Sobre el ejército, la militarización y la 4T

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El 11 de marzo fue publicado en el Diario Oficial de la Federación un decreto en el que se determina que el ejército debe continuar en las calles con las tareas de seguridad pública, de manera “complementaria” y “extraordinaria” junto a la Guardia Nacional, dichas actividades se realizarán hasta el mes de marzo de 2024, prácticamente hasta que Andrés Manuel López Obrador termina su sexenio.

Para el periodista Jhon Ackerman, activo simpatizante del proceso encabezado por el presidente, este decreto no representa la continuación de la militarización iniciada durante el sexenio de Felipe Calderón y continuada por el gobierno de Enrique Peña Nieto, sino un paso definitivo hacia la desmilitarización y lo novedoso no es que se “lance los militares a las calles, ya están ahí, sino que regula su presencia como cuerpo subordinado a las fuerzas civiles en materia de seguridad pública”.

La senadora Citlalli Hernández, muy activa entre los sectores más a la izquierda en el Movimiento de Regeneración Nacional en “la práctica es la salida EXTRAORDINARIA que ha decidido este gobierno para iniciar la pacificación del país”, además no existe una “alternativa REAL y POSIBLE para enfrentar la herencia del calderonato”.

En la opinión de un sector de buena parte de los dirigentes medios de Morena y el movimiento en torno a AMLO, esta medida se tiene que aceptar como una situación extraordinaria, en lo que se consolida la Guardia Nacional, que por cierto es otro cuerpo militarizado. Existe una confianza plena en que, al existir un cambio en la vertiente del gobierno diferente a las políticas del PRI y el PAN, el ejército y las fuerzas armadas no serán usadas para reprimir a la población y estas se enfocarán exclusivamente en las tareas de seguridad pública y no tenemos el por que preocuparnos de los excesos que han cometido estas instituciones, puesto que el ejército de manera constitucional obedece al presidente de la república, además de que el poder de las fuerzas armadas y la estructura policíaca se ha reformado a partir de la creación de la Guardia Nacional y el nido de corrupción que representaba la Policía Federal.

La opinión de Luis Hernandez Navarro, coordinador la sección de opinión del periódico La Jornada es diferente: “La militarización de la seguridad pública es el reconocimiento del fracaso de la Guardia Nacional y los apoyos directos a jóvenes para combatir la inseguridad. Además de inconstitucional es un retroceso”.

Por su puesto que el tema de la inseguridad no es un tema secundario en nuestro país y no es algo que se pueda soslayar en un proceso que aspira a transformar la sociedad en beneficio de la población más pobre, que se equipara a lo cambios profundos en la historia de nuestro país, como fue la revolución de independencia, el periodo histórico de la Reforma, y la revolución mexicana de 1910.

Sin embargo debemos recordar que “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. El ejército es una de las principales instituciones que violentan los derechos más básicos en nuestro país; la estructura de la fuerzas armadas no son monolíticas, los intereses de los generales y oficiales superiores suelen asemejarse a los intereses de la clase dominante, en teoría obedecen al gobierno en turno, pero la historia de nuestro país y en América Latina nos muestra que los extractos superiores han preferido estar del lado de los dueños del gran capital y los intereses del imperialismo norteamericano, pasando por encima de cualquier ley que se los impida, cuando suceden procesos de organización de la clase trabajadora y hay intentos de transformaciones sociales.

Por su puesto, el gobierno ha cambiado, y su vertiente es diferente a los gobiernos del PRI y el PAN, pero las concesiones que se les han otorgado a la cúpula de las fuerzas armadas puede poner incluso en riesgo el proyecto empezado el pasado julio de 2018. El gobierno ha cambiado, pera estructura del Estado y de las propias fuerzas armadas no, sigue siendo la mismo, aún sirven a los intereses de la clase dominante y los dueños del gran capital, esta contradicción no puede permanecer de manera indefinida. O el gobierno apoyado de la clase trabajadora organizada y los sectores populares de este país toma medidas para transformar al Estado y el ejército y lleva hasta sus últimas consecuencias el proceso de transformación social o el Estado burgués se rebelará contra un gobierno que le resulta en algunos aspectos extraño.

Al manifestar nuestros puntos de vista nos ponemos del lado de las aspiraciones de millones de trabajadores, jóvenes, amas de casa, campesinos que añoran un cambio profundo; no tenemos nada en común con los políticos del PRI y el PAN, quienes fueron fervientes servidores de los intereses una ínfima minoría de la sociedad, de los grandes capitalistas. Nos asumimos como socialistas revolucionarios y nuestras críticas son fraternas y orientadas a buscar la mejor táctica, estrategia e ideas que nos lleven a cumplir nuestros objetivos como clase trabajadora, añoramos, al igual que los seguidores de AMLO una transformación de la sociedad profunda en beneficio de los trabajadores y los marginados de este país.

Repudiamos la actitud hipócrita del PRI, el PAN y los medios de comunicación al servicio de la oligarquía, ellos junto con sus amos, los dueños del dinero, son los responsables de la tragedia de millones de personas en este país, incluyendo la militarización, la seguridad y la pandemia de la violencia, cuyas secuelas permanecen hasta ahora.

La militarización del país

Fue durante el gobierno del Partido Acción Nacional (PAN) de Felipe Calderón, actual impulsor de un nuevo partido: México Libre, que se profundizó la militarización en el país. Su gobierno se vistió de verde olivo y tiño al país de sangre; el país quedó sumergido en una ola de violencia: 250, 000 personas perdieron la vida, mas de 26,000 desaparecidos y 150,000 personas desplazadas por la violencia durante el sexenio. Un porcentaje importante de las víctimas no tenía nada que ver con la delincuencia.

Bajo la bandera de combatir al narcotráfico y al crimen organizado desde los primeros días de los inicios de su sexenio, en Diciembre de 2006, desplegó a las fuerzas armadas en todo el territorio nacional. Ahora sabemos que dicha guerra contra el narcotráfico no existió, el gobierno de Calderón apoyó decididamente, y se beneficio de ese apoyo, al cartel de Sinaloa.

El que fue el secretario de seguridad pública durante el calderonato, Genaro García Luna, actualmente esta preso acusado por: conspirar para traficar cocaína, recibir sobornos del Cartel de Sinaloa y por declaraciones falsas. Al momento de su detención Felipe Calderón negó desconocer las actividades de su secretario de seguridad pública, aunque algunos periodistas como Anabel Hernández han documentado los vínculos entre todos los niveles de gobierno, desde la presidencia, con el crimen organizado.

Ahora sabemos que bajo esa bandera de guerra contra el narco, se encubrió el apoyo a un sector del crimen organizado y que una de las finalidades de sacar a los militares a las calles fue tener un punto de apoyo para su cuestionado gobierno.

Felipe Calderón llego al gobierno por un proceso electoral fraudulento, donde todo el poder económico y político del país intervino con la finalidad de impedir el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador. Lo que despertó un gran malestar social, millones de personas se movilizaron en el 2006 contra la imposición, llevando al país a situaciones pre-revolucionarias, incluso una gran parte de la población avalaba una confrontación directa contra el régimen con la finalidad de impedir la imposición de Felipe Calderón en la presidencia. Los militares en las calles contendrían el malestar social y con la estrategia de la guerra buscaría tener algunos elementos de legitimidad que no tenía.

Ordenó el incremento salarial de los generales en cerca del 1000%, mientras los de la tropa subieron solamente el 50%. Se desplegaron 45, 000 elementos del ejército en todo el territorio nacional y se incremento el gasto público destinado a las fuerzas armadas.

Utilizando la mala percepción que se tiene sobre las corruptas policías estatales y municipales, se le asignó al ejército algunas tareas de seguridad pública. El país e militarizó con la finalidad de sostener un régimen ilegítimo, sosteniendo una falsa guerra donde el gobierno federal apoyó a una de las bandas del narcotráfico, y dónde miles de civiles inocentes, jóvenes, mujeres, perecieron, fueron desaparecidos o fueron desplazados de sus territorios.

Esa situación no cambió con el retorno del PRI al gobierno de la mano de Enrique Peña Nieto en otra elección presidencial sumamente cuestionada, el ejército permaneció en las calles, la violencia continuó, inocentes fueron asesinados.

Cabe resaltar que en la desaparición de estudiantes normalistas, el batallón del ejército de Iguala, Guerrero tuvo una participación activa, en coordinación con todos los niveles de gobierno, la policía municipal y federal. En operativos realizados en Tlatlaya, Estado de México durante el año 2014 y en Tanhuato, Michoacán durante el año 2015 el ejército realizó ejecuciones contra civiles y hubo un excesivo uso de la fuerza.

Este situación fue heredada al nuevo gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quién llegó a la presidencia en el año 2018, producto del hartazgo de millones de personas quienes buscan una alternativa de transformaciones radicales profundas.

El carácter del ejército

El Estado no es un ente neutral que asume la ideología de los gobiernos en turno, Federico Engels, el compañero de lucha de Carlos Marx, definió al Estado, como un grupo de hombres armados al servicio de la propiedad. Surge, se va desarrollado y perfeccionando cuando la sociedad dividida en clases, surge y de perfecciona.

Ese grupo de hombres armados aparenta estar al servicio de toda la sociedad, “de todos los ciudadanos”, sin embargo revela su verdadero carácter cuando la lucha de clases se profundiza, y se hace evidente que ese aparato sirve a la clase dominante, para proteger sus intereses y negocios.

Tenemos múltiples ejemplos en nuestro país de esta situación, el ejército mexicano fue usado para reprimir las huelgas obreras a finales de la década de los 50’s y principios de los 60’s del siglo pasado, asesinó al dirigente campesino Rubén Jaramillo en 1962 en Morelos, fue utilizado para reprimir los movimiento estudiantiles durante la década de los 60’s y 70’s, participó en la masacre estudiantil de 1968 ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Participó activamente durante la represión hacia la disidencia de izquierda y revolucionaria durante la década de los 70’s y 80’s, en los acontecimientos conocido como la guerra sucia y a su vez fue ejecutor de las masacres hacia campesinos de Acteal, Aguas Blancas y el Charco en el estado de Guerrero. Esto para poner algunos ejemplos.

Ahora, por su puesto que el Estado también está compuestos por miles de funcionarios, tribunales, instituciones, etc. Que le dan una apariencia aún más de neutralidad en la actual sociedad. Pero ese Estado ha sido moldeado como una herramienta para perpetuar el pode poder político que sirva a los intereses de los dueños del capital. En palabras del Vladimir I. Lenin, dirigente de la revolución rusa, el Estado es una herramienta de opresión de una clase sobre otra.

Por su puesto que esa opresión no seria muy efectiva si esta se realizara de manera directa, utilizando constantemente el “grupo de hombres armados al servicio de la propiedad”, al ejército y la policía. La ideología y sus instituciones juegan un papel en reproducir la idea de la clase dominante de manera constate y cotidiana: los grandes medios de comunicación, la iglesia, las escuelas, etc.

En resumen: el ejército como institución, el Estado, es una herramienta de opresión adecuada bajo el sistema capitalista. Es una fuerza en general conservadora, los gobernantes y presidentes, cambian cada determinado periodo, incluso si la extracción de estos es progresista, el ejército permanece, con su estructura, su filosofía y su función en la actual sociedad.

¿Este es el caso del ejército mexicano? Desde nuestro punto de vista si. Añadiríamos, que a parte de servir a los intereses de oligarquía, también una parte del mismo se ha adecuado y formado de acuerdo a los intereses del imperialismo norteamericano, una parte de generales y oficiales se han formado en la llamada Escuela de las Américas, cuya característica principal es la formación de cuadros militares en combate a la contrainsurgencia, es decir en combate a los movimientos obreros, campesinos y estudiantiles en la región de América Latina.

Los más de 500 generales del ejército mexicano son el núcleo fundamental de lo que hemos explicado, personas cercanas al poder político y económico, con salarios y niveles de vida superiores al resto de la población, de los trabajadores y de la propia tropa. Ejercen un control absoluto sobre los más de 200,000 integrantes del ejército.

¿Pero qué sucede con el conjunto del ejército?. Se encuentra unido por una férrea disciplina, una filosofía de los que se consideran los intereses nacionales, o sea los intereses de la clase dominante, y de la paz y el orden que tanto añora la burguesía. Dicha disciplina en ocasiones puede romperse como consecuencia del impacto de la lucha de clases en la estructura militar, no olvidemos que la tropa está compuesta en su mayoría por campesinos y trabajadores, que provienen de las regiones con mayores dificultades económicas. En un proceso de agudización de la lucha de clases la cúpula del ejército se mantiene fiel a los intereses de la clase dominante y del imperialismo, un sector de la tropa puede ser ganada a la lucha de los trabajadores y campesinos, a condición de que esta lucha este dispuesta a llegar al final, sin titubeos.

El gobierno de AMLO

El gobierno de AMLO ha generado grandes expectativas entre la población producto del hartazgo a lo que representaban el PRI y el PAN: corrupción, violencia y una política servil a los intereses del gran capital; además representa la búsqueda de alternativas de millones de personas que buscan transformar su realidad, es un paso en ese sentido.

El actual gobierno se ha ganado el odio de una buena parte de los integrantes de la clase dominante, quienes acostumbrados a tener un gobierno que les sirva fielmente a sus intereses, ven a quién actualmente ocupa el gobierno central como un ente extraño y ajeno; que, aunque no tiene una visión anti-capitalista asume una lógica propia sin consultar, en lo general, el rumbo de la política y la economía a los capitalistas.

La visión del actual gobierno es que el Estado es un ente neutral, una herramienta para balancear los intereses entre las clases sociales, para que el burgués no explote tanto al trabajador y el trabajador reciba un salario justo, además mediante el gobierno pretende implementar una serie de iniciativas para apoyar a los sectores vulnerables, eso ha despertado el odio de la clase dominante y de sectores del propio Estado.

En el terreno de la seguridad tiene una visión similar, la estructura del ejército, la Guardia Nacional, para el actual gobierno no representan herramientas de opresión, sino que pueden utilizarse desde el gobierno para combatir honestamente la inseguridad y la delincuencia.

Sin embargo, para tratar de convencer a la cúpula del ejército se ha echado mano de una serie de concesiones en el terreno económico, como es otorgarle una serie de contratos para la construcción de los mega proyectos que el gobierno tiene en mente. Por lo visto, aunque el actual gobierno tiene la intención de combatir honestamente a la delincuencia, para la cúpula del ejército el cumplir esa tarea debe implicar ampliar su poder económico y político.

El Estado, como lo explicamos previamente, no es un ente neutral, nació y se desarrolló a partir del surgimiento de la sociedad de clases, y se ha estructurado para el servicio de la clase dominante.

La cúpula del ejército estará con la 4T, mientras les asegure algunos buenos ingresos, respete sus espacios y cotos de poder y permita incrementarlos, Cuando esa situación no suceda, esta estructura actuará al servicio de los intereses de los ricos y poderosos. El riesgo que existe, es que esa acumulación de poder, puede ser utilizado en algún momento dado en contra de la lucha de los trabajadores, la juventud y los estudiantes, no por instrucción del poder ejecutivo, sino al poder al que obedece: el del gran capital.

Realismo y utopías

Entre algunas de las conclusiones de Marx en el libro de la Guerra Civil en Francia se encuentra que la clase obrera no solamente debe tomar el control del actual aparato estatal (que le sirve a los intereses de los capitalistas), sino que debe comenzar a destruirla. ¿Se puede extraer la misma conclusión en el periodo actual?, pensamos que si.

Algunos compañeros de manera honesta no visualizan otra vía que el uso del ejército y la Guardia Nacional en el combate a la inseguridad y violencia, sin embargo esas estructuras no obedecen a un proceso de transformación social, son conservadoras por naturaleza.

Una de las opciones serie el involucrar a la población en el combate a la inseguridad, el ejemplo concreto lo podemos visualizar en la Policía Comunitaria de la montaña de Guerrero, en donde los cuerpos de seguridad y de impartición de justicia están bajo el control de las comunidades.

Para acabar con el crimen organizado y la violencia también se requiere de golpes audaces y contundentes en contra de quien los protege: banqueros, grandes empresarios políticos.
Algunos compañeros pensarán que eso provocaría un proceso de inestabilidad social y que nos llevaría al caos y a otros simplemente les parece utópico.

Nosotros pensamos que lo verdaderamente utópico es pensar que la estructura del estado burgués servirá para combatir a sectores de la clase dominante que están coludidos e impulsan el crimen organizado, es una contradicción que el estado burgués pretenda combatir a su propio sistema.

La participación activa de la población, el entrenamiento de destacamentos y milicias populares para el combate del crimen organizado, el establecimiento de la seguridad en los barrios y comunidades, en donde incluso los sectores del ejército, que deseen honestamente acabar con el flagelo de la violencia y esté comprometidos con la transformación social, participen. Desde nuestro punto de vista es la única solución viable y realista.

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