Respuesta al PCM de Yucatán: ¡Por la organización democrática y combativa de la juventud a nivel internacional!
Comité Estatal de Yucatán del PCR
El 28 de septiembre el grupo del PCM en Yucatán publicó un intento de crítica a nuestro trabajo como partido en el estado. Primeramente, agradecemos se hayan tomado la molestia de comentar sobre nosotros, parece que nuestra presencia es tan notable que hasta nuestros detractores no pueden evitar reconocer nuestro trabajo. Huelga decir que entre marxistas el debate constituye una herramienta vital para esclarecer puntos en común y diferencias; su propósito primordial no es anotar puntos baratos ni desprestigiar al otro lado, sino sobre todo, elevar el nivel político.
Nosotros no consideramos a otras organizaciones de izquierda enemigas, reconocemos que tenemos diferencias importantes en los métodos de trabajo e incluso en ideas fundamentales, y no tememos llevar un debate honesto sobre lo que defendemos y responder ante cualquier crítica genuina de nuestras posiciones reales, pero también comprendemos que existe un enemigo común: la burguesía.
Como hemos dicho, cualquiera es libre de estar en desacuerdo con lo que realmente defendemos y de declararlo públicamente por el medio que desee. La polémica y las discusiones son componentes esenciales del alma del movimiento revolucionario. Pero la condición previa para una discusión seria es que las ideas no sean tergiversadas ni falsificadas. Resulta sencillo construir un castillo de naipes, para luego derribarlo; puede darle al autor cierta satisfacción, pero falsificar la posición de un oponente para luego atacar su posición no sirve para nada, mucho menos ayuda a los jóvenes y trabajadores a comprender lo que realmente está en discusión. En este caso nos vemos obligados a responder.
Los hechos
El 26 de septiembre jóvenes estudiantes y trabajadores, militantes del PCR, salimos a las calles para reivindicar la lucha por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, entendiendo que la lucha no se agota al gritar consignas año con año sino que debemos vincular las lecciones de las batallas del pasado con las demandas y luchas del presente, que suma más de 133 mil desaparecidos en el país.
Al llegar al punto del mitin después de la marcha, militantes del PCM buscaron impedir que nuestra manta y nuestras banderas fueran visibles en el círculo donde se desarrollaban los posicionamientos, mientras coreaban consignas contra el «oportunismo», en un intento de aludir a nuestra participación de manera indirecta, cuestión que sería confirmada luego de la publicación del artículo.
Hasta aquí podríamos limitarnos a decir que fueron actitudes lamentables y pasar de largo. Pero la dirección del PCM ha decidido convertir estos hechos en un debate ridículo al acusarnos de utilizar las movilizaciones como espacios de «captación». Vamos a tomarnos con mucha seriedad esta «acusación», no porque veamos como gente seria a quienes constantemente nos han atacado, sino porque detrás hay una política divisoria del movimiento que nos parece peligrosa. Por tanto, vale la pena detenernos un momento y analizar lo que ellos argumentan:
«…En lugar de incorporarse durante largos periodos a una organización, puede aprovechar las movilizaciones construidas por otras fuerzas para captar personas, difundir su propaganda y obtener una visibilidad que no corresponde con su participación real en el trabajo organizativo. […] El PCR no participa en este proceso previo ni asume las responsabilidades necesarias para construir la jornada. Sin embargo, convoca a la misma hora y en el mismo lugar, en ocasiones antes del horario establecido por las organizaciones responsables. Esta conducta se ha repetido en las distintas jornadas de lucha estudiantil».
El PCM ha asumido durante años la organización de las actividades que se realizan alrededor de Ayotzinapa y el 2 de octubre. Nosotros no hemos negado ese trabajo ni pretendemos adjudicarnos aquello que no hemos construido. El problema consiste en que de este hecho se desprende la idea que quienes no participaron en determinada etapa organizativa deberían limitar su intervención política en la actividad, nos piden autocensurarnos por ser un partido de recién hechura.
Alegan que nosotros tenemos prácticas «parasitarias» dado que no nos involucramos en la planificación de las actividades. Aunque aquí cabe precisar algo que ellos causalmente olvidan mencionar. En años anteriores hemos intentado participar en los procesos organizativos. Sin embargo, se utilizaron medidas burocráticas para mantenernos al margen, hasta excluirnos por completo.
Nuestra intención no es, como hemos dicho, convertir este artículo en una lista interminable de agravios. Lo importante son las consecuencias políticas de su visión estrecha y método errado: primero se restringe nuestra participación en la logística y posteriormente se utiliza nuestra falta de participación en ella para calumniar nuestra intervención. Es difícil preguntarse entonces qué se supone que deberíamos hacer, ¿dejar de intervenir porque no fuimos considerados en la organización de la convocatoria? No tiene sentido para nosotros y estamos seguros que tampoco para cualquiera fuera de su organización. Sin embargo, tiene sentido para quien quiera dividir el movimiento. Finalmente, las actividades en el marco de la reivindicación de movilizaciones estudiantiles son luchas de toda la clase obrera, no exclusivas de quienes las organizan.
Entonces… ¿de quién son las movilizaciones?
Sabemos que detrás de cualquier movilización existen compañeros y compañeras que invierten tiempo, esfuerzo y recursos. Reconocemos sin ninguna dificultad ese trabajo, incluyendo participantes, activistas y militantes de otras organizaciones, pero, al mismo tiempo, mantenemos diferencias profundas con los métodos de su dirección que concluyen que haber participado en la convocatoria u organización de una movilización otorga la propiedad sobre ella.
Las movilizaciones sociales y estudiantiles, como en este caso Ayotzinapa, el 2 de octubre o por Palestina, surgen de las presiones sociales y ninguna tendencia política tiene el derecho a reclamarlas como suyas. Decir que no estamos haciendo nada oportunistamente no es ni siquiera cierto. Realizamos un llamado amplio a movilizarse y asistir a la marcha —en carteles que nos han arrancado— y hacemos una labor de agitación en la población con respecto a la lucha por Ayotzinapa, explicando las raíces de clase de este crimen.
Pero las calumnias no terminan en señalar nuestra supuesta «apropiación oportunista», van un paso más allá y nos atribuyen una intención concreta:
«La presencia política no otorga el derecho a apropiarse del espacio…Estas prácticas son políticamente desleales y deshonestas. El trabajo colectivo produce una concentración de fuerzas y el PCR intenta convertir una parte de esa fuerza en crecimiento propio. Mientras unas organizaciones asumen los costos materiales y políticos, otra pretende apropiarse de los resultados en forma de contactos, militantes y visibilidad».
Construir una organización y participar en el movimiento no son tareas contradictorias. Se nos calumnia de utilizar las movilizaciones para obtener «contactos, militantes y visibilidad». Esto jamás lo hemos ocultado. Nuestro programa es la lucha por la transformación radical de la sociedad y la destrucción del sistema de explotación capitalista. Una lucha de tal magnitud, asimismo la más vigente de nuestros tiempos, obviamente requiere de la organización consciente de nuestra clase. Queremos que quienes participen conozcan nuestras ideas y, si coinciden con ellas, puedan organizarse con nosotros. Como PCR lo decimos abiertamente: buscamos a las capas más avanzadas de la juventud que ya están sacando conclusiones revolucionarias para participar activamente en la lucha por un mejor mundo. ¿Qué pecado hay en que la vanguardia de la juventud y la clase obrera se organice y forme un Partido Revolucionario? Considerar esto un error, sería oponerse al trabajo al que Lenin y miles de revolucionarios dedicaron su vida.
Continúan diciendo:
«El PCR se excusa de esta actitud parasitaria en que las demandas económicas y las exigencias inmediatas son “limitadas”. Es decir, planteamientos como: La necesidad de un movimiento estudiantil masivo y unificado, la creación de Frentes amplios de lucha social, la construcción de Comités con exigencias bien definidas, la formación de sindicatos combativos, son para el PCR asuntos “moderados” que impiden la “revolución mundial” por el socialismo. De forma idealista buscan una radicalización ideológica, “radicalización” que se reduce al activismo y a la militancia performativa».
O los autores del artículo no tienen la capacidad de entender realmente nuestro programa o directamente están utilizando las mentiras como argumento. Como sea, nos obligan a esclarecer nuestras ideas que no son otras que las del marxismo genuino. En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels señalaban que los comunistas luchan por los objetivos inmediatos de la clase obrera, pero que, dentro de ese mismo movimiento, representan también su porvenir. La lucha concreta y el objetivo revolucionario no aparecen aquí como dos actividades separadas, sino como dos dimensiones de una misma unidad dialéctica.
Los marxistas participamos en las luchas concretas precisamente porque es en ellas donde trabajadores y jóvenes adquieren experiencia colectiva, comprenden la necesidad de organizarse y pueden avanzar políticamente. Nosotros defendemos las conquistas y reformas que mejoren las condiciones de vida inmediata de trabajadores y jóvenes, al mismo tiempo que explicamos la necesidad de una transformación socialista de la sociedad. La labor revolucionaria es luchar hombro a hombro con la juventud y nuestra clase. Esa es la razón, tan sencilla pero fundamental, del por qué nos ven participando en las marchas y movilizaciones.
La intervención en el movimiento de estudiantes y trabajadores se desarrolla precisamente en el terreno vivo, de la lucha de clases donde las ideas pueden ponerse a prueba, discutirse y confrontarse con la realidad, es un proceso dialéctico. Y no consideramos que esto nos confiere ningún derecho especial sobre el movimiento. Queremos organizar y llegar a la juventud con nuestra propia fuerza política mediante el convencimiento político de nuestras ideas. Las demás organizaciones tienen exactamente el mismo derecho a defender sus posiciones y organizar a quienes estén de acuerdo con ellas. Si los responsables del artículo le tienen tanto miedo a la debilidad de sus ideas sobre las nuestras, eso es un problema completamente suyo.
Rosa Luxemburgo en Reforma o revolución, comienza precisamente rechazando esta noción que presupone debe escogerse entre la lucha cotidiana por reformas y la revolución socialista, ella decía: «La lucha por reformas es el medio; la revolución social, el fin» (Rosa Luxemburgo, Reforma o Revolución, 1898). Una organización revolucionaria no puede decirle a un trabajador que la lucha por la reducción de la jornada laboral o la lucha por una pensión digna carece de relevancia porque no está a la altura de una situación revolucionaria. Tampoco puede decirle que una conquista dentro del capitalismo constituye, por sí misma, la solución definitiva. Nuestra posición, entonces, no es «despreciar las luchas inmediatas», como se ha querido hacer ver. Sino de participar en ellas sin perder de vista el horizonte: edificar el socialismo.
¿Qué significa realmente el oportunismo?
Hay una cuestión que merece desmenuzarse con detenimiento, porque el artículo utiliza el término «oportunismo» de una manera tan amplia que lo termina vaciando de todo contenido político. Ellos señalan:
«…existe otra forma de oportunismo sobre la cual también debemos hablar, aquella que se aprovecha del trabajo a ras de suelo realizado por organizaciones combativa y populares para aumentar sus filas, obtener visibilidad y presentarse públicamente como una fuerza que contribuyó a construir procesos en los que realmente no tuvo ninguna participación».
Esperamos sinceramente que el artículo no pretenda que por el simple hecho de que un partido revolucionario participe en una movilización, converse con quienes participan en ella y presenten sus ideas de manera frontal sea suficiente evidencia para condenarlo de «apropiación oportunista». Porque si ese es el argumento, entonces hemos descubierto —al igual que en el artículo— una variante nueva y bastante peculiar de oportunismo: participar en una marcha. Bajo esa misma lógica, el PCM en otros lugares del país donde son más pequeños estarían sufriendo de un fuerte caso de oportunismo cuando se suman a movilizaciones sin que se tenga un papel real en la convocatoria.
Sobre la misma línea, comentan lo siguiente:
«La movilización es para ellos, un espacio para su promoción. […] Es oportunismo. El PCR aprovecha el trabajo de compañeras y compañeros que durante semanas sostuvieron el proceso de convocatoria, coordinación y organización. También se beneficia de la legitimidad construida durante años por el Frente Popular “Efraín Calderón Lara” que mantiene un trabajo permanente entre estudiantes, trabajadores y sectores populares».
El oportunismo explicado desde un análisis marxista no consiste en que una organización tenga objetivos propios, haga propaganda o busque crecer. Tampoco consiste simplemente en participar en organizaciones de masas donde existen otras tendencias políticas. Si así fuera, prácticamente toda intervención política convocada dentro del movimiento estudiantil y obrero en cuya organización no se participe podría ser calificada de oportunista. Sería como pensar que es oportunista hacer una posada en tu calle porque te «estás colgando» de la Navidad, es absurdo. Les guste o no, el oportunismo no puede convertirse en un comodín para describir cualquier actividad política que les incomode o directamente intimide.
Como ya hemos explicado, participar en una lucha significa vincular las demandas más sentidas de las masas con una perspectiva política más amplia, nuestro programa de transición, comunista. El problema aparece cuando, en aras de obtener ventajas momentáneas o intereses particulares, se abandonan los principios políticos de base que traicionan a nuestra clase (como pasó en la revolución china de 1925-1927 con el colaboracionismo de clase bajo la línea estalinista). Es ahí donde se identifica propiamente el oportunismo.
Por tanto, hay una diferenciación clave que los autores del artículo parecen pasar por alto. Una cosa es la flexibilidad en la táctica al intervenir dentro de un movimiento vivo —siempre manteniéndonos firme en la teoría revolucionaria—, otra, es subordinar la propia política al punto de vista dominante dentro del movimiento o comprometer las ideas para obtener cargos, privilegios o una ventaja particular. Lo primero es una necesidad de cualquier organización revolucionaria que no se quiera ver superada por la fuerza de la correlación de fuerzas en el plano de la lucha de clases a nivel internacional. Lo segundo es oportunismo.
Como comunistas, participamos en las luchas concretas mientras explicamos la necesidad de conectar las aspiraciones de la juventud con nuestro programa comunista; siempre vamos con nuestras ideas por delante. La exposición frontal de nuestras ideas es precisamente aquello que nos ha acercado a miles de jóvenes en todo el globo que ante la barbarie del sistema buscan una alternativa seria donde organizarse para construir una nueva sociedad libre de las cadenas del capitalismo. Si otros Partidos prefieren esconderse tras la creación de organizaciones, frentes o grupos con muchas siglas y pocos militantes, que además son construidos sobre el espíritu revolucionario genuino de compañeros y compañeras, para tener mayor fuerza, haciendo concesiones en su programa, esa es una forma de hacer política que, desde luego, nosotros no compartimos.
Por eso es necesario distinguir los conceptos que los autores del artículo confunden. Participar en una movilización no es oportunismo; hacer propaganda no es oportunismo; construir una organización política no es oportunismo; buscar convencer a otros de determinadas ideas no es oportunismo. Incluso intervenir en organizaciones de masas para disputar políticamente con otras tendencias no es, por sí mismo, una demostración de oportunismo. En resumidas cuentas para nuestro amable lector, nuestro veredicto es que, para el PCM de Yucatán son oportunistas todos aquellos que no se alinean a su política. ¡Vaya actitud! Es lo equivalente a quién, en la cancha de juego, se enoja y dice «es mi balón y si no se hace como yo quiero, me lo llevo».
Hablemos del entrismo
Nosotros buscamos conectar con el sector más radicalizado de las masas, como puede ser el caso de la juventud, en donde sea que se encuentren, mientras exista un sector honesto dispuesto a luchar y discutir políticamente. La propia tradición marxista que reivindicamos ha discutido ampliamente las formas y condiciones de la intervención de los revolucionarios en organizaciones más amplias, inclusive las más reaccionarias, como sindicatos charros, pero con bases obreras.
En el caso específico del entrismo implica, en pocas palabras, la táctica revolucionaria mediante la cual se vincula con la clase trabajadora y la juventud en una organización de masas con el objetivo de conectar el programa revolucionario, desenmascarar los límites de los dirigentes reformistas y abogar por elevar la conciencia de clase de las bases para organizarse en la lucha de clases. Como cualquier táctica ligada a la estrategia, se da bajo determinadas condiciones sin caer en principios abstractos, y es parte del arsenal revolucionario en la necesidad de construir una organización revolucionaria independiente, la democratización de sindicatos y/o la creación de formas de organización obrera vinculados en la lucha por el poder político.
Ted Grant escribe ampliamente al respecto en un texto donde aborda los problemas del entrismo y planteaba al RCP cómo intervenir en los partidos reformistas para no caer en el sectarismo estéril de proclamar partidos independientes que los aislaran de donde se encontraban las masas. Recuperamos algunos fragmentos, aunque recomendamos ampliamente la lectura completa de sus obras:
«La historia enseña que, en las primeras etapas de auge revolucionario, las masas giran hacia sus organizaciones tradicionales buscando una solución a sus problemas, especialmente la generación más joven que entra por primera vez en la política. […] Lo fundamental es responder a la cuestión de qué hacer y cuándo en relación a los problemas planteados por la historia.
[…]
El marxismo siempre ha explicado que el oportunismo es sólo la otra cara del aventurerismo. Los dos nacen de una apreciación equivocada de las circunstancias objetivas, de una rendición ante el entorno inmediato. Por esa razón, sin una base teórica firme es fácil sucumbir a un error tras otro y caer en una táctica oportunista con relación al Partido Laborista y los sindicatos, como demuestra el intento de conseguir puestos en las elecciones sin defender un programa revolucionario claro y con ello fusionarse con todo tipo de elementos confusos». (Ted Grand, Problemas del entrismo, 1959)
Parte de las conclusiones en el artículo del PCM, son aquellas que se centran en la acusación de un entrismo que supuestamente dañó al Frente Independiente de Resistencia Estudiantil (FIRE). Permítanos citar nuevamente el susodicho artículo:
«Su intervención dentro del Frente Independiente de Resistencia Estudiantil reprodujo una lógica de entrismo mediante la cual aprovechó el trabajo de la organización estudiantil, que llevo meses construir con esfuerzo y disciplina, para fortalecer sus propias filas, dividiendo al FIRE y llevándose a parte de las y los estudiantes agrupados en él…».
No queremos hablar sin fundamento sobre las bases que pueda tener actualmente el FIRE de jóvenes estudiantes que realmente quieren hacer un cambio, pero sí queremos precisar unas cuantas cosas del período en concreto que señalan. Omiten convenencieramente el caldo de contradicciones que ya se cocían dentro de sus filas y que en realidad fue su política activista y ausencia de claridad en las ideas lo que llevó al desgaste de una buena parte de sus integrantes y en última instancia su partida.
Intentemos responder honestamente la siguiente pregunta: ¿la salida de los militantes del FIRE fue por la intervención de nuestros camaradas o más bien fueron convencidos por las ideas del marxismo y un auténtico programa internacionalista proletario? ¿O deberíamos asumir que los compañeros que se integraron a nuestras filas carecían de criterio propio y fueron víctimas de una misteriosa operación malévola de «entrismo»? A diferencia suya, nosotros no necesitamos fabricar una teoría conspiranoica ni apelar a la moral para explicar por qué sectores cada vez más amplios de la juventud viran hacia la ICR para organizarse. No es la primera vez que escuchamos por parte de los autores del artículo esta misma acusación, lo que nos recuerda aquella famosa frase que dice: «no se olvidan de nada y no aprenden nada». Nos parece que ya hemos dejado claras las cosas y, muy fraternalmente, les decimos que la mejor forma de aprender es reconociendo sus propios errores.
Y continúan diciendo:
«…Este antecedente obliga a preguntar cómo puede construirse confianza con una organización que utiliza los espacios de organización colectiva como terrenos permanentes de captación».
Si de cuidar los espacios de organización se tratara tendríamos entonces que ser especialmente críticos con aquellas direcciones que impiden los debates fraternos y que cooptan y monopolizan la dirección de los movimientos burocráticamente. El lobo disfrazándose de oveja, es capaz de convencer que es inofensivo, con tal de llevar a término sus intereses particulares. Al final, la cuestión vuelve a ser la misma, ¿se quiere construir un movimiento capaz de discutir abiertamente sus diferencias políticas, o se quiere preservar un espacio donde ciertas posiciones puedan intervenir mientras otras son consideradas, desde el principio, una amenaza?
Historia, método y análisis concreto
En el artículo en nuestra contra señalan:
«Históricamente, al ser contrarios a la línea revolucionaria de los bolcheviques y estar en minoría, recurrieron a la conformación de facciones, a la manipulación y la intriga para tratar de convertir al Partido Bolchevique no en un partido de la revolución proletaria, sino en un partido de la reforma social, tal como es hasta hoy. Si hoy buscan desestabilizar y dividir, responde a que esa es la escuela que el trotskismo trae desde su origen como corriente política».
El campo de la historia también está influenciado por la lucha e intereses de clases, y no es sorpresa que nos encontremos con innumerables calumnias de los grandes logros de la revolución rusa por parte de autores burgueses. Hay otros que utilizan la historia para defender la degeneración burocrática que tomó el nombre de estalinismo, incluyendo sus derrotas de la revolución a nivel internacional.
No pretendemos resolver en un artículo la totalidad de estas discusiones históricas —para esto ya hemos dedicado diversos artículos e incluso libros disponibles en nuestra editorial—. Pero sí señalamos algo: atribuir a una tendencia política una determinada conducta simplemente por la etiqueta histórica que se le asigna no sustituye el análisis concreto de su actividad. Se nos acusa de «idealismo», pero que más metafísico puede haber que abstraer una categoría de su contexto histórico y después forzar la realidad para hacerla encajar en ella. Si el argumento consiste en detractar las prácticas políticas actuales de un Partido bajo la lógica de la «escuela» o «corriente» histórica a la que pertenece, entonces ese mismo criterio tendría que aplicarse a todos y no solamente cuando les resulta conveniente.
Aquí la discusión de nuestra práctica la han desviado, pero no necesariamente por la ruta más amable para ellos, el de sus errores históricos. En realidad, han caído en un tremendo socavón, pero no vamos a aprovecharnos. Simplemente basta hacer unas cuantas preguntas:
Si queremos hablar de la historia, hablemos de toda ella. ¿Quiénes fueron los que destruyeron la Internacional Comunista en 1944? ¿Quiénes plantearon la táctica de los frentes populares, directamente colaborando con las burguesías liberales y desconfiando en el proletariado, que llevó a las grandes derrotas de la revolución española y la revolución china de 1925? ¿Quiénes propusieron la política ultraizquierdista de que el fascismo y la socialdemocracia son lo mismo, permitiendo el ascenso de Hitler al poder y una derrota terrible para el proletariado alemán y europeo? ¿Quién fue el que propuso la teoría del socialismo en un solo país, como una forma de justificar el papel de la casta burocrática? ¿Quién fue el que votó a favor de la creación de Israel en 1947? ¿Quiénes fueron los que realizaron purgas, detenciones y asesinatos, entre esos los Juicios de Moscú, que acabaron con los bolcheviques?
Las respuestas no están del lado de nuestra cancha, sino en la del estalinismo. Claro que por eso nos interesa dejar en claro qué defendemos, las ideas genuinas del marxismo, a través del estudio consciente y el debate concreto, no mediante patrañas y calumnias. Mencionamos todo esto pues nuestra lucha es la del comunismo, es decir, la lucha del proletariado para la toma del poder y acabar con nuestras cadenas, y debe defenderse a capa y espada de cualquier traición.
Por qué luchamos
El crescendo final es, precisamente, el intento de intriga al que recurren sus autores, ante la falta de hechos que puedan respaldar realmente sus afirmaciones, lo que pretendía ser un golpe político —bajo, por cierto— terminó siendo una vergonzosa patada de ahogado:
«Este antecedente obliga a preguntar cómo puede construirse confianza con una organización que utiliza los espacios de organización colectiva como terrenos permanentes de captación».
A estas alturas del partido, la pregunta bien podría devolverse a sus autores. Después de tres años de intervenciones ¿quién ha utilizado métodos rastreros burocráticos para excluirnos y presentar nuestra participación en los espacios de lucha colectiva como una amenaza? Como dice el viejo refrán: «cree el ladrón a todos de su condición».
Nosotros no pretendemos resolver una discusión política apelando a la moral. Somos marxistas y, por tanto, sostenemos que las diferencias deben analizarse a partir de los hechos concretos, en este tenor, vale la pena revisar qué ha ocurrido realmente durante los últimos tres años:
- Se nos ha negado sistemáticamente la palabra para presentar nuestro posicionamiento político.
- Se han realizado señalamientos e indirectas contra nuestra organización frente a otras organizaciones participantes en las movilizaciones, mientras rehúyen al debate político.
- En distintas ocasiones se ha intentado impedir que nuestra pancarta y nuestras banderas fueran visibles durante las movilizaciones, esta situación la notamos particularmente más clara durante la marcha del 26 de Ayotzinapa.
- Se han difundido artículos de crítica contra nuestra organización en espacios de organización en los que participamos distintas organizaciones políticas y sociales.
- Han quitado nuestros materiales de propaganda (stickers y carteles) en la Facultad de Antropología y pegado los suyos encima de los nuestros. Sospechamos que han hecho lo mismo en la ENES UNAM con nuestros stickers arrancados, pues tienen una política similar de arrancar nuestra propaganda en Puebla. Una actitud completamente infantil y divisoria del movimiento.
No nos extendemos más. Su artículo habla más de ellos que de nosotros. Hoy es a nosotros a quienes atacan, sin embargo, esta actitud no será solo personal a nosotros, ellos actuarán así con cualquier organización que cuestione o represente una amenaza al statu quo de su partido. Lenin decía que la verdad siempre es revolucionaria, por más amarga que sea. Para algunos, la verdad les aplastará por el peso de sus propias calumnias. Para nosotros, la verdad la utilizaremos como nuestra mejor herramienta.
Si existe un ataque hacia nosotros, nos tomaremos la seriedad para escuchar qué tienen que decir y plantear nuestra postura, como hemos demostrado. Lo único que pedimos es que, por lo menos, tengan algún fundamento político serio y no únicamente calumnias. Es fácil escribir en pocas líneas distorsiones y mentiras, pero responderlas requieren mucho más espacio. No tenemos ningún problema en responder. No vamos a quedarnos callados cuando se nos atribuyen prácticas o posiciones que no reconocemos como propias. Pero tampoco queremos que ésta sea nuestra principal actividad.
Nuestro objetivo no es construir una organización a partir de debates interminables con otras organizaciones de izquierda. Nuestro objetivo es intervenir en las luchas reales, estudiar la sociedad, organizar a quienes quieran participar políticamente y discutir las ideas que consideramos necesarias para construir una organización revolucionaria. Por eso tampoco vamos a negar el trabajo realizado por militantes de otras organizaciones.
La unidad no significa que todas las organizaciones debamos pensar igual. Significa que podemos trabajar conjuntamente allí donde existen objetivos comunes, manteniendo al mismo tiempo nuestras propias posiciones políticas. Las diferencias deben resolverse mediante discusión, experiencia y argumentos políticos, no mediante exclusiones ni acusaciones que sustituyan la discusión concreta.
De la misma forma, reconocemos que existen miles de jóvenes y trabajadores que todavía no participan políticamente, que comienzan a cuestionar el sistema en el que viven y que buscan una explicación para los problemas que enfrentan. A ellos no les sirve una izquierda encerrada en disputas interminables entre organizaciones. Les sirve estudiar, organizarse, participar en las luchas y discutir seriamente qué tipo de organización política necesitamos para transformar la sociedad.
El capitalismo en su fase senil imperialista atraviesa una crisis terminal cada vez más profunda que ha conducido al mundo, especialmente a la juventud, hacia un futuro incierto caracterizado por un ciclo interminable de guerras, colapso económico y miseria creciente. El abismo que divide a un puñado de verdaderos parásitos que concentran la riqueza y a la gran mayoría, sumida en la pobreza y explotación, nunca ha sido tan grande.
Como Lenin explicó hace tiempo, no existe tal cosa como una crisis final del capitalismo; a menos que sea derrocado, el sistema capitalista siempre se recuperará incluso de la crisis más profunda, aunque a un coste terrible para la humanidad. Ante el panorama convulso a nivel internacional, en todos lados, la unión máxima de nuestras fuerzas es indispensable.
Nosotros seguiremos defendiendo nuestras ideas y construyendo nuestra organización en ese terreno. No necesitamos apropiarnos de ninguna lucha para hacerlo. Tampoco necesitamos que otra organización nos conceda permiso para intervenir políticamente. Podemos trabajar codo a codo junto a quienes compartan determinadas luchas, discutir con quienes tengan posiciones diferentes y defender nuestras propias ideas al mismo tiempo.
Desde el Partido Comunista Revolucionario señalamos que verán nuestras banderas en lo más alto en las movilizaciones, luchando hombro a hombro por las demandas de nuestra clase. A quienes quieran organizarse en la lucha contra el capitalismo por medio de una política y método revolucionario y consecuente, es decir, del marxismo, les decimos: ¡Adelante! ¡Únanse con nosotros, que tenemos un mundo por ganar!
