Un paso del PAN a la ultraderecha: “Patria, familia y libertad”
Carlos Márquez
Vemos frente a nuestros ojos cómo va desapareciendo el viejo partido hegemónico, el PRI, al igual que el PRD, y cómo se profundiza la bancarrota del Partido Acción Nacional (PAN). Esto es la expresión de un fuerte cuestionamiento estructural. En la búsqueda de una salida de la bancarrota del sistema, las masas echaron a estos partidos de la presidencia y éstos no logran recuperarse de su crisis. Ya en 2018 el PAN quedó solo con doce gubernaturas, pero ahora gobierna únicamente cuatro estados del país (Aguascalientes, Chihuahua, Guanajuato y Querétaro).
Al otro lado, vemos cómo Sheinbaum tiene grandes índices de popularidad; sin embargo, hay sectores que no están conformes con el actual gobierno y se observa una polarización tanto a la izquierda como a la derecha. En este segundo caso, hay sectores de la pequeña burguesía desilusionados y de la burguesía que, aunque la 4T les ha dado mil concesiones, añoran los viejos tiempos del PRIAN.
Los partidos de derecha, tras su humillante derrota en 2018, y bajo la dirección de Claudio X. González, decidieron conformar un frente único. El único partido que se excluyó de éste fue Movimiento Ciudadano, el cual se vio beneficiado en votos al diferenciarse del PRI y del PAN con un discurso populista y demagógico, aunque con un programa claramente de derecha-burgués. El PRI, burocratizado y desacreditado, no ha podido evitar su caída libre. El PAN tampoco se ha beneficiado de su alianza con aquel: por un lado, los constantes escándalos del dirigente Alito Moreno y del PRI han afectado a la coalición; por el otro, ambos partidos se desdibujaron políticamente. Aunque podemos decir que, para un trabajador, el PRI y el PAN son lo mismo, este último tiene una tradición diferente y una base que no se identifica con el PRI, por lo que nunca terminó de asimilar esa alianza. Además, la candidatura de Xóchitl Gálvez fue un desastre: fue tal el peso de los programas sociales que dejó AMLO, que tuvo que recurrir a un discurso populista defendiendolos.
Sumado a lo anterior, hemos visto cómo grupos internos del PAN imponen candidatos y desplazan a elementos de sus propias filas, colocando a personas que no tienen el mejor perfil. Desde su nacimiento, el PAN ha sido un partido burgués de élite, donde no puede integrarse fácilmente “cualquier hijo de vecina”. Si bien, cuando obtuvieron la presidencia en 2000, ante la falta de cuadros, tuvieron que abrirse, no dejan de ser un partido cerrado, controlado por una élite burguesa.
Es claro que ha habido un largo proceso de reflexión interna. En su convención, el PAN anunció una renovación. Además de buscar una nueva imagen con un nuevo logotipo y proyectar a dirigentes que no son de la vieja guardia —como Maru Campos—, establecieron tres ejes de cambio: romper su alianza con el PRI y el PRD; elegir a sus candidatos de manera más democrática y abrir el partido para que cualquier ciudadano pueda afiliarse.
El gran problema es que no solo sus estructuras burocráticas y la alianza con el PRI lo han desprestigiado, sobre todo han sido sus propios gobiernos. Fox desilusionó las aspiraciones de cambio de la población y Calderón sumió al país en un baño de sangre. Fueron gobiernos corruptos, burgueses, represores y reaccionarios, con programas abiertamente antiobreros.
El tiempo en que vivimos es turbulento: hay profundos cambios en las relaciones mundiales y una crisis orgánica que impide que pequeñas reformas solucionen los problemas de las masas. Lo que vemos no es paz, sino acoso imperialista que desestabiliza la sociedad y la economía mexicanas. Solo un cambio radical, apoyado en la organización revolucionaria de las masas trabajadoras, que transforme las relaciones sociales, expropiando los medios de producción y planificando la economía en beneficio de las mayorías, podría hacer frente a la crisis orgánica del sistema.
Es evidente que muchos de los problemas que vivimos actualmente se profundizaron bajo los gobiernos del PAN y del PRI; por eso no compartimos sus críticas hipócritas. La 4T piensa que es posible eliminar las contradicciones del sistema mediante reformas paulatinas. Pero también es un hecho que los problemas de violencia siguen siendo graves y que la corrupción estatal no se ha eliminado. Hay sectores de la pequeña burguesía desilusionados que se radicalizan y no concuerdan con la 4T. Sin embargo, ese desdibujamiento político del PAN no ha ayudado a captarlos.
No se trata solo de cambios en sus estructuras internas. Sacaron un video promocional donde muestran imágenes apocalípticas del país: el robo de combustible, el crimen organizado, los secuestros, etcétera. Al inicio aparecen dirigentes históricos del PAN diciendo: “¡No te canses!”. En su reunión de relanzamiento del partido, enarbolaron el lema “Patria, familia, libertad”, una frase que vincula al PAN con la ultraderecha histórica e internacional.
El PAN hace una valoración política donde observa el ascenso de un Milei en Argentina o de una Giorgia Meloni en Italia. Hemos vivido los gobiernos de Bolsonaro en Brasil y del propio Trump en Estados Unidos (aunque el reaccionario Biden no podría decirse que esté a su izquierda). Los gobiernos de ultraderecha emergen ante un claro sentimiento antisistema y el fracaso de la izquierda para resolver las contradicciones del capitalismo. Pero estos regímenes son inestables, muy lejos del fascismo —que no tolera y aplasta la organización de los trabajadores—, pues lo que vemos en el fondo es una necesidad de cambio profundo que se expresa en las luchas de la juventud y de la clase trabajadora. Italia es un ejemplo claro: un gobierno de ultraderecha que ha enfrentado huelgas y movilizaciones de millones de trabajadores.
“El nuevo PAN” cambió de logotipo y proyecta nuevos rostros, como el de su dirigente juvenil Dani Aguilar, pero los viejos políticos del partido siguen ahí. Su programa, quizás, se vuelva más reaccionario y su militancia más fanática.
“Patria, familia y libertad” ratifica a un panismo que, aunque en el discurso diga estar a favor de las mujeres e incluso afirme que no se opone a la comunidad de la diversidad sexual, seguirá oponiéndose al derecho al aborto y a los derechos de la comunidad LGBT. El PAN rescata la figura de líderes históricos de su partido y mira hacia su origen. ¿Cuál fue este? El de un catolicismo conservador, reaccionario y semifascista.
El PAN busca capitalizar la desilusión desde la derecha. Pero no son los únicos. Eduardo Verástegui, conocido por organizar grandes cadenas para rezar el rosario, intentó fundar un partido llamado Movimiento Que Viva México (MVM). El intento fracasó, pero sus slogans eran muy similares a los del nuevo PAN. Otro caso frustrado fue el intento de obtener registro legal para México Republicano, que enarboló el lema “Dios, Patria y Familia”. Y tenemos otro llamado Movimiento Único de Renovación Opositora, que inevitablemente remite a aquel grupo reaccionario y conocido de ultraderecha de los años sesenta: MURO. Estos sectores han visto con recelo al PAN, al que catalogan como una derecha tibia.
En realidad, el proceso para el surgimiento de una ultraderecha de masas en México no parece maduro: la izquierda reformista sigue teniendo un importante apoyo. Pero, ante su incapacidad para resolver las contradicciones del sistema, en un futuro próximo podría emerger. Hemos visto movilizaciones de derecha ante el asesinato del alcade de Patzcuaro y un intento de usar el emblema de la generación Z para impulsar movilizaciones. En estos casos vemos expresiones a la izquierda que critican el oportunismo de la derecha. La única forma de contenerla sería con un programa revolucionario y comunista que resuelva de manera real los problemas derivados del capitalismo, garantizando una vida digna y segura a las masas de la clase obrera, la pequeña burguesía, las mujeres y la juventud.
El PAN es el sector mejor organizado y más fuerte de la derecha mexicana, pero no deja de ser un partido desprestigiado para la mayoría. No está claro que pueda capitalizar la polarización hacia la derecha, aunque ante el vacío político no puede descartarse del todo. Habrá quienes en el futuro se escandalicen por el peligro fascista. Sabemos de las tradiciones del PAN y de sus grupos fanáticos, como el Frente Universitario Anticomunista en Puebla o el MURO en la UNAM. Pero el movimiento de masas que aspira a un sistema que dé una vida digna a los trabajadores y oprimidos es más fuerte.
Lo que necesitamos es organizar al polo opuesto a la ultraderecha panista: a los comunistas. Las contradicciones del capitalismo son tan profundas que ninguna reforma podrá salvarlo. Pasará como dice la Biblia: hay que ser frío o caliente, porque la historia vomitará a los tibios.
La Biblia también dice: “El que tenga ojos, que vea”. No deseamos que le vaya mal a un gobierno que cuenta con amplio apoyo popular como la 4T, pero si miras al espejo latinoamericano —como hoy en Bolivia— verás que, si no se cambia de raíz el sistema, inevitablemente la derecha se posicionará y podrá volver a gobernar el país. No nos quedaremos con los brazos cruzados esperando que eso suceda: debemos organizarnos para generar una alternativa de izquierda que aspire a un cambio de sistema, oponiéndose claramente a las derechas y ultraderechas.
Es por eso que construimos el Partido Comunista Revolucionario: ¡súmate a esta lucha!
