Quetzalcóatl, el dragón mesoamericano

Una interpretación marxista del mito

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Por David Rodrigo García Colín Carrillo

Resulta fascinante observar cómo el surgimiento de la civilización fue expresado en el culto a Quetzalcóatl y en la mítica Tollán. Los mexicas hacían descender la civilización del legado de este dios que significa “serpiente emplumada” o mejor dicho “serpiente con plumas de quetzal”. Fue llamado Kukulkán en maya yucateco, Gucumatz en maya quiché, entre otras muchas denominaciones regionales. Pero el culto a la “serpiente emplumada” es muy antiguo –tan antiguo como las primeras jefaturas neolíticas-. En su variado y complejo simbolismo podemos rastrear etapas importantes en el desarrollo de los pueblos mesoamericanos, desde las aldeas horticultoras hasta el poderoso imperio militarista de los mexicas. El simbolismo mágico que se encuentra en el origen más remoto del culto a esta serpiente se “conserva” y se “niega” –dialécticamente hablando- con el surgimiento de las castas, los emperadores, la guerra y las grandes urbes. Todo esto en una asombrosa síntesis simbólica que expresa la evolución de relaciones sociales concretas.

Los orígenes del culto a la serpiente

Una representación de una serpiente roja con una especie de penacho negro encontrada en las grutas de Juxtlahuaca, en el estado de Guerrero, ha sido datada con una antigüedad de hasta unos 3,200 años. El culto a las serpientes pudo haber estado relacionado con la veneración al inframundo, el agua y la tierra; a una fertilidad asociada con la domesticación del maíz, vinculación subrayada por el crótalo de la cascabel que tanto recuerda a la mazorca o elote.

La veneración a los elementos y seres naturales es común en las sociedades aldeanas y al pensamiento mágico que resulta de su modo de vida. En esta visión del mundo la naturaleza y sus fenómenos están relacionados con espíritus a los que el hombre puede acudir por medio de la magia, conjuros y rituales. Esta era la única manera –en una sociedad horticultora y cazadora recolectora- en que los hombres podían aspirar a “controlar” fenómenos naturales –como enfermedades, inundaciones y sequías- que escapaban a su control efectivo.

Luego, la estratificación social resultante de la producción incipiente de un excedente económico se manifestó en el uso por los jefes tribales de elaborados penachos hechos de las plumas preciosas de quetzal y en el culto al poder de un felino que se encontraba en la cima de la cadena alimenticia en la selva: el jaguar, bestia convertida en el nahual –o espíritu particular- de la casta dominante. La serpiente, en correspondencia, comenzó a usar un penacho de plumas caras y preciosas, y a adoptar fisonomía felina, tal como lo hicieron unos jefes tribales que se convertirán en reyes.

Al propio tiempo que en la imagen de la “serpiente emplumada” era simbolizada una sociedad agrícola que se había estratificado socialmente, la unión de las plumas de un ave con el cuerpo de un animal terrestre y con partes de un animal nocturno como el jaguar vinculó, así mismo, tres elementos fundamentales y complementarios del mundo mesoamericano: lo subterráneo (la serpiente), lo terrestre (el jaguar) y lo solar (las plumas); es decir, lo femenino subterráneo-terrestre y lo masculino solar.

En Tlatilco, durante el periodo preclásico, vemos las primeras representaciones de la serpiente emplumada en el contexto de un poblado aldeano en desarrollo. Este antiquísimo símbolo fue apropiado y transformado con el surgimiento de las grandes urbes mesoamericanas. La observación de los fenómenos celestes se convirtió en una actividad especializada propia de la casta sacerdotal. Estos conocimientos mistificados eran, sin embargo, necesarios para prever los ciclos agrícolas –aunque como conocimientos especializados adquirían una lógica propia de carácter esotérico- y dotaban a la clase dominante –ante los ojos de las masas supersticiosas- de poderes sobrenaturales. Quizá debido a que la serpiente parece renacer con el cambio de piel, Quetzalcóatl fue asociado con el ciclo de Venus, un planeta que parece renacer de la tierra como lucero de la mañana y –en fechas precisas- “morir” antes de la puesta del sol para luego resurgir triunfante del inframundo. Esta cosmovisión es cíclica como la siembra y la cosecha, y de guerra y conquista como lo era el modo de producción tributario de las civilizaciones mesoamericanas. El ciclo venusino, descubierto por los mayas, mostraba qué tan lejos había llegado el conocimiento sacerdotal y la estratificación social.

Similitudes entre el dragón chino y mesoamericano

Origen similar al caso mesoamericano tiene el dragón del Viejo Mundo–término aquél que proviene del griego drakón que significa serpiente-: los antiguos chinos combinaron el cuerpo de los cocodrilos con los cuernos del ciervo, cabeza de caballo, garras de águila y bigotes de gato; creando los dragones que aparecen en las leyendas medievales. Quizá a Europa el dragón llegó por la ruta de la seda que la unía, desde tiempos antiguos, con Asia; aunque no es descartable que en Europa haya tenido un origen independiente. Se creía que los dragones chinos podían predecir las lluvias y tormentas, creencia relacionada –posiblemente- con el hecho de que los enormes cocodrilos asiáticos suelen ser sensibles a los cambios climáticos; así, la predicción de las lluvias –atribuida a los dragones- fue asociada a la sabiduría de los emperadores chinos, quienes representaban sus dinastías por medio de estilizados dragones (al igual que en Mesoamérica, donde Quetzalcóatl se le suele representar como árbol cósmico), es decir, como el origen de dinastías reales cuyo prestigio social se justificaba –como el de toda casta dominante de la antigüedad- por su capacidad de predecir “mágicamente” los ciclos y periodos agrícolas.

De esta capacidad para crear complicados calendarios, reglamentar los ciclos del mundo antiguo y organizar las obras hidráulicas y colectivas, los antiguos déspotas reforzaban la hegemonía sobre las aldeas que explotaban, dado que convencían a éstas de que sin su interacción con los dioses, el mundo y los ciclos podían llegar a su fin. Ésta es la razón de porqué el dragón surgió tanto en China como en Mesoamérica a partir del culto a la fertilidad y a lo acuático a los que las serpientes y reptiles suelen estar vinculadas. La razón de fondo es que ambas sociedades antiguas se basaban en relaciones sociales tributarias más o menos similares.

Así como los dragones chinos se vincularon, a su modo, al saber civilizado; el “dragón” mesoamericano, Quetzalcóatl, fue vinculado con el saber civilizado mesoamericano, la herencia que Quetzalcóatl –término que se convirtió en sinónimo de tlatoani mítico – legó a los mexicas. En consecuencia, en la imagen de Quetzalcóatl observamos mitificado el surgimiento de las civilizaciones mesoamericanas, con su inevitable división social; un símbolo que nació con el culto a la tierra, la domesticación del maíz, el surgimiento de dinastías reales y de artículos de lujo y poder (tales como las hermosas plumas del quetzal).

Quetzalcótal como idealización de la vida y oficios urbanos

Según Piña Chan, fue en el posclásico temprano –en Xochicalco- donde se realizó la asociación entre Quetzalcóatl y Venus como una peculiar síntesis del saber maya, olmeca y teotihuacano.1 Tampoco es casualidad que se le atribuyera a Quetzalcóatl la invención del calendario: el conocimiento de éste es atributo de dioses y reyes, símbolo de poder. Piña Chan2 argumenta que fue en Xochicalco donde se realiza un importante ajuste del calendario a partir del cual nace el mito del “Quinto sol” –una nueva era de la humanidad mesoamericana que retomarán los mexicas como propia- y en donde Quetzalcóatl toma las características principales que se le van a atribuir hasta la llegada de los invasores europeos. Los habitantes de Xochicalco peregrinaban para realizar sacrificios a Teotihuacán que ya para esas fechas estaba en franca decadencia pero seguía siendo símbolo mítico de poder –como los siguió siendo hasta le época mexica-. Quizá fue aquí donde nació la idea de que el Quinto Sol fue creado en Teotihuacán.

Las urbes mesoamericanas le atribuyen a Quetzalcóatl la domesticación del maíz, el arte, la escritura, la invención del calendario y la orfebrería. En los mitos mexicas –mitos antiguos que los mexicas recogieron de sus antecesores- se refiere cómo Quetzalcóatl, después de la caída de Tula (colapso mandatado por los dioses para que los mexicas pudieran ser el nuevo pueblo elegido), entregó a los hombres el maíz, el alimento de su sustento pero exigió, a cambio, sacrificios humanos:

“Los dioses piden a Tozcuecuech, la hija de los mexicanos, y si los dioses la comen a ella, aún habrá para los moradores de Tula sustento. Pero esto sólo por un tiempo: al fin han de fenecer los toltecas y sólo han de perdurar los mexicanos. Se alejó el tolteca y anduvo repartiendo las mazorcas, por todos los lugares comarcanos”3

Además de ello, Quetzalcóatl fue el creador del hombre del Quinto Sol: robó los huesos del Mictlán -del Inframundo o «lugar de los muertos»-, luego los fertilizó con la sangre de su pene para crear al ser humano de nuestra era.4 En varias fuentes se relata la bella leyenda en donde Quetzalcóatl se convirtió en hormiga para entregar a los hombres el maíz. En este relato se manifiesta, también, parte de las relaciones sociales entre los pueblos mesoamericanos: la hormiga Quetzalcóatl toma como prisioneras a otras estableciendo alianzas para obtener su sustento en forma de tributo.

“Una vez más los dioses dicen: -Oh dioses, ¿qué comerán los hombres? Y ya por todas partes van en busca de maíz. Fue entonces cuando la Hormiga fue a tomar maíz desgranado en el Monte de Nuestro Sustento, y al encontrar a la Hormiga, Quetzalcóatl le dijo: -¿En dónde fuiste a tomarlo? Dime. Pero ella no quiso decirle dónde. Por mucho que él rogaba, no quería. Hasta que al fin, por tantos ruegos movida, le fue a mostrar por dónde. Oída la razón, Quetzalcóatl se mudó en hormiga negra, y ya va a traer el maíz, entra en unión de la otra Hormiga negra y prende ambos a la Hormiga roja, que lleva a Quetzalcóatl hasta el lindero para disponer el grano. Luego que ha encontrado el grano, Quetzalcóatl lo lleva a Tamoanchan, luego los dioses lo comen y se pone esta palabra en sus labios: “¡Con él nos hicimos fuertes!”.5

Para los egipcios, de la misma forma, fue Osiris quien les mostró el secreto de la civilización, la agricultura y las leyes. Las primeras civilizaciones intuyeron, de forma mítica y distorsionada, la importancia del desarrollo sus fuerzas productivas –la agricultura, la metalurgia, los conocimientos astronómicos- en el surgimiento de sus grandes urbes. Desde entonces, los pueblos civilizados considerarán a los pueblos que no conocen la vida urbana como bárbaros incultos (los mexicas les llamarán “chichimecas”). Pero, en realidad, todas las grandes urbes surgieron a partir de la “barbarie”-entendida como una fase preurbana-.

Quetzalcóatl es, en resumen, el dios que expresa –en versión mitológica y, por tanto, distorsionada- los conocimientos propios de la civilización: la domesticación del maíz –factor que catapulta la división y complejidad sociales-, los calendarios –que permiten prever los ciclos agrícolas y dan poder extraordinario a la casta dirigentes-, la escritura –propia de sociedades que requieren contabilizar los excedentes-, la metalurgia –singo de estatus y poder-. Legó, además, la celebración del “fuego nuevo”. Quetzalcóatl, como Prometeo, robó el fuego a los dioses para entregarlo al hombre.

Quetzalcóatl y el monoteísmo

Quetzalcóatl adquirió características de religión monoteísta, pero hay que explicar porqué no llegó a serlo del todo. Es verdad que en todo pueblo hegemónico que se sostiene mediante la explotación de otras comunidades existe siempre la tentación de imponer el dios propio como el único dios. Por lo menos es cierto que el dios de un imperio tiende a imponer su jerarquía en el “panteón” de los dioses de un territorio determinado. Pero hay razones concretas para que Quetzalcótl nunca haya sido en verdad el dios de una religión monoteísta como sí llegó a serlo, en tiempos de Constantino, el dios de los cristianos. Las sociedades tributarias no rompen del todo la organización clánica que les sirve de base. El tributo se obtiene –ante todo- de cientos de aldeas más o menos autosuficientes que suelen rendir culto a dioses propios de su clan, linaje o comunidad. El centro hegemónico no puede prohibir del todo los cultos locales so pena de provocar rebeliones de la misma forma que no puede liquidar a los clanes por completo. En la mayoría de los casos el poder central se da por satisfecho con el puntual pago del tributo y el reconocimiento de la importancia y jerarquía del dios central.

El caso del monoteísmo judío –anterior a la difusión del cristianismo- debe matizarse pues el culto a Jahvé convivía con el culto judío a otras muchas divinidades –no es del todo claro que su culto fuera muy diferente al que los mexicas errantes (antes de asentarse en el Valle de México) practicaban hacia Huitzilopochtli-. En todo caso, el culto fanático a Jahvé y la hostilidad hacia dioses extranjeros era un símbolo de la debilidad –no de fuerza- de un pueblo errante que fue aplastado por siglos en las “ruedas de molino” de los grandes imperios entre los que se encontraba. Es difícil sostener que los judíos de tiempos de Abraham eran más “monoteístas” que los mexicas en tiempos de Tenoch.

El experimento fracasado del faraón egipcio Akenatón –el cual intentó imponer a Atón como único dios- es muy revelador sobre las condiciones sociales que hacen posible el monoteísmo. Akenatón fracasó porque la base de la pirámide social egipcia, asentada en los gnomos, no era muy diferente a la estructura social basada en los “calpullis” mexicas. Akenatón, al profanar los dioses de las diversas comunidades, sólo logró levantar a la población y a la casta sacerdotal en su contra. Pero el caso del imperio romano fue muy diferente: el modo de producción esclavista rompió de forma definitiva la base clánica de los imperios antiguos –dejando sólo la base territorial- y, con la conformación del Imperio Romano, el imperio esclavista más grande de la antigüedad, se pusieron las bases objetivas para un verdadero culto monoteísta. La difusión masiva, sobre todo entre las clases populares, de la religión cristiana fue un hecho que Constantino no hizo sino reconocer al decretar al cristianismo como religión oficial.

Si los pueblos antiguos solían imponer a un dios como el principal –sin suprimir a los otros- el cristianismo absorbió a los dioses y cultos antiguos bajo la forma de ángeles, arcángeles, vírgenes y santos. Si bien la permanencia del culto a Quetzalcóatl demuestra el peso de la tradición –mismo que dibuja características monoteístas – no hubo el salto cualitativo al monoteísmo en las viejas sociedades tributarias. Su base económico-social lo impidió.

Tollán: La Ciudad Estado idealizada

Aunque tradicionalmente la Tula a la que solemos referirnos es la que está en el estado de Hidalgo, hay elementos para sostener que Cholula fue también Tollán y que Quetzalcóatl reinó en Cholula durante la “tercera era solar”, al menos así lo refiere Alva Ixtlixochilt.6 Pero lo más probable es que las ciudades del Altiplano: Tula-Hidalgo, Teotihuacán y Cholula fueron todas Tollán, grandes centros de civilización, donde la gente se aglomeraba como “juncos”-de ahí el nombre de Tula-.

Tula y Quetzalcóatl son representaciones relacionadas: ciudad divina y soberano divinizado. No es casual que a éste se le llamara “el conquistador” y que se le representará también como un árbol cósmico –relacionado con dinastías divinas- “dios de las lluvias y de la salud y árbol del sustento o de la vida”.7 Es muy probable que cada gobernante de las grandes ciudades del posclásico se llamara a si mismo Quetzalcóatl, rey y dios, y a su ciudad Tollan. Quetzalcóatl sería sinónimo de tlatoani –no necesariamente se refiere a un individuo en particular-:

“[…] Lo cierto es que hubo varias Tulas y varios Quetzalcóatl –uno de ellos fue Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, quien posiblemente fue un rey de Tula Hidalgo-, diferentes reinos mesoamericanos, al menos en el Posclásico, se adhirieron a esa leyenda y a esos símbolos como parte de una estrategia para legitimar su posición de poder, para reconocer a una cabecera y rendir homenaje a un tronco de la nobleza […] Si los mexicas identificaban a la Tula de Hidalgo como la ciudad sagrada de Quetzalcóatl, y le atribuyeron mayor importancia histórica que a Cholula […] es porque esa era “su Tula”, su metrópoli. Los mexicas habían formado parte de las provincias septentrionales del reino tolteca […]”.8

De acuerdo con López Luján y López Austin,9 los simbolismos de Tollán –como ciudad sagrada- y Quetzalcóatl –como gobernante creador- surgieron tras el colapso del clásico, especialmente, tras el declive de la gran ciudad Teotihuacán. Esta tradición -llamada Zuyuana- nacería como la expresión ideológica de nuevos centros de poder que intentaban llenar el vacío dejado por las grandes ciudades del clásico, nuevas ciudades Estado –de origen pluritétnico- que debían imponerse como herederos de viejos estados imperialistas y legendarios reyes divinizados. Es posible, sin embargo -y estos autores lo advierten-, que el simbolismo de Tollán sea aún más antiguo como lo sugieren representaciones mayas del Epiclásico –donde se representa un personaje con atavíos propios de Quetzalcóatl- y “algunas escenas iconográficas de la región maya [que] usan el signo maya espadaña, caña como topónimo, asociándolo directamente en cada caso con un simbolismo derivado de Teotihuacán” 10, En el artículo que acabamos de citar, se refieren posturas de antropólogos que harían retroceder el origen del simbolismo tolteca a los olmecas. Sea como fuere, es muy probable que cada una de los centros urbanos que se sucedieron en Mesoamérica se haya representado así mismo como el centro del universo y sus gobernantes como descendientes de la divinidad, como eje del cosmos, la tradición Zuyuana no hace sino expresar esta idea de una forma particular.

Para los mexicas Tollan había sido un paraíso perdido donde se había originado la sabiduría de la que ellos eran herederos:

“Quetzalcóatl reinaba en Tula… todo era abundancia y dicha, no se vendían pro precio los víveres, todo cuanto es nuestro sustento. Es fama que eran tan gruesas y grandes las calabazas y tenían tan ancho su contorno que apenas podía ceñirlo los brazos de un hombre abiertos. Eran tan gruesas y largas las mazorcas de maíz, cual la mano del metate. Por todas partes rodaban, caídas cual cosa inútil. Y las mantas de bledos, semejantes a las palmas, a las cuales se podía subir, bien se podía trepar en ellas. También se producía el algodón de mil colores teñido: azul, amarillo, rosado, morado, verde, verdeazulado, azul marino, verde claro, amarillo rojizo, moreno y matizado de diferentes colores y de color de león”.11

Tollán es la idealización de la vida urbana y de sus productos –calabazas gigantes, mazorcas enormes-, idealización necesaria para presentar a la ciudad y a la casta dominante como herederos de la divinidad y proveedores superdotados.

Quetzalcóatl y la idealización de la lucha entre poderosos señores

En el mito sobre el eterno conflicto entre Quetzalcóatl y Huitzilopochtli –la lucha entre Venus y el Sol- se expresan las luchas dinásticas, las alianzas y el sometimiento que se requerían para la extracción del tributo, el ascenso y caída recurrente de las urbes mesoamericanas. Por esto este dios también es el protector de los Pipiltin o nobles, los especialistas del poder que son depositarios de la escritura, de los saberes astronómicos, los directores de las grandes obras públicas, etc. El enfrentamiento entre Quetzalcóatl y Huitzilopochtli muestra cómo los mexicas hicieron que Quetzalcóatl compartiera el poder con los dioses mexicas: Huitzolopochtli y Tezcatlipoca.12 Así los mexicas se apropiaron de los cultos más antiguos elevando el rol cósmico de sus propios dioses.

El eterno conflicto entre Quetzalcóatl y Huitzilopochtli –la lucha entre Venus y el Sol- es un reflejo de las alianzas y el sometimiento que se requerían para la extracción del tributo, el ascenso y caída recurrente de las culturas mesoamericanas. Este dios, como hemos visto, es el protector de los Pipiltin o nobles, los especialistas del poder que son depositarios de la escritura, de los saberes astronómicos, los directores de las grandes obras públicas, etc. Quetzalcóatl es un dios que nace y muere constantemente, así como lo hacen misteriosamente las civilizaciones mesoamericanas –y como parece hacerlo Venus-. Expresa –en su constante oposición con el dios Tezcatlipoca- la perpetua lucha entre señoríos por el control tributario y político.

Cuando Quetzalcóatl es derrotado por el hechicero Tezcatlipoca (que significa “espejo humeante”: los chamanes solían utilizar espejos e incienso para realizar sus hechizos y conjuros e incluso “para penetrar en las almas de los hombres») Quetzalcóatl huye por el mar prometiendo volver (promesa que será utilizada deliberadamente por el conquistador Hernán Cortés) –convirtiéndose en el lucero de la mañana- no sin antes dejar a los mexicas el conocimiento de las artes civilizadas: “[…] dejó allí todas las artes: orfebrería, tallado de piedras, ebanistería, labrado de piedra, pintura tanto de muros como de códices, la obra de mosaico de plumas. […]”.13 A la relación entre Venus y Quetzalcóatl se le dio con los mexicas una interpretación opuesta a la que había surgido en Xochicalco: pareciera que este planeta huye en el alba, justo antes de la salida del Sol, precede el ascenso del dios de los mexicas –antes era Quetzalcóatl el que siempre surgía triunfante y renacía de entre los muertos-.

Paradójicamente, la creencia en el retorno de un emperador divino llamado Quetzalcóatl que se fue “por el oriente desapareciéndose por la costa de Coatzacoalco [prometiendo] que en los tiempos venideros, en un año que se llamaría ce ácatl, volvería [a reclamar su tierra]”14 –un rey que, para colmo del infortunio, se suponía que era barbado y de piel blanca (esto según relatos de historiadores coloniales como Torquemada y el propio Ixtlixochitl)- jugará un papel ideológico en la conquista y la caída de más glorioso imperio del posclásico. Es irónico y trágico, pero la creencia en el Dios de la civilización contribuyó a la caída de la civilización mesoamericana –si bien las razones de fondo están en la fragmentación y enconos producidos por la extracción de tributos que hacían de las sociedades tributarias muy longevas pero, al mismo tiempo, muy frágiles-.15

Quetzalcóatl y Viracocha, dioses que vuelven

Es muy llamativo el hecho de que Francisco Pizarro utilizara a su favor un mito inca similar al de los mexicas: ellos creían que su dios Viracocha retornaría por el poniente –en tiempos de necesidad y crisis- para reclamar su trono. Para colmo –según los cronistas pero también las representaciones incas- era dorado. De manera similar, los habitantes de polinesia confundieron al capitán Cook con el dios Lono –dios de la fertilidad y la música- que había prometido volver.

Este fenómeno asombroso merece una explicación, no basta afirmar que Pizarro se aprovechó de una estrategia bien conocida por él que había funcionado con los mexicas, debemos explicar porqué funcionó más de una vez. No sólo basta la voluntad y estrategias de un embaucador, sino que la sociedad víctima del embuste esté en condiciones de caer en la trampa. En nuestra opinión, tanto incas como mexicas creían en dioses destronados porque sus reyes habían llegado al poder destronando a otros soberanos –la jefatura polinesia de Hawái idealizaba a sus jefes tribales de forma similar-. Los emperadores advenedizos no podían dejar de temer el retorno de otro líder idealizado, más poderoso que ellos mismos–sobre todo en periodos de crisis en donde la caída de los reyes era una posibilidad real-. Por otra parte, la creencia en dioses dorados –si es que no se trata únicamente de un invento racista de los conquistadores- puede explicarse como expresión del culto al sol. Efectivamente Viracocha es un dios dorado y los mexicas creían que la gente albina –relacionada con el sol- tenía poderes sobrenaturales –Moctezuma tenía prisioneros en su palacio, junto a un zoológico de animales exóticos, a esclavos albinos-. Los invasores europeos, por otra parte, eran exponentes del periodo en el que el capitalismo estaba surgiendo y la loca búsqueda de oro, rutas comerciales y esclavos los hacía, con sus armas de fuego y acero, prácticamente imparables. Los intentos de Moctezuma por detener el avance de Cortés con tributos –pues no podía creer que los invasores pretendieran otra cosa que tributos para dejarlos en paz- no eran muy diferentes a intentar controlar a un adicto con inyecciones de heroína. Con la ayuda de estos mitos o sin ellos el capitalismo iba a aplastar y disolver a las sociedades tributarias. Ahora le toca el turno al capitalismo: debe ser liquidado para que la civilización y sus frutos puedan perdurar.

1 Piña Chan, Román; Quetzalcóatl, Serpiente emplumada, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, pp. 30-39.

2 Ibid. p. 37.

3Garibay Kintana, Ángel María;. Épica náhuatl, México, UNAM, 1945, pp.55-56.

4Cf. “Leyenda de los soles”, Relación anónima escrita en lengua mexicana el año de 1558, en: Mitos indígenas, México, UNAM, 2011, .pp. 12-15.

5Garibay Kintana, Ángel María; Épica náhuatl, México, UNAM, 1945, p.45.

6de Alva Ixtlixochitl, Fernando; Obras históricas, México, UNAM, 1977, p. 8.

7Ibid, p. 8.

8 Escalante Gonzalbo, Pablo; “El México Antiguo”, en: Nueva historia mínima de México (ilustrada),México, Colmex, 2008, p. 90.

9López Austin, Alfredo; López Luján, Leonardo; Mitos y realidad de Zuyúa, México, CFE, 1999.

10López Austin, Alfredo; López Luján, Leonardo, “Tollán y su gobernante Quetzalcóatl”, en: Arqueología Mexicana, Vol. XII, Num. 67, Mayo-junio de 2004, p. 43.

11Garibay Kintana, Ángel María; Épica náhuatl, México, UNAM, 1945, p.45.

12 Piña Chan, Román; Quetzalcóatl, Serpiente emplumada, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 62.

13Garibay Kintana, Ángel María;. Épica náhuatl, México, UNAM, 1945, pp.61.

14De Alva Ixtlixochitl, Fernando; Obras históricas, México, UNAM, 1977, p. 8.

15 Hay que advertir, sin embargo, que para algunos eruditos, como Matos Moctezuma, la creencia en un Quetzalcóatl blanco y barbado fue una modificación posterior acomodada a los intereses de los invasores -¿sería, no obstante, descabellado pensar que la creencia en un Quetzalcóatl de estas características esté relacionado con el culto a la gente albina –relacionado con el culto al sol- que solía practicarse entre los mexicas? ¿Será descabellado pensar que alguno de los emperadores mesoamericanos fue albino?

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