Bolivia: ¡Abajo Paz incapaz! ¿Qué necesita el movimiento para avanzar?

Rafael Zabalaga

Desde el primero de mayo hemos visto una movilización radicalizada de masas obreras y campesinas pero concentrada casi exclusivamente en La Paz y El Alto. El gobierno ha lanzado una ofensiva represiva que ha dejado ya muertos y heridos, ha emitido órdenes de aprehensión contra los directivos de la COB, mientras la clase dominante demoniza a los que protestan. ¿Cómo hemos llegado a esta situación y con qué medidas y programa se requieren para la victoria del movimiento?

La entrada del MAS al gobierno hace 2 décadas, después de varios años de profunda convulsión social, manifestada en la guerra del agua y las guerras del gas, permitió restablecer la legitimidad del Estado burgués, que había quedado profundamente desacreditado por décadas de crisis. Desde que asumió la presidencia, Rodrigo Paz parece estar determinado a aniquilar esta legitimidad, ya debilitada por los previos años de crisis desde 2019. Sin embargo, esto no es enteramente su culpa: fluye de motivos de carácter más estructural.

La crisis orgánica del capitalismo a nivel mundial se expresa en una crisis profunda de la democracia burguesa y todas sus instituciones. El capital ya no puede permitirse las concesiones del pasado, y necesita hacer recortes profundos. Pero las masas de obreros, campesinos y pobres no están dispuestos a aceptar un empeoramiento de sus condiciones de vida solo para que un par de maleantes en la cima de la sociedad puedan ser incluso más asquerosamente ricos. Estos parásitos tienen de su lado toda la maquinaria estatal para realizar su voluntad. Marx explicó ya hace mucho tiempo que el Estado no es más que el consejo administrativo que rige los intereses colectivos de la clase burguesa. Todo partido político que asciende al poder se ve obligado a llevar a cabo políticas profundamente antipopulares, que garantizan que sus gobiernos sean gobiernos de crisis, garantizados en terminar con la ruina política de sus agrupaciones políticas.

La democracia burguesa concede a las masas el derecho de elegir cada cierto tiempo a los políticos que han de pisotearlos, creando una ilusión de control sobre sus vidas. Pero esto solo funciona si la democracia es capaz de ofrecer ciertas mejoras, por más superficiales que sean, a las condiciones de vida de la población. Eso ya no es posible: hoy la receta es recorte, ajuste, privatización y saqueo, particularmente en países de desarrollo capitalista atrasado como Bolivia.

Así llegamos a la situación actual en el país, donde el presidente que prometió resolver los problemas de las masas, y candidateó presentándose como la opción moderada frente a los buitres abiertamente alineados con el imperialismo, traiciona todas sus promesas y gobierna abiertamente para los grandes intereses capitalistas nacionales e internacionales. De esta manera, la furia de la población es doble: Rodrigo Paz gobierna en contra de ellos, cuando ellos mismos son los que lo llevaron a la silla presidencial en la segunda vuelta de las elecciones.

El gobierno electo por las masas traiciona todas las promesas hechas durante la campaña, y mientras reprime a las movilizaciones, los dirigentes que deberían representarlos pactan con ese mismo gobierno. Cada día aumentan los casos de dirigentes que firman acuerdos con el gobierno a espaldas de sus bases, para después ser repudiados y desconocidos por las masas, que ya no están dispuestas a ser jaladas de la nariz. La COR de El Alto, las FEJUVEs, la CSUTCB son solo algunos ejemplos donde líderes prebendales y autoprorrogados firmaron acuerdos a espaldas de sus bases, pensando que podían seguir comportándose de manera impune como en el período anterior. Les esperó una sorpresa, y a veces un poco más.

De hecho ya se había visto un preludio a los acontecimientos actuales con la lucha contra el DS 5503 en diciembre y enero pasados, cuando el líder de la COB, Mario Argollo, decidió firmar a la rápida un acuerdo con el gobierno para la abrogación del decreto, en un momento en el que las movilizaciones iban en aumento, y estaba en una posición fuerte para exigir mucho más. Ya en ese momento, fue fuertemente criticado, y en los meses posteriores recibió un escarmiento de diversos sectores.

Esta vez, las masas no estaban dispuestas a aceptar una repetición, y su radicalidad y militancia muy rápidamente arrastró a los líderes. Cuando Argollo llamó al paro general indefinido el primero de mayo, probablemente pensó que sería una movilización más, de las muchas que hay en el país. Erró en su cálculo, cosa que él mismo tuvo que admitir la semana pasada, diciendo que «las bases han desbordado a la dirigencia».

Confirma lo que íbamos diciendo: cuando las masas se muevan, se sacudirán a sus viejos líderes como uno se sacude la mugre de los zapatos. El problema es que no hay quien reemplace a estos líderes ofreciendo una alternativa clara.

No existe un programa unificador, y el nivel de organización de las masas es muy limitado, de un carácter casi totalmente espontáneo, dada la incapacidad de los dirigentes actuales de tomar algún tipo de iniciativa. 

La tarea principal del movimiento ahora es fortalecer la organización, particularmente desde abajo, vistas las ansias de tantos dirigentes por renunciar a la primera oportunidad. En los sectores ya movilizados es esencial impulsar asambleas de base, en cada barrio, en cada punto de bloqueo y en cada puesto de trabajo, que garanticen el control de las masas sobre sus dirigentes, o de ser necesario su reemplazo. Todo acuerdo alcanzado por líderes sociales o sindicales debe ser ratificado en asamblea general por las bases. Antes no deja de ser más que un pedazo de papel.

Pero el trabajo de organización y explicación debe ser incluso más profundo. Existen muchos sectores que todavía no se movilizan pero que podrían ser ganados a la lucha. Si se presenta un plan claro. Esto es particularmente notorio en la diferenciación geográfica del grado de radicalización. El oriente del país, concentrado particularmente en La Paz y El Alto, está en un estado permanente de movilización, pero hacia el occidente la movilización es mucho menor. Un movimiento que busca ganar no puede ignorar la importancia de ganarse el apoyo de los sectores más amplios de la población, particularmente los trabajadores en todos los rincones del país. Una dirección seria debe tomar la iniciativa en esta tarea: no es un automatismo. 

La COB tiene los medios para realizar un trabajo sistemático en todo el país para preparar movilizaciones verdaderamente contundentes y generalizadas. Pero sus esfuerzos actualmente son insuficientes. Lamentablemente debemos reconocer la realidad de que un paro general no se anuncia simplemente. Antes es necesario un serio trabajo preparativo, que la COB no realizó. El primero de mayo en algunas ciudades, los líderes sindicales se fueron al cabildo en El Alto, y se olvidaron totalmente de organizar alguna manifestación en su propia ciudad.

Para consolidar y unificar las movilizaciones es fundamental desarrollar un pliego petitorio único: ¿por qué estamos luchando? Es necesario unir las reivindicaciones de los diferentes sectores en una sola lucha exigiendo: aumento de salario e indexación automática de precios y salarios; el fin de la represión, retirada de las órdenes de aprehensión y castigo a los culpables; la retirada del gasolinazo, que la crisis la paguen los ricos. 

Claro, los sectores más visibles y radicales exigen la renuncia del presidente, pero de lejos no es una reivindicación unificada. Muchos otros sectores movilizados o simpatizantes con la movilización pueden ser ganados y movilizados si se plantean objetivos claros. La renuncia del pollo Paz no puede ser un fin en sí mismo. Debe ser un medio hacia un fin.

Este gobierno se ha demostrado completamente incapaz de resolver los problemas de la misma gente que lo había apoyado contra Tuto; ha traicionado todas sus promesas, y por lo tanto ha perdido el mandato del pueblo. ¡Que se vaya! Pero, ¿después qué? Las reivindicaciones de los diversos sectores son variadas, pero todas fluyen de un mismo problema: la crisis del capitalismo en el país. La eliminación de los subsidios del combustible ha azuzado aún más la inflación: en tanto no sea puesta bajo control se debe garantizar que el nivel de vida no siga cayendo en picada: para los trabajadores asalariados se debe implantar la escala móvil de salarios. 

Adicionalmente, junto con los cabildos de base, es necesario organizar en todas partes comités de control de precios para poner fin a la especulación de los grandes comerciantes, que nunca pierden una oportunidad para beneficiarse de la escasez que sufre la población. A esto se puede añadir el abastecimiento de combustibles medianamente decentes, la defensa de los recursos naturales y el financiamiento de la educación y la salud, así como la defensa de las empresas públicas, cuya privatización definitivamente sería un retroceso.

El cumplimiento de las reivindicaciones populares solo será posible con métodos de lucha de clases. Este gobierno ya ha demostrado que no cumple sus promesas, y tampoco cumplirá cualquier nuevo acuerdo al que se comprometa. Por eso tiene que irse.

Pero el gobierno que le siga tampoco cumplirá, mientras se mantenga dentro del marco de la democracia burguesa. Por más que el Estado sea Plurinacional. Es la policía de ese mismo Estado fundado en 2009, bajo la misma constitución, que está reprimiendo y asesinando al pueblo. Ni Lara, ni Evo, ni ningún otro político en la cúpula del Estado podrá solucionar la crisis.

El desarrollo de una organización de masas desde abajo, en cada rincón del país y en cada sector de la economía es lo único que puede garantizar el cumplimiento de las demandas del pueblo. Una vez establecida, existirá la base para la toma del poder por parte de los obreros y campesinos y el establecimiento de un Estado obrero, pero como ya dijimos, no sucederá automáticamente. Este trabajo de organización es la tarea fundamental del momento, y su realización determinará si el movimiento da un paso adelante o es agotado.

La gente tiene hambre, y es esa hambre que los empuja a la lucha contra este gobierno cuyas primeras acciones al asumir fueron eliminar impuestos a los sectores más ricos y privilegiados del país. Bolivia es un país rico, ¡pero su gente se muere de hambre! Todos menos unos pocos parásitos en la cima que nunca se cansan de llenar más y más sus bolsillos.

El movimiento actual tiene el potencial de convertirse de un movimiento de protesta a una insurrección general. Pero es necesario señalar que posee muchos elementos contradictorios, con reivindicaciones heterogéneas, y una dirección de muy bajo nivel o totalmente ausente. 

Pero lo que podemos decir con absoluta certeza ahora es que la crisis de la democracia burguesa continuará, este gobierno no cumplirá su mandato de 5 años, y quien sea que caiga en la silla presidencial después de Paz tampoco podrá solucionar los problemas de las masas. En última instancia la única solución es la abolición total del sistema capitalista y el establecimiento de una economía planificada democráticamente por los pobres y trabajadores. Hasta que no surja un partido capaz de transmitir este programa a todos los sectores oprimidos de la sociedad, y movilizarlos para el derrocamiento final de este sistema podrido, el pan de cada día será cada vez más duro de obtener. Nuestra tarea es la de construir el embrión de una dirección revolucionaria que pueda garantizar la victoria de nuestra clase.