Puebla vs el cablebús: el transporte público, un campo de batalla de la lucha de clases

Eduardo Moreno

Desde inicios de año una controversia ha atravesado la ciudad de Puebla. El cablebús que ha sido impulsado por el gobernador Armenta ha despertado movilizaciones ciudadanas a lo largo de los últimos meses, contando entre sus éxitos la concesión de un amparo para detener (aunque de forma momentánea) su construcción.

El problema del cablebús no es nuevo, pues podemos encontrar sus antecedentes desde la década pasada, durante la administración de Moreno Valle. Este proyecto fue detenido en su momento bajo argumentos en defensa del patrimonio cultural de la ciudad. Aunque proyectos para mejorar la movilidad urbana y periférica son progresistas, en realidad lo que vemos es que el actual gobierno pretende destruir áreas verdes y aislar a las comunidades que más lo necesitan en honor a la optimización de la ganancia y la propiedad privada en pocas palabras, el derecho a la movilidad es prostituido por el capitalismo. 

La primera piedra el cablebús fue colocada de forma simbólica el 15 de diciembre del 2025, no obstante el plan presentado dejó fuera a las comunidades marginadas con necesidad de un transporte como San Miguel Canoa o La Resurreccion (pretexto original para la creacion de este proyecto), en favor de un “corredor de alta plusvalia” conformado entre el CIS Angelopolis, Xonaca y Amalucan. 

La inversión inicial proyectada para arrancar en 2026 por la empresa Doppelmayr es de 1,500 millones de pesos, estimando un costo total de 6,000 millones para el proyecto que conectará el sur con el oriente de la ciudad, planeando una ruta de 13.6 kilómetros y más de 90 torres distribuidas en cuatro líneas. No obstante, este presupuesto ya ha sido superado en un 102% respecto a las proyecciones originales. A esto se agrega la opacidad que esta administración ha demostrado al reservar los estudios de impacto ambiental por 5 años. Así, un proyecto que puede tener la capacidad de mejorar la conexión urbana y ser sustentable con el medio ambiente, es tragado por la lógica capitalista de las corporaciones y el Estado se vuelve el principal defensor de los intereses de la burguesía. Es la clase trabajadora la que debe decidir la planificación de nuestras ciudades, de acuerdo a una economía planificada y las necesidades de producción y vivienda.  

Bajo el actual sistema, el desarrollo y expansión de la infraestructura puede tener algunos beneficios para la clase trabajadora, pero en el fondo, estos avances tendrán de premisa la extracción de riqueza y la acumulación de ganancias para los capitalistas. Es esta premisa la que explica porqué se desestimó que la ruta conectaría la periferia con los centros de trabajos y el completo desdén por áreas verdes y patrimonios culturales e históricos de la ciudad. 

Los proletarios son los que pagan los platos rotos de la burguesía. No importa el color de la administración de la burguesía, si queremos un transporte digno para nosotros, solo podremos confiar en nuestras fuerzas. Una organización con perspectiva de clase es la única forma en la que podemos garantizar que excesos en contra del medio ambiente, la cultura, historia y, más importante, la población en general, no vuelvan a ocurrir. Únete a nosotros y lucha por un mejor futuro.