SOBRE LOS HECHOS OCURRIDOS EN CANAL 11

Partido Comunista Revolucionario

La recuperación de las instalaciones de Canal Once no cierra el conflicto del IPN. Lo que ocurrió estos meses fue la respuesta de estudiantes que, cansados de no ser escuchados, decidieron organizarse y llevar su lucha hasta las últimas consecuencias. 

En el Partido Comunista Revolucionario enviamos toda nuestra solidaridad a las y los estudiantes que participaron en este movimiento. También condenamos las agresiones denunciadas durante la recuperación de las instalaciones. La violencia contra quienes se organizan para defender sus derechos nunca puede ser la respuesta. Exigimos que estos hechos se esclarezcan y que no exista ningún tipo de represalia académica, administrativa o legal contra quienes formaron parte de la movilización.

No es la primera vez que ocurre. Cada vez que la juventud o la clase trabajadora cuestionan el orden establecido, aparecen los mismos mecanismos de presión: intimidación, amenazas, campañas de desprestigio o el uso de la fuerza, son herramientas con las que la clase dominante intenta preservar un sistema que protege sus privilegios y desalienta la organización desde abajo.

Quienes hoy celebran la recuperación del edificio quieren hacer creer que el problema terminó. Se equivocan. El  inmueble puede recuperarse en unas horas; la inconformidad de miles de estudiantes no desaparece por decreto. Mientras sigan existiendo prácticas antidemocráticas, mientras las decisiones continúen tomándose de espaldas a la comunidad y la educación pública sea tratada como un medio de lucro y no como un derecho, las razones que dieron origen a este movimiento seguirán presentes.

La fuerza del movimiento estudiantil no depende únicamente de ocupar un espacio. Depende, sobre todo, de su capacidad para organizar a más estudiantes, ganar el apoyo de las y los trabajadores y convertir cada lucha en un paso hacia una transformación más profunda de la sociedad.

El capitalismo necesita universidades que formen mano de obra y administren el descontento, no espacios donde la juventud cuestione las injusticias del sistema y se organice para cambiarlas. Por eso la defensa de la educación pública no puede separarse de la lucha contra un modelo basado en la explotación y la desigualdad. Cada conquista del movimiento estudiantil fortalece también la lucha de la clase trabajadora, y cada derrota de uno es aprovechada por quienes buscan mantener las cosas como están.

A las y los estudiantes del IPN les decimos que no están solos. Su lucha es la lucha de toda la juventud trabajadora que enfrenta un sistema incapaz de ofrecer educación, empleo y una vida digna para la mayoría.

¡Alto a la violencia contra el movimiento estudiantil!

¡No a la criminalización de la protesta!