Septiembre de 2026, mes clave para la conciencia política del gremio médico
Martín Vásquez
A inicios de septiembre de 2026, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) envió un informe aterrador al Senado de la República que documenta, con cifras, lo que miles de médicos residentes en México ya sabían por experiencia propia: que la etapa en la que un médico titulado se forma como especialista, y que sostiene buena parte del trabajo cotidiano en los hospitales del país, transcurre en condiciones que vulneran sistemáticamente sus derechos.
Según la CNDH, el 54% de los encuestados reportó haber sufrido algún tipo de violencia, ya sea de sus responsables, de sus compañeros, o ambos. Otros reportes incrementan la cifra a 84%, de la que el 78% destaca la violencia psicológica y la costumbre de los castigos basados en prolongar el tiempo de trabajo, sin dormir o sin ir a casa.
Detrás del maltrato hay una estructura de precariedad que el informe describe con detalle: 26.5% de los residentes no contaba con asesoría permanente de médicos de base durante sus actividades cotidianas, porcentaje que se dispara a 52.1% en guardias nocturnas o de fin de semana, a pesar de que el modelo de residencia en México presume oficialmente orientarse a la enseñanza. 48.1% afirmó recibir los insumos necesarios solo ocasionalmente, y 25.4% dijo no recibirlos en absoluto. Pese a que el convenio legal de las residencias incluye alimentación durante la jornada, únicamente 37.7% recibía una ración completa y de calidad. No es casualidad que más del 80% de los participantes mostrara síntomas de desgaste profesional, ni que un 16% callara ante la violencia por miedo a represalias. Se trata, como advierte la propia CNDH, de una crisis estructural, no de episodios aislados de maltrato entre individuos.
Un caso acaba de aterrizar estas cifras a experiencias humanas concretas: el 31 de agosto se identificó en el Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga” (HGM) un brote de gastroenteritis infecciosa aguda por Salmonella que afectó a, cuando menos, 135 médicos residentes y de alta especialidad, aunque denuncias de miembros de la comunidad estiman la cifra real en 277. Decenas terminaron hospitalizados, y varios llegaron incluso a terapia intensiva. Mientras tanto, la institución busca minimizar la gravedad y alcance del brote ante los medios. El origen se rastreó hasta el comedor institucional, que fue suspendido de inmediato. La ironía es amarga, pues el contrato de 112.3 millones de pesos que se le otorgó a la empresa operadora, Restaurantes Grogui, la obligaba por escrito a realizar análisis bacteriológicos de los alimentos y controlar su calidad. Evidentemente, el control de calidad existía solo en el papel.
Lo revelador no es el brote, sino que los propios residentes del hospital denuncian que, obviamente, son ellos quienes atienden a sus colegas bajo condiciones inaceptables de infraestructura e insumos, que pagan los medicamentos de sus amigos de su propio bolsillo, enfrentan restricciones para conocer el estado real de salud de los hospitalizados y que, en algunos casos, se les ha exigido seguir trabajando estando enfermos. Como respuesta, alrededor del 10% de los 1,200 residentes del hospital suspendieron labores para participar en protestas y negociaciones, y se mantiene la amenaza de un paro más amplio en áreas no críticas si no hay transparencia real sobre el estado del comedor y recursos para atender con dignidad a quienes se enfermaron.
Es reduccionista limitar esta discusión a la palabra “maltrato”, como si se tratara de una suma de miles de episodios individuales de mala conducta que bastara con sancionar caso por caso. Lo que revelan tanto el informe de la CNDH como el brote del Hospital General es una crisis colectiva cuya explicación no está en la psicología de jefes abusivos ni en “culturas hospitalarias” difíciles de cambiar por decreto, sino en las condiciones materiales concretas, presupuestales, laborales, organizativas, en las que se produce la salud pública en este país. Toda una estructura material condiciona una superestructura que se refleja en la ideología jerárquica del abuso, el castigo y la injusticia.
La residencia médica produce una mercancía peculiar: fuerza de trabajo altamente especializada. Y como toda producción bajo el capitalismo, esa producción se organiza para minimizar costos, no para garantizar dignidad ni tan siquiera la eficiencia y aprovechabilidad. Por eso el cansancio no es solo un problema del trabajador, sino la forma que toma la sobreexplotación de jornadas extendidas ilegalmente. La falta de supervisión no es solo un problema educativo, es el ahorro de personal calificado a costa de dejar a los residentes solos frente a decisiones que no deberían tomar sin respaldo. La ausencia de insumos no es solo un problema administrativo, es la consecuencia directa de un presupuesto que conscientemente se decide no destinar a sostener el sistema del que depende la salud de millones, la clase trabajadora y las personas más necesitadas.
Existe, además, una doble condición particularmente útil para las instituciones y nociva para quienes la viven: el residente asume responsabilidades laborales plenas, dentro de una relación de subordinación clara, pero sin la protección legal completa que corresponde a un trabajador. Carga con los riesgos (y muchas veces se le imputa la culpa) del mal funcionamiento de un sistema que no diseñó y que no controla.
Bajo el capitalismo, la calidad y el alcance de los servicios públicos de los que depende la clase trabajadora y las personas más vulnerables se convierten, gradualmente, en un estorbo para los intereses de la burocracia y sus aliados privados. La misma lógica que permite adjudicar contratos millonarios sin garantizar controles reales es la que deja a decenas de miles de residentes sin insumos, sin supervisión y sin comida en condiciones. En algunos hospitales más que en otros, se acercan las condiciones de trabajo a lo que escribía Marx en sus Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 cuando dijo «el trabajador solo se siente libremente activo en sus funciones animales: comer, beber, procrear, o, como mucho, en su vivienda y en vestirse, etc.; y en sus funciones humanas ya no se siente otra cosa que un animal».
Si algo separa este momento de otros episodios de indignación pasajera es que los residentes del HGM están empezando a convertir problemas que hasta ahora se vivían en soledad en demandas colectivas por transparencia, recursos y condiciones dignas. En realidad, si el Estado y su sistema de salud mexicano necesita la fuerza de trabajo de más de 47 mil residentes en todo el país, es su responsabilidad garantizar condiciones materiales contra la explotación, violencia y enfermedad, pues incluso el economicista más cínico podría reconocer que el sufrimiento del trabajador impacta en la atención a la población derechohabiente.
La propia CNDH ha advertido que existen 15 reformas paralizadas por políticos de los partidos burgueses que impiden tan siquiera aminorar estas injusticias.
Desde el Partido Comunista Revolucionario nos solidarizamos con la lucha de las y los residentes en todo México. Exigimos a las autoridades retomar y acelerar la aplicación y cumplimiento de cambios radicales en el sistema formativo y condiciones laborales en el sector salud. A la burocracia le decimos: la alimentación deficiente no es una cuestión de comodidad. Es, literalmente, lo que terminó enfermando a más de cien personas.
Finalmente, llamamos a médicos, médicas, residentes y estudiantes en todas las universidades a cuestionar sus condiciones desde una perspectiva material y sistemática, así como su vínculo con las demandas del resto de la clase trabajadora, a la que pertenecen.
Como comunistas, entendemos que la victoria de estas demandas no se alcanzará mediante súplicas, exhortos, o reformas progresivas, es necesaria una transformación revolucionaria del orden económico y social que limita la vida de la clase trabajadora, que sólo organizándose puede tomar en sus manos el control de la maquinaria estatal y transformar sus condiciones de vida, eliminando de raíz la fuente material de su explotación.
Una economía planificada racionalmente, donde los servicios de salud reciban los recursos que la clase trabajadora merece y necesita, incluyendo al propio personal de salud será, en palabras de Roque Dalton: “una aspirina del tamaño del sol”.
Referencias
- Blanco, U. (2026, 4 de septiembre). Brote de salmonela en el Hospital General de México afecta a 135 médicos residentes y de alta especialidad. KVIA. https://kvia.com/news/noticias/cnn-spanish/2026/09/04/brote-de-salmonela-en-el-hospital-general-de-mexico-afecta-a-135-medicos-residentes-y-de-alta-especialidad/
- García, H. (2026, 5 de septiembre). Más de la mitad de los médicos residentes ha sufrido violencia laboral, psicológica y sexual: CNDH. José Cárdenas. https://josecardenas.com/2026/09/mas-de-la-mitad-de-los-medicos-residentes-ha-sufrido-violencia-laboral-psicologica-y-sexual-cndh/
- Gómez Mena, C., & Poy, L. (2026, 3 de septiembre). Por consumo de alimentos en mal estado, 135 médicos con cuadro de gastroenteritis infecciosa en Hospital General. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/2026/09/03/politica/005n2pol
- La Jornada. (2026, 5 de septiembre). Empresa Restaurantes Grogi, ligada al brote de salmonela que enfermó a 135 doctores en el Hospital General. https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/09/05/sociedad/empresa-restaurantes-grogi-ligada-al-brote-de-salmonela-que-enfermo-a-135-doctores-en-el-hospital-general
- La Jornada. (2026, 7 de septiembre). Residentes del HGM liberan Cuauhtémoc; dan 48 horas a las autoridades para atender demandas. https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/09/07/sociedad/residentes-del-hgm-liberan-cuauhtemoc-dan-48-horas-a-las-autoridades-para-atender-demandas
