria a su país, el establecimiento de aranceles solo contribuyó a incrementar la inflación, dado que incluso la propia burguesía norteamericana prefiere mantener sus posiciones en países como México, que reindustrializar a los Estados Unidos. Ello se demuestra con el hecho que la inversión extranjera directa en México es en un 80% reinversión de utilidades, y son norteamericanos los que las realizan.

El patrón de acumulación secundario exportador mexicano, pese la caída norteamericana, se ha acentuado. El sector dedicado al comercio exterior tiene un incremento del 100% en los últimos 10 años, mientras que el PIB ha crecido un 60%. Está claro que el único sector dinámico en la economía es el externo mientras que el mercado interno se mantiene en contracción como una estrategia necesaria, ya que ello implica salarios bajos, lo cual es clave para mantener la bonanza del sector externo.

La poderosa entrada de China a México no ha significado cambio alguno, ni en condiciones de trabajo ni en derechos, es explotación pura y dura.

Los tratados comerciales siempre son desventajosos para países dependientes como México, el cual debería concentrar sus esfuerzos en desarrollar una poderosa industria que cubra las necesidades de bienes de consumo e infraestructura para la población trabajadora. Hacer esto requiere un sector bancario estatal y una planificación racional de recursos, bajo el control democratico de los trabajadores. No se trata de eliminar la integración económica de Norteamérica, sino de llevarla un paso más adelante, hacia la Federación Socialista de América del Norte.

Ni el imperialismo estadounidense ni el chino son solución, solo la revolución socialista puede dar pie a un auténtico cambio en favor de los trabajadores. Únete al Partido Comunista Revolucionario para luchar por una auténtica liberación nacional.

Fuente Data México
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