Texas: conquista, esclavitud y expansión del capitalismo estadounidense

Por Jordi Palafox Rivara

La fabricación de un mito

La historia de Texas, su independencia y la Batalla de El Álamo fueron permeadas por la cultura estadounidense en una de sus grandes leyendas nacionales. Hollywood contribuyó decisivamente a esta construcción: el western presentó la frontera como un oasis inmaculado donde el cowboy y el pionero llevaban civilización y libertad hacia el Oeste. John Wayne se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de este mundo capitalista imaginario.

Pero Texas no era un territorio vacío. Estaba habitado por numerosos pueblos indígenas y formaba parte de México. La expansión angloamericana estuvo acompañada por conflictos territoriales, desplazamientos, esclavitud y violencia. La cultura de masas convirtió posteriormente al villano en héroe y al conquistado en un obstáculo, transformando una historia de apropiación territorial en una epopeya nacional.

Desde una perspectiva materialista, la pregunta central no es quién fue presentado como héroe, sino qué relaciones de propiedad y qué intereses económicos ”de clase” hicieron posible la conquista.

I. Colonización y esclavitud

Después de la independencia de México, el gobierno mexicano promovió la colonización de Texas mediante concesiones a empresarios. La disponibilidad de grandes extensiones de tierra atrajo a numerosos colonos angloamericanos, muchos procedentes del sur esclavista de Estados Unidos. Con ellos llegaron capital, ganado y personas esclavizadas. La producción de algodón convirtió rápidamente a la esclavitud en un componente importante de la economía texana.

Aquí apareció una contradicción fundamental. México avanzaba hacia la abolición de la esclavitud, mientras una parte importante de los colonos buscaba conservarla. La Constitución de Coahuila y Texas de 1827 prohibía la esclavitud, aunque las autoridades permitieron durante años diversas excepciones y mecanismos para mantener el trabajo esclavizado. En 1829 Vicente Guerrero decretó la abolición general, pero Texas obtuvo una excepción.

La independencia de 1836 no tuvo una sola causa: el conflicto con el centralismo de Santa Anna, las demandas políticas de los colonos y las tensiones territoriales fueron elementos fundamentales. Sin embargo, la cuestión de la esclavitud formaba parte de la estructura social que los nuevos dirigentes texanos buscaban preservar. La Constitución de la República de Texas legalizó la esclavitud, prohibió la emancipación sin consentimiento del Congreso y restringió la permanencia y los derechos de los negros libres.

Por ello, el “lenguaje de la libertad” debe analizarse dentro de su contexto social: la libertad política proclamada por la nueva república coexistió con la defensa jurídica de la propiedad esclavista.

II. Tierra, indígenas y expropiación

La expansión tampoco puede comprenderse únicamente desde la cuestión de la esclavitud. La tierra era el otro elemento fundamental.

Texas estaba habitado por numerosos pueblos indígenas, entre ellos comanches, caddos y apaches, cuyas dinámicas territoriales chocaron con la expansión de los asentamientos angloamericanos. Tras la independencia de 1836, el Estado texano implementó políticas explícitas de expulsión y exterminio, impulsadas formalmente por gobiernos como el de Mirabeau B. Lamar. Un ejemplo de esto fue el desplazamiento progresivo del pueblo Caddo y de las comunidades cheroquis, quienes fueron removidos por la fuerza de sus tierras agrícolas hacia el “Territorio Indígena” en el actual Oklahoma.

Aquí resulta útil la categoría marxista de acumulación originaria. Marx mostró que la formación histórica del capitalismo no puede explicarse únicamente mediante el intercambio pacífico: también requiere procesos de expropiación que separan a las comunidades de sus medios de reproducción y convierten la tierra en propiedad susceptible de ser comercializada.

Aplicada como herramienta de análisis a la expansión estadounidense, esta categoría permite observar una dinámica concreta: la violencia y el poder estatal contribuyeron a transformar territorios disputados en tierras incorporadas a nuevas relaciones de propiedad, producción y mercado.

La violencia no fue simplemente un episodio externo al desarrollo económico. En numerosos casos creó las condiciones materiales para la expansión de la propiedad ”privada”

III. Texas y la expansión estadounidense

El Estado mexicano, en el momento de la guerra de Texas, estaba profundamente dividido entre liberales y conservadores, lo cual representaba prácticamente una guerra civil permanente. Vicente Guerrero había sido traicionado y  asesinado apenas en 1931 y en su lugar había surgido un caudillo militar, Santa Anna, bueno para luchar contra su pueblo pero muy malo para enfrentarse a los invasores. 

La independencia de Texas fue seguida por su anexión a Estados Unidos en 1845. La incorporación del territorio fortaleció la expansión continental estadounidense y profundizó la disputa nacional sobre la extensión de la esclavitud hacia los nuevos territorios.

La anexión contribuyó a la crisis que desembocó en la guerra entre México y Estados Unidos de 1846-1848. Tras la derrota militar mexicana y la ocupación estadounidense de Ciudad de México, el Tratado de Guadalupe Hidalgo formalizó la cesión de aproximadamente el 55% del territorio mexicano de entonces a Estados Unidos.

El tratado convirtió una nueva correlación militar de fuerzas en una realidad jurídica. Después, los territorios incorporados fueron integrados progresivamente a las estructuras económicas estadounidenses. La tierra pasó a formar parte de mercados, explotaciones agrícolas y ganaderas, redes comerciales y, posteriormente, ferroviarias.

La conquista territorial y la expansión económica estuvieron así estrechamente relacionadas: la guerra abrió nuevos espacios para la propiedad; el Estado los incorporó jurídicamente; y el capital los integró a sus circuitos de acumulación.

IV. Estado, ideología y memoria

El Estado desempeñó un papel decisivo en este proceso. La colonización fue organizada mediante leyes y concesiones; la conquista se sostuvo mediante la fuerza militar; la propiedad fue protegida jurídicamente; y posteriormente la cultura nacional convirtió todo ello en una historia de libertad y progreso.

El western desempeñó una función ideológica en esta reconstrucción. La frontera apareció como un espacio vacío; el colono, como pionero; el indígena, como amenaza; y la apropiación territorial, como destino. John Wayne condensó buena parte de esta representación.

Desde el marxismo, esto puede entenderse mediante la relación entre base material y superestructura ideológica: las representaciones culturales no producen por sí mismas la conquista, pero pueden contribuir a naturalizar las relaciones sociales surgidas de ella.

La industria cultural convirtió al vencedor en héroe y al despojo en aventura.

V. Detrás del mito

La historia de Texas no puede reducirse a una simple epopeya de pioneros contra un territorio salvaje. Fue un proceso histórico atravesado por conflictos políticos, expansión territorial, esclavitud, expropiación indígena y transformación de las relaciones de propiedad.

El lenguaje de la libertad coexistió con la esclavitud. La civilización coexistió con el desplazamiento indígena. La expansión territorial coexistió con la guerra contra México.

Desde una perspectiva materialista, Texas debe entenderse como parte de un proceso más amplio de expansión territorial y económica de Estados Unidos, en el que tierra, trabajo, Estado y violencia estuvieron profundamente conectados.

La frontera no cayó del cielo. Fue conquistada por la fuerza, organizada por el Estado, incorporada a relaciones de propiedad y posteriormente convertida por la cultura nacional en un mito de libertad.

Detrás del cowboy estaba el colono. Detrás del colono, la propiedad. Y detrás de esa propiedad, una historia de conquista, esclavitud y expropiación, el asenso del fututo imperialismo norteamericano.