Trabajadores de la maquila entre dos fuegos

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Desde el principio de la contingencia hemos sido testigos de la actitud que han tomado los empresarios a lo largo y ancho del país, hemos visto cuál es su verdadera preocupación, y no es precisamente la de salvar vidas, sino la de preservar y de poderse, aumentar sus ganancias, que de por sí ya son inmensas.

Hay un sinfín de industrias que deberían de cerrar, pues no son esenciales ante la crisis sanitaria que estamos enfrentando, pero aun así se mantienen abiertas. Los trabajadores acuden con el riesgo potencial de contagiar o contagiarse de coronavirus, pues existen casos asintomáticos, es decir, personas que están infectadas, pero no tienen ningún síntoma de la enfermedad.

Uno de los alegatos de los empresarios para mantener abiertas las empresas es que si cierran, ellos no pueden cubrir los salarios de los trabajadores y exigen que sea el gobierno quien, por medio del endeudamiento, cubra esos salarios. La realidad es otra, en la industria maquiladora, un sector importante en el norte del país (que durante años ha acumulado increíbles ganancias), se ha mantenido abierta a pesar de no ser una actividad esencial yendo en contra de las recomendaciones del sistema de salud. Son miles los trabajadores que diario asisten a laborar, muchas veces en condiciones de hacinamiento y sin las mínimas medidas de protección.

Para tener una idea más clara del sector maquilero, en el mes de enero del presente año, a nivel nacional, según el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index), existían en el país un total de 6 mil 350 establecimientos, empelando un total de 3 millones 016 mil 593 trabajadores.

La industria de la maquila se concentra en dos principales áreas geográficas, en la zona norte, que abarca los estados de Baja California, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Sonora y Tamaulipas, con 3 mil, 720 empresas (58.58%), y la zona centro-bajío, que cubre los estados de Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Tlaxcala, en los que se encuentran mil 385 empresas (21.81%).

Con los datos proporcionados por Index, a inicios del año, la industria representaba el 55% de las exportaciones totales de mercancías de México, asimismo emplea aproximadamente al 64% de todos los empleos permanentes en la industria de transformación de México registrados por el IMSS. Por otra parte, es el sector con el mayor ingreso neto de divisas de México (seguido de las remesas, la industria automotriz terminal, el sector petrolero y el turismo). En lo que respecta los ingresos por exportaciones el sector Manufacturero obtuvo según el INEGI 462 millones 307 de pesos en lo que va del año.

Lo que vemos es una industria muy extensa y que genera ingresos millonarios, algo contradictorio con los salarios que se paga a los trabajadores por las jornadas tan largas que tienen que cubrir, sin mencionar las condiciones en las que trabaja.

La lucha de los trabajadores

Durante muchos años los trabajadores de la maquila han salido a luchar, una de las luchas más recientes la tuvimos a principios del año pasado, cuando vimos una increíble movilización por parte de los trabajadores de la maquila en Matamoros, Tamaulipas, exigiendo se aplicará el incremento en el salario que ya había aprobado el ejecutivo federal, pasando de 88 pesos a 176.72 pesos, en la frontera norte.

Sin embargo, ahora la lucha de los trabajadores es doble, en primer lugar, tienen que luchar contra los salarios de miseria y jornadas extensas de trabajo, es decir, para no morir de hambre, pues las condiciones a las que se enfrentan obligan a millones de trabajadores a buscar empleos mal pagados, con tal de poder llevar algo de comer a su mesa, y, en segundo lugar, tienen que luchar contra la negligencia que los empresarios al mantener abiertas las empresas, aun cuando no son esenciales, lo que significa que al trabajador se le ve como carne de cañón ante la crisis de coronavirus que estamos viviendo estos meses.

Empresas como Lear Corporation que se ubica en Ciudad Juárez, Chihuahua, se dedica a la fabricación de textiles para automóvil, hace aproximadamente un mes los trabajadores empezaron a acudir a la enfermería del lugar con fiebre y tos, las enfermeras les diagnosticaron alergias o resfriados, les dieron analgésicos y les dijeron que volvieran al trabajo.

A finales de marzo, se hizo evidente que esta fábrica en Juárez era el centro de un gran brote de Covid-19. Hasta ahora 13 empleados de la fábrica han muerto a causa de la enfermedad, y aunque Lear cerró la fábrica el 1° de abril y detuvo la producción en otras 41 instalaciones que opera en todo México, ha sido demasiado tarde, seguramente los casos positivos de Covid-19 entre los trabajadores de esta empresa seguirán aumentando y con ello también el número de fallecidos.

En el mismo Juárez, 33 empresas consideradas como no esenciales siguen abiertas, violando los decretos de cierre por la contingencia sanitaria, entre ellas se encuentran Regal Beloit, TPI Composites, Norma Group, Electrocomponentes, Syncreon y Honeywell que suspendieron actividades en los turnos vespertino para exigir a los patrones que cierren sus instalaciones, debido a que varios de sus compañeros habían contraído el coronavirus y el resto corre el riesgo de contagio e incluso de morir.

Asimismo, obreros de las maquiladoras Foxconn, Aptiv y Johnson Controls, denunciaron que los obligan a presentarse a trabajar pese al riesgo de contagio, pues cuatro empleados fueron aislados por sospecha de Covid-19, mientras otros presentan síntomas de males respiratorios y no existen filtros sanitarios en las empresas.

Unos 300 trabajadores de Anbec y uno 500 de Electrocomponentes denunciaron que se permite el ingreso a empleados con síntomas, no los dejan lavarse las manos y tampoco tienen gel antibacterial; además, laboran hacinados en líneas de producción que no cumplen las medidas de sana distancia.

En Baja California, específicamente en Tijuana y Mexicali, se ha estado vigilando e investigando diariamente las fábricas que no cumplen con las normas, y en un caso que pareciera extraído de una película de ficción, cerraron una fábrica de propiedad estadounidense (no se menciona cuál) que había estado operando ilegalmente y que tenía cadenas en sus puertas para evitar que sus aproximadamente 800 trabajadores salieran.

En la empresa Newel Rubbermaidl, dedicada a la fabricación de plumas para escribir (Sharpie), el encargado leyó a los trabajadores una circular donde se señala que la fabricación de dichos bienes “son tan importantes para un médico, como un ventilador, por lo que deben seguir trabajando”. Durante los primeros días de abril unos 10 empleados no acudieron al trabajo porque presentaron síntomas de Covid-19, a finales de marzo otros 30 pasaron al área médica debido a que se sintieron mal, sin embargo, los gerentes les dijeron que no pararán labores.

Se trató de convencer a los trabajadores entregándoles un kit con gel antibacterial, desinfectante y una toalla para limpiarse antes de entrar a sus hogares, pero la mayoría insistía en que se le mandara a casa, con el salario íntegro.

Otro caso es el de Spectrum, una industria maquiladora dedicada a elaborar chapas para las puertas, los trabajadores denunciaron que no se les proporcionaban ni siquiera cubre bocas, además de que en el transporte que recoge al personal en lugar de gel antibacterial les dan algo más parecido al agua, por lo que el turno vespertino decidió irse a paro exigiendo irse a su casa con el salario completo.

A ellos se sumaron los trabajadores de LG, industria que se dedica al ensamble de televisores; Eaton, que elabora componentes electrónicos, y Honeywell, que fabrica partes para aire acondicionado y elementos para aviones.

En Honeywell, la empresa se fue al extremo, primero, intentaron comprar a los empleados con un bono, para que aceptaran laborar, sin medidas sanitarias, en plena contingencia. Cuando un centenar de obreros se negó, los encerraron, poniendo gruesas cadenas y candados en las puertas de la empresa, impidiendo el acceso a los representantes del sindicato. Sin posibilidad alguna de salir, la empresa cerró el comedor, para que los trabajadores tampoco tuviesen acceso a ningún alimento.

En Skyworks, también se optó por encerrar a los trabajadores y negarles el contacto con sus líderes sindicales. Según directivos, la empresa se dedica a elaborar circuitos integrados, que supuestamente forman parte de insumos médicos, para artefactos médicos y para servicios de telecomunicaciones, pero no se mostró ningún documento que compruebe lo dicho por los directivos.

En TT Electronics, dieron a firmar una hoja a sus empleados, donde estos aceptaban seguir laborando pese a la contingencia sanitaria, por su parte Cooper Lighting Mexicali se llevó a cabo un paro de labores e impidieron la entrada a los líderes sindicales, cuando los trabajadores les llamaron pidiendo apoyo.

En Matamoros, Tamaulipas, en las plantas Tridonex, Kidde, TPI Composites, Starkey de México y Kemet, entre otras ubicadas en los cuatro parques industriales de Matamoros, los empleados detuvieron la producción y exigieron a los directivos acatar las recomendaciones por la emergencia sanitarias, pues sólo 20 de 80 maquiladoras suspenderán sus actividades hasta el 30 de abril.

En algunas plantas, entre ellas Parker, en Ciudad Industrial, los obreros del segundo turno decidieron permanecer fuera, ya que se confirmó que tres empleados sospechosos de haber contraído Covid-19 han estado trabajando con ellos sin medidas de seguridad e higiene.

Una trabajadora de TPI Composites, en el parque industrial Las Ventanas, dijo que había dos de sus compañeros con síntomas de Covid-19, y lo que hizo la fábrica fue aislarlos en un hotel, cuando estuvieron en un área donde convivieron con unas mil 300 personas, pero a los demás no los quisieron dejar descansar.

Y podría seguir con la serie de denuncias que los medios locales, nacionales e incluso hasta internacionales han publicado desde mediados del mes de marzo sobre las acciones que los empresarios, directivos y personal de confianza ha tomado, así como sobre las nulas medidas de seguridad e higiene han tomado para mantener a los trabajadores en las plantas o incluso en las zonas industriales, algo que para empezar no debería de estar sucediendo.

Esto nos deja muy claro que los intereses de los empresarios son totalmente opuestos a los de los trabajadores y que en la frontera norte la situación de los trabajadores es muy riesgosa, por la negligencia y obstinación de mantener las ganancias de un puñado de empresarios a costa de la vida de los trabajadores.

Las autoridades han hecho llamados a las empresas para que se acate el decreto de cierre por la emergencia a la que nos enfrentamos, han dicho que, de no hacer caso, podrán aplicarse multas, sin embargo, no han tenido mucho efecto, por lo que se deberían formar comités de fábrica en todas las empresas y en donde se nieguen a mandar a los trabajadores a casa con su salario íntegro, los trabajadores deberían de tomar las instalaciones, exigir al gobierno federal su nacionalización y ponerlas a trabajar bajo control obrero, esa es la única garantía real de tener mejores salarios, mejores condiciones de trabajo y velar por los intereses de los trabajadores, ya que no somos carne de cañón.

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