El derecho a no investigar: Alarma por el asesinato de periodistas en el estado de Veracruz

Luisqui Jano

La desaparición de la periodista Roxana Guzmán Ramírez y los recientes asesinatos de Luis Ángel López Valdez y Carlos Leonardo Ramírez Castro vuelven a poner sobre la mesa una realidad que Veracruz arrastra desde hace décadas: ejercer el periodismo en nuestro estado continúa siendo una actividad de alto riesgo.

Este fenómeno no es exclusivo de un partido o una administración en particular. La violencia contra periodistas ha atravesado los gobiernos del PRI, PAN y Morena. Desde el año 2000, Veracruz es la entidad con el mayor número de periodistas asesinados en el país por razones de su labor informativa e investigativa, acumulando 33 casos documentados, sin contemplar las desapariciones. La cifra representa aproximadamente el 20% de todos los asesinatos de comunicadores a nivel nacional, superando a otros estados con altos índices de violencia como Chihuahua, Oaxaca y Tamaulipas.

Los hechos ocurridos durante este año reflejan con claridad la gravedad de esta situación. En enero fue asesinado en Poza Rica el periodista Carlos Leonardo Ramírez Castro. Meses después, también en Poza Rica, fue privado de la vida el periodista Luis Ángel López Valdez, quien había denunciado amenazas y contaba con medidas de protección. Ahora, el secuestro y el posterior asesinato de Roxana Guzmán Ramírez terminan de acentuar la crisis que enfrenta el periodismo en el estado.

En este último caso, la investigación ha permitido la detención de varios presuntos responsables, entre ellos policías municipales y civiles. Estos hechos representan un giro relevante en las investigaciones y hacen aún más urgente que se esclarezca plenamente lo ocurrido. Hasta este momento el móvil del crimen no ha sido determinado de manera definitiva, pero refleja el verdadero rostro de la clase dominante que utiliza elementos de su aparato represivo para silenciar las voces periodísticas del país y a la clase trabajadora dispuesta a evidenciar y enfrentarse a los abusos que existen día con día. 

Vistos en conjunto, revelan una realidad imposible de ignorar: en Veracruz informar continúa siendo una actividad que puede costar la vida o la libertad.

Desde una perspectiva marxista, la defensa de las libertades democráticas no constituye una consigna abstracta ni un respaldo político al Estado existente. La libertad de expresión, el derecho a informar y el acceso del pueblo a la verdad son conquistas democráticas indispensables para que la clase trabajadora pueda organizarse, denunciar los abusos del poder y defender sus propios intereses. Cuando un periodista es asesinado, desaparecido o amenazado, no sólo se agrede a una persona; también se limita el derecho de toda la clase trabajadora a conocer la realidad.

La violencia no ha golpeado únicamente a periodistas. En distintos puntos del país también ha alcanzado a comunicadores y creadores de contenido que utilizan las redes sociales para documentar problemas de sus comunidades. Aunque su labor sea distinta de la del periodismo profesional, estos casos muestran un clima de violencia que busca desalentar la denuncia pública y el ejercicio de la palabra.

La historia reciente de Veracruz demuestra que la impunidad ha sido una constante. En distintos momentos han aparecido involucrados grupos del crimen organizado, autoridades de diversos niveles de gobierno o redes de corrupción local; en muchos otros casos, la verdad simplemente nunca ha llegado. Esa continuidad obliga a comprender que el problema es estructural y que no se resolverá con el simple relevo de un partido por otro. Mientras el Estado se mantenga en manos de la burguesía jamás estará del lado de la clase trabajadora, al contrario, hará uso de las fuerzas represivas y de las fuerzas legales para defender los intereses de la clase dominante.

Expresamos nuestra solidaridad con las familias, amistades y colegas de Carlos Leonardo Ramírez Castro, Luis Ángel López Valdez y Roxana Guzmán Ramírez. Exigimos el esclarecimiento pleno de estos crímenes, el castigo a todos los responsables materiales e intelectuales y el fin de la impunidad que durante décadas ha permitido que las agresiones contra periodistas se repitan una y otra vez en Veracruz.

Defender a quienes informan significa defender el derecho del pueblo trabajador a conocer la verdad, organizarse conscientemente y luchar por transformar la sociedad. Mientras informar siga costando la vida o la libertad, las libertades democráticas seguirán siendo una tarea pendiente para quienes aspiramos a una sociedad verdaderamente libre de explotación, violencia e impunidad y que solo pueden lograrse con la lucha por la transformación completa del sistema. La lucha por el comunismo es la lucha más actual de nuestros tiempos para acabar con la barbarie capitalista