Politécnico en llamas: ¿cuál es la tarea del estudiantado?

PCR IPN

No es coincidencia que, en los últimos años, el Instituto Politécnico Nacional se encuentre en constante decadencia en todos los sentidos. Muchas veces se vive del recuerdo de que en otro tiempo fue la mejor institución de educación superior pública del país junto con la UNAM. Esto se debe no solo a la corrupción que permea al país y al sistema educativo en su totalidad, sino también a la consecuencia directa del sistema capitalista en el que vivimos, donde la ganancia está por encima de todo y los trabajadores dejan de ser seres vivos y se transforman en mercancías. En la práctica, esto se traduce  en recibir por años un insuficiente presupuesto, pues la educación pública no es prioridad en el sistema, a menos que sirva al capital privado. La indignación que hoy sentimos se debe transformar en organización y hoy en día esto se deja  ver dentro del IPN.

Durante años, el Politécnico ha permanecido en un aparente letargo; sin embargo, la comunidad politécnica vive día a día la falta de materiales e insumos, las instalaciones que se caen a pedazos y los planes de estudio desactualizados o mal elaborados. A esto se suma la privatización y el encarecimiento de materiales y servicios primordiales —como cafeterías y papelerías—, volviéndose prohibitivos para la mayoría de los estudiantes.

Las becas y apoyos son insuficientes o inexistentes, los espacios de recreación están en el olvido, y el abandono institucional al deporte y la cultura se refleja en la falta de pagos y despidos. Asimismo, existe una caída o nula atención a la infraestructura digital (páginas oficiales, SAES, programas como MATLAB y el servicio de internet), así como falta de cupo en materias fundamentales.

A ello se añade la escasez de profesores, mantenidos en su mayoría bajo contratos temporales, lo que los coacciona a no contradecir a la autoridad. Se suma también el encubrimiento de acosadores y la normalización de una cultura hostil, machista e individualista hacia el menos capaz, que enaltece el sufrimiento mientras desvirtúa la salud mental y emocional. Además, hay hostigamiento hacia quienes se quejan o alzan la voz.

Las autoridades, de manera cínica, justifican actos de corrupción que resultan indignantes para el sentido común; ejemplo de ello es la cancha de 71 mdp en ESIME Culhuacán. Se recurre al outsourcing para desviar dinero a empresas fantasma que cambian cada semestre, mientras se mantiene en la miseria a los trabajadores de intendencia. A esto se suman el nepotismo en puestos administrativos y de investigación —bien remunerados—, entre muchas otras irregularidades.

A la interminable lista se agrega la reciente presentación de demandas penales por parte de Fundación Politécnico en contra del director general Reyes Sandoval por corrupción y peculado, así como, anteriormente, contra el exsecretario administrativo Tapia Santoyo por los mismos motivos.

A la cúpula más elevada del IPN se le acusa de inepta; sin embargo, no es así: son expertos en reprimir y acosar a trabajadores, en silenciar a estudiantes y en negar todo, aun cuando su corrupción es más que evidente. Han dejado en la ruina a la institución.

Esto más que desmovilizar debe ser el detonante para llevar este hartazgo a todas las escuelas. El saber cómo actuar implica una claridad en las ideas y una línea política clara. Como miembros del Partido Comunista Revolucionario (PCR) lo decimos bien claro, esa línea debe ser la de la unión del estudiantado, profesorado y personal de apoyo, la unión de la clase trabajadora, porque los intereses de nuestra clase son los mismos en el IPN, en el norte, en el sur y en todo el mundo.

Es necesario, para ello, establecer coordinaciones de las organizaciones en lucha consecuentes y con trabajo real en la comunidad. Realizar asambleas democráticas por sector o de los tres sectores. Conformar comisiones que permitan organizar la lucha como prensa y propaganda, finanzas y las que sean necesarias. Para lograr lo anterior, es importante que el movimiento se base en la movilización y el control democrático de la base. El centralismo democrático ha demostrado ser una de las mejores herramientas en estas y más situaciones; nos brinda un debate interno y vivo, la capacidad de actuar rápidamente de forma colectiva y la elección y destitución de responsabilidades de la manera más democrática posible. Las grandes victorias del movimiento estudiantil tienen en común la organización, movilización y unidad de toda la comunidad; por el contrario, la derrota o cooptación ha llegado mediante prácticas de negociaciones prolongadas donde un sector que funge (por designación democrática o en otras ocasiones no) como representantes del movimiento en sus escuelas, campus, área, etc. pierde contacto con la base y sueña con conseguir con un buen argumento jurídico (las famosas e inútiles vías “correctas”) o político lo que no se ha conquistado con la lucha de la comunidad organizada.

Debemos de entender que el IPN no es un caso aislado rodeado de un ambiente inerte, las mismas penurias que vivimos tanto en la escuela como fuera de ella también lo sufren en la UNAM, UAEM, UAM, etc. Es fundamental la lucha coordinada, organizada, unificada y con una propuesta revolucionaria, si es que queremos tener éxito en esta encomienda.

La lucha y organización no son nuevas, en movimientos como el del 68 la unidad entre estudiantes y trabajadores fue fundamental. No basta con agitar toda una escuela, porque la clase burguesa dominante tiene en el Estado a todas las herramientas de opresión y coerción a su disposición, sin importarles si es por medios legales, como lo es la policía, o ilegales, como puede ser el crimen organizado.
Para conseguir nuestros derechos necesitamos del apoyo, primeramente de nuestra propia comunidad; y para alcanzar conquistas profundas, el apoyo de nuestra clase, de las masas. Por lo anterior, debemos evitar caer en actividades que enajenen y desmovilicen al estudiantado, como aquellos paros que no se vinculan con el  estudiantado ni con el pueblo trabajador, llevando a la desmovilización. ¿Entonces cuál debe ser la opción? Aquellas actividades que nos permitan agitar y concientizar a aquella capa que aún se encuentra en letargo, actividades de agitación como saloneos, mítines, conversatorios, volanteos, pegas de propaganda con nuestras demandas y marchas. Cualquier actividad que nos ayude a elevar el nivel de organización y conciencia de nuestros compañeros de clase. 

La destitución de Reyes Sandoval y toda su camarilla parasitaria es más que necesaria, pero su remoción o la de cualquier otro directivo no solucionará las exigencias que tanto le urgen al instituto. La razón de la caída en pedazos de la educación pública, de nuestras escuelas, centros de trabajo y la precarización de nuestro nivel de vida se encuentra en el sistema donde vivimos y en la clase que está en el poder. Mientras vivamos en un mundo donde solo existen los explotados y los explotadores, exigencias como una educación laica, gratuita y de calidad se tendrán que  defender día a día, pues al sistema le interesa una educación al servicio del capital y no de la sociedad. La lucha por transformar la educación es parte de la lucha por la transformación social. El capitalismo nos da funcionarios corruptos, ofrece antidemocracia en las escuelas, violencia contra las mujeres y la juventud y empleos extenuantes y sobreexplotados. Este sistema nos lleva a la barbarie y el primer paso es organizarnos para luchar contra ello y por una sociedad con educación de calidad, sin violencia ni explotación, es decir, verdaderamente socialista, a diferencia de lo que dice el gobierno. La organización tiene que darse en la escuela, en las fábricas, en las plantas eléctricas, en los hospitales o en las constructoras; la unión de los trabajadores es nuestra mayor fuerza.

En una institución donde, en los últimos tiempos, la técnica se ha usado para enriquecer a parásitos y para dar mano de obra altamente cualificada al empresario a precio de miseria, es momento de que los intereses y las exigencias de la clase trabajadora se sobrepongan y debemos tenerlas bien claras:

  • Por instalaciones dignas para el estudio, ya sean salones, laboratorios ligeros o pesados, bibliotecas o cualquier lugar en el que desarrollemos nuestras actividades académicas.
  • Porque la excelencia se logra con materiales de primera, los estudiantes ya lo son a pesar de tener material del montón.
  • Comedores subsidiados donde podamos alimentarnos de forma digna y barata.
  • Garantizar cupos suficientes para toda la matrícula con horarios que se acoplen a toda la comunidad.
  • ¡Acceso y libre tránsito en todas las escuelas del instituto! Porque somos politécnicos y como politécnicos debemos de ser capaces de organizarnos sin importar  a qué escuela pertenezcamos.
  • Fin al acoso y persecución de las autoridades hacia alumnos, maestros y administrativos que buscan organizarse.
  • Restitución a los trabajadores injustamente despedidos, sin ninguna represalia económica, legal o laboral, respetando su antigüedad.
  • Por salarios dignos y garantizados por medio de la basificación de todos los trabajadores de la institución, esto incluye forzosamente al personal de limpieza.
  • Fin a la subcontratación del personal de limpieza y respeto a la antigüedad generada por sus años que han trabajado para la institución a nombre de distintas empresas.
  • Por la ampliación del presupuesto a los talleres deportivos y culturales, contratando a nuevos profesores y recontratando a aquellos que hayan sido despedidos por los recortes presupuestales sin afectación a su antigüedad, pues no es posible una formación integral sin una formación deportiva y cultural.
  • Por la capacitación y contratación de profesores, pues para tener alumnos de excelencia necesitamos profesores de excelencia, los cuales no deberán verse obligados a sacar de su bolsillo para seguir siendo empleados ni verse sobreexplotados por la falta de profesores.
  • Transparencia total, accesible y con amplia difusión no solo de los activos económicos, sino de toda la política pública del Instituto.
  • Por una verdadera seguridad, organizándonos en comisiones de seguridad por escuela que realmente busquen proteger a la comunidad y no solo aparentar con cámaras y policías en la entrada que en última instancia no sirven para nada más que para ser el brazo represivo de la dirección.
  • Fin a la protección a acosadores sexuales, ya sean alumnos, maestros o administrativos. La institución deberá dejar de encubrirlos y dar paso a verdaderas sanciones que no sean solo punitivismo.
  • Por atención psicológica gratuita y de calidad tanto para estudiantes como trabajadores, buscando contratar suficiente personal para cubrir la demanda que tiene la institución.
  • Basta ya de la imposición e ilusión de elección de directivos. Por una democratización del IPN, nosotros los elegimos, nosotros los destituimos.

¡POR UN POLITÉCNICO AL SERVICIO DE LA CLASE TRABAJADORA!