La lucha contra la planta de amoniaco en Topolobampo
Sergio Armenta, Los Mochis
La lucha contra la planta de amoniaco en Topolobampo de la empresa Gas y Petroquímica de Occidente (GPO) —filial de la empresa suizo-alemana Proman— ha alcanzado proporciones muy grandes en las últimas semanas. Esto lo vimos, sobre todo, en la marcha del domingo 7 de junio, donde miles de personas se sumaron a este movimiento que expresa una clara y firme oposición ante un proyecto que la burguesía mexicana y el capital suizo-alemán con la aprobación del Estado mexicano. Pretenden imponer en la bahía de Ohuira, un sitio Ramsar (zona de humedales protegida), en donde la población local subsiste de la pesca y el turismo.
La puesta en marcha de la planta de fertilizantes supone una situación de riesgo —por la contaminación o una explosión derivada de alguna posible fuga— para la población, el ecosistema o especies naturales. Esto sin mencionar el daño irreversible que ésta empresa ya ocasionó a los humedales al talar una gran parte del mangle y rellenar con concreto el sitio donde GPO pretende instalar la infraestructura de la planta.
Esas acciones se realizaron sin seguir los protocolos establecidos en el convenio 169 de la OIT donde se menciona que la aprobación de proyectos en territorios donde habitan pueblos originarios debe basarse en una consulta previa, libre e informada. Lo cual no se cumplió desde el comienzo, generando incertidumbre y descontento entre los habitantes.
Ante el riesgo que representa la instalación de la planta, esta falta de claridad y transparencia de GPO surgió un movimiento de oposición organizándose en un colectivo llamado “Aquí No”. Conformado por líderes y autoridades tradicionales de las comunidades indígenas mayo-yoreme de Ohuira y Lázaro Cárdenas, así como activistas ambientalistas de la región.
Este colectivo ha liderado la lucha por más de 10 años para impedir que la planta de amoniaco se instale en Topolobampo y han recurrido a todos los mecanismos de acción legal a nivel nacional e internacional, logrando contener el avance de la obra en determinados periodos gracias a la interposición de amparos justificados por la falta de consulta y aprobación de las comunidades indígenas. También se han evidenciado, por medio de videos y fotografías, los múltiples intentos de la empresa por comprar las conciencias de la población con despensas y otros beneficios personales logrando dividir a las comunidades mayo-yoreme.
El Estado mexicano pasa por alto esta violación a los derechos humanos e indígenas a la autodeterminación y un justo reclamo a ser tomados en cuenta. El gobierno en sus tres niveles, se ha posicionado a favor de la clase burguesa al permitir que el proyecto siga adelante, bajo declaraciones que lo justifican como una inversión necesaria para el desarrollo económico de la región. No obstante, las muestras de rechazo y desaprobación hacia esta postura oficial se han ido acrecentando en la sociedad mexicana, generando indignación entre los sectores populares que en su momento apoyaron el movimiento de la 4T quienes observan como su nivel de vida se ve afectado por este tipo de políticas y su salud en peligro.

“Aquí No” ha ganado impulso en las más recientes movilizaciones y protestas sumando a miles de personas para lograr el objetivo de cancelar el proyecto de la planta de amoniaco y que este sea reubicado. Sus principales tácticas de lucha han sido las campañas mediáticas y las movilizaciones. Entre sus más recientes acciones está la de un bloqueo hacia la entrada de GPO que impide el acceso de trabajadores y administrativos de la empresa. Así mismo, este bloqueo se ha mantenido día y noche para evitar que sea ingresado a las instalaciones un reactor de gran tamaño que fue traído en barco desde Alemania y que, con su traslado desde el puerto hasta las cercanías de las instalaciones, fue necesario montar un intenso protocolo de seguridad movilizando muchos vehículos y máquinas, así como la suspensión temporal de los servicios de agua y electricidad en Topolobampo, para que los cables eléctricos no tuvieran contacto con el reactor al trasladarlo por carretera. Se han instalado centros de acopio en Los Mochis para recaudar víveres y provisiones para los activistas que se mantienen en el plantón.
Está demás resaltar la valentía y determinación mostradas por quienes encabezan la lucha, demostrando su disposición de sacrificar sus vidas de ser necesario para impedir que la planta de fertilizantes se ponga en marcha.
Como comunistas, nos oponemos rotundamente a este proyecto y a la amenaza que representa para el ecosistema y las familias trabajadoras. Pero, sobre todo, entendemos que se trata de una clara expresión de lucha de clases donde los intereses de los empresarios y su insistencia por llevar adelante el proyecto son incompatibles con las necesidades de los trabajadores y el resto del pueblo. En última instancia, la burguesía local y extranjera tiene como finalidad apropiarse de la riqueza que pueda generar el trabajo de los obreros en la planta, a costa de la seguridad de miles de familias.
Es necesario mencionar que los métodos activistas como la acción directa y la presión mediática pueden surtir resultados efectivos, pero no combaten ni eliminan la causa principal que genera la desigualdad estructural de clases como lo es el sistema capitalista. Hay que luchar por que esta planta no se construya pero sobre todo porque esta lógica ecocida del capital se erradique. Estas acciones, aunque pueden tener un papel positivo son insuficientes. Necesitamos de una perspectiva marxista y revolucionaria que permita trazar un plan de acción basado en la organización obrera.
Sin embargo, las movilizaciones y protestas en rechazo a GPO han ocasionado que muchas personas cuestionen el status quo y lleguen a conclusiones fundamentales sobre cómo la organización es el factor más importante para luchar contra quienes tienen el poder y controlan los medios de producción. En este sentido, es tarea de los comunistas participar en esta coyuntura manteniendo un sentido de la proporción considerando la escasez de organizaciones marxistas con tradiciones de lucha en Sinaloa que brinden la perspectiva de clases y la orientación que las masas necesitan.
Es necesaria la lucha consciente de la clase obrera en alianza con demás explotados y oprimidos, tanto en sus luchas inmediatas pero aspirando a transformar de raíz la sociedad. Para ello necesitamos construir un partido revolucionario que dirija al proletariado hacia la conquista del poder. Solo acabando con este sistema será posible librar a la humanidad de la barbarie capitalista que amenaza con destruir ecosistemas y pueblos enteros como el de Topolobampo.
No hace falta una industria petroquímica en el norte de Sinaloa para generar progreso y bienestar. En una sociedad sin clases, los medios de producción estarían bajo control de los trabajadores y existiría una planificación económica basada en la satisfacción de las necesidades humanas y no del lucro, permitirían sentar las bases de un verdadero progreso que además sea amigable con el medio ambiente y no ponga en riesgo nuestra salúd ni nuestras vidas.
